El Circo entomológico delirante - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Santuario de agujas y bisturí
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5: Santuario de agujas y bisturí 5: Santuario de agujas y bisturí Tras un tiempo inexistente, Silas despierta con la mirada empañada y todo girando en torno a un malestar general que no lo dejaba en paz.
El hedor a icor, metal caliente y pus dulce era abrumador.
—Por el crustáceo…
Comentó el joven con la cabeza moviéndose sin tregua.
Este solo veía un sinfín de figuras deformes y maltrechas a su alrededor y una gran luz sobre sí que encandila la poca visión que tenía antes de volver a ver todo negro.
Estaba en una mesa de metal, sujeta por correas oxidadas.
—No te rindas.
Está más que muerto.
Calla la boca, podemos ser las primeras de comer carne tierna.
Tú cállate, en cuanto a ti, duerme y ve a la luz.
Silas escuchó la voz de las siamesas o conocidas como las carroñeras.
—No tienen nada mejor que hacer…
Cada vez que se juntan, son desagradables.
Las palabras de Silas fueron un fuego que estaba peligrosamente a punto de consumir todo si no fuera porque tres mujeres rotas, con puertos parchados, escondiendo metal, carne y hueso, lo rodeaban.
—¡Ya verás maldito!
¡Te dejaré de color morado!
Las amenazas de las hermanas le causaron gracia, a lo que se esforzó en verlas para darse cuenta que, aparte de ellas, había otro par de hermanas que lograba ver, aunque unidas por la parte superior, dándoles tres piernas, dos brazos.
—¡¿El par no puede ponerse de acuerdo?!
Comentó una voz familiar pero su tono no se asemejaba a lo que era antes.
—¡Vamos a partir al bastardo, ya tengo hambre y es inútil salvarlo!
Rugió la langosta nuevamente, golpeando la mesa donde estaba Silas.
—¡Hasta que la idiota le dio hambre!
¡Vamos a partirlo, no quiero dejarle más carne a las cucarachas!
Corearon las carroñeras, lo cual trajo protestas de las mujeres haciendo que mostraran sus dientes amarillos con algunos cambiados por piezas de metal.
—¡Par de insectos estercoleros!.
¡Vuelvan a decir eso y les vamos a laminar ese trasero suyo!
Gritó una figura que se cernía en la oscuridad con violencia, está señaló a las carroñeras.
Mientras esto ocurría Silas sentía como los sonidos de volvían en zumbidos que atravesaban su cabeza como aguijones.
—¡Regresa a tu agujero asquerosa cucaracha antes de que terminemos pisando tu rompecabezas de cara!
Alzaron la voz las hermanas, en lo que la langosta gritaba furiosa por la intervención de las cucarachas, al punto de salpicar de saliva por su exaltación, formando así una serie de discusiones aparte con estas.
Fue en ese momento en que Silas vio algunos rasgos de las supuestas cucarachas que tenían sus extremidades superiores cortadas y unidas en un ensamble confuso.
—¡Por alimañas como ustedes es que estámos en esta situación!
Gruñó una de las mujeres que tenía harapos que hacían de capucha.
El joven se dio cuenta que su visión no lograba enfocarse, dando vueltas sobre lo que trataba de ver.
Este angustiado intentó comprender, por lo que miró a la langosta, pero se llevó una sorpresa terrible al verla como era realmente: su carne viva estaba con unos cuantos gusanos, la piel vieja y seca estaba partida por doquier.
— ¿Dónde…?
¿Qué…?
¿Por qué estás desnuda…?
Comentó Silas, incapaz de completar sus preguntas, dando palabras sueltas.
Mientras su cuerpo se sentía destrozado y consumido por un dolor que se extendía como veneno.
—¡Ven, se estropeó!
Hay que partirlo.
¡Hay que comerlo mientras sigue caliente, jugoso y delicioso!
Comentó la langosta babeando por la posibilidad de comer, afirmando su abdomen, como si se le hubiera clavado algo, sin embargo, recibió un golpe desde atrás.
