Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. El Circo entomológico deliranteII
  3. Capítulo 23 - 23 Salida o entrada
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

23: Salida o entrada 23: Salida o entrada Raquel estaba perdida, subía y bajaba sin control, salvo que en ocasiones chocaba contra una muralla.

—…Esto es perturbador… Murmuró en lo que se movía sin poder sujetar nada, solo terminaba estrellándose con algo y luego traspasando lo mismo al rato.

—Bueno, más bien es aburridamente perturbador… no se si logremos hacer algo más adelante si no puedo saber cómo controlar esto… Murmuró pasando por otros pisos antes de chocar con una muralla de la recámara de mantención de plomeros, está habitación estaba únicamente por ratas que provocaban el sonido de sus dientes contra huesos.

Sus ojos le confunden desvelando como cada vida provocaba colores extraños que eran como un resoplido de vida que iba y se marchaba.

—Ni cuando coloque mucha nuez moscada en la pasta del convento vi tantas cosas raras… Murmuró, llamando la atención de las ratas al igual de algo que estaba arriba entre las paredes, apenas era una silueta legible pero era grande como un hombre, este solo atinó a soltar colores antes de desvanecerse en los restos de las murallas con casilleros oxidados.

—¡Cuidado rata!

¡Cuidado…!

Lo último de la rata fue un chillido que acabo húmedo al ser arrastrada a través de la pared que la destrozó contra la pared.

—No volveré a comer rata… bueno, a no ser que sea en brochetas de rata… Murmuró girando viendo una sutil marca líquida en la muralla está era como una saliva cristalina similar a la baba de un gusano o un caracol.

—¿De donde rayos sale eso?

Dudo está observando su cuerpo, únicamente sus lágrimas eran el único líquido que seguía la leyes y caía para desvanecerse en los suelos.

—Bueno, lo vivo, agua… ¿Qué más debería tener cuidado?

Murmuró, cuando no logró transitar más allá de una pared descascarada.

—…Más agua… No se porque no puedo pasar por donde está y caigo cuando está frente mío.

Refunfuñó fastidiada, tratando de averiguar si sus extremidades más grandes y bestiales servían de remos.

—Me veo ridícula, seguro que el gusano diría que soy coma ballena aprendiendo a caminar.

Gruñó para sí misma, enojandose con el gusano imaginario que la señalaba y hablaba incoherencias.

—No, estaré así un largo rato… asumo que el gusano estará mejor.

Pasó un rato, minutos eternos perdiéndose por ductos de ventilación o alcantarillados abandonados, los cuales tenían infortunadas alimañas que terminaban destrozadas contra sí mismas.

—Me he ido acostumbrando… mi cabeza… El sentimiento de incomodidad al no poder evitar aplastar aquellas alimañas se desvanecía pero el enojo por golpearse repetitivamente contra las murallas aumentaba cada vez más, apenas logrando darle zarpazos en señal de venganza.

—Estoy harta de chocar y flotar sin saber a dónde voy… Se sentía inútil ante la serie de inconvenientes que le habían producido esta inexplicable situación.

Fue cuando cruzó por una pared, descubrió a dos individuos equipados con ropa de trabajo sucia, iluminaban el camino mediante cascos mineros avanzando por el gran espacio de los alcantarillados, estos alumbraban el suelo tratando de no caer por las tuberías.

—…

Han desaparecido muchos, da igual si mandan a diez de nosotros, seguimos desapareciendo.

Murmuró aterrado un hombre que se agachaba, este marcaba el avance de los dos.

Raquel podía ver con cuidado como de estos habían colores llamativos, formas inusuales que se parecían a los que vio en la niña pero iban y venían como la espuma del mar, igualmente sentía que su corazón se calmaba al saber que habían personas tranquilas recorriendo las alcantarillas siendo conscientes del peligro pero no histéricos.

—No hables de esa porquería, si hablas mucho de cosas malas… vamos a ser los siguientes.

Habló susurrando a su compañero, igual de temeroso por lo que asintió energico ante la situación en la que estaban involucrados.

—Los climas han estado igual… de feos.

¿No?

Cielo rojo, nubes negras con matices verdosos… Hablo fingiendo estar teniendo una conversación distinta.

Esto le pareció una forma tonta de evadir la situación, pero era algo comprensible.

