El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Mercado de la alcantarilla
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22: Mercado de la alcantarilla 22: Mercado de la alcantarilla —¡Carajo!
¡Demonios!
¡Infeliz!
¡Rata inmunda!
¡Condenado…!
Gritó Raquel saliendo del agua gélida, apenas consiguiendo respirar, dando chapoteos torpes con sus brazos sin saber cómo estabilizarse.
—¡Calma capitán de tierra!
Acaso tratas de hundirnos a los dos?
Protestó Silas quien trataba de afirmar a su compañera que le daba golpes y zarpazos accidentales en sus intentos de estar quieta en la superficie del agua.
—¡…Porque… tan fría…!
¡Es demasiado… fría!
Murmuró molesta la mujer con los dientes castañeando exageradamente, está era ayudada a nadar por Silas quien no tenía problema para moverse por el frío líquido nauseabundo, si bien aquí también había cuerpos, no estaban a simple vista, bajo el agua como un sutil roce con el final de muchos.
—Veo que no te gusta bañarte en invierno.
Aleja esas armas o me sacarás los ojos.
Río el gusano en voz baja, le resultaba hilarante el chiste que dijo sobre el peligro que resultaban los pezones de Raquel.
—…Te aseguró que si pudiera … Raquel gruñó como una bestia embravecida, solo deseando acabar con el desagradable hombre que no sabía si lugar, ni el momento para dejar escapar sus palabras sucias.
Esta con el movimiento brusco se había enganchado y jalaba inevitablemente el cabello como una marioneta, maldiciendo para sí que no pudiera golpear a la sabandija con todas sus fuerzas.
—Si me escucharas… si escucharas sabrías de estas habitaciones que están más bajas que el resto… ¡Deja de ahogarme!
Gruñó esté, sintiendo como el cabello flotaba a la deriva por el agua sin un origen o un final aparente.
—…Ten… Cuidado… Nos… enredamos… A duras penas logró decirle a su compañera quien miró detenidamente cómo era que lentamente el cabello había hecho su trabajo y en cualquier movimiento en falso podía cada uno terminar estrangulado.
—Me mantendré quieta, tu desata los nudos… Estos si bien no emitían más o menos fríos al contacto provocaban un roce inquietante como si alambres al rojo vivo se tratara.
El contacto con ellos daba incertidumbre si serían capaces de cortar la piel sutilmente para provocar malestar sin revelar su acción dañina.
—Que tal esto… quédate quieta.
Baja el trasero… Prioriza dejar de hundirme intencionalmente y estaré despejando el camino de toda esa maraña de cabello desagradable.
Añadió tratando de levantar a la mujer que seguí moviéndose bruscamente para estar a flote.
—Como si fuera tan fácil… Eres… Tu solo tienes que flotar… Respirar… Protestó estirando sus extremidades para mantenerse estable en la superficie, empujando de manera suave con sus partes traseras.
—¿Por casualidad puedes respirar?
Raquel se vio invadida por un sin fin de dudas sobre la fisionomía del gusano que al final no era más que una especie de cuero animal pútrido e hinchado.
—…Hazme caso, yo te guío.
Murmuró sacando la cabeza a la superficie, buscando algún lugar firme o de poca profundidad para deshacerse de su pesada compañía.
—Bueno, pero no te propases….
También puedo hacerlo.
Lo regaño dando un golpe a la máscara.
Este dio un bufido extraño al recibir el golpe que le mandó de regreso al agua.
—Que no me…está bucanera de agua dulce, pez luna… Volvió con fuerza a alzar su cuerpo solo para maldecir, este con sus pequeños apéndices digestivos trataba de mover los pequeños cabellos que parecían quemar bajo el frío del agua séptica, apenas logrando desviar la cantidad de pelo hacia abajo para que no les enrede.
—Calla… ¿Escuchas eso?
Hay algo… La mujer trató de silenciar a su molesto compañero cuando logró percibir que del viciado aire frío que danzaba envuelto en bruma proveniente del microclima húmedo.
