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El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Capitán de excremento
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21: Capitán de excremento 21: Capitán de excremento El pueblo se envolvía en aullidos desgarradores ante la inclemencia de los sucesos inoportunos estaba ardiendo, y hundiéndose en su propia inmundicia, los estragos se vieron luego que la nube de sedimento se disipara, los sismos iniciaron desde el este para acabar en la caída mayoritaria del sector oeste, provocando una grieta que consumió la estructura de siglos de deterioro perpetuo que fueron resueltos solo con el interminable encubrimiento de los desperfectos del sistema.

—…Por un demonio, eso estuvo cerca… Murmuró una voz femenina que trataba de recomponerse tras una carrera mortal.

—Me alegra haber salido contigo, no es por cariño.

Solo porque tienes varios usos.

Esta hablo sin esperar respuesta, ya que si compañero de huida seguía inconsciente.

Desde el aire se podía ver la magnitud de lo ocurrido tras la desaparición de un cerro que se convirtió en un acantilado urbano.

—¡Ayuda!

¡Arde, arde!

¡Me quema!

¡Ayuda!

Fue el grito de un hombre que desde la ventana saltó sin esperar seguridad, únicamente para encontrar una salida a su tormento mientras el fuego se daba un festín con su cuerpo luego de consumir gran parte de las casas de un sector.

—¡Mamá…!

¡Papá…!

Tengo miedo… ¡Mamá…!

¡Papá…!

¡No me dejen sola…!

Una pequeña vagaba por las cornizas de una casa en ruinas al borde de la nada, estaba cubierta de polvillo que se entremezclaban con su moquillo y las lágrimas que no tendrían a nadie para secarlas.

La pequeña no era la única, a la distancia se escuchaban como surgían alaridos agónicos más allá de las ruinas, miles estaban atrapados en sus hogares que se volverían pronto sus tumbas por la ausencia de ayuda.

—¡Ayuda!

¡Se está cerrando!

¡Ayuda!

Un grupo de personas estaba tras una gran puerta de lo que fue una bodega.

Está ahora estaba entre dos calles que lentamente se cerraban, no obstante la gente corría de un lado a otro frente a esta.

Las personas clamaban por ayuda, rasguñaba, mordían y destrozaban la madera consigo mismo por una pequeña oportunidad de supervivencia.

Incluso algunos pares de ojos vieron a Raquel y a Silas descender lentamente por el cielo, aquello no les importaba solo les importaba una salida de aquel terrible final.

Ya cuando las paredes los comprimían unos con otros, fue la última bocanada de aire que pudieron tener sin que los oprimieran hasta la última gota.

—Conservaron la esperanza hasta el final, serán bien recibidos… Raquel murmuró, queriendo rezar por los muertos pero en su situación apenas lograba guiar su descenso por la calamidad que seguía ocurriendo bajo sus extremidades retorcidas.

Nadie se preocupaba de quienes se encontraban peor, solo trataban de marcar lo que era de ellos y para los que estaban con ellos.

Pues quienes estaban mejor ya estaban todos centrados en la reconstrucción y toma del espacio para repoblar las zonas afectadas.

—¡Suéltalo!

¡Suéltalo!

¡Ladrones!

¡No!

¡No…!

Un anciano grito mientras sujetaba un jarrón que al caer reveló algunos frutos secos que fueron rápidamente comidos por los saqueadores.

—¡Viejo inútil!

Le gritó el hombre quien comenzó a patearlo, está escena fue vista por quienes transitaban, al ver la escena se acercaron para ayudarlo.

De esa manera todos lograron dar una golpiza ejemplar al anciano por no ceder sus cosas al resto, por lo que la turba se disolvió para buscar más cosas en el camino.

—¡Sacame!

¡Sacame!

Los que estaban atrapados bajo los escombros gritaban por una mano que le sacara de tal calvario, pero solo pasaban por arriba, escarbando ocasionalmente cuando algo parecía brillar, los saqueadores no fueron los únicos que pisotearon el lecho de muerte de los inoportunos que aún no morían, sino las propias víctimas del desastre se conglomeran injustificadamente sobre terrenos inestables con el fin de hacer alguna casa desvencijada como propia o el más mínimo objeto como suyo volviendo todo un caos peor debido a las peleas entre estos mismos.

—Esto es malo… Es muy malo… Murmuró Raquel que descendía lentamente sujetada del tenso cuerpo del cuero.

—¡Bella durmiente!

