El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Navegando en las cloacas
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19: Navegando en las cloacas 19: Navegando en las cloacas En lo profundo de la oscuridad se escuchaban pasos alegres desde las cloacas repletas de alimañas que se alimentaban de los cuerpos que se movían pon un caudal espeso y burbujeante, se podía ver cómo este hervía por el alza de las temperaturas que había vuelto los túneles en saunas fétidos, con la humedad adicional ya no se escuchaba el crujir de las costras desmoronando lo antiguo de su carne.
—…Es un horno… No, no lo es.
Es más como un caldo de mariscos fermentado….
Su voz hacía presencia en la asfixiante atmósfera que le rodeaba, daba patadas contra el suelo levantando a las ratas que caían como una pasta licuada.
Esto no lo hacía para eliminar ratas, lo hacía con el fin de arrancar las partes viejas de su carne ennegrecida luego de volver a morir por culpa del sedimento.
Su cuerpo seguía destrozado pese a moverse y seguir con vida.
Su andar seguía como un trapo húmedo, pero a cada paso lograba unirse cada membrana consigo misma para extender sus tejidos que luego se recogían como una nueva tela de carne viviente pese a supurar icor y otros fluidos que se entremezclaban mientras salía a flote la carne nueva de un terrible tono putrefacto que se asemejaba a su tono anterior, solo que con toques suaves a rosa venoso.
—Mira nada más, es un asco todo esto… Esté removió la costra, revelando como el tejido había hecho pequeños apéndices digestivos entre su carne y la costra que se abrían paso por esta misma consumiendo el apéndice digestivo que tenía cuerpo el cuerpo resguardando su sanación.
—Pero qué es esto… No eres parte de mi, pero lo eres… Esta membrana lentamente se alimentaba de la costra corrosiva, apenas duras expulsando lo que lograba deshacer en un líquido pastoso impregnado en metal, al ser jalada la costra antes de terminar con los pequeños apéndices largos no terminaban su trabajo de fragmentar la superficie seca de óxido y olvido que la carcome como si su cuerpo fuera una doncella de hierro que lo resguardaba y oprimía, clavándose a sí mismo en total silencio inmisericorde.
—Bueno, no creo ser padre pero una cosa es cierta y es que puedo dejarte andar conmigo.
Le hablo al trozo de carne que actuaba como un coral de sí mismo, moviéndose y percibiendo la humedad del ambiente.
Con más soltura dio una tras otra soltura para seguir su marcha al abandonar gran parte de los restos que seguían cayendo en el camino que dejaba atrás cubierto de sangre de todo tipo de plagas sin piedad se había vuelto parte de la recuperación luego de arrancarle cada vestigio de su cuerpo muriendo por la inmundicia que le rodeaba, ahora podía moverse más limpio aunque el dolor que tenía su cuerpo era una sensación abrumadora que lo recorría hasta lo que parecía alguna médula de su cuerpo, aunque de cierta forma le lograba transmitir la sensación de vida, algo nostálgico en irónico como si el destino llamara a la crueldad como única vía de supervivencia en la naturaleza de concreto.
—…
Si, creo que ya está… Su ojos como perlas negras miraron por última vez lo que era antes de desgarrarse para ser libre de la agonía, en la desesperación había conseguido aliviar su vivir, tan solo tuvo que sacrificar parte de su mismo que se extendía por metros como capas de piel gruesa que se difuminaba en el pedido ambiente por la petrificación que tenía.
— Bien, estoy fresco como una brisa marina.
La escena de los túneles era ya de por sí macabra , esto daba rasgos más abominables a estos profundos senderos intransitables, donde el gusano avanzaba realizando una peculiar danza que hacía estremecer a toda infección virulenta en cada una de las retorcidas plagas que miraban a escondidas más allá de la negrura del abismo de los túneles.
—Era una vez, aquellos que danzan por la dicha en el espíritu de los circos pasados con el fin de avanzar recordando de donde se originó el circo… Una gutural voz se abría paso junto con los ecos por los túneles extensos que conectaban a diferentes salas en las que se arremolinaba diversas fuentes de líquido denso pero variado, algunos rebosaba de cuerpos hinchados de todas las edades.