Había continuos ruidos parecidos a murmullos sobrecogedores.
Pero entre ellos había un áspero rasqueteo fuera del habitual zumbido de las tuberías.
—Claro, estamos junto a él.
Ya nos tiene esta cosa… el problema es que no se porque no nos ha hecho picadillo.
Trato de explicarle la situación a Raquel, quien se sacaba el cabello.
—Aun sigues con eso, es solo cabello… bueno, tal vez mucho cabello en un mismo lugar.
Esta mujer tomó como una situación normal, donde lo que priorizo era salir del agua helada.
Lo cual parecía por fin estar lográndose ya que el gusano se sujetó a los restos de una reja que sobresalía del agua.
—…Rayos… eres más dura que arrecife de coral… Gruñó el cuero mientras ascendía sin problema, dejando a la mujer en el agua, está flotaba a duras penas, sin lograr sujetarse bien a la plataforma de metal.
—Ayúdame y sube ahí… no creo que esto sea muy seguro.
Raquel señaló la estructura de concreto como un lugar más seguro para que le pudiera ayudar a subir.
—Dame la mano.
Mencionó el cuero que se enroscaba en un pilar y los brazos de la mujer, la cual se percató que el cabello la estaba reteniendo por lo que comenzó a jalarlo, descubriendo su gran resistencia.
—Alto, no cortes el cabello, con cuidado desenroscando eso… Créeme… es mejor.
Aguardó un instante, asumiendo que el nerviosismo del gusano era por una buena razón.
—…Bien … Bien… actúas raro, así que voy a… tener cuidado… Raquel titubeó, rara vez había visto a otros ponerse tan nerviosos antes que el desastre se desatará.
—Cuidado ahí.
El gusano la detuvo con un grito susurrado, acercándose a su torso donde un mechón de cabello estaba entre las piezas de hueso de su tórax.
—Deberíamos movernos un poco.¿No?
Dijo ella algo impaciente, si el gusano estaba tan preocupado por algo aquí deberían moverse.
—…Eso… Ella dijo antes que el gusano le respondiera, viendo más allá de la oscuridad de la recámara del alcantarillado, donde podía ver con claridad cómo el cabello se acumulaba en una torre viviente de pelo del que salen rostros con expresiones atroces de horror inhumano.
—¿Que…?
Preguntó este que no tenía tan buena vista como la mujer, sólo podía asegurarse de evitar enredarse con el cabello que tenía cerca.
—Hay que salir…¿Qué es esto?
Respondió con preocupación, tratando de no despertar lo que fuera el Enredador, sin embargo ella pudo apreciar que la habitación estaba con incontables objetos, algunas tiendas improvisadas.
—Porque rayos preguntas que es esto, estamos en el mercado de la alcantarilla, eso quiere decir que estamos cerca de los barrios rojos… o del muelle… o de la… olvídalo, está lleno de estos lugares pero… Le explicó en susurros fuertes, tratando de aclarar el lugar en el cual estaban en tanto solo se logró confundir.
—…Este está lleno de pelo… Añadió inquieto sin saber porqué este sitio estaba plagado de una criatura que nunca había tenido un lugar fijo en el alcantarillado.
—Camina rápido, ya te creo… solo no quiero ser enredado por el Enredador en sus pelos… Gruñó la mujer dando pasos muy lentos y calmados, tratando de calmar su respiración.
En el frío suelo escarchado podía ver restos de pan mohoso, bolsas de mercancía.
—…Esto es importante… Mencionó el gusano levantando tela vieja, asegurándose de no jalar del cabello que estaba cuidadosamente camuflaje para que algún incautó tomará objetos llamativos.
—Buena idea, dame tela negra… se cómo hacer… El gusano ya se había cubierto de varias telas pareciendo leproso por lo que motivó a su compañera para ocultar su aspecto monstruoso.
—¿Quieres ser viuda?
No creo que a tu marido le guste verte así.
Este dio risas silenciosas, asegurándose de callar tanto a la máscara como a sí mismo, aunque este no tenía boca y no sabía por dónde hablaba.