¡Despierta!

Por los celestiales… nos harán… Expresó está temerosa, afirmándose con todas sus fuerzas al cuerpo sin forma del fenómeno.

—¡Engendro infeliz, despierta!

¡Estos bastardos están locos, nos harán trizas tan solo poner un pie en el suelo!

Trato de sacudirlo pero era difícil ya que el húmedo y extraña textura del cuero era algo difícil de sostener lo que la hacía tener miedo a soltarse.

—Eres una mujer de fe… ten buenos pensamientos y los… Raquel no sabía cómo reaccionaría la gente pero sabía que eran peligrosos si pensaban, por su parte nadie veía la figura amorfa de casi cuatro metros descender, planeando con una cosa apestosa más extraña que está.

—…Condenados saqueadores.

Van a joderme si se pone a gritar.

En su monólogo breve formado por susurros, miraba como se agolpaban en riñas cada vez más grandes por lo que parecía ser algo de valor.

Pero la estructura seguía temblando y estallando con violencia, desparramando miembros, vísceras y polvo.

Permitiendo que aquellos que estuvieran distraídos con el ambiente no tomarán en cuenta su aterrizaje.

—¡Ahí!

¡Ese lugar nos puede servir!

Gritó emocionada, solo para ver cómo alguien gritaba horrorizado ante su presencia, por lo que trato de maniobrar y caer lo más rápido al drenaje expuesto.

—…¡Monstruos!

¡Monstruos!

Se podía oír a alguien gritar cerca pero Raquel apenas escuchaba al estar ensimismada por guiar el descenso pese al viento que provocaba la expulsión de ondas cálidas al exterior.

Sin darse cuenta algunas lágrimas caían sobre el suelo, pero aquel que la vio recibió un par en su rostro.

Las lágrimas entraron en su ojo y boca pero la piel también se vio afectada al pudrirse en pústulas y llagas hinchadas que desgarraban su piel.

—¡Auxilio!

¡Duele!¡…!

Este dio un par de gritos estridentes que si captaron la atención de todos a su alrededor que observaron cómo el caos se profundiza en su carne que se exponía y doblaba mientras las venas abotargadas se extendían, algunas se reventaban antes de extenderse más.

Esto desafortunadamente para el hombre solo era una forma en que moría más lento, ya que la necrosis o lo que estaba matándolo se aseguraba de no dejar espacio libre de su cuerpo recorriendolo para dejar su sello de muerte que se volvía de un tono púrpura azabache.

—…Que asco… Acércate y tocalo… Que miedo… Era la mayoría de los susurros y muchos más que se conglomeran alrededor del difunto, una breve entretención para aquel pueblo dorado.

—…

Pese al aspecto seguía vivo, observando sin saber que aquello que se alejaba lo había condenado a un trágico final, debido a que apenas pudo seguir viendo al monstruo sin poder decir ninguna palabra mientras graznidos enfermos apenas salieron de su boca.

Todos voltearon a ver al hombre que se volvía una aberración pestilente que representaba más a algo demoníaco, en tanto la sangre mezclada con materia brotaba de sus orificios hinchados, ahogando a ese desdichado de forma terrible y lenta, siendo una entretención para el resto que disfrutaba de la distracción antes de seguir saqueando.

—…

La mujer quedó muda por lo que veía, ella lo más probable es que estuviera juzgando o quemando a aquel hombre enfermo.

—Desde está altura me doy cuenta de lo malo… Que se ha vuelto todo… Nuestra avaricia nos hace caer en la pestilencia y aún así solo logramos caer más en la depravación que nos entrega el morbo… Esta observaba en escenas como se producía la violencia de la gente que aprovechaba de burlarse de la miseria del resto.

—Sin duda hay que dejar de contaminar, ese tipo estuvo un instante ahí y quedó así… Deberíamos haber quemado todo el pueblo… No… Todas estás almas merecen redención antes de ser liberados de su carne pecaminosa… Murmuró, sin percatarse de su descenso final, replanteando como se ha vuelto todo para mal.

Sin darse cuenta de la verdadera causa, no naturaleza cruel del mundo.

Solo fue un golpe con un objeto inmenso que le hizo reaccionar.

—…Que dolor… Se cubrió un momento la cara, tratando de ahogar sus insultos.

—Rayos… No… Solo logro atinar a decir mientras caía rebotando contra los restos con los que se había estrellado, estos parecían ser vestigios de una vivienda que estaba partida en dos, de los cuales uno de los lados estaba volteada.