—Espera idiota, ya tenemos problemas suficientes, parece que el anfitrión lo anda buscando.
Comentó una voz, seca y dura pero se le hacía familiar.
—Que me importa, yo tengo…
La langosta estaba irritada, pero recibió un golpe en la boca, colocando un buen trozo de carne en su boca.
—¿Mejor?
Compórtate.
Dijo la voz de la mujer que resultaba dura.
—¡Mucho mejor!
Lo dijo la langosta con la boca llena.
Esta disfrutaba de la carne de dudosa procedencia.
—Querida es muy simple la forma de satisfacer tus necesidades, deberías priorizar tener más …
sofisticación.
Sonó la voz de la mariposa, esta estaba mucho más atrás.
—Ambiciones, es vulgar lo que digo pero es una forma sencilla y clara de decirlo…
Añadió la mujer, tratando de explicarse.
—¿Te refieres a que no me puedo guiar por mi instinto psicótico de consumir alimentos, principalmente carne, loque me hace sucumbir en el deseo de poseer más?
La langosta dijo, sacando otro trozo de carne, esto dejó a la mariposa dudando un instante.
—¡Adoro esa parte de ti tan comprensible y audaz!
Dijo la mariposa aplaudiendo la forma de acertar de la langosta.
—Como sea, las pulgas dijeron que no regresarían nada, ya que lo que robaron fue conseguido de forma legítima…
La mujer de voz sería sonó molesta, tratando de explicar lo que parecía un desacuerdo.
—Acabemos con esto entonces.
Dijo animada la langosta, tratando de dar ánimos al grupo.
— ¡Hey!
¿Estás lista para tratarlo?
Creo que está cambiando el color de nuevo…
Dijo la mujer, esto le daba recuerdos que podría ser una de las arañas pero no lograba identificar cómo se llamaba.
Sonó una voz, a lo que las mujeres se abrieron para dar paso a algo.
—Claro, porque no…
Era la voz de un hombre, sonaba a alguien mucho más viejo de lo que era posible, con la voz seca, y algo mecánica.
Silas identificó el crujido de engranajes mal lubricados mezclado con el habla.
— El veneno en su pierna no es terrible, pero al parecer para ser de una saltarina es problemático…
Añadió, con el sonido de su respiración silbante y el traqueteo metálico moviéndose a Silas.
—¿Que…?
Preguntó Silas, balbuceando luego incoherencias.
—El colmillo de la araña…
Truco barato, pero en la mayoría de los casos suele ser devastador, dependiendo del espécimen, por lo general el tejido se daña por la necrosis…
La voz del hombre se aproximaba a Silas quien no podía modular del todo bien, creando una especie de terrible dolor que paraliza su cuerpo, sin embargo, tampoco nadie quería hablarle con la doctora hablando.
— El individuo parece estar padeciendo algunos síntomas como el malestar general, problemas en su temperatura…
Hay algunos indicios que pueden confirmar el fallo de su capacidad de comunicación…
Comentaba fríamente mientras crujía y rechinaba.
—Deberíamos hacer unas cuantas biopsias para asegurarnos.
Comentó una mujer llena de cortes.
Que parecía aguardar con entusiasmo al hombre.
— …
Si, sería recomendado, el comportamiento del veneno indica no ser mortal, pero ha traído diversos síntomas…
La pierna debería ser cortada y analizada…
El doctor hablaba de la pierna de Silas, la cual le preocupó, ya que no había movido en sí las piernas, únicamente una la sentía caliente.
—¿Que paso…?
¿Que tiene …
Mi pierna?
El muchacho apenas lo dijo, para luego solo esforzarse en poder bajar la mirada, dando un bramido de dolor.
Vio su muslo hinchado, una palidez antinatural con vetas negras.
—Parece que no se había dado cuenta…
Comentó la langosta disfrutando de la carne.
—¡¿No podían decirme?!
