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El Circo entomológico delirante - Capítulo 17

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17: complot del honk honk 17: complot del honk honk Silas avanzaba por la oscuridad.

Según lo poco que habló con el Carroñero, debía centrar sus pensamientos en avanzar al punto que deseaba ir.

El plan era robar.

Pero el entorno tenía otros planes.

—… Aquí no corre el aire, pero algo susurra.

Silas escuchó un murmullo, era algo suave y dulce, pero tan lejano que perfectamente podía confundirse con alguna corriente de aire, pese a que este no corriera aire en el pozo.

—¿Hola?

¿Hay alguien con vida aquí abajo?

Dijo dudando si deseaba escuchar alguna respuesta.

No escuchaba nada salvo el deterioro del lugar, que ocasionalmente se oía un quejido de la estructura.

La vista era nula, ni siquiera lograba ver algo, aunque ya no debía importarle qué encontrar, pues los Fenómenos eran ya suficientemente horribles para ser superados.

Pero su confianza le jugó en contra, dando así una cruel traición, provocando que este cayera por las escaleras que no había visto.

—Por un demonio… menos mal que no tengo huesos o ya sería puré.

El muchacho alegó sin saber a quién maldecir, tratando de incorporarse con sus extremidades dobladas por la caída en esta absoluta oscuridad, dándose cuenta de algo desagradable.

—¡¿Por qué hay escaleras?!

Peces voladores, el idiota tenía razón.

Esbozó, maldiciendo, pensando que aquellos que bajaban desaparecían, dándose cuenta que terriblemente el marinero de agua dulce tenía razón.

Su respiración estaba algo agitada, pero le preocupaba más algo que se moviera en la nada, sintiendo el vacío que se arrastraba y daba pisadas lentas como erráticas de un lado a otro como si fuera un cazador.

—¡¿Quién es?!

Preséntate, no te tengo miedo.

¡Solo revelarte repugnancia cobarde!

El joven miraba y agudizaba sus sentidos tratando de percibir algo, retrocediendo hasta la baranda de la escalera desgastada, dándose cuenta que en su estado olvidado no acababa ahí, sino que volvía a descender a otro nivel del abismo, incómodo más por cuántos pisos tendrá este lugar que de la cosa que le acecha en la oscuridad.

—Qué per… No sueñes que bajaré, es una locura.

Mejor… Silas no terminó de hablar cuando su brazo fue atravesado por pequeñas y afiladas agujas.

Estas estaban incrustadas firmemente en su carne, haciendo que de su carne y piel fluya un icor.

—¡Qué percebes!

¡¿Quién es el cabrón que piensa en comerme en este lugar?!

¡Aún soy útil arriba!

Gruñó Silas, siendo jalado hacía las escaleras, todo acompañado por un dolor terrible, sacudido y golpeado por las escaleras como el suelo.

—¡Si pretendes comerme no conseguirás nada!

¡Soy solo icor y pellejo!

¡Soy un gusano andante!

Respondió Silas, usando todo lo posible su mano libre, trató de golpear, solo dándose cuenta del metal frío que tenía delante.

Esto le hizo asimilar a lo único que se había topado en el pozo que tenía metal incrustado —¡Asquerosa cucaracha bizarra, te enseñaré lo que puedes o no comer!

¡No soy un postre!

Silas golpeó y pateó con fuerza con la intención de hacer que su captor se detuviera.

Pero su pierna, al patear hacia adelante, fue sujetada por pinchos gruesos que la trataron como manteca blanda.

No logró esconder sus alaridos de dolor, y lo que pudo hacer fue sujetarse para evitar que lo sacudiera más como una especie de cebo.

En el vacío de la oscuridad, Silas se aferró a algo, no sabía que pero, al menos debía hacer algo.

Rebusco algo a lo que aferrarse de su captor, hasta que encontró algo inusual, era caliente y estaba escondido detrás de una placa.

Similar a un tubo de ventilación expuesto por el deterioro.

—¡Si estamos con esos juegos, será mejor que te prepares a jugar de verdad, pirata de pacotilla!

