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El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 La maldición de las tuberías
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16: La maldición de las tuberías 16: La maldición de las tuberías Para el gusano no le fue difícil deslizarse por la pequeña rendija de la tubería a la rejilla, no obstante el problema fue el calor que aumentaba con la implacable presencia del fuego que consumía todo a su paso, dando luz a la oscuridad un instante antes de devorar el mundo.

—Peces espadas… son… Este murmuraba maldiciendo a medida que la combustión reflejaba terribles juegos de sombras que parecían danzar y festejar por el infierno que habían desatado.

El agua residual que caía combinada con el combustible ardía como un castigo para los infames, de donde en algunas tuberías se replicaba el eco de los lamentos de aquellos que eran agarrados por las llamas.

—Percebes, esos peces espada me las pagarán.

Murmuró bajo la presión crepitante del fuego y del fluido estallaba al contacto con materiales fríos eso lo persiguió como su sombra, llegando a una intersección de tuberías para varias direcciones, sin embargo el fuego le dejaba una única vía que le obligaba a bajar, algo que no le incomodaba a no ser que volviera con esa masa fúngica.

—Seguro que por eso acabaron en el mercado marítimo, esos pepinos de mar se tendrían que haber quedado en ese lugar.

Murmuraba maldiciendo que tales basuras fueran tan fastidiosas, tratando de vengarse luego que Solomon los expulsará al mar.

En su cólera no lograba darse cuenta de su piel húmeda que había dejado de serlo por el calor abrasador y empezaba a acumular óxido sobre esta.

—Cuando los pepinos de mar son así de inútiles hay que… Ésta ha sido una de las mayores equivocaciones de Solomon.

Si bien criticaba a su abuelo, nunca lo podría haber odiado, ese hombre había sido un héroe para él por sus grandes logros.

—Si tan solo se hubiera dedicado a eliminar a los inútiles, bueno.

Si hubiera eliminado a inútiles, no habría alcanzado a nacer por el inútil de mi padre.

Este continuó despotricando aunque sus palabras parecían formar una charla consigo mismo.

No dejaba de maldecir entre momentos en los que esquivaba tuberías que se cruzaban y parecían hervir en su interior.

No obstante el sonido del calor abrasador y las aguas fétidas en ebullición habían dejado atrás su canción, dando solo espacio en el silencio para el sonido del deslizamiento del gusano por el alcantarillado extrañamente vacío.

No fue en un buen rato que se percató que su cuerpo se había estado secando por la cantidad de polvo de suciedad en los bordes internos de las tuberías oxidadas.

—Que asco, eso me pasa por ser el primero en saltar al abordaje… Comentó, avanzando por un estrecho conducto que le permitía moverse más cómodo, este está conectado con un sin fin de tuberías pequeñas que se entrelazan y continúan el camino hasta algún lugar perdido en la oscuridad pero el crujir de las tuberías le hizo detenerse de forma abrupta.

—Eso es… El tiempo que había usado el alcantarillado había logrado distinguir cuando había veces que pasaba alguna alimaña o pasaba alguna descarga.

—No parece una anguila o un cuero… bueno, no he visto a un cuero usar eso, así que… Sus susurros se detuvieron al sentir como está figura ya pasaba por sobre su figura, pero lo extraño era que viajaba por varias tuberías a la vez.

Algo las usaba, algo grande que ponía en juego su capacidad resistir la presión sin llegar a reventar, dejando las múltiples tuberías retorcidas de dolor.

Un silencio le consumió la calma, dando a entender que había algo más con él, recordando al enredador.

—Malditas sean las mareas traicioneras, lo que me faltaba… Sin detenerse dejo la idea de moverse como humano y se arrastró como un gusano que era, deslizándose más rápido por este ducto de concreto polvoriento, la oscuridad era una parte de su camino pero un destello le llamo la atención, algo suave, familiar.

—Condenado mocoso, hasta que por fin te encuentro… Maldijo a la pequeña rata que se le había escapado antes por el montón de olas rojas que jugaban nuevamente para algún bando, y por lo cabeza hueca que era Azai, debía haberles dado la bienvenida.