Gruñó Silas, tratando de tocarse la pierna, esta tenía un torniquete nuevo que apretaba mucho su pierna, separando la parte inflamada, aunque manchas rojas y sus venas abultadas destacaban y avanzaban lentamente.
—¡¿Pero que crustáceos paso con mi pierna?!
Dijo en voz alta Silas, provocando que las miradas se centraran en él.
—Despertó la princesa.
Es un gusto conocerle majestad.
Comentó una mujer llena de cortes profundos, sus extremidades eran prótesis toscas de metal ensamblado para fingir ser extremidades, tornándose más como algo monstruoso.
Ella era una de las cucarachas encapuchadas.
Su rostro se asemejaba a la Cara de una Anguila, está era la que había detenido a las demás de tener un festín con él, pero dudo si era mejor morir por su pierna o ser un festín,esta mujer estaba tan tratada y reemplazada por piezas que era más una prótesis ambulante.
—Estoy… Despierto solo que… Todo me da vueltas, cara de anguila.
Comentó Silas tratando de insultar a la mujer, lo cual provocó una sonrisa que marcaba sus prótesis dentales, como óseas.
La mujer no entendía tantas palabras del mar pero le causaba risa que resultaran en algo que debería afectarle.
—Me resulta chistoso el trozo de carne muerta.
Comentó la mujer señalando la pierna del joven en tono de burla.
—Y pensar que tú querías comerlo.
¿No?
Añadió la mujer levantando uno de sus brazos y lamiendo con una larga lengua que variaba en tonos azules y morados, mientras la boca babeaba una baba densa.
—¿Qué?
¿Te refieres a mi?
¿No ves que estoy tranquila comiendo?
Espetó la langosta aparentando confusión y algo de indignación cómica sobre la acusación que le estaban colocando sobre su persona.
—No sabes mentir.
Tus chistes son malos.
No son tan malos pero carecen de chiste.
Comentaron las siamesas entre sus discusiones.
—¡Carroñeras!
Cucaracha, no sean así de malas conmigo, nunca pensé querer probar ni una sola parte del nuevo.
Dijo la mujer llevando su mano desnuda al pecho casi inexistente.
—Ni siquiera tú te crees esas mentiras.
Mencionó la voz del hombre, forzando su voz.
Este miró cuidadosamente el corte, pero sin previo aviso extrajo el cuchillo.
—¡Viejo lobo de mar, eres una esponja de mar, solo sabes hablar con esa boca de bacalao!
Silas gritó improperios ante el dolor, hasta que la propia causa del dolor le terminó callando.
—Antes los porteños aguantaban más…
La doctora comentó con seriedad, sus ojos de cristal reflejaban la escena como si grabara cada instante de la experiencia de Silas.
—Deberíamos comenzar con la extracción y limpieza de la zona afectada para luego tratar el envenenamiento con algunos antídotos…
Comentó revisando la textura de la sangre negra que brotaba de la pierna.
—No es mala…
No es complicado, tuvo que haber sido más que nada un accidente…
Comentó para sí misma, mirando a la cucaracha.
—Cucaracha, trae a la sanguijuela…
La mujer protestó dando golpes contra el suelo con sus piernas metálicas.
—Pero Doctora.
¿Es necesario que la llame?
Con sus ojos de cristal miró con el ceño fruncido a la mujer que parecía una niña.
—¿Es mujer?
Con la voz pensé que era un viejo decrépito, que apenas lograba decir algo antes de ahogarse.
Dijo Silas, lo cual hizo reír a algunas que con desespero trataron de ahogar sus risas.
—…
El matasanos, o mejor dicho doctora, le miró con desprecio, abriendo sus fauces como advertencia por el insulto que le había dado.
Su boca se abrió para revelar una compleja matriz de mandíbulas mecánicas y dientes óseos.
—Entonces hazlo cucaracha, voy a usar el bisturí para ver cómo está su abdomen.
Los órganos deben seguir ahí, o al menos la mitad debería seguir sin licuar, ya que no ha expulsado ninguno.