—…Al menos nadie me vio… Gruñó llena de dolor, sabiendo que si hubiera sido su antiguo ser, habría muerto contra la muralla antes de darse cuenta.

—Silas, más vale que no estés vengando te por lo que te hice antes.

No te escuché todo… solo una parte larga,despierta.

La mujer agitó la parte del cuero donde estaba la máscara, asumiendo que aquello era su rostro.

—….

Esta no tuvo respuestas, por lo que decidió darle un par de cachetadas para comprobar que estuviera inconciente.

—Este idiota no puede estar consciente… tendré que arrastrarlo… Murmuró ofuscada pero antes de llevarlo le dio unas cachetadas más, esto hizo que luego de mucho ella se sintiera de buen humor.

—Cuando estemos mejor, me aseguraré de volver a darte unos golpes de agradecimiento… Cerca de ellos se movían quienes tomaban la basura que pensaban que tendría algún valor o no, ocasionalmente alguien era apuñalado pero todos seguían en su tarea.

—¡Dale!

¡Mátalo!

¡Mátalo!

¡Eso es!

Se escuchaba los gritos del público improvisado dando aliento a los que se destrozaban originalmente por algo insignificante que les pareció valioso, pero ahora se destrozaban por el deseo de arrebatarle la vida a su desconocido rival.

—¡Eso!

¡Vamos!

¡Acabalo!

¡Acabalo!

¡Degollalo, eso es!

Aclaman al vencedor de la pelea antes de voltear a ver otra que levantaba polvo y esparcía sangre sin piedad por todo el suelo.

—Es curioso… ¿Silas también verá así?

En el clamor de los combates ella se detenía, intrigada por cómo de las heridas podía ver la esencia diluirse como un gas, de aquellos más cercanos el olor y su respiración.

Por alguna razón estaba viendo más cosas de las que comprendía.

Por lo que cuando ocurrió una pelea grande entre saqueadores y sobrevivientes que exigían para sí todo lo que estaba repartido del desastre, éste se escabulló como un zorro astuto entre los restos de murallas, techos y suelos que se entremezclaban en el caos, ignorando los restos de mobiliario y personas que se arrastraban en su último esfuerzo.

—…Pobres miserables… que los celestiales se apiaden de sus perversas almas infieles… Murmuró está viendo cómo se destrozaban por pan viejo o un par de zapatos rotos que parecían haber sido robados de alguien adinerado por el emblema que traía consigo.

—…

Al dejar de ver la escena vio aquella figura pequeña que le miraba temerosa.

—Oh… saludos… Por su parte Raquel apenas lograba distinguir lo que veía, ya que por sus ojos aparecía una niña que se entremezclaban con otras figuras y presencias que nunca había visto o que se había detenido a verlo mejor.

Podía percibir el aroma, calidez de la pequeña pero le irritaba algo que la pequeña portaba sujeta a su pecho.

—Eres una niña…¿Cierto?

La joven a pesar de la mugre cubierta de polvo, lograba reflejar un cabello colorín, sus ojos eran oscuros pero brillaban como la noche más hermosa.

Pese a tener la mirada perdida a la lejanía por sobre las atrocidades que tenía frente suyo, la niña se mantenía quieta, en silencio.

Sosteniendo un medallón viejo de plata que tenía el emblema de la iglesia.

—…Hermana, tengo miedo… Murmuró la pequeña dando un par de pasos a Raquel, quien confundida miró a su alrededor.

—Tranquila pequeña… no te alarmes, soy una buena mujer….

Dijo Raquel, actuando como una persona amable y paciente con la pequeña, dándose cuenta que la pequeña tenía un medallón, llamando su curiosidad por si era el material aquel pequeño objeto o el desagrado era provocado por lo que estaba imbuido.

—Sí, hermana, se lo agradezco mucho.

¿Qué hace aquí?

¿Acaso un ángel de la guarda la llamó?

Preguntó la pequeña que dio una sutil sonrisa a la mujer bestial, mientras a sus espaldas algunas de las formas en su piel se movían sutilmente, cambiando aún sin dar una forma exacta en lo que terminaría.

—He escuchado el canto de los celestiales y … eso te has portado bien.

Respondió Raquel mintiendo a la pequeña sin miedo, aunque se percató que tenía un problema, posiblemente en la vista.

