El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 11
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: El pedido 11: El pedido —Hijo de Tiamat, aquel que resguardo los mares por última vez.
Pronunció una voz, estaba rebosante de solemnidad dentro del vacío donde la calma del océano bañaba con su gracia al igual que en los últimos tiempos.
—Has vivido mucho y perdido tanto… Reflexiona entristecida la voz antes de seguir hablando, como si pensara lo que debía decir con cuidado —Pequeño que se le quitó el nombre.
Espero que te acuerdes aún de quienes te vieron crecer.
Le costaba abrir sus ojos, pero sabía que estaba de regreso a su antiguo hogar.
El sonido del mar demostraba una calma que había olvidado, mientras el suave olor salado del mar danzaba en su olfato.
—Sabes que no soy de monólogos… La voz dulce parecía divertirse con la falta de respuestas de su oyente.
—Se que eres tú, y todas las veces que has hablado nunca has tenido respuesta.
Respondió sintiendo su voz difusa y como una sola.
Sus pensamientos eran muchos pero solo podía procesarlos una sola vez, teniendo que pensar más seguido sobre cada detalle que se le presentaba sin poder verlo con los ojos.
—Estoy muerto.
¿Cierto?
Expresó sabiendo que la pelea tuvo que haberlo llevado hasta su máximo, o tal vez murió desangrado o incluso aquella caída finalmente acabó con él.
—¿Tan difícil es pensar que he podido hablarte?
Bueno, aquí uno de los dos ha muerto.
Y ese no eres tú.
Comentó una risita suave, acariciando suavemente con su extremidad cubierta de quitina.
—Entonces… ¿Por qué estoy aquí?
¿Por qué podemos hablar?
¡No comprendo nada!
Reflejo todas sus inseguridades y miedos por medio de preguntas que desgarraba su alma deshecha ante tanto pensamiento reunido en una sola forma.
—¡Es desagradable!
¿Si muero, voy a existir eternamente así?
Preguntó abrumado, aterrado por tal sensación incómoda.
—La muerte es transitoria… hablando de eso, creo que es un adiós.
Aquel que le hablaba dijo por última vez antes de que un terrible dolor que le dio espasmos en todo el cuerpo lo despertaron abruptamente, llevándolo a un lugar invadido por el peor hedor que puede uno llegar a contemplar en toda la existencia.
—¡Muere de una condenada vez!
Se sintió un grito desgarrador que parecía un último esfuerzo, todo sonido se sentía amortiguado como todo dentro de sus sentidos.
—¡Los rayos no le provocan nada!
Se escuchó una voz enfermiza que resonaba como si el que hablara estuviera enfermo.
—¡Da igual!
¡Pegale con el látigo!
El mundo caótico se cernía sobre si, sus sentidos se recuperaban lentamente para presenciar como objetos impacta con una figura de piernas mecánicas que estaba recubierta de putrefacción y óxido, el cual supuraba con cada movimiento en respuesta y cada objeto caía a un lateral del carroñero.
—¡El dormilón despertó!
¡Esta..!
Un grito agudo se produjo interrumpiendo las palabras mientras el icor pastoso caía sobre el coloso, el sonido de los dientes de las sierras mecánicas hacían su trabajo sobre la carne.
Cadáveres hinchados de todo tipo y edades desperdigados junto a pilas de desperdicios inundaban la visual de forma grosera.
El ambiente estaba envuelto en gritos coléricos que parecían estar animando un conflicto de proporciones destructivas, ya que tanto por lo que veía como escuchaba, le daban náuseas.
El fondo del pozo era un epicentro de bestias de antaño olvidadas, todo tipo de figuras grotescas que fueron algo mejor o la descomposición del ambiente los había atrofiado.
—No creo haber caído finalmente en Kur… Murmuró para sí, pero agradeciendo de que su mente estuviera dividida.
como una máquina lanzaba fuego.
Era una lucha encarnizada contra las abominaciones de metal de incontables extremidades metálicas y orgánicas, resguardadas por un blindaje pesado que se hundía en un pantano de basura.
—¡Cuidado!
Un grito que resultaba en un bramido gutural atravesó el aire para luego escucharse un estruendo mecánico que caía por su lateral.
Se veía viejo y dañado pero espantosamente vivo para algo que unía la carne y metal de las formas más terribles que se podría imaginar.
—Finalmente murió ese bastardo.
Juro por lo siete mares si vuelve a levantarse por quinceava vez voy a dejarlo sin más.
Expresó una voz familiar, una que en el fondo agradece escuchar y a la vez no.
—¡Gusano!
¡Explícame qué mierda es este lugar!
Protestó observando unas cuantas bestias que se destacaban por su origen marino como terrestre.
—Bueno, al menos no estamos en Kur… aunque comparado con el circo no hay mucha diferencia.
Expresó la cabeza apática, sin mostrar mayor respuesta ante lo que ocurría.
—Se dice gracias condenada masa de lagartijas del agua.
Gritó una voz masculina entre graznidos desgarradores que maldecían.