Más allá, encontró otra con un líquido que brillaba hermosamente como si fuera un cielo estrellado hasta que las ratas caían en su negrura y en un bello acto parecían estallar en la rápida disolución de su ser.
—Si esto fuera el circo, podríamos dilucidar de inmediato sobre que lugar es para cada payaso.
Entre risas y aullidos que lanzaban fábulas preguntas y respuestas, este daba un espectáculo de por si, ya que lo que parecía un pequeño carnaval, tan solo provenía de un mismo cuerpo.
El sonido de las cascadas de aguas servidas arrastraba cuerpos y residuos burbujeantes por las altas temperaturas que habían vuelto el ambiente húmedo.
—¡Pero qué bello es el mundo que me rodea!
Hablo alzando sus brazos como si tuviera compañía que baila en dicha con él, quien llevaba su retorcida danza por las sucias cloacas.
—Si no tuviera que volver a decirle a cabeza de ancla que no era buena idea la grieta, podría hacer este lugar un buen escondite… Observó con dificultad el ambiente lleno de vapor, este podía ser terrible pero en comparación con el pozo o cualquier lugar del pueblo, se veía acogedor.
Las ratas se veían agotadas, lentamente se movían por el calor pero avanzaban en números considerablemente grandes al reunirse en estrechas brechas, en tanto se dio cuenta de algo extraño que era el aumento de las que corrían en sentido opuesto a él, aquello le indicaba que se movía por buena dirección.
Entre el chillido de las ratas que daban vida al alcantarillado, comenzó a formarse el aroma de suciedad y cabello quemado para finalmente mostrar desde la negrura el surgimiento de las pequeñas y no tan pequeñas con el cuerpo rostizado.
—Esto me recuerda a las noches en la bodega del muelle.
Sin embargo ante la situación de las ratas que aparecían, habían otras que tenían peor suerte, ya que en su carrera por salvar sus vidas, para peor se caían al agua hirviendo con un final más rápido pero cruel que las que seguramente morirían por las quemaduras.
Estas finalmente se acumulaban hervidas para hacerle compañía a los cuerpos que se abrían tras cocinarse en su propio jugos pútridos.
—…
Creo que he encontrado compañía, lástima que la vista es tan buena… Murmuró tratando de ver lo que provocaba un tenue resplandor conocido que avivaba su brillo cruel desde lo profundo de una gran tubería, de esta se escuchó primero un terrible lamento, incontables voces cantaban por lo perdido.
—…Mi hijo… ¿Dónde está mi bebé?…
Mi hijo… Resonaba terriblemente la voz llena de una desagradable nostalgia que hacía estremecer los huesos, ya que luego de esto se hicieron presentes los demás gritos que resultaban en un contraste terrible, ya que estos gritaban blasfemias como súplicas por su salvación.
—¡Corre!…
¡Socorro!¡Socorro!…
Gritó un hombre dando un último grito agudo.
—¡William!
¡Mierda!
Gritó Eugenio que se escuchaba horrorizado por lo ocurrido por su compañero.
—¡Corre!
¡Corre!
Gritó una mujer que parecía notoriamente alterada.
No dejaba de repetir las palabras una y otra vez.
—¡No me queda más!¡Raquel, debes…!
¡No!
¡Suelta, suelta, suelta!¡No!
Dio un gélido grito callado por el estruendo de los huesos y la carne siendo comprimida y esparcida.
Esta era una seguidilla de gritos de desesperación de múltiples personas que hablaban un sin fin de cosas que parecían incoherentes hasta que los primeros se hicieron presentes.
—¡Ayuda!
¡Ayuda!
¡No podemos seguir en este lugar!
Paso el primero como una sombra que se había quitado todo con el fin de llegar antes a algún lugar dentro de la total oscuridad.
—¡Corre!
¡Corre!
¡Marjorie, Raquel!
¡Olvídese de ellos!
Gritó a todo pulmón un hombre desde el otro lado de la bruma, de la cual se podía ver cómo figuras luchaban como las historias de epopeyas antiguas que lamentablemente se sumergía en la auténtica realidad que abandonaba todo rastro de valentía, ya que aquellos imprudentes fueron los primeros en perecer.