Se estiró hasta aquella apertura, ansioso de por fin hacer hablar a esa pequeña criatura rastrera, descubriendo que está conducía a una recámara larga con agua en una canal que cruzaba por el medio arrastrando una especie de lodo oscuro, por otro lado, dándole forma a las siluetas estaban ahí, los pequeños hongos resplandecientes, estos estaban en múltiples montículos.

—No esa rata de muelle, pero parece mejor… Este observó asegurándose que la recámara estuviera libre, revelando que solo había una serie de montículos que parecían puestos para cosechar una gran variedad de setas pero por sobretodo de setas brillantes.

—Es mi momento de conseguir un buen botin.

Susurro, para olvidar al Enredador, que posiblemente el se había metido en el ambiente de esta cosa que andaba cerca, demasiado cerca para su gusto, acechando más allá de la oscuridad que él podía vislumbrar, se forzó en sus deseos y codicia para empujar sé por sobre su sentido común, queriendo tomar algo de ese hongo tan valioso.

Estiró su cuerpo que se había estado secando por culpa del óxido y todo el polvo acumulado en el conducto, por lo que su cuerpo se estiraba, dejado ver fragmentos resquebrajados, atravesando la apertura de metal, está rechino repentinamente por la fuerza que daba la criatura.

Sin embargo la pieza al estar consumida por el óxido de muchas décadas de olvido se partió, dejando caer fragmentos al suelo de la habitación, dando un sutil sonido que en la mente del gusano resonó como una tempestad abisal que clamaba por su final.

—¡Por el caleuche!

Se le escapó una maldición en lo que contraía su cuerpo pendiente por si algo venía a por el.

—Me lleva la santa Marta… ¿Era Marta o Martha?

Da igual quien condenados sea.

Gruñó susurrante por su estupidez, aguardando a lo que nunca llegó, sin embargo algo le llamo la atención.

Abajo las setas se habían movido, o más bien los montículos reaccionaron al ruido, revelando figuras hinchadas y viejas recubiertas de tierra miscelánea.

Estos habían reaccionado por instinto, buscando algo que solo se había vuelto como un pequeño rastrojo en el suelo inexistente para ellos, por lo que en su andar lento y torpe volvieron a sus lugares o se reacomodaron en su letargo.

—Así que… esos hongos son… pero se ven distintos.

¿Será por lo viejos que son?

Extrañado por las criaturas las observó, difícilmente lograba ver detalles desde la rendija en la que fisgoneo, por lo tanto retomó su movimiento, el cual fue deslizándose lentamente hasta que noto que de estos tenían su cuerpo una gran variedad de pequeñas setas de diferentes aspectos como de raíces que se extendían por el misceláneo.

Un crujido le avisó, luego otro que resultó ser más una amenaza que pronosticaba un desastre.

En el lugar en que estaba descendiendo, ya le era difícil regresar por lo que dejó caer su cuerpo, como una mugre aparentando ser parte del suelo antes que ocurriera lo que se auguraba.

No fue más que acomodar su cuerpo contra el suelo cuando parte del conducto se abrió y desplomó acompañado del resto de rejilla.

La primera parte desprendida desequilibró el conducto como a las tuberías adyacentes que en conjunto hicieron un contrapeso que derribo el techo de la recamara.

—Me lleva… Apenas murmuró, aunque si uniera gritado dudaba en ser escuchado por alguien debido al pequeño derrumbe caótico que dejó en claro que sus intentos de pasar desapercibido eran inútiles.

Estas criaturas se levantaron revelando su verdadera velocidad, algo inquietante por su velocidad pese a su aspecto que aparenta una falsa torpeza, comenzaron a registrar casi de inmediato el lugar pese a la suciedad que se levantó por la caída.

Sus cuerpos terrosos se torcieron un poco en la parte interior de su piel interna para dar paso a unas esferas brillantes que permanecían bajo esta membrana venosa, tenían una forma peculiar, como si fueran ojos dejando en claro que sí podían ver, estás se movían explorando y alumbrando con su luz.

