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El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 Bestias de colección
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10: Bestias de colección 10: Bestias de colección El sonido era lo único que se escuchaba en el mundo, un mundo de sonidos inquietantes que asustaban a quienes no estaban listos para nacer aquí pero que permitían saber que seguían vivos, pero recordando también que vivir no era significado de bienestar.

Se escuchaban a bestiar bramir de furia envueltas en metal tintineante, collares improvisados de metal que se cerraba en carne dura que hacía fricción contra el óxido, el cual a su vez a una de estas atrocidades nacidas de la podredumbre del Tullugal, se estiraba para luego contraerse y retorcerse en un silencio colérico que solo las mentes destrozadas pueden hacer naturalmente.

Este horror no gritaba, había sido el más hablador y el más chillón, no obstante no era la criatura a la que se le podía quitar los ojos de encima.

En el vacío de la oscuridad cada paso era eterno y cada intento un esfuerzo en vano por la vida fugaz.

El descenso era confuso e inevitable, algo que debía ser breve terminó siendo la sentencia a reencontrarse con el miedo a lo desconocido en aquellos que el horror se basaba.

—Llevamos mucho tiempo.

Si, mucho.

Es demasiado, pero no hemos dejado de bajar.

¿En qué nivel vamos?

Era una serie de preguntas y palabras que hacían las cabezas entre sí ante el extenso tiempo moviéndose en penumbra, esto provocaba un caos que tenía como compás el traqueteo y roce con el cemento.

—Gusano.

¿Aún sigues lúcido?

El escarabajo carroñero preguntó para saber si estaba solo o seguía con el cuero en tal desdichada situación.

—Aquí.

Y no lo sé, no estoy seguro cuando fue que me vi y tampoco sé cuánto llevo repitiendo los pensamientos de culpa que me torturan continuamente por no lograr nada y por fallar al resto, que será del legado de mi abuelo con una basura como mi hermano a cargo.

Su voz moribunda habitual estaba impregnada en un dolor que no se puede tratar tan fácil, de su cabeza rota brotaban rasgos fugaces donde el remordimiento de haber confiado y en quien no, le habían llevado a un final tan deplorable como lo era ese.

—¿Tienes alguna solución a este predicamento?

Añadió como si supiera que no tendría una respuesta positiva.

—No, no por el momento.

Si estuviera afuera como antes o en el cristalino mar profundo, los habría llevado con la pincoya.

Comentó el carroñero, miedo a los ojos de las máscaras de los moscos una sensación de desprecio y odio profundo, no obstante sabía que no habría una mirada amenazante nueva o tan solo una oportunidad de redimir con una pelea que le dejara con el orgullo intacto.

—Está todo enroscado en una espiral de agobio y desgaste que nosotros mismos provocamos pero que no somos capaces de controlarlo.

Este vaciló un momento con sus palabras.

—Te conté alguna vez de cómo me traicionó aquel que me crío y en un descuido fatal deje que me sentenciaron a pudrir mi existencia.

Solo así fue que mi hermano más inútil se hizo cargo de la camarilla más importante de los Hernández, todo impulsado por gente deplorable que era de otras familias.

El respondió, entretanto se le podía escuchar como continuaba con el forcejeo de su cuerpo enjaulado en su mismo por el metal, si bien los moscos lo tenían paralizado, se habían dedicado a cubrirlo de polvos varios, uno era el óxido, otro cenizas pero la mezcla seguía extendiéndose como también cubría todo su cuerpo con total desprecio.

—Sabes creo que se escucha bien.

Procura hacer algo, no sé a qué lugar nos llevarán, pero será peor que esa pelea tonta que perdimos.

Expresó el coloso sin importarle lo que se diluía de voz del gusano, ya que este trabajaba en conjunto con sus cabezas para calcular y saber a qué altura estaban llegando y con qué cosas se encontrarán.

Este dejó de escuchar lo que decía el cuero, que seguía hablando, ya sumergido en la desgracia de la mente fracturada, se le podía escuchar reír con su máscara burlesca que hacía comedia ante tal escena, en cambio sus palabras estaban sumergidas en tristeza y rebosantes de realismo.

Tras el siguiente piso, logró divisar algo que notaba de antes, era una brecha en el suelo, aquel desprendimiento que antes había usando para esconderse, extendió sus apéndices oscilantes secas, estás se desgarraba y cortaban con el esfuerzo que realizaban, llegando así a sujetarse con el borde y entorpeciendo la marcha.