—¡Quema!
¡Quema!
Gritó Morrigan que trataba ser de los primeros que al no ver por donde corría se zambulló directamente en las aguas burbujeantes.
—¡Ayuda!
Imploraba a gritos mientras se esforzaba en mantenerse a flote para salir del caudal enfermizo, solo para comenzar a reventarse en llagas y hervir como el resto que era arrastrado lentamente por el canal.
—¡Marcus, Igor, vuelvan bastardos!
Sus ojos se posaron en los dos que se apoyaban el uno con el otro al estar llenos de heridas, estos lograron verse en los ojos de su compañero que enrojecen luego de que sus pupilas acabarán como canicas blancas dentro de sus ojos similares a bolas hervidas, su boca entraba agua hervida que rompía su lengua y paladar.
Sus labios se hincharon y se desprendieron.
—…
Seguía tratando de salvarse pero únicamente brotaba sangre a chorros de sus orificios, la carne tierna terminaba de desprenderse por completo antes que alguien logrará pensar en darle una respuesta por su cobardía.
—¡Deja que se la coman!
¡Olvídese de toda esta mierda!
Gritó un hombre cojeando al tener su muslo abierto por una forma extraña como si una sanguijuela le arrancará el trozo de pierna.
—¡Debe haber alguna…!
De un mordisco su máscara fue engullida con una buena parte de su rostro.
De sus palabras solo quedaron sus aullidos de dolor mientras más bocas con aspecto triste lo consumían.
—¡Deben moverse o terminaran como esos idiotas!
Rugió un hombre calvo que parecía defenderse sin mucho éxito del pánico.
Tras de él venían algunas figuras acolchadas con su equipo a rastras o perdido, al igual que parte de estos.
De pronto tras de estos venían otros dos que arrojaban fuegos que se extendían por la habitación y provocan más vapores nauseabundos.
—¡Apenas le hace efecto!
¿Acaso el fuego no purificaba?
Gritó uno de estos con voz ronca, aquel tenía el pecho abierto por un mordisco, sujetando la carne colgante con una mano hecha jirones.
—¡Les dije que era una mala idea lo de los detonadores!
¡Juro que si muero me llevaré a Angus conmigo!
Gritó otro tratando de quemar a la atrocidad que se acercaba lentamente, este no veía como su arma se fundía en sus brazos, carcomiendo la superficie de su chaqueta.
—¡Bastardos!
¡Cobardes!
¡Cobardes!
Se pronunciaron insultos envueltos en bramidos llenos de dolor de una mujer, está estaba siendo sostenida desde el pecho directamente luego que la gabardina cediera por múltiples cabezas de mujeres llorando que se alargaban por cuellos de gusanos hasta una gran y gruesa pashmina peluda que ocultaba bocas y huesos pequeños de infantes.
—…Mi hijo… Mi hijo… Esta bufanda peluda de color azabache rodeaba a una mujer enorme que flotaba con su rostro blanquecino al igual que el resto de su cuerpo cubierta por finas membranas que se movían en tonos púrpuras suaves.
Su expresión era una llena de pena al igual que los que brotaban de esta.
Su vestido tenía un sutil diseño de encaje que a Buenos ojos se desvelaba que estaba compuesto de pliegues de gusanos y bocas extras que aguardan a los inoportunos que pensaban que lograrían esquivar a tal abominable criatura.
—¡Es una condenada llorona!
¡No tenemos el equipo necesario!
Gritó un hombre como si eso explicará porque abandonaban a su compañera.
—¡Que se joda todo el mundo!
¡Nos está matando a todos!
¡Al carajo con Raquel!
Gritó Trevor descontrolo ante el caos, tratando de jalar a sus compañeros para que le escucharán, no obstante sólo pudo ver a su compañero arrojar su arma fundida hacia la figura que no se inmutó debido a que atravesaba los objetos inanimados.
—¡Trevor!
¡Que los celestiales te castiguen cobarde de mierda!
Gritó furiosa la mujer, apuntando con su lanzallamas al máximo, este comenzó a colocarse brillantes al igual que el de su compañero, mientras crujían y rechinaban sus válvulas que habían excedido su resistencia.