Dejando al gusano como una presa que había entrado a la guarida de unas bestias fúngicas las cuales se mantenían buscando al causante de su abrupto despertar, primero se enfocaron en buscar en la distancia como si conocieran de las personas,desafortunadamente no encontraron a nadie luego de un rato, moviéndose por la habitación, estos bordearon los escombros salvo por uno de estos que se acercó a los escombros que seguían crujiendo y descascarado se sobre el gusano quien para peor es pisado por esa bestia pesada que le comprimía, por un instante está cosa se fijó en la mancha sucia recubierta de óxido pero al no percibir su forma, la dejo para avanzar por las piedras y tuberías que temblaron bajo el peso de estos monstruos.

Estas figuras fúngicas gruñian pausadamente en la tenue imagen, mientras sus cuerpos parecían exhalar esporas que se mezclaban con el polvo que había levantado el derrumbe que insistía en inquietar la lúgubre plenitud.

El que había pasado por sobre los escombros de detuvo frente a la apertura del techo, estiró su figura hacia atrás dejando los múltiples ojos al aire denso, estos se retiraron como si fueran un hongo que se abre paso hasta llegar a la altura adecuada para girarse con el fin de ver cuidadosamente las tuberías que por primera vez de iluminaban con brevedad, ya que dentro de la luz que creaba la imagen del mundo de las tuberías no había indicios de ningún intruso.

Pese a no encontrar al culpable, estos se mantenían pendientes con sus miradas iluminando suavemente el lugar con un resplandor enfocando a los escombros con lentitud, asegurándose moverse por toda la recámara, tras lo que fue un tiempo eterno, el cuerpo plano del gusano fue alcanzado por un frío que aliviaba su piel reseca pero que lo instaba a vomitar con la boca que no tenía desde que ha sido un cuero.

Esto dificulta su camuflaje por el terrible sabor que el lodo viscoso tenía y se propagaba mientras se deslizaba con su putrefacción para encontrar una nueva ruta.

Un temblor se sintió, provocando un eco ahogado y la caída de algo de suciedad desde las superficies, un sonido inquietante que no era producto de alguna bestia, no una máquina.

Parecía ser algo como un estallido que alteraba cada ser y les mantenía alerta.

Ante la presencia del lodo que salía lentamente para buscar un nuevo curso para fluir por la obstrucción del canal, resultó ser una pequeña oportunidad que debía aprovechar, resistiendo las náuseas que le provocaba tocar tal terrible líquido, se trató de deslizar acompañando esta desagradable sustancia de igual forma, tan lento que parecía una burla, una burla que le estaba resultando en su escondite del peligro ideal.

Pero las cosas nunca son del todo favorables, ya que desde el otro extremo de la habitación se logró escuchar algo acercándose como pequeños pasos, lo cual colocó alerta a esas viejas amalgamas de hongos, estos aguardaban atentos a la tubería que llevaba a algún sitio.

Una pequeña figura apareció desde la oscuridad que estaba siendo iluminada por los gigantes, esté se mostró pequeña, frágil y demacrada para la edad que tenía realmente.

Si bien era acompañado por otras dos pequeñas figuras en mejor estado, estos tenían brotes de hongos lumínicos sobre su piel.

—¡Por el celestial!

Gritó el niño retrocediendo ante las figuras que se alzaban frente a él, tropezando con sus propias piernas, con ese juego torpe de pies de rasmillo el tobillo con una tobillera extraña en su pierna, sin embargo sus torpes pasos temerosos lo hicieron chocar contra los niños ratas que le seguían.

— Esperen un momento, estos…¿Porque hay monstruos aquí?

Expresó confundido a los que parecían ser sus amigos, estos pequeños con sutiles señas trataron de tranquilizarlo.

El pequeño parecía un pequeño roedor temeroso, dando cortos pasos tras las ratas que le ofrecían un lugar.

Por su parte el gusano no entendía nada, ya que cada uno de estos a lo mucho daba chillidos agudos como si significarán algo, lo cual el niño de la calle les entendía perfectamente.

—Si ustedes lo dicen lo haré.

Este trato de calmarse, acercándose a las bestias fúngicas con una pose sumisa, pensando en cómo podría expresarles sus palabras.

—Hola… Saludo el pequeño levantando la mano que solo fue recibida por la mirada brillante de tales bestias que se mantenían en silencio.

Por su parte Silas no pretendía esperar a lo que seguía por lo que continuó con su deslizamiento.

