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El Circo entomológico delirante - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 El acto en las alturas
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16: El acto en las alturas 16: El acto en las alturas Tras unas espantosas funciones más, los Fenómenos parecían comenzar a entender la dinámica, si bien eran dementes psicóticos incapaces de comprender lo que era real con lo que tenían presente, tras reiterados intentos había logrado exponerse para alentar al público, quienes solo miraban cómo estos se liquidaban de formas humorísticas.

Pero en el fondo no era el plan; tras dialogar o más bien gritar órdenes, realizaban acrobacias, trucos y peleas que evitaban acabar con su contrincante, pero resultaban convincentes tanto para el público como para el Anfitrión.

—¡Baja!

¡Baja!

¡Fenómeno!

¡Baja!

Gritaba el público, animando, mientras Silas esquivaba a las Moscas que eran arrojadas por los aires para golpearlo.

—¡Taurus, besa el ancla del Carroñero!

¡Es lo único que tienes cerca!

Gritó Silas, riendo a carcajadas.

Estas risas, si bien eran motivadas para generar felicidad en la audiencia, para él no lo eran en lo más mínimo, por el contrario eran un intento desesperado de supervivencia.

Detrás de él, la cuerda desgastada tiritaba con los pasos apurados de las Langostas, o lo que trataban de aparentar, ya que tenían más un aspecto de bestia con exoesqueletos forzados.

Sus fauces castañeaban con la baba cayendo de los laterales de su cráneo alargado.

—¡Hey!

Pero si es uno de los Hermanos Zaragoza.

¡El feo!

Dijo Silas, esforzándose en no perder la sonrisa, buscando a las otras dos cosas que eran las Langostas de los Fenómenos.

—Hambre, quiero… carne.

Hambre… vacía.

Dijo esta Langosta con sus ojos ciegos girando a cualquier dirección, pero de alguna forma siempre enfocado a Silas.

—Sabes que es… ¡Rayos, me atraparon!

Silas apenas tuvo tiempo para esquivar a la Langosta que fue arrojada desde abajo por el Taurus.

Esto fue celebrado por el público con total interés, pese a no significar una muerte.

—¡Te faltó uno, condenado Fenómeno!

¡Lo encontré!

Silas solo respondió con ironía, pero su suerte estaba apostando en su contra.

—Hambre… Querer carne… Carne, órganos, huesos… Lo que sea… Habló la Langosta, ahora frente a Silas, quien en la cuerda floja estaba rodeado, sabiendo que no podría tener escape, o tal vez uno no tan agradable después de todo.

—¡Damas y caballeros!

¡Niños y niñas!

Gente de todas las edades, ¿Cómo podrá liberarse nuestro querido galán y bufón de esta situación que pende de un hilo?

La interacción de Silas era un efecto útil para emocionar aún más al público, pero esta forma de entretención no era del agrado del Anfitrión, ya que le quitaba su rol al momento de dirigirse al publico.

—¡Acaba pronto, Fenómeno!

¡Que se aburren!

Reclamó el Anfitrión desde arriba, si bien esto no era verdad.

Empezaba a sentir que su presencia era olvidada por el interés centralizado en lo que hacían los fenómenos.

—Debería haber acabado su mala actuación vulgar desde la primera vez que lo intentó… Mucha cháchara, poca sangre.

Añadió este a regañadientes, ofuscado por la escena que recibía grandes alabanzas y respuestas del público.

Pero este desliz de sus perseguidores fue aprovechado por Silas para cortar la cuerda con el filo de su icor.

Los tres cayeron de la cuerda, desde una altura fuera de lo normal, algo espeluznante que aseguraba un final para cualquiera.

El público se silenció, dejando solo los latidos de sus corazones, viendo cómo se acortaron los metros con tremenda rapidez.

—¡Miren!

¡No sobrevivirá!

¡No caerá ahí!

¡Es muy alto!

Expresó el público, en lo que Silas se acomodó como si fuera a zambullirse.

Pasó una red de seguridad compuesta de pequeños y delgados alambres.