—No es tiempo de humor tonto, debemos salir… Protestó la mujer quien con gran habilidad doblo la tela y dio origen a nudos pequeños para tener un hábito decente, aunque carecía de pomposidad religiosa.
—…Creo que así estamos bien… cállate… Raquel habló bajo, para luego verse entre sí, comprobando que se veían como individuos normales.
Al menos para alguien con cataratas.
Esta trató de callar a su compañero dándose cuenta que el roce de algo como si tratara de prender algo no era proveniente de él.
—¿Qué rayos?
Tu cállate… Respondió el gusano algo exasperado con su voz lo más baja posible.
—¿Qué suena así?
Este añadió sabiendo que su compañera era la que mejor vista tenía en la oscuridad y podría descubrir el sonido que amenazaba el ambiente mortuorio.
Una sutil chispa se lograba formar a metros de distancia donde parecía cerrarse la habitación.
—…Cerdo… hijo de… Cuando se percató fue demasiado tarde ya que el fuego del lanzallamas prendió la mecha del gas que seguía saliendo, para así pasar desapercibido con el apestoso aire viciado, logrando pasar desapercibido.
En gran parte de la habitación.
—¡Arde basura asquerosa!
¡Arde!
¡Asegúrate de arder hasta desaparecer!
Gritó una voz masculina conocida, una voz vieja llena de furia que volvía cada palabra como un bramido colérico que no se detenía pese a que el fuego se extendía en todas direcciones de manera peligrosa.
—¡Agachate… !
Gritó suavemente Raquel con miedo en su mirada.
—¿Acaso se pelearon?
¿Cómo pelea un grupo de locos corsarios conocidos por su brutalidad, inmoralidad y falta de sentido común?
Preguntó Silas confundido ante la situación que pudo evocar tal resultado, ya que ante la inquietud de la mujer, parece que había sido un acto bastante malo contra su capitán.
—Si ves a tu superior siendo tragado por algo desde una tubería… claro que no seguirás sus órdenes y te aseguras de seguir con el grupo de sujetos armados… Explicó que está tratando de disimular que fue algo más sorpresivo de lo esperado.
—Aguarda, se robaron su espectáculo y abandonaron … Preguntó aguantando la risa por la ironía de las cosas.
—Callate.
Debía ser algo breve pero se alargó y los que fueron por suministros volvieron con noticias que habían sellado las formas de entrar o salir… Raquel habló rápido, buscando explicar cada una de las cosas que llevó a lo ocurrido.
—…Un motín… ese bastardo se lo merecía.
Respondió el gusano con el caos del fondo avivando en locura iracunda por parte del Enredador dio un chillido pintado con matices de dolor y furia ante los invasores en aquel espacio.
Por lo que movió el cabello violentamente en todas direcciones como si un huracán de cabello azotara la habitación.
—¡Así que la llorona merendó un grupo de desertores!
Ese hombre sí que tiene trucos bajo la manga… Río de la desgraciada situación en la que Raquel perdió más que compañeros, está miró al gusano con la máscara.
Aquello que parecía ser su rostro donde ocultaba las dos canicas que hacían de ojos, fue con estos que pudo revivir la situación que le llevó a perder a sus hermanas, logrando por un momento sentir el calor de aquella habitación fermentada con los miles de cadáveres de sabandijas y humanos que eran arrastrados por el cauce atiborrado.
—Mujer… Oye, Raquel… Circo llamando a Raquel… No fue hasta que el cuero le dio unos golpecitos en la mejilla para traerla de regreso.
Estas dolieron un poco por el resentimiento del cuerpo ante el frío, pero el cambio abrupto de la habitación le estaba ayudando a recomponerse.
—¿Cómo que hombre?
Pero si tenía… Lo primero que atino fue a responder lo último que recordaba de la conversación anterior.
