El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 13
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13: Los hongos 13: Los hongos Los pasos eran eco abisal en la ruta oscura junto a la muralla que recorría de forma abrupta y áspera el contorno.
Algo muy distinto a lo que era antes.
—Te digo que no es el camino.
Es raro, es como si algo en este hubiera cambiado.
Dijo este distante a lo que hacía el gusano, ya que se esforzaba en asimilar la diferencia entre los lugares, ya que entre los pisos, todos llegaban al mismo lugar en la muralla, a no ser que nunca fueran la mismas murallas idénticas.
—Esto es un rompecabezas.
Que pasa si nunca se llegó a la misma muralla, sino que caigamos en una muralla idéntica en cada momento… Esto habría sido interesante para los demás.
Hablaba el carroñero ensimismado por la situación en la que estaban.
—Creo que encontramos otra muralla… si, es otra pero esta es sin dudas distinta, la superficie está notoriamente meteorizada.
Busco explicarle al gusano quien se acercó extrañado.
—Eso lo he escuchado cuando advierten de las tormentas para la llegada de los terrores marinos.
Silas recordó lo que solían decir los capataces de la bodegas cuando alguien salía corriendo de la habitación del teletrofono.
—No exactamente.
Me refiero a la degradación de la piedra.
Trato de corregir el gigante, asimiento que está pequeña sabandija estúpida no sabía ni siquiera que es una roca aunque lo aplastarla de nuevo con una.
—Oh, como los riscos o piedras marinas.
Comentó el gusano ignorando la mirada de desprecio que mostraban a este, no obstante su respuesta fue recibida con un cambio en la expresión facial del escarabajo.
—Menos mal que tienes cabeza para algo.
Aunque no me ayudas con el descubrimiento de una muralla.
Respondió insultando la utilidad del gusano, percatándose que a me duda que pasaba el tiempo.
Los efectos de las setas no daban efectos seguros, debido a que la actitud de este se iba deteriorando a medida que pasaba el tiempo.
—He chocado con incontables murallas.
Así que… ¿Ahora somos los aventureros de este hoyo?
Que curioso.
Las palabras del gusanos le daban a entender que sus pensamientos no estaban equivocados y que esté le empezaría a dejar de ser útil.
—¿A qué te refieres?
Creo que seríamos algo así como descubridores.
Trato de seguirle el juego, respondiendo su pregunta que le parecía errónea.
—Dos hombres.
Un agujero enorme.
Me imagino las imágenes del zoopraxis que harían antes de las noticias.
No entendió la risa de este, ya que en efecto era algo evidente.
Pero la palabra le daba curiosidad, parecía algo sacado de la superficie de los inadaptados terrestres.
—¿Qué es eso?
¿Es una máquina?
¿Hace imágenes?
Preguntó con el fin de poder recibir una respuesta que le diera satisfacción de sacarle la duda.
—No exactamente.
De alguna forma reproducen momentos de la vida por medio de zoopraxiscope, pero todos le dicen zoopraxis.
Hace ilusiones reales.
Este movió las manos falsas, intenta recrear lo que era realmente aquella máquina.
El aparato solía encontrarse en un gran salón acondicionado para la visita del público de baja clase y más despojos.
De esta forma, el alcalde o algún secretario de secretarios no debía acercarse a tales viles engendros fétidos.
—¿No podrían también hacer ilusiones reales que son falsas?
La pregunta del coloso era algo que hacía pensar, pero el gusano se encogió de hombros, ya que al igual que muchos la política era política y no tenía ninguna función útil para el resto del pueblo que debía trabajar para subsistir.
—No lo sé.
Solo lo vi una vez cuando… Sus palabras sin preocupación se detuvieron al recordar lo ocurrido aquella vez cuando huía de los oficiales.
—¿Cuándo?
La preguntó lo espabilo solo dejándole el recuerdo de aquella bella joven escondida entre el público andrajoso.