Comentó mostrando que tenía una dentadura que combinaba atrocidades de metal, carne y hueso.
—¡Qué bueno!
Es muy amable.
¡Lo dejaré limpio!
Celebró la cucaracha, haciendo gestos de agradecimiento a la doctora.
—¡¿Qué pretendes hacer..?!
¡Qué diablos!
Gritó y se retorció a duras penas, mientras la cucaracha extendía piezas metálicas y óseas escondía en su boca maltrecha para consumir la carne infectada.
—Damas, si fueran muy amables…
no se contengan con la fuerza, después puedo suturar.
Comentó el matasanos, dando confianza a las mujeres, por lo que manos anormales, garras y pezuñas le sujetaron para que no se mueva mientras la cucaracha succionaba, mordía y disfrutaba de su premio.
Silas sintió un dolor desgarrador y un calor intenso en su herida.
Este apenas logró dar un grito que sonaba a una súplica incoherente.
Su cuerpo era comprimido como si en una pesadilla se tratara, pero su cuerpo sucumbía ante la presión.
Sintiendo como cada hueso crujía y su piel se abría.
—No… Quiero… Morir… Como… Habló cansado Silas.
Apenas capaz de pronunciar las palabras, como si estás fueran un susurro del viento.
—Joven, no piense mal en el matasanos, saben lo que hace, cuando alguien te pica debes extraer el veneno y si es necesario remover parte de lo dañado…
Comentó la mariposa de forma amable, aunque guardó silencio por un momento por los gritos y la risa que expresaba el matasanos.
Silas cerró los ojos y recordó el cerebro palpitante de Randall a pocos metros de él.
—Bueno, solamente esta es capaz, la única que puede salvarte.
Aunque subas, nadie sabe revertir este mal…
No solo perderías la pierna, tendrías una muerte muy lenta y atroz.
La mariposa buscaba armonía en donde no había, sobre todo en ese lugar, ante tales actos carniceros.
El matasanos le entregó el colmillo de la araña como si fuera a saber qué hacer con él.
—Disculpe, distinguida señora.
¿Que debería hacer con esta pieza?
Preguntó la mariposa, pero no tuvo respuestas ya que el matasanos había empezado a cortar y los gritos incrementaban.
—Este hombre es desagradable, tendré que anestesiarlo.
Comentó, dando un tremendo golpe en la cabeza que hizo que esta tambalearse, se logró por un crujido con un quejido por el impacto.
—¡Marinero de agua dulce!
¡¿A eso llamas golpear?!
Rugió Silas, a lo que recibió otro, nublando la visión del joven, pero se resistía en desvanecerse.
— Me equivoqué con tu resistencia, perfectamente podrías ser una cucaracha…
Comentó la doctora golpeando una vez más con su extremidad de metal, finalmente tumbando a Silas.
— Adoro la anestesia, es un método infalible y divertida.
Comentó una joven carroñera que estaba detrás de las siamesas.
—Sí, nunca nadie reclama de la anestesia, la mayoría lo olvida…
O nadie quiere decirlo.
Comentaron las siamesas que estaban adelante de estas otras.
La mariposa lo inspeccionó, hace mucho que no miraba uno así de pequeño, resultándole en un juguete.
—Es lindo… claro, para ser un mestizo de los Hernández.
Comentó mirando a la oscuridad por un momento, acostumbrándose a esta con la que había vivido tanto.
—Te diviertes con tu grupito.
¿No Greta?
Pronunció una voz a su espalda, era ruda, seca y llena de sarcasmo.
—Para tu información sucia araña, soy una humilde pero distinguida mariposa de la estimada sociedad de…
¡Somos los civilizados!
Respondió seria, hablando con la mayor elocuencia a su acompañante inesperado.
— Tan predecible.
Me aburre hablar contigo.
Comentó la araña desde arriba.
Aunque guardó silencio como si mirara algo más.
—¿Vienes por comida?
El carrito está por ahí.
Dijo la mariposa con un desprecio profundo.
