El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 20
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20: Sol bajo tierra 20: Sol bajo tierra Risas suenan en la asfixiante red de túneles retorcidos que ascendía entre restos de estructura que se había asentado y vuelto cavernas secas o inundadas por acueductos desplazados por la fuerza del agua que ante la presión triturada todo a su paso.
—…No me veas así… Ni tú, ni yo vamos a pasar por ahí.
Debes dejar de hacer malabares con mis ideas, a este paso quedaré como pez luna.
Comentó a su compañera de viaje que guardaba silencio en la total penumbra de la aterradora tumba que se había vuelto el alcantarillado.
—De verdad, debes tener en cuenta que puedo ser del puerto y se de caudales… bueno no soy pescador así que no te puedo hablar mucho del agua.
Conocí a muchos pescadores, a la mayoría los extorsionaba… extraño esas funciones lejanas del circo cuando aún había libertad en la obra… Un momento… Se excuso como si su compañera de viaje le estuviera colocando problemas ante la situación.
Ocasionalmente se escuchaba algún crujido estructural o la caída de una pequeña piedra, al igual que algún desafortunado que quedó entremedio de la estructura colapsada.
—No pienses que soy un pez luna por ello, sabes que ningún cabeza de percebe habría logrado reemplazar tantas piezas faltantes por unas mejores… bueno, con eso te explico que no soy bueno jugando con rompecabezas.
Vaciló explicándole a la nada sobre cómo no podía ser tratado de tal forma, ya que él había sido quien la había restaurado y la arrastraba con un arnés a partir de cuero y los abrigos tachonados.
—Bueno, si gracias.
Respondió con su voz enferma, no hablaba con nadie pero en su mente pasaban un sin fin de charlas.
En tanto este daba pasos seguros por el alcantarillado que parecía hervir a cada instante un poco más pero ella estaba inerte, pálida y fría.
—Muchos si te vieran ahora dirían que estás muerta.
¡Pero mírate!
Reluce tu ser en alegría, solo te falta hablar con esa actitud!
Le dio ánimos al cuerpo mientras lo arrastraba a partir de nudos hechos por los cuerpos de los mercenarios de la ola roja que habían tenido un final terrible, por lo que aprovechando lo aprendido viendo lo que habían hecho las hembras del circo y algunas cosas aprendidas en sus vivencias en el puerto, imitó una burda y grotesca forma de nudos de carga para facilitar el arrastre de su compañera.
—…
Un sonido suave salió de sus labios resecos, esto hizo voltear al gusano.
—Parece que tienes sed.
Deberías beber un poco más de la bebida especial.
Este tomó una rata que había muerto hace tiempo y la vació desgarrando su vientre hinchado luego rebuscó en su interior donde había reunido algo de su líquido digestivo había mezclado gran parte de los objetos que extrajo del lodo pestilente, por lo que solo tuvo que añadir el líquido espeso que guardaba a partir de gusanos, restos de la cabeza del gusano llorón y setas para contrarrestar la acidez y no quemarla.
Tras un rato jugando a ser, su propio recipiente químico le pareció que estaba listo, moviendo un poco del componente al borde de la rata muerta.
—Bien, abre grande.
Este murmuró como si se tratara de un infante pero era una mujer con notorias quemaduras en su cuerpo que había sido parcheada por tiras de carne, piel de dudosa procedencia.
El líquido fue vertido desde el vientre bajo de la rata y círculo por todo su torso abierto deslizándose por la boca de la difunta rata como si se tratara de un embudo.
—El carroñero de seguro sentiría envidia de mi ingenio.
Expresó con orgullo, observando que esté cayera sin ahogar a la pobre mujer en el proceso hasta que le parecía que ya era suficiente de darle de beber, usando el resto para gritarle las extremidades envueltas en cuero extraído luego del conflicto de estos contra el enjambre de gusanos.
Está sutilmente movió un ojo de forma imperceptible, mientras el gusano frotaba un poco el fluido en sus heridas y extendía restos de la cabeza del gusano llorón.