Lograba sentir su cabello y labios como la primera vez que sintió el sabor del caramelo, no obstante había algo en su mente que le hacía borrar la ilusión.
Solo la silueta de una mujer pero era un recuerdo apasionado con matices grotescos que sobresalen de la ilusión que emitía su silueta por sobre los pensamientos de lo que alguna vez sintió que era su verdadero amor.
—Romances de la juventud.
Es algo que no… Esos pensamientos extraños lo ayudaron a espabilar por lo que lanzó una respuesta que no respondiera al grandullón.
Si embargo su respuesta sarcástica no concluyó, ya que este dio un golpe preciso que aplastó su cabeza enmascarada dentro de su cuerpo membranoso.
—Deja de golpearme, juro que en una de esas no volveré a ver tu cara de bacalao.
Protestó disgustado con su compañero de muy mal genio.
—No seas idiota maldita sabandija.
Te aguanto solo para luego volver a lo mío.
Además no hay nadie que cuide de los nuevos.
Sin titubear respondió con su dedo y mostrando una expresión inquisitiva.
—Están las arañas, mantis y langostas.
Con estos cuidadores, no podría pasar nada peor.
Este vaciló ante la verdad por lo que prefirió con la verdadera cruel verdad.
—Bueno.
Cierto… El coloso no supo qué decir, ya que esto era verdad, ya que estos son los más sociables o que son capaces de notar a las pequeñas criaturas que son los humanos que son traídos.
El gigante desapareció en un instante entre las piedras.
—¡Oye!
Expresó con la mitad de su cuerpo hundido en la piedra —¿Cómo es que…?
Creo que engordaste, solo te apoyaste en la pared y le hiciste un agujero.
El gusano tomó una postura teatral que manifestaba confusión, tratando de entender lo ocurrido.
—Yo te enseñaré lo que es engrosar, vil renacuajo insufrible.
¡Solo sácame de aquí!
Los gritos del carroñero eran difícilmente audibles desde el otro lado, estos eran sofocados por su propio cuerpo y las murallas de piedra.
—¿Ves algo?
Trata de empujar.
Expresó el gusano quien probabajalar una pierna, solo para terminar cayendo de trasero.
Este pensó otras formas, aunque al intentar jalar, no conseguía gran resultado.
Incluso al ponerse entre las dos piernas del carroñero, recibió un apretón que lo habría aplastado sin dudar.
—¿Ver algo?
Creo que veo algo.
Preguntó este aproblemado por la situación, ya que tenía un brazo dentro y el otro fuera, atascados en un lugar en donde no podía usar un punto de apoyo para salir.
—Claro, es como lo que yo veo mientras te empujo.
Puedo ver desde aquí unas semanas de cardio y menos fuerza.
Protestó este dando fuertes jalones desde la base de la piedra.
—No… Cállate.
Me refiero a… que, estoy viendo algo.
Esta grieta tiene algo más.
El gigante se desconcentró pero recuperó la compostura dándose cuenta de que la figura de la grieta lograba emanar algo distinto al pozo.
A su vez se podía sentir un olor húmedo no tan viciado como lo era cada putrefacto piso de concreto sucio.
—Claro que va a tener algo si te entra esa cabezota de bacalao… Gruñó esté, sintiendo por fin que tanto esfuerzo estaba dando sus frutos.
El sonido fue suave al salir pero al caer fue un golpe seco acompañado con los quejidos del gusano que estaba bajo el peso del gigante.
—Te lo digo, echa un vistazo.
Dijo enojado, dando un rodillazo al suelo donde estaba la figura aplastada del gusano quien a medida tenía espacio, lograba enroscar parte de su cuerpo para tener una figura algo normal.
—¿Estás bien?
Tienes una marca.
Menciono este apuntando al brazo del carroñero, quien al mirar se percató de que tenía algo similar a pintura, no obstante el olor de este era familiar a tierra húmeda, sin embargo el color era distinto entre rojo y amarillo.