—Me entristece que lo digas, me habría gustado que dividiéramos al nuevo, pero parece que es importante por molestar a esa cosa del matasanos.
Comentó la mujer descendiendo tranquilamente con sus múltiples extremidades.
—Violinista…
¿No te cansas de estar en los rincones esforzándote en odiar y que te odien?
¿De creer que eres superior?
La mujer mostró los colmillos molesta ante el intento de cercanía.
—No digas patrañas, tú como las otras tratan de hacer esa tonta idea de hermandad, de sobrevivir.
¡Pero la hermandad es la cadena de la esclavitud!
¡Nada ha servido!
Reclamó la araña, furiosa por la forma de hacer las cosas de las mujeres.
—¡¿Que?!
¡Tú y las otras querían mantenerse en un eterno ciclo de presa y depredador!
¡Éramos libres en nuestra locura!
Alzó la voz la mariposa, teniendo cambios en su forma de hablar ante el esfuerzo.
—Al menos seguiríamos libres.
¡En cambio, ustedes agacharon la cabeza para los Hernández y el amo del circo!
—Prefiero fingir y darle la oportunidad a otras que volverme en una bestia sin conciencia.
¡Tú te rendiste a tu naturaleza!
Comentó la mujer, calmando su temple para no volver a tener problemas al hablar.
—¡No me llames bestia, seguimos haciendo lo mismo!
Solo que tú y las estúpidas trataron de hacer las cosas a su manera y no consiguieron nada.
¡Vives por el maquillaje y las máscaras!
¡Eres el mejor ejemplo de eso!
La araña estaba alterada, sin embargo, no se quedó ahí, empujando a la mariposa, quien estaba distraída en sus recuerdos.
— ¡Dime!
¡¿Que fue lo que consiguieron al salir?!
¡¿Que consiguieron con oponerse a los Hernández o del amo del circo?!
La mujer gritó, exasperada, pero la mariposa no dijo nada, solo se llevó la mano a la cara, solo recordando en silencio.
—¡Yo…!
La araña se detuvo, abruptamente, mirando a la saltarina detrás de la mariposa.
—Está bien…
El nuevo ya nos dio comida, bromearon un poco, solo vine a escoltar a la saltarina para que ningún tipo de mosca se la trate de comer, o mantis, o hormigas…
Y toda la mierda a nuestro alrededor.
Gruñó la araña más tranquila, regresando a la oscuridad eterna del techo.
—Supongo que es un adiós…
Comentó la mariposa en tono triste.
—Hola…
Dijo una pequeña voz, la niña que había traído tantos problemas y que tuvo que postrarse al amo del circo que lo sabía de mucho antes, a diferencia de los Hernández, quienes seguían sin saber de su existencia.
Es por ello que la mujer colocó una pose teatral y se giró para hacer una elegante reverencia a la niña percatándose de la expresión llena de pena de la pequeña.
—Saludos, estimada Dama.
¿Cual es la razón de su presencia en estos confines de la oscuridad?
Dijo la mujer dulcemente.
— Hola.
Soy saltarina.
No soy dama…
Comentó la pequeña inflando el pecho con orgullo.
—No, no, lo que quería decir era sobre…
La mujer se detuvo, ya que la arañita estaba mirando a su alrededor, distrayéndose por el forcejeo que se formaba entre las mujeres.
— Ignora a esas incultas e irrespetuosas mujeres.
La niña volvió a verle, tratando de saber qué decirle.
— ¿Sabes dónde está mi colmillo?
Preguntó la pequeña, para observar a la mariposa con todos sus ojos.
— Sí, aquí está…
Titubeó la mariposa, alzando su mano para mostrar el pequeño puñal.
—Pero procura usar tu colmillo y no el de alguien más.
La niña pareció avergonzarse y asentir ante el consejo, aunque la escena parecía sombría en la tensa oscuridad.
Los gritos y forcejeos desde la tenue luz eran una alegoría para los expectantes, estos se arrastran tranquilamente sin ser vistos por nadie en la absoluta oscuridad.
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