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El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 Las cloacas y rateros
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14: Las cloacas y rateros 14: Las cloacas y rateros Las profundidades de la grieta de habían vuelto en una caverna llena de símbolos, los restos de incontables huesos ya no eran un detalle que ignorar, eran un terrible hecho que constituía gran parte de la cueva.

—Estos parecen … moscos pero tienen buenas cosas.

Murmuró el gusano, notando la armadura que portaba, algo que no era usual del pozo.

—Estos tuvieron que haber sido moscos que trajeron desde hace mucho… creo.

La cueva de mantenía húmeda, un olor terroso que inundaba el lugar, pero el silencio que está compartía era extrañamente normal, apenas audible se sentía agua correr, a la distancia pero era un sonido fijo en el ambiente el cual tenía ocasionalmente sonidos que daban una especie de vida.

—¿Pero qué…?

Le fue inevitable no decir palabras ante el descubrimiento.

Más lejos habían cuerpos secos que eran claramente humanos, estos vestidos con ropas familiares pero distintas.

—Ustedes son mineros… pero están muy lejos… en cuanto a ustedes.

¿De donde salieron?

Se acercó a estos huesos cubiertos por viejas ropas que daban la sensación a una era mucho más antigua a la de los mineros, o tal vez de la misma era, solo que de algún propósito.

Estos estaban cubiertos por una especie de plástico con un tenue color verde desgastado.

—Son extraños… plástico, caucho.

Me parece lo mismo pero ustedes no están disueltos y tienen la cara visible.

Que raro.

Este inspeccionó los cuerpos, encontrando objetos de los mineros y algunas otras cosas extrañas de aquellas figuras.

Algunas varillas y cajas que eran de plástico tenían cartuchos plásticos, todo plástico a su alrededor a excepción de unos instrumentos y notas.

Nada de valor, esto lo enojo, por lo cual se desquitó pateando un cráneo que se estrelló contra una lata oxidada que habían atornillado a la pared.

—Para eso hubiera sido mejor, haber rebuscado en los barrios bajos.

Camino más allá de las figuras, encontrando huesos todos humanos a diferencia de la entrada de la cueva, estos tenía prendas y bolsos.

Pero todos estaban llenos de tela vieja que se rasgaba con solo tocarla.

—¿Acaso no hay ningún bastardo con algo de valor?

Este estaba molesto, conocía claramente estás situaciones.

No obstante le parecía decepcionante que individuos de antaño no trajeran cosas de valor al huir, a excepción del cementerio por el que caminaba había algunas vasijas como las de los alfareros y escrituras tanto antiguas como una con pinturas y grabados distintos entre bifurcaciones que tiene la cueva, el polvo estaba estático, habían cajas de madera, la curiosidad le daba empujones para revisar que había en estos, por lo que se acercó y dejó caer algo de líquido digestivo sobre estos objetos, aclamando la soledad con el chisporroteo.

—No me lo creo… Bufo lleno de decepción.

Dentro de estas cajas habían cajas plásticas amarillas y rojas, un sin fin de símbolos sin valor.

Con furia las golpeó hasta que las cajas plásticas golpeaban y se esparcen por todo el suelo, liberando su extraño contenido que estaba cubierto por vidrio.

—Tanto esfuerzo para los vasos… bueno, podría venderlo a la taberna o a algún comerciante… Este sostuvo uno, viendo que estaban sucios para luego dejarlo caer, ya que no tenía forma de llevarlo para la superficie.

No obstante un sonido le llamó la atención, por lo que avanzó rápidamente por la cueva que tenía algunas estructuras metálicas y otras recubiertas de plástico.

—Esto es nuevo, pero decepcionante.

El ambiente comenzó a mezclarse con pequeñas esporas que revoloteaban el aire.

—Bueno.

Deben haber entrado por algún lado… lo encontré por donde entraron.

Avanzó, revisando esas pequeñas habitaciones, llenas de cuerpos secos y convertido en polvo.

Había algunas figuras que dejaban de ser humanas pero no parecían nada del circo.

No obstante había muchas setas, hongos de muchos tipos y colores.

—Bueno, tendremos muchas setas para comer… bueno, entre todos los que son venenosos… el grandullón no puede decir que hago un mal… Un golpe sonó fuerte desde una de estas últimas carpas plásticas, por lo que avanzó atento.

En la total oscuridad había una figura parada dentro de la estructura, podía verlo a través del plástico traslúcido, este se movía lento pero con espasmos abruptos.

Se movió lentamente, dándose cuenta que este no era humano, sino que algo más ya que estaba cubierto de vegetación o más bien hongos.

—Llastay.

Hey, ¿Me entiendes?

Hablo tratando de comunicarse, asumiendo que podría ser una cría de las cosas que habían traído los González para arrastrar a los nuevos miembros circenses.

La figura de volteo lentamente, su cuerpo estaba seco, los hongos parecían muertos.

—Creo que no eres una cría.

Puede que con la edad se vuelven pequeños.

Si rostro parecía buscar algo perdido, no se lograba distinguir ningún detalle de su rostro, solo una mancha seca que se agrietada.