¡Huele esto!

Exclamó con fuerza, desprendiendo el tubo, acompañado por un bufido espantoso.

El tubo se agitó frenético y estalló, liberando torrentes de un líquido espeso y fétido.

Por respuesta, la bestia rugió, sacudiéndose, golpeando y pateando en desesperado dolor.

—Esto… ¡Es gas combustible, idiota!

¡Porque tienes combustible de barco…!

Silas no supo bien qué hacer, además que se percató que sería estupido preguntarle a esa cosa pero no esperaría a ver si se recuperaba.

Al igual que él tampoco esperaría a vengarse de Silas por hacerle daño.

La criatura trató de cargar contra Silas, quien usó su fuerza para esquivar, cayendo aún más abajo por el pozo de la escalera que lo golpeó sin descanso hasta que terminó quieto en el siguiente piso.

—Porque no me besas el Tenten Vilu… ¡El demonio de las profundidades!

La escena del piso de arriba se iluminó por un instante, revelando el horror y la capacidad de crear cosas grotescas.

El golpe hizo saltar chispas, las que prendieron el fluido nauseabundo, el cual consumió a la criatura como si se tratara del fuego griego.

—¡Es la madre de las Cucarachas!

¡Maldita sea!

Expresó el muchacho, tratando de levantarse del suelo en lo que sus extremidades recobraban su firmeza.

Maldijo profundamente en su mente, sin querer mirar de nuevo a esa cosa.

El único camino era hacia abajo, ya que la sala de arriba estaba envuelta en llamas que consumían la habitación llena de residuos orgánicos secos como basura olvidada.

—Que solo sea esa cosa, no quiero ver más de esas… ¡Malditos…!

¡Quien rayos hizo eso!

Maldijo su miedo, pero también le agradeció, ya que solo quería huir.

Tras momentos de huir y caerse por las escaleras viejas y casi inútiles, el joven bajó aún más, hasta que se olvidó por completo por qué bajaba.

—…Debo estar lejos… Ya no debe estar cerca… Con dificultades, respiró agotado, viendo si estaba bien, sin poder ver ya que estaba sumergido en la oscuridad.

En su momento de relajo, solo pudo escuchar unos pasos descalzos que descendían por la escalera.

Este se ahogó con su propia respiración.

Miró buscando cuando alguna de esas garras, pinchos o fauces desencajadas lo volvieran un simple resto olvidado de lo que él fue.

Pero el joven escuchó una melodía acompañada por aromas que aliviaba su alma y confundían su mente.

Todo esto le era familiar, y fue en ese momento que sintió que unas garras alargadas se imponían sobre su cuerpo, como unas manos largas que le acariciaban dulcemente.

—Eres tú… no lo puedo creer, mi pequeña Garrapata.

Te has puesto en peligro solo para seguirme hasta aquí… ¡Mi amor!

El joven estaba absorto con su amor.

No veía nada, no percibía, oía o sentía algo que no fuese de ella.

—… clack-clack… El traqueteo de los colmillos irregulares en una de sus bocas resultó como el coro celestial que envolvía el corazón del joven al ritmo de estos.

Silas se acercó, con una mano acariciando el cabello húmedo, la otra que masajeaba el gran cuerpo escamoso, mientras las lenguas jugaban un baile en la absoluta oscuridad.

La Garrapata cantaba con sus fauces flexibles abiertas, que babeaban con mayor rigor ante la cercanía.

Sin embargo, como lo había dicho antes Gaspar, esta buscaría hasta poder atrapar a quien cayera en sus engaños.

Pero no lo hizo.

Solo lo disfrutó en una grotesca danza pasional en la oscuridad de los sucios pisos inferiores del pozo, donde el horror era un desenfreno solo silenciado por la pasión desenfrenada de los movimientos primitivos.

El muchacho ni siquiera se dio cuenta cuando del interior del vientre de la Garrapata se agitaban varios cuerpos desesperados en lo que eran digeridos.

Silas perdió la conciencia tras ese encuentro anómalo, pero la recobró cuando vio luces moverse a la distancia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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