—Oye, creo que hay más… Mencionó el gusano acercándose al interior de la grieta que se sentía como una herida en el vacío del piso.
—Hay cosas que se me hacen familiares.
Eso parece un barco.
Oh, alguien pasó una tubería por aquí.
Eso parece un perro.
O algo… la cabeza se ve rara.
Murmuraba el gusano mientras avanzaba observando cada detalle, aunque este al pisar ignoró los crujidos de restos de piedra, metal y huesos que se extendía por esta ruta retorcida.
—Es cierto, hay marcas en las paredes como si alguien dibujara algo… ¿Algo abstracto?
Muchas de estas figuras son simples y desconocidas.
Murmuró el coloso tratando de acercarse y no quedar en la situación vergonzosa de antes.
—Algun idiota rompió estas historias para cruzar este metal.
Dijo, revisando la estructura de las escrituras, reconociendo aspectos de cosas familiares o criaturas extrañas.
Había algunas cosas como los moscos marcados de por medio junto a las setas.
—Un poco, pero… oye..
El gusano señaló un poco más allá, dejando al carroñero en un punto fijo, sabiendo que no podía avanzar más con el problema de atascarse en el proceso.
Había un trozo de metal viejo, más antiguo que cualquier cosa clavado al fondo de la piedra como si fuera un golpe que empalaba la carne con el fin de quedar clavado.
—Enano.
¿En que está incrustado esa cosa?
¿Logras ver algo en ese metal viejo?
No espero respuesta, ya que las marcas que daban sentido a lo que parecían ser setas lumínicas estaba señalado, no por los moscos, sino unas figuras que se mostraban como gigantes azules.
—Esos no son Nefilim o algún elemental… está cosa es vieja… Este sospecho de todo lo que le rodeaba, hasta que la ausencia de sonidos molestos le aclaró la mente de lo que pasaba.
—No te calles.
¿Qué es lo que ves?
No alcanzó hasta allá.
Dijo el carroñero, tratando de ver las imágenes que mostraban algo parecido a rostros de varias expresiones.
El aspecto era familiar pero algo que no conocía.
— ¿Viste los dibujos?
Eso es un bosque con cielo rojo.
La verdad no sé porqué tiene tantos rostros.
Es como si gritaran.
¿Será un lugar peligroso?
El gigante habló hasta que se dio cuenta el silencio confirmaba que había estado hablando consigo mismo, lo cual le hizo maldecir y pasando por varias emociones.
—Asqueroso gusano.
¿Qué pasa?
Gruñó ante la estupidez de este que siguió en silencio.
—¿Para dónde te fuiste?
¡Hey!
¿Hay algo más allá?
la inquietud le recorrió una vez el cuerpo como un frío inesperado que le llenaba de malos augurios.
Pero este ya no podía hacer nada, solo regresar y encontrar un lugar que se le haga familiar para volver un futuro.
—¡Si escuchas, volveré al circo.
Si no apareces vendré luego con alguien tan chico como tú… En eso se dio cuenta de algo que pasó por alto.
—Condenados gusanos perezosos.
Uno loco y el resto que no está cuando se le necesita.
¿Dónde rayos están escondidas esas sabandijas inútiles?
Rugió furioso por aquellos que pensaban burlar su autoridad al momento de concentrar la organización que tanto les costó organizar en situaciones tan precarias.
—Pero ya nos habíamos acordado de los gusanos… ¿Cierto?
Comentó una de las cabezas que dudo de lo que estaban hablando.
—¿Es así?
Si, creo que tiene razón… Murmuró la cabeza con expresión seria, tratando de comprender por qué se había olvidado de eso.
—Me da igual.
Salimos de una pelea y volveremos a patear a algunos gusanos.
Gruñó la cabeza con aires vengativos, esto no inspira nada bueno a las demás con respecto al comportamiento impulsivo de esta.
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