—Para ser un gusano tan deprimente que llora todo el tiempo, está realmente apegado a la vida.
No sé cómo esta cosa no ha muerto, mira.
Sigue llorando.
Este movió la cabeza sin cuidado sobre la mujer, dejando caer lágrimas sobre su piel, no obstante a diferencia de la reacción con otros, está solo se deslizaba sobre la sucia piel abultada de ella.
—Disculpa, nunca me enseñaron modales… bueno salvo esos modales frente a un patriarca… Añadió recordando un poco lo que le enseñaba su abuelo.
tipo de reacción ante la podredumbre.
—…
Esta respiraba, se le escuchaba algo obstruida al respirar pero lo hacía sin problemas, únicamente había empezado a lagrimear mientras miraba fijamente a la nada.
Parecía tener imágenes grabadas en sus ojos que habían dejado de ser normales con una mirada penetrante y elegante.
En cambio reflejaban oscuridad, un revoltijo de rojo y negro que revelaban una verdad que no había sido capaz de percibir hasta ahora, ya que ella sin saberlo ante la oscuridad, era capaz de ver sin ninguna fuente de luz.
—Descuida, te ves un encanto.
Este le dijo levantando el ánimo.
—Mirame, yo cuando desperté estaba tumbado como un cadáver de semanas.
No los jirones querían comerme… no del todo.
Añadió a su charla casual con la mujer que mantenía la mirada perdida, pero habían pequeños movimientos bajo la agrupación de nudos de carne, cuero y piel.
—Debes ser consciente que vamos a tardar un poco así de la cuenta pero me aseguré que fuera cómodo para ti… ¿Cuánto tiempo ha pasado?
Titubeó al darse cuenta que el tiempo había pasado más rápido de lo esperado ya que los gusanos que comían de los restos ahora eran los que depositaban a los siguientes herederos.
Pero se sacudió la cabeza para no perderse en tanto pensamiento inútil retomando la marcha, observaba detenidamente como el lugar que era distinto al anterior, ya que había cambiado un largo tiempo, mostrándose con más humedad que oprimía, cocinando todo lo que permanecía mucho en esta.
—Bueno, se que la humedad me ayuda pero esto creo que es una cruel broma, además se está volviendo muy caluroso.
¿No lo crees?
Mencionó el abrupto aumento de temperatura que había incrementado en conjunto con la humedad, por lo tanto este hizo un movimiento melodramático que fingía sacarse el sudor de la frente.
—Menos mal que hay algunas habitaciones en descenso que han logrado tomar el aire frío antes que se convirtiera en un ambiente intratable.
Siguió con su charla eterna, sin percatarse de la lágrima negra que caía por la mejilla de su compañera.
—Oh, claro que sí.
Pues hace mucho que no me metía en una cámara frigorífica.
Eso me trae muchos recuerdos.
Tras un largo tiempo contando chistes y revisando a la mujer esté recordó el encargo por lo que siguió hablando incontables horas, únicamente se detenía en lugares fríos para descansar, hablar aún más y seguir.
La mujer no parecía despertar de su transe, pero había empezado a reaccionar con algunos gestos, como seguir con la vista.
—Mira, parece que encontramos a otros más, eso quiere decir que cerraron estas puertas, Este señaló por lo que la mujer hizo un sutil movimiento que fue celebrado por este, vio como habían algunos compañeros de otra división que trataron de huir pero al parecer los habían dejado morir en este lugar.
—Así que tú eres de esos imbéciles, menos mal que te he encontrado.
Habrías muerto por las quemaduras, la infección o la misma plaga hambrienta.
Comentó esté con la risa acompañándolo mientras el burbujeo del agua era lo único que se escuchaba mientras fluía por el drenaje.