Los moscos trataron de torcer su cuerpo para acomodar al gusano y llevarlo sin falta pero una posada falsa torció la suerte, empujando a uno de estos carceleros al siguiente piso lleno de bestias que Silas había tenido la desgracia de conocer.

Un gruñido dio respuesta contraria a lo esperado, el mosco tomó impulso para no caer y sostenerse con el tubo que empalaba a la criatura, momento exacto que está se desenvolvió haciendo fuerza en la misma dirección que sus captores, truco que sería inútil si no estuvieran en mal terreno y uno de estos no estuviera sujetado a nada, permitiendo usar de eje a los moscos y llevarse consigo a estos para que se conocieran con la cantidad inesperada de abominaciones inconscientes.

—Gusano, al fin muestras cordura.

Pronuncia el carroñero dando una sonrisa placentera porque el gusano le había otorgado una oportunidad de redimir el orgullo perdido ante su descuido, volcando la situación de la misma forma que estos hicieron.

—¡Están listos chicos!

¡Es hora de que les mandé a lo profundo del océano!

Rugió esté motivado, afirmando dos cadenas en cada mano y azotando a sus dueños entre sí.

Pero estos se negaban a soltar mientras otros trataban de recuperar el control que habían perdido ante la desconcentración.

Lo que no esperaban era que el gigante aprovechará el descuido de empujar y arrastrar a todos a la grieta con las bestias que rugían y bramaban con hambre primordial.

—Es inteligencia rata de muelle y esa no la tienes tú.

El descenso fue abrupto pero el caos y violencia que se desgarraba en la oscuridad era lo único que daba brillo al atroz piso de muerte y violencia que se llevó a cabo.

—Que recuerdos… Mencionó el cuero, reviviendo algunos recuerdos de lo que alberga este piso.

—Ese olor… Oh, ya veo donde estamos… Pronunció el gigante en respuesta antes de ser azotado por lo que pareció ser una inmensa serpiente.

Ante las antiguas enemistades que se enfrentan contra nuevos peligros, no había símbolo de unión o cooperación,tan solo una instancia antes que las bestias se aglomeraron ante los intrusos, estás sin demora chocaban entre sí, en lo que usaban sus garras y mordían por tener su oportunidad para consumir a lo que les atestiguan como un banquete luego de tanto tiempo sin comer.

La pelea de los moscos se volvió una cruel escena de cómo una marejada de miembros amorfos que solo buscaban violencia los sumergía en dolor y sufrimiento.

Opuesto a lo pensado, los fenómenos estaban igual en desventaja, ya que amarrados con metal eran azotados por las huestes de entidades bizarras que habían vuelto a pensamientos animales.

La gran bestia humanoide de múltiples cabezas era sometida sin darle oportunidad de respiro.

Todos los golpes venían en cualquier dirección, este no lograba detenerlas, no contraatacar de ninguna forma que no lo mostrará como un individuo torpe que en la desesperación propinaba golpes al azar, pero un instante hubo oportunidad de libertad.

Recibió un mordisco en su espalda mientras las ventosas de su atacante se aferran con una terrible absorción que despojó de piel su cuerpo.

Este provocó el sonido del metal cediendo, haciendo que el gigante riera.

—Muy bien, chiste de Dandan.

¡Te enseñaré cómo debe morder un verdadero Dandan!

Con sus grandes brazos jalo, terminando el trabajo de las ventosas, para alejarse de las fauces hambrientas que fueron recibidas por un par de manos vengativas que no le dieron tiempo para cerrarse.

La bestia gimió de agonía cuando sus dientes fueron arrancados en el primer instante del forcejeó, varias criaturas continuaron rasguñando sin éxito solo para recibir a esta especie de cetáceos bípedo que volaba por los aires bajo el terrible agarre del carroñero.

—¡Los mataré a todos!

¡No quedará mi mierda de ustedes que puedan encontrar!

Dio un bufido atronador, solo por terminar de azotar al monstruo contra el suelo y arrancarle violentamente la mandíbula.

—Hace mucho que no tenía una pelea… si tan solo… Este se sintió reprimido sabiendo que el condenado lugar le mantenía en ese estado, pero los pensamientos no le dicernian de su propósito esencial que era embestir, aplastar y atravesar a las bestias con el resto de mandíbula que se había estado desgarrando y fragmentando por el duro uso que le daba su nuevo portador.

—¡No pierdan el tiempo!

¡El DanDan no ha muerto!

Exclamó emocionada la cabeza agresiva, solo para apenas usar su garrote que le permitió recibir gran parte del impacto antes de romperse.