—Es como el carroñero… aunque este es un gusano que … verás los gusanos son raros, te lo explico cuando te muestre la colección de gusanos del escarabajo… Debido a las palabras del cuero que hablaban de cosas que ocurrían en el circo, Raquel volvió a verlo confundido, sin saber cómo era que sabía eso.
Este dio un gesto delicado, tras unas cuantas frases sobre la falta de comprensión de las hembras a los machos.
Su conversación fue ahogada por el conflicto que les rodeaba, obligándolos a moverse de restos de tiendas, tratando de no ser visto por ninguno de los dos duelistas.
—¡Arde!
¡Arde!
¡Arde!
Gritaba fuera de sí Angus quien con las llamas se veía su rostro deformado por la furia y el dolor, ya que este había perdido sus rasgos finos como definidos por los años en el mar.
Uno de sus brazos estaba desgarrado como si lo hubieran querido desmembrar, solo dejando restos de cabello enredado.
El hombre mostraba restos del traje que mostraba signos de haber sido atacado por algo más que el enredador, aunque sostenía un arma más grande que tardaba en verse sobrecalentado, este se aseguraba de quemar hasta la última pizca de cabello, de los cuales se podía ver cómo marañas de cabello se separaba en cabellos con rostros solitarios que gritaban en ataques suicidas contra el hombre que estaba rodeado de combustible.
—Debemos salir.
Ese imbécil nos va a rostizar.
Dijo con una expresión de odio Raquel, tratando de cubrirse detrás de unas tiendas mientras el cabello ardiente arrasaba con lo que tenía en su camino, despojando al mercadillo abandonado de su quietud tras su abandono repentino.
—¿No quieres un dulce?
Es raro encontrarlos.
Comentoel gusano esquivando la corriente de cabello que cortaba el aire y se aseguraba de tomar una gran bolsa de dulces.
—No es momento… Pero tomalos, podemos venderlo en una botica.
Pese a la quietud una oportunidad como canicas dulces no podía ser desperdiciada por nadie, pese a ello el caos de la habitación revolvía todo sin piedad.
—¡Tu!
¡Deberían haber muerto!¡Todos deben estar muertos!
Angus gritó furioso al par que en el descuido al momento de su hallazgo, fue expuesto con el terrible estruendo de jarrones y vasijas rompiéndose contra el suelo como algunas herramientas de metal estrellándose y rebotando contra el suelo.
—¡Esquiva!
Gritó el gusano rodando para esquivar al Enredador que clavaba el cabello contra el concreto, dejando en claro que en ese lugar no había aliados.
—¿A cual?
Respondió Raquel arrojando una caja que se volvió cenizas contra el viejo hombre.
—¡Da igual, solo sobrevive!
Gruñó Silas, ahora pasando por debajo de las llamaradas que dejaban una estela de cabellos quemados a su paso junto al característico aroma de estos.
—¡Cuidado atrás!
Gritó Raquel logrando esquivar dos columnas de cabello que descendían como guillotinas sobre esta.
Por su parte Silas a duras penas esquivo el cabello que menciono Raquel, siendo sorprendido por otro salir de de tuberías que por su parte en el caos, ni siquiera debido al fuego que los consumió.
—¡Mujer!
Digo…¡Raquel!
¿Sabes si tienes una habilidad?
Gritó Silas mirando a la mujer que se encontraba de hombros.
—¡No es tiempo de bromas!
Bramio Raquel azotada contra la muralla, sin embargo no sintió el impacto contra esta.
—¡Yo los descubrí en una situación mala…!
¡Condenada maraña de pelos de payaso!
Gritó Silas antes de ser igualmente golpeado por el Enredador quien clavó sus cabellos como si fuera una lanza.
—¡Este percebe no se derrite!
¿Dónde estás…?
Este fue clavado por dos lanzas de cabello, mientras el fuego amenazaba acercándose cada vez más a él.
—¿Te fuiste?
¿En dónde estás?
En mal momento tuvo el infortunio de darse cuenta que los cabellos no lograban derretirse, y si lo hacían tardaban mucho tiempo.