—…Infección… Salió una palabra de la mujer que detuvo al gusano que de forma abrupta deslizó su cuerpo para volver a formarse frente a la mujer, su posible rostro estaba frente a ella, con las canicas negras que eran sus ojos viéndola cuidadosamente, ansiando poder oír lo que tenía que decir después de tanto.
—¡Qué emoción!
¡Está dando sus primeras palabras!
Dijo con gran emoción al oírle murmurar nuevamente.
—…Fuego… Quemar…No… Quemar… Purifica… Yo… Esta apenas decía palabras, sus ojos se llenaban de lágrimas ante cada una que resonaba llena de dificultad, dolor y pena.
—Yo… No… Hice… Nada… Pronunció mostrando que trataba de procesar todo lo que había ocurrido en ese momento lleno de desgracia.
—…No… hice….
No… Yo…Quemar… Sus palabras eran lentas y pausadas acompañadas de una notoria hiperventilación debido a los recuerdos que le venían, cada una de estas la repetía una y otra vez.
—Eso es, trata de respirar este aire refrescante.
Respira.
Respira.
Dijo el gusano sabiendo que necesitaría un momento para que terminara de revivir cada momento del calvario una y otra vez.
—Yo… Estoy… Veo.
Esta balbuceó, dándose cuenta que en la oscuridad absoluta del túnel no tenía problemas para ver cómo se componía todo aunque el aspecto social que le permitía ver aquello como compañero resultaba raro.
Quiso frotarse los ojos pero no pudo sacar sus manos del saco hecho con restos, el hedor era intenso y le resultó difícil de manejar sus extremidades entumecidas.
—No… puedo.
No puedo… Esta apenas lograba mover las manos , sintiendo la superficie húmeda, con múltiples texturas sobre lo que debía ser su mano pero que tocaba mayor superficie de lo usual.
—Tranquila, a todos nos pasa.
Pasaste por mucho.
Este palmo su cabeza como si eso logra calmarla un poco, solo fue que está dejó de repetir palabras cuando sus manos salieron al exterior.
Pero la mujer no quedó tranquila, al mover una mano, se movían más cosas debajo de esta.
No sabía lo que había pero no reconocía su cuerpo solamente.
—¿Negras…?
Fue lo primero que vio y que se salió de su boca confundida está se ahogó pero las movió, confirmando que eran suyas salvo por más movimiento debajo de lo que en parte era los restos de un compañero, este era más un rastrojo de pellejo sujeto a la tela de su vestimenta.
—Mis… Yo… Hablaba para si, sentía como temblaba de pánico sin romperse.
Solo estaba fijamente a sus manos que habían dejado de ser propias pero que podía sin problema moverlas pese a estar entumecida.
—Aun estoy procesando lo de mi primera vez, espera a que lleguemos a un lugar más templado y puedas verte.
Este le dijo siguiendo el avance pero la mujer no se detuvo, rasgó la piel que liberó centenares de larvas en insectos alimentándose de sus compañeros.
—…
Esta no dijo nada y el gusano que la llevaba en su monólogo no se había percatado del rasgado húmedo, asimilando lo con algún cuerpo que reventaba ante el clima.
—¡Eso sonó fuerte!
Cielos, uno después de mucho se termina acostumbrando a las sorpresas que te entrega la cloaca.
Hablo el gusano pensando que había sido un cuerpo hinchado ante el clima implacable que dio su último estirón por la acumulación de gases y calor.
—¿Qué eres?
¿Tienes nombre?
Expresó la mujer inclinando su rostro pálido a la figura enroscada.
—¿Que soy?
Bueno, es irónico… Bueno… Este divagó sobre las preguntas que le hizo.
—Deber… Tener nombre.
No ser como esas cosas.
Se esforzó en hablar la mujer, su mirada era penetrante como un arpón que atravesaba la carne del gusano.
—…Silas… Me llamaba, me llamo Silas, ese nombre me dio mi madre.
Parezco una rata de muelle hablando así.
Este se contuvo un poco, cambiando un poco su actuar a uno más normal.
—Ya veo… Silas, mi nombre es…Raquel.