Aún así la mujer continuó sin nada que perder, enfocándose en someter al monstruo con lo último que le quedaba haciendo que las llamas envolvieron a la bestia y a esta misma que ya estaba gran parte quemada por los fuegos amigos.
—¡Por tetragramaton!
¡Creador celestial!
¡Arderá por el fuego purificador y su luz …!
Algo habrá provocado el disgusto de la llorona, tal vez el fuego en su rostro o el rezo inconcluso pero las bocas arrojaron a la mujer hacia el cuero sin notar la presencia de este espectador.
El arma al caer al suelo apenas dio un golpe y envolvió todo de un potente brillo que calcinó cualquier cosa que tuviera a su alrededor pero la llorona no se inmutó conservando su expresión indiferente.
Por otro lado, el gusano que observaba la escena se vio involucrado cuando la mujer fue arrojada a él, sin saber si esto era una clase de burla, ya que de todos los lugares de dirigía cayendo como una muñeca rota, por un instante que tuvo pensó en esquivar y escuchar su dulce crujir.
En un movimiento exagerado se movió tomando sus brazos para dejar que el impulso de la caída le diera fuerza para girar en un audaz baile que detuvo a la llorona que observaba esa extraña escena sin cambiar su expresión.
—¡Veo que el meteorólogo acertó el día de hoy!
¡Había dicho que vendrían horrores del aire pero en cambio están cayendo bellas damas!
Dijo dando una pose elegante y exagerada como si se presentará a la mujer.
—…
La mujer se vía inconciente, apenas se distinguían rasgos finos, un cabello negro bien cuidado recogido para lo que parecía los restos de una máscara.
—Bueno, veo que es una chica ardiente.
Bromeó riendo consigo mismo sobre el estado de la mujer, prosiguió a apoyarla en el hombro como un maniquí y empezó una danza para continuar su camino.
—…Mi hijo… Mi hijo…¿Dónde está mi bebé?
…Mi hijo… Murmuraba cada una de las bocas que se abrían y cerraban dando consigo sutiles pero secos castañeo con sus dientes tras cada largo lamento que parecía estar envuelto por el dolor de la pérdida.
—No de ustedes pero esa cosa parece todo menos una llorona… como que se agusano la sopa de mariscos… Este comentó a su compañera de baile que arrastraba sus pies con apenas un gemido que salía de su boca.
—¿Entendiste?
¡Es muy cómico!
Expresó demostrando estar contento con sus risas en conjunto solo para callar las risas en seco por el silencio de su compañera.
—Vamos, no me dejes quemarme con ese chiste.
¿Entiendes?
Volvió a tratar de hacer reír a su compañera quien solo lo pudo ver con sus ojos nublados por el calor extremo al que estuvo expuesta.
Por su parte la llorona extendía sus cabezas por medio de sus largos cuellos de forma rápida como latigazos que conseguían adherirse y extraer trozos de carne.
Las heridas que fueron expuestas a líquido negro que brotaba de aquellas cavidades similares a ojos, terminan volviéndose negras por la necrosis que avanzaba como veneno aunque de los rostros que brotaban de esta, no eran más que rasgos para camuflarse de los gusanos, los que abrían y cerraban sus bocas llamando a cualquier niño ingenuo que pudiera caer en su trampa que liberaba líquido negro pegajoso.
—…Mi hijo… ¿Dónde está mi bebé?
Tras la disipación de los residuos del estallido, el monstruo parecía percatarse de la pequeña forma humanoide que se formaba a metros de distancia, este era percibido como algo igual a las presas que había estado siguiendo, salvo por unos detalles sensoriales en la forma que tenía esa presa junto a otra moribunda.
El gusano con la máscara burlesca produjo un fuerte ruido, en respuesta al ser observado por la llorona que lamentaba, sin expresar otra cosa que su mensaje para atraer a las deliciosas presas ingenuas que llegaban a escuchar claramente su llamado por los niños, su necesidad de alimentarse de niños, perdidos o no.
—¡Señora!
¡Señora!
Es la señora de la gran nariz.
Aquella que lamenta a su hijo solo para robar y se queda con hijos de otros.
¡Qué vergüenza!