Movía parte de esta, podría parecer que deseaba hablar pero solo brotaban esporas.

—Bueno, adiós.

No entendí nada.

El cuero se marchó pero sintió un grito ahogado para luego ser golpeado varias veces.

Esa cosa vieja trató de sujetarlo con un agarre frágil, no entendió si este trataba de atacar o llamar su atención pero no aguardo y prosiguió a caminar, este podía sentir el sonido del agua de fondo más cerca y el encontrar a alguien con el que no se podía comunicar no le interesaba.

Podía sentir como la figura se tambaleaba tratando de acercarse, hasta que lo encontró.

Un pasillo lleno de plástico había una puerta de metal.

Esta estaba doblada como si algo quisiera entrar o salir.

Era una puerta gruesa pero el que quería pasar por esta, no tuvo piedad alguna.

Un golpe hizo su aparición repentina acompañada por el plástico que se enredaba.

—Eres sigiloso.

¿Cierto?

Esa cosa parecía haber tratado de seguirlo, pese a ser torpe, se movía rápido.

Silas se percató que la superficie de su cuerpo que estuvo en contacto con él se había hidratado, lo cual le dio asco pero le hizo entender que como eran plantas, de seguro necesitaba agua.

—¿Me quieres acompañar?

Este trato de volver a agarrarlo pero falló estrepitosamente y uno de sus brazos se desprendió con un sonido seco.

—Mejor te lleno… Murmuró para sí, arrastrando a esta patética criatura por la puerta y el camino con sus múltiples caminos que parecían llevar a lugares similares con plástico y metal.

Al igual que antes había hongos en paredes de la cueva, la acumulación de material biológico había permitido la prosperidad de estos que tenía varias formas que parecían actuar en respuesta con sus presencias.

No obstante las tuberías cruzaban por doquier, era una de estas que había un charco de agua turbia.

Por lo que dejó caer a este ser escuálido bajo el flujo de agua paulatino, su figura pareció ser una esponja, absorbiendo el charco pero sin tener reacción salvó abrir la boca con un suave sonido parecido a un suspiro agónico.

—Quédate ahí, y ten tu brazo.

Dejó la figura atrás mientras recibía líquido hasta que encontró el origen.

Que no era ni más ni menos que un pozo en el que parece haber habido una escalera metálica que se dio con el paso de los años, o por algo más.

Los desechos fluían hacia abajo golpeando el metal oxidado pero una gran masa fúngica estaba adherida al fondo dando movimientos lentamente pero totalmente vivos con incontables figuras humanas que le observaban hinchadas y extendidas por los hongos.

—Veo que… bueno, no sé qué hacen ahí pero yo… Logro oír unas voces desde arriba que callaron, por lo que interesado para donde llevaba este camino decidió averiguar.

Este observó el pozo de alcantarillado un breve instante antes de lograr espiar el origen de las voces.

por lo que se desenvolvió y alargó su figura para sujetar algunas tuberías que pasaban por los bordes, los bordes de las escaleras sirvieron para sujetarse aunque los bordes amenazaban con cortar su membrana.

Las voces renacieron como murmullos que hicieron eco mientras escalaba, logró subir lentamente pero de forma segura.

Desafortunadamente el esfuerzo no sirvió ya que las voces no se entendían, estaban envueltas en palabras que nunca había oído como si tratarán de pronunciar incoherencias adrede.

Las figuras estaban de pie por un extenso pasillo con una habitación abovedada.

Lo que vio daba asco pero nada de otro mundo, ya que parecían ser individuos recubiertos por setas, las esporas brotaban mientras sus cuerpos mantenían su lugar por donde una cañería había reventado y les mantenía húmedos.

—Ustedes son… de mantención.

¿Plomeros?

Al hablar se voltearon, dando con sus rostros hinchados que miraban al vacío.

Estos parecían haberse dado cuenta pero aguardaban, manteniendo distancia.

Incluso algunos se movieron de su lugar en las murallas o de las uniones que tenían con otros cuerpos, haciendo una figura más grande y grotesca.

—Plomero.

Alguien dijo con dificultad en lo que Silas se acomodaba en la entrada de ese pasillo.

—Si, dije plomero, esos son plomeros… O eran antes.

¿Cuál de todos dijo eso?

Respondió, tratando de buscar entre todos los individuos que estaban ahí.

Pero lo que había respondido le resultó desagradable, había un cuerpo hinchado en traje plástico que había desarrollado un hongo rojizo y negro que era notoriamente distinto al resto.

No debía ser un genio de los hongos para notar la diferencia pero este parecía repetir sus palabras.

—Tu… ¿Entiendes?

¿Eres un Llastay?

Digo no se que son pero deben ser como ustedes… Mencionó con inseguridad ante la figura estática que producía una baba amarillenta desde la punta de lo que debía ser unas cabezas.

—Llastay… aire… No hay… cerrar puerta.

Mal.

Mal.

Este dejó de hablar al repetirlo, empezando a decir palabras propias.

—¡Mal!

¡Mal!

Gritó con un sonido inhumano, similar a una seta al ser apretada contra una sartén caliente.