Tiempo que no tuvo cuando las llamas lo abrazaron, librándose de su empalamiento.
—…Estoy aquí…Ayuda… Nunca había… volado… Surgió desde la muralla, la mujer estaba flotando sin control.
Hasta que volvió a ser golpeada por el Enredador, arrojando a la mujer como un globo hacia arriba.
—Carruseles desquiciados lo que faltaba… Suspiro el gusano quien dejaba atrás restos de su figura calcinada por el fuego de Angus.
—¡Te maldigo!
¡Debo haberte matado desde un principio!
Gritó Angus tratando de volver a quemarlo pero este desapareció en las aguas frías que se encontraban agitadas por el cabello que empujaba cuerpos arrasando el suelo endeble que fue dañado por el tiempo cruel, silencioso y paciente.
—¡Nadie te quiere, todos te odian!
¡Comete este gusano!
Gruño Silas a duras penas dando lo mejor de sí al esquivar y moldeando su forma para acomodarse al pequeño espacio en el que estaba siendo asediado por ambos.
Este se burló del viejo pese a los cortes y quemaduras que recibía en sus intentos de esquivarlos.
—…
Esto exasperado a Angus que sentía que no conseguía nada por lo que pese a estar rodeado, Ajustó las llamas para liberarlas con mayor intensidad, provocando que las válvulas se volvieran locas del arma y los motores expulsaran llamas.
Esto fue aprovechado por el Enredador que clavó su cabello incontables veces en la parte baja del abdomen.
—…No creas que me he olvidado de ti… Bramó con sangre cayendo de su boca, sus dientes se apretaron y antes de una estocada más, jalo el gatillo directo a la maraña de cabello.
—¡Arde…!
Pronunció extendiendo el rugido por encima de todo lo que había en la habitación, pero este por el rabillo del ojo lo vio, el gusano trataba de escabullirse y dejarlo en vergüenza una vez más.
—¡No te dejaré escapar!
¡Los llevaré a todos conmigo!
Chilló expulsando sangre a borbotones por su boca, moviendo el arma contra el gusano que apuraba el paso, ya que la cercanía significaba un final seguro.
—¡Hey!
¡Cuidado!
Gritó Raquel cayendo sobre Angus, desviando el torrente de fuego al suelo.
Esto produjo un agudo chillido del hombre que ahora ardía mientras la mujer chocaba contra el suelo, rebotando hacía dirección contraria.
—¡No!
¡Me estoy mareando!
¡No!
¡No!
Comentó la mujer volviendo a desaparecer por las paredes.
El gusano sin perder tiempo fue a la salida, con la gran bolsa bien cuidada, notando lo que Raquel no noto.
Angus se había callado, en su rostro se.
Deslizaba una lágrima negra, está no le pertenecía pero esa gota era lo suficiente para hacerlo suyo quiera o no.
—No… Monstruos… Traidores… Apenas se le podía oír entre los chillidos agónicos en tanto la carne se hinchaba y volvía en tonos negros con un suave brillo violeta en lo que tardaba en avanzar por sus venas hinchadas.
No obstante este no se detuvo, siguió quemando como el Enredador también se desquitaba con este, atravesando la carne sin misericordia y torciendo su cuerpo envenenado.
—Esto… no me quedaré a ver quién gana… Dijo para sí, esquivando al Enredador mientras el fuego envolvía todo.
—…No te detengas que… no te perderás… Murmuró para sí, alejándose del caos, sin sentirse tranquilo al atravesar la entrada.
—Válgame… estoy… vivo… ¡y el tesoro es mío!
Expresó dándole un abrazo a la bolsa de canicas dulces.
El gusano apuro su andar, temeroso a que le reclamarán o provocarán que perdiera su preciado botón.
Deseando tan solo revisar que su botín estuviera a salvo.
Pero un sismo lo hizo centrarse en correr, y dejarse de payasadas.
Aquello parecía haber dado por concluida la pelea entre aquellos monstruos.
Debía avanzar y encontrar a la mujer voladora antes que los metiera en problemas.
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