—Me confundes niña, hace mucho tiempo que dejé de ser monja… Deje aquello atrás y me encamine más en la vida y la devoción lejos de la tierra que me vio nacer.

Uno haga lo que haga debe difundir la palabra.

Explicó algo cansada, pensando si decirle esto a la niña traería más problemas que solo darle un piedrazo en la cabeza.

—Debo decir que la fe te protegió.

Eres afortunada de que los celestiales quieran que tú ser tenga un propósito más allá de lo que pensamos.

Dijo finalmente soltando la piedra que tenía en una de sus grandes manos, esto llamó la atención de la pequeña que solo pensó que era otro desliz del terreno inestable.

—¿…Qué ocurre pequeña…?

Reaccionó confundida Raquel ya que la niña además de guardar silencio en su postura tímida, estaba llorando en silencio para no molestar a Raquel.

—…

Disculpe abadesa… no fue mi intensión confundirla… no me acuse a los celestiales, no quiero terminar como mis vecinos.

La pequeña niña lloro ante su grave error, mostrándose arrepentida de sus palabras al menospreciar a la mujer que no tenía nada que ver con la iglesia.

—¿Tus vecinos?

¿Era con quienes vivían?

Preguntó viendo los restos cerca de la niña que fueron aplastados desde abajo hacia arriba, en cambio la pequeña negó con la cabeza al ver el rostro observar a quienes fueron aplastados antes.

—Yo vivía más … vivía en otra casa la cual tampoco está… Se sincero la pequeña para aclarar el pequeño mal entendido.

—Mis vecinos eran pecadores, hablaban de más y los diáconos se los llevaron.

Yo vivía con ellos por lo que me dejaron sola en esa casa….

Respondió tratando de hablar lo mejor posible pese a tener la vista nublada y la garganta seca como si la obligarán a comer canela.

—Aguarda pequeña, entiendo eso, he visto mucho en cada pueblo y te puedo asegurar que las lenguas de serpientes se lo merecen.

Respondió hinchando el pecho Raquel ante la verdad que decía, ya que las mentiras de por si podían traer terribles desenlaces.

—No puedes quedarte aquí, debes ir a un… Esta dudo en sus palabras, incluso cuando se acercó a esta la pequeña.

Tuvo miedo de que sintiera sus manos que parecían una variación espeluznante de unas manos congeladas.

Hasta a ella le daba algo de miedo.

—Bien, espera jovencita… será mejor que pienses que al celestial le preocupa verte llorar.

Es bueno llorar pero no por pequeñeces.

La pequeña asintió limpiándose los ojos con sus harapos sucios que seguían llenos de polvo.

En tanto Raquel quiso mandarla al convento pero recordó el calvario que era esperar ayuda junto a los miles de desamparados que peleaban por un espacio.

Por otro lado estaba la iglesia llena de pomposos que no verían nada que valiera su peso en oro o los torreones pero ninguno le brindaría ayuda.

—No… No… Esta dudo, negándose a las ideas de la cabeza, volviendo a soltar una piedra.

Si bien era lo más fácil, la niña parecía buena.

—¿Sabes dónde están los torreones de piedra?

La pequeña se congeló al oír tan infame lugar, pero vio la silueta de la mujer aproximarse con confianza, arrastrando su extensa figura.

—Debes ser fuerte y usar muy bien el conocimiento que aquel de alas doradas te dejo con su sacrificio.

Lo que te diré es muy secreto y puede traerte buena fortuna… Esto hizo dudar a la niña si era una abadesa o la encarnación de un celestial que bajaba a darle guía.

La mujer cuando se acercó a la niña, mostró realmente su estatura, agachándose y acercando su rostro de bellos rasgos finos, su aroma era peculiar pero reconfortante ya que le traía recuerdos a su padres que trabajaban en las fábricas volvían de sus turnos eternos a su húmedo hogar.

—Debes preguntar por Joseph hijo de Liam que es el verdugo mayor, este hombre hombre te ayudará… La pequeña asintió ante la indicación de la gran mujer.

—…Gracias por preocuparte tanto por mi… La niña dijo viendo que la enorme figura desplazarse hasta una grieta, sabiendo que no la volvería a ver, la llamó con fuertes susurros antes que desapareciera con los vestigios de las figuras borrosas.

—…Gracias abadesa… La pequeña se apuró en acercarse, lo cual la mujer pensó que le contaría algo infantil de su inseguridad al ir a los torreones o algo así.