Esta tuvo fuerte dolor de cabeza, sin embargo no fue nada por cómo se sentía realmente.
—Yo era parte de este grupo, de hecho mi hermana Marjorie era la segunda al mando… Esta hablo dando una sonrisa irónica.
Ya que de todo nunca pensó que extrañaría a sus hermanas.
—ya veo… estos percebes de la ola roja, fueron los que las conocieron o ustedes los conocían de antes…?
Trato de profundizar más con su compañera ahora que estaba consciente pero está no dio respuesta alguna y dejó de escuchar.
Se volvió a ver el cuerpo, solo para ver una figura blanquecina y negra alargada.
Ya no tenía solo un par de manos que eran negras como si la necrosis la hubiera consumido por completo, sino que tenía otras más abajo que perfectamente podían ser lo suficientemente grandes para aplastar a un individuo adulto con una sola, sus costillas recibirán gran parte de su nuevo abdomen, el cual tenía ahora huesos que parecían cicatrizar en un caparazón que resguarda su cuerpo en segmentos acorazados.
—…
La carne estaba hecha de jirones burlescos que llevaban a orificios circulares, estos tenían algo dentro, lo que alguna vez había sido una piel tersa.
Esta tenía un aspecto familiar, una especie de membrana, idéntica a la de los gusanos que se repetían en su mente que repetía el ataque con cada pestañeo, reviviendo a sus compañeros y camaradas vueltos estropajos que ahora le rodeaban y la habían cobijado todo este tiempo hasta que se había vuelto en eso.
—…En que me … Sin darse cuenta el resto de prendas y piel agusanada la cubrió, el gusano se había percatado de su estado.
—Debes dejar que se recupere, tu proceso será algo complicado, pero… bueno, nunca hice esto pero… El gusano trató de explicarse pero no sabía cómo explicar que le había pasado a la mujer, ya que tampoco sabía lo que le pasó a él.
—¿Tú me hiciste esto?
Esta alzó la voz furiosa, señalando a la figura enmascarada con odio.
—¡Claro que no!
No intencionalmente… Respondió insultando ante la reacción de la mujer, sus movimientos fueron de hecho sofisticados y sutiles.
—¡Bastardo!
¡Me convertiste en un monstruo!
¡Bastardo!
Esta gritó furiosa, su intento de levantarse solo sirvió para elevarse unos metros y caer, siendo recibida por el gusano.
—¡Entonces!
¿cómo es que sobrevivir?
¡Cómo me convertí en esta mierda!
Comentó llena de sufrimiento, dolor y furia ante la terrible serie de acontecimientos que le llevaron hasta aquel momento.
—Mírame a la cara, y dime sin mentirme… ¿Porque…?
¿Por qué me salvaste?
¿Porque preferís convertirme en esto antes que dejarme morir…?
Esta no lograba contener el llanto, lágrimas negras caían como cascadas de su rostro pálido.
—¡Calla cabeza de bacalao, no te das cuenta que ni siquiera sé qué habría pasado si lo hubiera hecho bien!
Gruñó el cuero con la verdad.
—¿Crees que quería verte vivir?
¿Crees que me importaba?
¡Estamos solos, jodidos y muertos!
¡En este mundo a nadie le importa que nos pase, ni siquiera antes de ser fenómenos!
Gritó alzando su voz como nunca pensó lograr hacerlo, sentía que su voz se rasgara en cualquier momento por la fuerza pero aún así siguió.
—¡Ni siquiera cuando eras de esa banda de enfermos les habrías importado!
¡De seguro los mandaron para jugar a ver qué tan estupido era un grupo de sardinas estúpidas para inmolarse bajo el suelo!
Añadió sin tener miedo alguno lo que pensaba sobre la situación, ignorando si traería consecuencia sus palabras.
Y en efecto la mujer trató de dar una bofetada que funcionó más como el arañazo de una bestia antes que el de una mujer.
—¡Alégrate de no haber estado consciente y haber muerto!