Esto hizo que el resto reaccione agresivamente y saltarán contra el cuero, mordidas, golpes y rasguños.

Estos se amontonaban sobre él pero el chisporroteo se hizo evidente entre los cuerpos confundiendo antes de asomar la asquerosa verdad de los cuerpos derretidos junto a las setas y hongos que trataban de unirse a las partes perdidas en un frenético movimiento.

—¡Peces espadas!

Gruñó el gusano deslizándose hacia el borde y saltó a una de las tuberías.

Esta crujió por el peso, mientras las figuras de plomeros corrían erráticos para alcanzarlo, no obstante, algunos de los hombres fúngicos que saltaron fallaron para alcanzarlos, solo para unirse a la masa fúngica del fondo que los envolvía violentamente.

Otros quedaron en tuberías cercanas con un poco de suerte, pero no se dieron el tiempo de lamentar a los que cayeron y se empeñaron en alcanzar al gusano —¡Solo quería hablar con las ratas de muelle.

Pero claro, querían ustedes comerse al único que les trata de manera civilizada!

Gruñó, viendo cómo muchos volvían a sus lugares, pero algo se agitaban en el fondo, viendo cómo la amalgama fúngica había subido unos centímetros tras recibir esas cosas.

—Por el caleuche… Dijo, trepando la muralla nuevamente por los bordes, fue ahí que logró llegar aún piso que parecía ser la entrada de todo.

No obstante había otra puerta, está imposible de acceder.

Se lograba por la masa fúngica arrastrándose por las murallas, sin saber si se expandía o subía a por él.

Fue entonces que por uno de los bordes había una ventanilla metálica, está la abrió mostrando ser una especie de acceso para la entrega de cosas.

Sin aguardar a cuánto tiempo le quedaba, se deslizó y aportó lo mejor que pudo, teniendo problemas mientras entraba y empujaba la estructura para cruzar por el resto.

Se sentía agitado pero sabía que estaba mejor fuera.

Lo cual parecía un lugar con vigas de metal en el suelo con partes de maquinaria grande que rodeaba por estos.

El lugar estaba inundado pero sin señales de hongos, solo insectos y muchos esqueletos.

Se sentía aliviado de ver un panorama familiar y seguro.

—Bueno, si esto es… un túnel, debe tener una salida, ya que por lo general las personas hacen lugares con entradas y salidas… Dudo por un instante, ya que conocía a mucho imbécil que construiría sin una entrada o salida.

Sus pasos sonaban en la gravilla, cada paso alejaba a los insectos que coexistían con un ambiente como el pozo.

—Eso es luz… Sus pasos fueron sigilosos y rápidos hasta el borde del gran tubo de concreto con barrotes, dejó pasar su cuerpo por este, adentrándose y sintiendo el edor a cloacas.

Fue cuando se acercó al borde que vio a un leproso, este ofrecía pan mohoso viejo a cambio de algo.

Había llegado a algún mercado de las alcantarillas.

Sin embargo su alegría fue opacada por un crujir de tuberías.

Este guardó silencio mientras observaba el cabello deslizarse por unas tuberías rotas, como si este fuera un montón de serpientes que usaban este como camino.

Observó al leproso con sus ojos como perlas negras.

—Oye.

Tu.

Calla.

Murmuró tratando que el hombre dejara de ser llamativo para el Enredador.

Pero este solo dio un grito atroz al verle como si diera todo de si, desgarrando sus cuerdas vocales en su horror, solo para caer sobre una cama de cabello que se había formado detrás suyo.

Su expresión hinchada estaba dominada por el terror, dándole solo un instante para moverse entre los cabellos que le arrastraba de regreso a las tuberías.

El arrastre fue lento pero imparable, los cabellos no se cortaban y se enroscaban con mayor intensidad en la carne del hombre, dando terribles crujidos mientras su cuerpo era reacondicionado para entrar por las tuberías.

—Te lo dije… Murmuró el gusano para si, saliendo al suelo de la cámara del desagüe con el fin de recoger el pan que dejó caer el leproso.

Este de cierta forma era un premio fácil, el gusano lo observó directo a los ojos rojos que luchaba de dar su último esfuerzo inútil ante la presión de ser comprimido por el Enredador.

Pero algo se sintió raro, ya que sentía que el hombre miraba algo más dándose cuenta en el reflejo de sus ojos ante la casi nula luz artificial de la recámara, al voltear por el alcantarillado que cruzó, lo noto.

—Me lleva el caleuche.

Ante el pudo vislumbrar no una forma , sino un manojo de rostros retorcidos envueltos en cabello que se deslizaban sin un origen o final claro, estos rostros fríos, demarcados estaban viéndolo, pero ante el momento de tensión el gusano introdujo un trozo de pan en su rostro con el fin de comer.

Pero para su desgracia el pan chocó con la máscara, no solo revelando que le molestaba, sino también que bajo esta no había nada que fuera un rostro o algún orificio que pudiera llamar boca.

Se sintió ridículo al haber olvidado por un segundo que no tenía boca para comer y solo necesitaba tocar las cosas para comer por medio de sus fluidos digestivos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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