—¿Qué le pasa al desplumado?
Expresó el gigante confundido, viendo que algunos trataban de calmar los ánimos de su compañero.
—¿Qué te pasa sabandija monocular?
¿Se te metió una pluma azul en el ojo?
Si quieres pelear me aseguraré de sacarte las últimas plumas con mis puños.
Amenazó la cabeza con su agresividad habitual recuperada.
—Verás… en el naufragio los espárragos enlatados son del desvío hasta la… Dijo haciendo mímica indicando que habían caído desde lo más alto.
—Veo que pasó mucho tiempo… sabes que no escucharé todas tus incoherencias.¿Cierto?
Respondió con fastidio considerando la última vez que el gusano consumió las setas procesadas.
—Los que desfiguran los tuvo que colocar.
El último cayó desde la guardería de arriba y ahora se enfrentan con los espárragos en la última lata de la tienda.
Expresó el gusano hablando incoherencias.
Por lo cual uno de los grandes tentáculos de un extraño Serkib enorme con su característica figura alargada como la de una larva, dejó ver su rostro por completo que se ubicaba dentro de incontables pliegues dentados, parecía ser una criatura con una conciencia más diplomática que el resto, ya que apoyó suavemente su apéndice móvil sobre la cabeza de este para que le diera su momento para explicar todo lo que ocurría.
—Por donde empiezo… Este dudó, llevando algo parecido a una extremidad al borde inferior de su extensa dentadura.
—Lo que quiere decir el pequeño es que los he estado observando con la máscara que les di.
La gran figura de mostró con su figura un poco más recta para poder demostrar respeto ante el visitante.
Se detuvo un instante para observar al gigante y dio un suspiro sabiendo lo que significaba su expresión como la mirada que trataba de descifrar porque era distinto a los Serkib del mar.
—Si te preguntas soy un Kurgub, soy algo así como una variante más grande que habita en tierra que los Serkib que viven en lo profundo del mar… Bueno y si, también odiamos a las sirenas.
Esta hablo rápido para evitar dar siempre las mismas explicaciones sobre su especie.
—Ya veo… ¿Se conocían desde hace tiempo?
Con la pregunta lograba escuchar al pájaro humanoide despotricar sobre las reuniones sociales.
Este con otros partieron para tratar de apoyar al resto de bestias.
—Bueno, el pequeño estuvo antes y estaba con el patético domador quien pensaba que luego de encerrar a los antiguos que eran sus mascotas, nosotros seguiríamos encogiendonos ante él.
Este hablaba con calma, tratando de decir algo de cómo se conocieron.
—Comprendo.
Dudo un instante por lo que no sabía de este complejo viviente.
—Creo que si entiendo.
Pensé que las colecciones de bestias eran el cementerio de huesos y esos idiotas sin cabeza.
Dijo el coloso levantándose entre restos plásticos como de algún que otro metal cuadrado.
La abominación crujió dando fuerza a sus fauces metálicas pero el cuero de esforzó en acabar con este hundiendo lo que parecía un respirador en el denso ruido que parecía proceder de agua contaminada.
—Bueno.
El domador siempre ha sido así con sus juguetes, ya que como buena parte del Tullugal, éste desconfía del resto así que tenía una colección privada en este vertedero… Su tono reflejaba notoria decepción al hablar del Tullugal.
—¿Ustedes desprecian al Tullugal?
Antes habían grupos de arriba que intentaron organizarse pero fueron acabados, los últimos trataron de… El carroñero se sintió curioso, estos en efecto estaban en una situación precaria pero solo estaban al fondo del basural.
No obstante fue interrumpido por el Kurgub debido a su risa.
—¿Que te hace gracia?
Se vio notoriamente molesto por su actuar, pero aguardo antes de hacer algo violento hacia este que parecía estar de su lado.
—Disculpa, es raro encontrar buenos chistes.
No nos interesa el Tullugal, menos a quienes usa.
Nosotros nacimos aquí y vivimos aquí desde mucho antes.
No somos prisioneros, podemos salir cuando deseamos, nos quedamos por capricho, ya que es mejor que estar afuera.
No comprendo su humor, pero lograba entender que lo que menos les importaba era el Tullugal, siendo totalmente despegados a los pensamientos que estos mismos puedan tener con respecto a la criatura.
—Asi que se nutren con la energía vital y … Respondió dándose cuenta la diferencia que tenían estos consigo mismo.
—Exacto, mismo plano pero distinta coexistencia.
Completo Kurgub, dándole enfado al coloso quien antes de darle un golpe en el centro de sus fauces, algo llamo la atención al centro del caos.
Estos se voltearon ante el impacto de un inmenso Dandan se alzó arrojando a todos por los aires.
—Ese es un Dandan decente… Murmuró el gigante aliviado por lo ocurrido.
—Si, avisaron que teníamos una situación extraña en la entrada.
Así que mandaron a algunos chicos para enseñarle algo que solo se ve en las profundidades.
Respondió ignorando si este le hablaba o no, ya que debía aguardar que estos llegarán mucho antes que está criatura despertara.