—Son…ustedes… bueno deben ser amigos de mis amigos, por eso… bueno ellos me dijeron que me podrían ayudar para no volver a tener hambre nunca más… Dijo el pequeño de forma ingenua a estas bestias, quienes aguardaban hasta que extrajeron de su mismas unas raíces blanquecinas.

No obstante el gusano río con la estupidez que tienen muchos que se puede confundir con la ingenuidad, pero en la vida no hay soluciones perfectas para cada uno de los problemas.

—¿Eso es?

¿Debo … comerlo?

Ya comí una pequeña que me dieron… El muchacho vio la raíz que le habían extendido y trago nerviosamente algo de saliva en su boca reseca, mientras el cuero se acordó de la raíz que había sacado, algo pequeño como decía el mocoso.

La criatura pareció insistir con fuerza para que tomara aquella raíz más gruesa, parecía que las opciones del muchacho se acababan.

El pequeño tomó aire y le dio la primera mordida, esforzándose en masticar lo bien para tratarlo, repitiendo para repetir el proceso con el fin de terminar la raíz de textura fibrosa con un sabor amargo y terroso lo antes posible.

—Listo, ya está… El pequeño mostró la lengua como si esperara a que la criatura quisiera asegurarse, pero estos solo comenzaron su retorno a su lugar de descanso, otro temblor fui inquieto pero los fúngicos estaban pendiente más de lo suyo que lo exterior de la recámara, el propio gusano trataba de acortar lo último que le faltaba para cruzar por una rendija y olvidar a todas estas cosas, pero un eructo le llamó la atención.

—…No me siento bien… Murmuró el pequeño que se frotaba el estómago en lo que daba eructos constantemente, fue repentino cuando vomitó un torrente de espuma con incontables pequeños hilos blancos que se retorcía en esta como si buscarán algo.

—…Que me han… El pequeño vómito nuevamente con más fuerza, pero de estas vez brotaba líquido blanco por sus orificios mientras se hacía encima.

—Cabrones, lo envenenaron.

Se le escapó al cuero las palabras que pusieron en alerta a todos, estos chillaron, en lo que los monstruos saltaban sobre este que trataba de evitar este error con una huida rápida.

El niño de fondo comenzaba a tener sarpullido que se hinchaba con úlceras brillantes, su cuerpo ya finalmente dejaba de luchar, dando señales de que había muerto pero no tardó mucho hasta que se levantó con la misma mirada que los otros niños.

—¡Son parásitos, maldita plaga!

Gritó con desespero tratando de atravesar la reja, pero era sujetado por la manada de bestias que hincaban sus dedos correosos en su membrana, anclándolo al suelo con un peso muerto y brutal.

—¡Desháganse mierdas!

¡Estoy muy oxidado!

Bramó con furia al darse cuenta que al estar cubierto de tanta basura y residuos, no podía generar el suficiente líquido digestivo para librarse de aquel montón de engendros fungicos.Silas sintió cómo su cuero se tensaba al límite, a punto de desgarrarse bajo la fuerza de aquellos monstruos hinchados que habían matado a los niños transformándolos en esos niños ratas que brillaban, que ya no entendían de súplicas.

En medio del forcejeo, un pitido agudo y artificial cortó el aire.

La tobillera comenzó a parpadear con un rojo frenético, iluminando las úlceras del niño muerto con una luz de advertencia que Silas reconoció de inmediato por las historias de marinos que cortaron sus miembros y tuvieron suerte de sobrevivir luego.

Tecnología de superficie, una sentencia de muerte que se aseguraba de dos cosas, que no pudieras huir y en el caso de morir, se aseguraban que estuvieras más que muerto.

—¡Condenados jirones y peces lunas…

nos vendieron como carnada!

Rugió Silas, dejando que su carne se desgarrara con sonidos jugosos antes que de reojo un momentáneo brillo se volviera blanco y cegador.

Tras un instante, la recámara fue consumida por un brutal estallido que convirtió el aire en metralla.

Los antiguos cimientos parecieron gritar mientras perdían la batalla por preservar su existencia, dejando que un torrente de fuego, lodo y escombros fluyera en todas direcciones, tragándose el último grito del forcejeo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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