—Ese bastardo es resistente… Esta y otra más escupieron sangre para emprender una carrera contra este, impactando con una serie de criaturas incluyendo a uno de los moscos.

Por su parte la bestia malherida emprendió una carga suicida con el fin de acabar a quien le había provocado tal herida fatal, este también arremetía y pisaba a todo lo que estuviera en su camino.

El impacto entre estos dos colosos fue abisal, cada uno buscaba dar muerte a su rival, pero el carroñero tenía ventaja ya que no estaba tan mal herido y este le aprovecho de regresar lo que le quitó al Dandan, hundiendo sus huesos profundo en su carne.

Sonó el grito de victoria que solo fue recibido por más bestias de aspecto retorcido que clamaban deseosos por carne y poder ejercer dominancia sobre el resto ante la muerte de una de las bestias más grandes.

El suelo se empezó a humedecer, primero fueron gotas que lo volvieron resbaloso luego se llenó de sangre y vísceras trituradas, sin darle descanso a cualquier criatura ni grande o pequeña.

—¡Quien sigue!

¡Quien sigue!

Se podía escuchar al gigante llamando a más rivales tras un rato de haber vencido a otro Dandan que a diferencia del otro estaba recubierto de escamas afiladas.

—¡Vamos!

¿Acaso no querían darme un bocado?

Aún se mantenía desafiante, tratando de ocultar la fatiga como un temblor en su brazo flagelado que había acabado con la fuerza de sus golpes.

—Aguarden, deben estar dándole espacio a alguien… Expresó girándose para verificar todo lo que le rodeaba en lo que agudizan sus sentidos.

—…Oigan y si algo viene… Ninguna quiso responder esa observación a la cabeza más sociable pero era algo en lo que concordaban.

Todas sabían que lo que pasaba era algo que nunca habían conocido, era algo que no podía ser de las profundidades.

El conflicto parecía detenerse, el incluso las bestias se marchaban definitivamente, como también estás con todas sus fuerzas no lograban ver motivo alguno, incluso no se acercaban a los moscos quienes aguantaron pese a tamaño y número.

No obstante habían sufrido varias muertes en incluso juraría ver más de sus desagradables rostros o máscaras fluorescentes.

Era acaso una broma del destino o abrían el escenario para algo más.

—Algo no está bien… Murmuró la cabeza central que miraba a su alrededores con más angustia que las otras, dándose cuenta que los moscos dejaban sus armas y tomaban a los caídos para desvanecerse en la oscuridad con cautela.

—Esos bastardos locos no huyen nunca… ¡Gusano!

¡Sal de donde estés y corre!

Gruñó el coloso maldiciendo la tonta idea de cuidar del gusano, debía de estar bien.

Tan solo debería rebuscar en cualquier tripa de bestia muerta o alguna que esté vomitando ácido que le disuelve los intestinos.

—No está… Ese olor… Pronunció la cabeza más seria.

—Huele a muerte…Me recuerda a las cucarachas pero por sobretodo a… Dijo la cabeza central pendiente de cualquier figura con movimiento torpe pero mortífero que fuera hacia ellos, ya que solo podría ganar a esas basuras recubiertas de látex, si le acompañara algún gusano, este coloso sería presa fácil para ser acabada fácil y lo odiaba.

—No creen que… Dijo otra cabeza dándose cuenta de lo que podría estar moviéndose desde el fondo de la oscuridad.

Chillidos demenciales que terminaban en un coro de voces jadeantes.

—…Parecen ser muchos… Acompañado de traqueteo metálico frenético, cada golpe que se acercaba daba una chispa con rechinido de engranajes se mueve más allá de lo visible en la oscuridad.

—…Esos bastardos se fueron por qué no hay comida en el metal… Pronunció notando brazos, piernas, eran extremidades de cada forma extraña y retorcida que buscaban acabar con algo.

Las figuras de fondo parecían estar luchando metal contra metal, luces rojas se movían rítmicamente que se asemejaba a múltiples pares de ojos que esquivaban algo invisible.

Repentinamente sonó un cañón frente suyo que produjo un dolor punzante que le empujó hacia atrás hasta el punto de impactar contra la muralla del piso y poder ver como un arpón atravesaba al gusano para enterrarse en este.

La nula luz artificial que apenas alumbraba la abominable oscuridad del pozo permitió ver de lo que estaba compuesto su atacante.

—¡…Condenada amalgama de carne con remaches…!

Fue el estruendoso grito del gigante ensangrentado que caía libremente por el pozo, siendo tragado por el hambriento abismo que este poseía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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