Respondió al golpe sin dejar de sujetar a la mujer en sus apéndices que simulaban ser brazos.
—¡Preferiría haber estado muerta!
Gritó en respuesta, afirmando con una fuerza antinatural con sus manos al gusano el que guardó silencio por el dolor que le producía que está comprimiera de tal forma su carne,era enroscada cruelmente en sus puños.
—Yo… joder, siempre busco locas… Este apenas dejó escapar su voz de sus pulmones inexistentes.
—¿Que dijiste?
Preguntó está entre sollozos histéricos.
—Que es mejor soltar el peso que tienes, luego puedes… pensar sobre la situación.
Hablaremos… Si sobrevivo a tu agarre… Este dijo resistiendo no dar un alarido hasta que se dio cuenta Raquel que estará destrozando cada pequeña parte del gusano que había sido sujeta y apretada.
—Perdón, perdón… es solo que no se que es… Apenas clamó de pena antes de reanudar el terrible chillido que hacía temblar al gusano por lo fuerte que sonaba.
Un tenue brillo apareció desde atrás.
Este fue visto por ambos que se voltearon, parecía distante pero aquel fuego recorría con intensidad todo el túnel.
—…Mierda… Pronunció la mujer atónita por lo que se aproximaba a ellos.
—No hay tiempo, debemos correr… debe haber algún pozo… o algo.
Este le dijo jalandola pero estaba estática como una estatua.
—¡Muévete!
¡Muévete!
Rugió tratando de hacerlo tan alto como ella había llorado en su oído.
Lo cual dio éxito, su movimiento fue lento y torpe mientras reptaba como un insecto por el suelo, su movimiento de volvió más fluido —¡Eso es!
¡Puedes hacerlo rápido!
Por otra parte el fuego no se quedaba atrás, seguido de la fractura y temblor de la estructura de alcantarillado que daba su último alarido de dolor antes de ceder por completo.
Raquel se esforzó, trató de que su cuerpo diera lo mejor de si, podía tropezar pero no detenerse, logrando tomar velocidad mientras parecía levantarse sin problema por sobre los dos metros en una carrera temeraria.
Estos saltaron piedras que atravesaban el suelo, pasaron por debajo de tuberías que descendían acompañadas del peso del resto de la estructura como la sentencia de muerte.
—¿Por donde?
Alzó la voz que apenas parecía nacer de su boca.
—¡Yo que voy a saber!
Hablo en un dolorido tono desgarrador tras ser golpeado por trozos de muralla.
—¡Mira!
Un … carajo… Señaló ella sin dejar de correr o ver si él veía lo mismo, solo sabían que debían correr pero lo que tenían adelante no les daba un gesto de suerte.
—¿Qué hacemos?
Gritó ella mientras se les acababa el tiempo.
—¡Ni idea… improvisa!
¿Tienes alas?
Respondió esté viendo el final del túnel.
—¿Cómo que si…?
¿Tengo?
Esta dijo confundida, tratando de ver su espalda solo para ver que el fuego estaba llegando hasta donde estaban.
—¡M…!
¡No tengo, improvisa!
¡Tú eres del circo!
Esta gritó aterrada, revelando que todo ese tiempo había escuchado cada palabra.
—Cómo es que… ¡Me dejaste hablando…!
Este se vio ofendido ante la falta de interés que está le había mostrado, ocultando que había oído su monólogo desde mucho antes pero antes de caer este fue azotado por una barra de metal que golpeó lo que parecía su cabeza, salpicando icor negro.
Raquel antes de saltar lo sujeto, viendo cómo éste perdía su forma y dejaba que la inercia lo arrastrará.
—¡No me dejes condenado, cuero!
¡Juro que le contaré a lo que sea el carroñero sobre lo que le hiciste!
Gritó furiosa mientras el suelo ruinoso la dejaba atrás y la estela del sedimento estructural cediendo era arrastrado por sus figuras que se perdían en la nada.
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