La figura enorme del bípedo con tentáculos dejo caer su gran tamaño y peso sobre la montaña de residuos provocando el rechinar de metal a su vez de sonido jugoso de lo orgánico siendo triturado por el Dandan.
Este no sintió nada ante el impacto por su gruesa y dura superficie reforzada que arrastro a lo profundo a quien tuviera en su camino.
Las bestias lograban salir a flote o no tenían problemas en moverse en las aguas negras que finalmente mostraban un término a tal conflicto que daba un grotesco coro de alaridos de furia bio mecánica que se rehusaba a terminar su función, pero sus extremidades metálicas y sus huesos expuestos solo chocaban violentamente con la basura que no aguantaba su peso, donde comenzaron a perder su combate de resistencia llevándose consigo a las últimas abominaciones que fueron auxiliadas por los monstruos que les encadenaban o colocaban obstáculos que terminaban siendo el sepulcro que necesitaban siendo arrastradas por cadenas y enormes objetos metálicos y de piedra tallada.
—¡Tengan cuidado!
Las paletas de cangrejo dulce tienen nuez moscada a borbotones.
Desvarío el gusano siendo ignorado por todos que parecían disfrutar del metal desgarrando se consigo mismo por algo de aire, revelando un popurrí de carne rancia conectada a tubos que entran tragados por el agua turbulenta.
—Con un poco más de tiempo le puedo ganar a ese Dandan, ese si se ve como un buen rival.
Expresó la cabeza del medio, el cual ignoraba las miradas de las demás cabezas que desconfiaban en su ingenua vanidad.
Estas bestias anómalas mecanizadas con crueldad daban gritos de furia con todas sus fuerzas al resistir ahogándose por las aguas que les condenaban a un final a sus miserables existencias.
—¡Moluscos saltarines!
¡Entendí la inmortalidad del cangrejo!
Esbozo el gusano, el cual observaba mientras daba sutiles movimientos rítmicos.
—Si vas a meterte, más vale que digas incoherencias que sean ciertas.
Gruñó la cabeza central quien le observaba con disgusto, hasta que miro una silueta hinchada que observaba con júbilo.
Un hombre o lo que aparentaba serlo tenía su rostro comprimido y alegre pero el resto de su cuerpo estaba compuesto por incontables de bultos grasientos que palpitan bajo su gruesa piel traslúcida.
—Eres el vendedor de dulces.
Has aprendido a ocultar tu aroma.
El Kurgub al igual que otros se percataron de las palabras de la criatura y se prepararon para cualquier visita no deseada.
Pero esto no sirvió de nada ya que nunca se presentó ante ellos.
—Lamento mi amarga aparición tan poco ortodoxa, veo que este es uno de los rincones no secretos de uno de los demás… Se manifestó calmadamente con su voz dulce y melodiosa.
Su boca permitía ver sus encías púrpuras que contenían dientes negros y blandos que chocaban y bailaban en su lugar.
—Claro.
¿A que has venido…?
Preguntó con inseguridad el carroñero ya que no lograba percibir no siquiera el hedor dulce que emanaba de esta grosera oda a la glotonería.
—Se que puedo resultar empalagoso en este momento, no hemos compartido nuestro dulzor en los dulces pero según recuerdo, no eres de chocolatinas.
Hablo tratando de sonar amistoso, lo cual resultaba más difícil de aguantar que cualquier ridículo actuar que tuviera el Tullugal.
Por otro lado las cabezas compartían un pensamiento en conjunto que les incomodaba, ya que está figura grasienta hablaba tantas incoherencias como el gusano.
—Tu eres más de disfrutar de los rompe muelas y los dulces acidos.
Eso es todo lo que he conocido desde mi función en el lado del circo, donde endulzo al público pero… Este decía tímidamente con su voz pomposa.
—He venido a pedir un favor.
Creo que te interesará el Caramelito que te estoy ofreciendo.
No obstante lo quiero solo a él.
Hablo lanzando las palabras con un ritmo acelerado que parecía más para una melodía.
—¿Que es lo que ocurre?
¿Sigue aquí?
La criatura con forma de larva hinchada se veía preocupada, más que nada por el hecho de ser incapaz de percibir la presencia de esta cosa de ninguna forma.
—Tu caramelo me sabe a agua de sentina, gordo.
Me dejas el paladar pegajoso con tanta palabra fina, pero aquí abajo el azúcar se pudre rápido.
¿Qué es lo que quieres de este cuero?
Las bestias se percataron de algo lejano pero una sensación de incomodidad era evidente luego de lo que había dicho el gusano.
—Sera mejor que se recuperen en otro lado.
Nosotros haremos lo mismo.
El carroñero ignoro las palabras Kurgub comprendió la situación desventajoza.
Ya que según lo que comprendía del Tullugal, había algunos de estos que no lograva moverse o presentarse y solo reflejará una ilusión para este, por lo que comenzó a alejarse junto al resto de bestias.
No obstante este parecía querer desquitarse lo antes posible con quién lo insulto.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com