Este grito danzando con la mujer colgando a su costado, no obstante antes que diera un paso más la dejó caer como un saco de jaibas, haciendo que se golpeara contra el suelo, únicamente amortiguada por las ratas y cucarachas que huían del calor abrasador.
En ese instante la cortina de vapor se abrió para darle paso como una flecha de horror a una de las cabezas lamentadoras que voló extendiéndose con fuerza contra el gusano.
—¡Pero qué bella mujer!
¡Veo que te has arreglado esos bellos dientes!
Expresó esté sintiendo como la cabeza mordía con violencia hambrienta su pulposa carne que parecía ser desgarrada por los azotes de la fuerza de sus fauces, no obstante todo glotón tiene un límite, está sintió el terrible sabor que se entrelaza entre la putrefacta sensación de los hongos residuales que fueron quemados y amontonados en lodo negro químico con cadáveres reventados que le hizo dudar si había confundido algún desperdicio con una presa.
Con fuerza trató de arrancar la pulposa carne membranosa que se resistía a separarse, inclusive no daba señales de provocar daño auténtico como gritos o la carne contrayéndose y defiendo ante la pelea con sus dientes.
El forcejeo con tal nauseabunda figura que no actuaba como otras presas, al ser apretada expulsaba baba extraña para acompañarlo con un dolor intenso que parecía deshacer sus fauces.
La cabeza chilló de dolor, para contraerse de vuelta a su cavidad en la figura que actuaba como una aglomeración de gusanos.
Desafortunadamente para estas la cabeza traía un invitado no deseado, el cual se había sujetado firme a la parte baja del cuello del gusano que padeció espasmos antes de dar un terrible grito.
El resto de la colmena de gusanos se preparó ante la caída de la cabeza al ser desprendida por la desintegración de una de las partes de su cuerpo.
Ante esta pequeña presa que había demostrado ser un estorbo a estas en su banquete, se deslizaron fuera de sus rendijas y rincones que se habían establecido en aquel cuerpo grande que aparentaba cierta calidez maternal, por la pronta proximidad de aquella pequeña sabandija que tenían delante que no dejaba de reír y moverse en pasos inusuales al resto de presas, las demás cabezas de arremolinaron contra este, forzando su mordida tratando de abrir y destrozar el cuerpo del gusano solo para darse cuenta que el cuerpo perdía su forma humanoide y se volvía un manto de cuero putrefacto que por sus vellosidades digestivas se aferraba a la piel de estos gusanos.
—¡Damas!
¡Si que son cariñosas!
No se preocupen que hay de mi para todas.
Habló fuertemente con una voz moribunda pero alegórica, lo cual caía perfectamente en su actuar y aspecto tan dispar.
Este las soltó en un giro artístico donde rehizo su forma y se abalanzó sobre la llorona.
—¡Dame un beso mi amada, nadie nos descubrirá!
El gusano enmascarado apretó su máscara que estallaba en carcajadas contra los grandes y carnosos labios de la llorona que tenía su expresión vacía, solo vasto un momento para oír el gruñido de esta, revelando la verdadera boca que se esconde dentro de la carnosa piel que simulaba ser un rostro, empujando su piel hacia atrás y mordiendo al gusano circense como un perro rabioso con mandíbulas retráctiles, este gusano de por sí era muy diferente al resto de cabezas, se podría decir que era un alfa dentro de la colmena de gusanos que componían a aquella figura que llamaban llorona.
—Es raro… Siempre me relaciono con mujeres algo intensas.
Pronunció como si la mordida no fuera más que una caricia ante la tempestad que vivía realmente.
La furia de la llorona se detuvo de forma abrupta por el dolor, está produjo un bramido y gimió llena de agobio mientras su fauce se abrían para dejar atrás sus colmillos fundiéndose en la baba pestilente, pese a agitarse con ferocidad , su parte frontal se derretía en una sopa que conservaba algunos rastros de dientes internos y piezas de lo que alguna fue su máscara para cazar infantes.
—¿Acaso beso tan mal?
Creo que se me olvidó la menta… Respondió aquel gusano desquiciado que veía a la llorona agitarse y retorcerse, ya no daba aquella voz maternal, sino una serie de chillidos agudos llenos de autént
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