La pequeña tomó suavemente una de las manos superiores de la abadesa, pese a que está doliera al tacto le dio un beso de agradecimiento.

—Bien… pequeña… ¿Como te llamas?

La pequeña titubeó ante la pregunta que nadie le había hecho antes.

—Perdone abadesa, no tengo nombre… Raquel se llevó la mano a la sien, conteniendo sé para no darse un manotazo por preguntar tales cosas a un niño.

—Como eres huérfana, es decir que no tienes padres, ni nadie que cuide de ti.

Uso mi poder de abadesa y te nombró como Cecilia Della Tempesta Ferrante.

Raquel alzó la voz parándose firme, dándose cuenta tarde que podían verle si se levantaba por completo.

—¡Pero abadesa!

¡No puede darme nombre y apellido!

¡Sobre todo dos!

—Corazón, tranquila.

No tengas miedo al presentarse, los celestiales te han bendecido.

Con ello te conviertes en mi hija y heredera.

Eres hija de Rachelle… pero si nos volvemos a ver qué solo me llames Raquel.

Le dijo a la pequeña que no podía expresar nada, únicamente se mostraba asombrada por lo que acababa de ocurrir.

—Gracias Raquel… Esta murmuró para sí, manteniendo su figura escondida de la gente que se aglomeraba con el fin de recuperar todo lo que les fuera útil o no.

El drenaje volvía a responder con la fetidez que les había despedido, golpeando las fosas nasales mientras el caudal arremetía sin piedad por los grandes túneles.

Estos los azotaban y sacudían en todas direcciones por la gran de de alcantarillado que recibía la presión de la zona hundida.

—¿…Porque me mojas…?

Desperté… Creo que ya desperté… Palabras conocidas sonaron dando desvarios habituales.

—…Aun no es mi acto, porque no esperas a que las arañas hagan su presentación y les tiras unas moscas….

Murmuro el gusano adolorido, tratando de recordar que fue lo que ocurrió.

Fue ahí que tuvo vagos recuerdos, recobrando mucho de lo que había experimentado en su viaje, incluyendo que no recordaba que fue lo que nunca le.dijoeron traer.

—¡Hasta que despiertas!

Pensé que habías dejado por fin de hablar.

Alzó la voz la mujer al percatarse de su compañero recobraba el conocimiento tras un rato.

—¿Acaso no huimos de toda esta inmundicia?

Había un… percebes… Expresó esté sosteniendo su cabeza como si estuviera por abrirse.

—¡Te golpearse al caer al precipicio, te salve y ahora volvemos para escapar del caos!

Dijo orgullosa de sus palabras pero el gusano río junto a su máscara ante lo que parecía una verdad absoluta por parte de Raquel.

—¡Desde luego!

¡Aquí huele algo mal, o mi nombre es Sandro!

¡Y no lo es!

Silas replicó jugando su nombre que no era el propio como broma ante la desconfianza que tenía a la palabra de esta.

—¿Me llamas mentirosa condenado gusano blasfemo?

Gritó furiosa ante lo dicho por el gusano solo antes de enredarse en cabello largo.

—Pero que… ¿De donde salió este cabello?

Se vio confundida la mujer, pero Silas si hubiera tenido color de piel sano, se habría puesto pálido.

—¡Es el Enredador!

¡Pensé que se había quedado… me lleva el caleuche… Este se vio envuelto en cabellos también, pequeños y finos hilos que se sobreponian uno sobre otro, obstruyendo su viaje.

—¡Es un mito!

¡Es como decir que las sirenas o los Hernández tienen algo de inteligencia!

Esta estaba inquieta al no librarse de tanto cabello que tenía delante.

—¡Bucanera de agua dulce!

¿Te crees muy chistosa?

¡Cuando lleguemos al circo tendrás que limpiar la cubierta con la lengua!

Respondió enfurecido el cuero ante su compañera que le acababa de insultar a toda la familia, sin saber que todo lo que se decía era una verdad a la vista es ignorada por todos.

Esta solo atino a mirarle extrañada ante la palabra extraña que había dicho recientemente.

—¿Que rayos es un circo?

Preguntó pero la tubería se terminó antes de recibir una respuesta dejándolos caer en una gran recámara cubierta de agua helada.

Unos murmullos y lamentos inundaban la gélida habitación que estaba envuelta en tuberías que la atravesaban y ramificaban.

Algunas de estas trazaban el hielo que comenzaba a formarse en la superficie del agua.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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