Este siguió de largo, pasando por los escasos agujeros que tenía esta como si estuviera vieja, solo para seguir cayendo a gran velocidad directo a un barril.

Silas se zambulló, o eso fue lo que pareció, ya que el barril se abrió, revelando a otra persona.

Este era un hombre con ropa similar a Silas, solo que su cuerpo parecía más degradado y plegado, tratando de darle forma a su cuerpo.

—¡Sorpresa, bastardos!

Exclamó este extraño hombre que apareció como reemplazo del joven, dando una ovación de asombro y aplausos.

Algo que un gusano jamás estaba acostumbrado.

De pronto, comenzaron a caer gotas y trozos de las Langostas.

Desafortunadamente para ellos, la red dio resultado, pero no sin arrancarles varios miembros.

Esto provocó las carcajadas finales del público.

—Eso fue mucho.

No me vuelvas a molestar, gusano.

¡Es agotador!

Reclamó el Gusano, ya tras bastidores.

Este se desenrolló para extenderse por el suelo, igual al suelo de la jaula, demasiado perezoso para mantener la forma.

—¡Bucaneros de agua dulce, son realmente flojos!

Debería hacer que fueran las estrellas del espectáculo para que así comprendieran que están bendecidos con no hacer nada en los espectáculos.

Protestó el joven ante la actitud de los Gusanos, unos sujetos de total desagrado que no eran de fiar al momento de trabajar, o para hacer el más mínimo esfuerzo.

—Hambre… tener, hambre… Vacío… Una voz se fue acercando a estos que hablan desde su espalda.

—¡Ya era hora!

¿Además no pueden decir algo más que hambre?

Mira lo que le hiciste a Taurus, ¡Sabes que tiene serios problemas para sanar!

Reclamó Silas como si estuviera ante mocosos mal criados, pero esto no era más que un monólogo entre atrocidades que no podían hablar coherentemente.

—…¿Por qué?

Comida, carne… No poder… nada… Sentir… Este pronunció, tratando de sonar coherente.

Lo cual hizo que el joven se llevara sus manos de tono enfermizo a su rostro por frustración, como el Taurus gruñera en respuesta a este, con sus varias fauces que mostraban dientes negros y grandes, iguales a los cuernos que se extendían desde su cabeza y hombros.

—Calma, Taurus.

Trataré de hablar con una de las guardias para que me consigan medicina.

O también puedo robar.

Creo que sé de dónde puedo sacar… Silas tocó el pecho de la criatura que se veía agitada.

Este dio un fuerte golpe con la pierna que supuraba líquidos oscuros desde su herida.

—No… No comer… Comer… Hambre, tener hambre… Pero la cabeza no para… Este replicó sus palabras como si tratara de hablar.

—La verdad, deja de hablar.

Voy a conseguir algo para que muerdas, pero ¿de qué te sirve si no tienes órganos?

¡Mira!

Silas tocó el vientre inexistente de la Langosta, que observaba.

En efecto, carecía de estómago y todo lo que pudiera ocupar espacio interno.

—Es un hambre que se aloja en tu cabeza, un dolor mental, nada más.

Pero cálmate… es más fácil tratar contigo que con otras Langostas.

Silas se trató de sincerar, marchándose para hablar con una de las Mariposas, pero desafortunadamente estas estaban actualmente en un espectáculo con el Carroñero y las Moscas.

—¡Hambre!

¡Hambre!

¡La Langosta debe comer!

Silas escuchó gritar a la Langosta y al Escarabajo, solo para terminar escuchando un sonido de carne rascándose y siendo aplastada.

—Odio trabajar con estos idiotas… Es como trabajar con mis hermanos.

Solo traen problemas.

Murmuró Silas para sí mismo, ofuscado con el trágico resultado que tendría que resolver más adelante.

Como también el tener que enseñarle a los nuevos lo que le había explicado a los anteriores.

Un terrible castigo sin final En lo que retoma su caminar para encontrar a alguien para conseguir algo para intercambiar o hurtar lo que él encuentre.

Ahora no solo es un Fenómeno, es la niñera y el proveedor de la comida de los locos, un trabajo más sucio que su antigua vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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