—Si, es cierto.

Mi hermano contó en el funeral de mi cuñado que la mina encontró más forajidos dañando las minas urbanas, por lo que le dieron un aumento para liquidarlos.

Comentó con una sonrisa, que mostraba con la poca luz sus dientes negros.

Su rostro estaba curtido por la exposición de sustancias dañinas, dándole una extraña urticaria en su pálida piel.

—Oh, eso es fabuloso, así que tú hermana está disponible…¿Crees que el diácono permite casarnos?

Al igual que su compañero, su piel era pálida y venosa, está se había vuelto un cuero duro por la exposición química y la humedad, dándole un aspecto más bruto.

—Olvidalo, ese bastardo de mi cuñado es primo de uno de los diáconos.

Ese bastardo dejó escrito que prohibieran que mi mujer fuera feliz con alguien más.

De hecho debemos agradecer que había un superior presente… no se que hacía pero la cosa es que detuvo el entierro ya que no veía necesario enterrar a mi hermana con el cuerpo.

Desde entonces la familia de mi cuñado ha encerrado a mi hermana.

Comentaba apretando sus dientes que se oían rechinar, sentía como le hervía la sangre de la manera en que aquel hombre había destrozado a su hermana, quien era culpada por la muerte de su marido.

—Le dije a mi padre que aquella familia apestaba, tantos años y no conseguimos nada bueno de ellos.

En tanto su compañero solo asentía, ya que trataba de contar con los dedos de su mano libre cuánto debería pagarles por permitirles ser marido y mujer.

—Oh, eso es bueno… ya era caro darle dinero para renovar los votos con otras personas.

Se dio cuenta que el costo sería aterrador si lo hacía por medio de la iglesia.

—Pidelo en la alcaldía, puede que tengas éxito.

Sabes cómo son los que trabajan ahí, una cosa por aquí, otra por allá y resuelto.

Le dijo su compañero quien enfocó algunos cuerpos vagando por las aguas mientras eran comidos por los gusanos.

—Creo que… nada, nada.

Sigo pensando en eso que no hablaremos hasta volver.

Añadiendo que ambos guardaron silencio como si un depredador estuviera acechando desde las sombras.

—Mucho tiempo, pero trataré de hacerlo.

Conozco una Rattue… Murmuró respondiendo lo que su compañero proponía, no obstante él tenía otro plan.

—No.

¿De verdad conoces a uno de los Rattue?

Se dice que esos bastardos consiguen todo lo que les pidas a cambio de dinero.

Dudo por un instante de su compañero pero está si bien era mujeriego y peleador.

Nunca había dicho una mentira en su presencia.

—Conozco a los Rattue, pueden conseguirles unos chismes de los secretarios administrativos, así pueden acceder más barato.

Dijo Raquel quien fue buscada hasta que la lograron enfocar, dando un terrible grito de los hombres.

—¡Fantasma!

¡Monstruo!

Gritaron simultáneamente sin ponerse de acuerdo de aquello que veían, una voz femenina que venía de una mujer pálida envuelta en telas negras sin dejarle ver casi nada pero su cuerpo estaba sobre tuberías muy arriba.

—Tranquilos… No queremos llamar a esa cosa… Rápidamente murmuró fuerte para que ambos guardaran silencio, temerosos más de ser quien es llamarán al Enredador que aquella extraña mujer.

—No soy exactamente un fantasma o un monstruo… pero la cosa es que… ¿Pueden decirme dónde rayos estoy?

Raquel comentó, tratando de ser lo más simpática posible, algo que no había sido durante mucho tiempo, ya que por lo general se había acostumbrado a tomar las cosas de otras formas.

—Si…veamos, esta es la tubería que está conectada con la ruta catorce, pero puedes tomar la escalera veinticuatro pasado por el salón de mantenimiento del sub sección tres.

Raquel no entendió lo que decía el hombre de aspecto más brusco, que murmuraba claramente para no tener que repetir lo que no entendía la mujer.

—Recuerda que está la estructura de ventilas que puede facilitarle el acceso pero debe evitar caer en el canal cinco que conecta a la ruta veintidós… Los hombres habían seguido hablando sobre caminos y datos que Raquel no entendía y tampoco necesitaba, por lo que decidió acercarse, de un brinco salió de su anclaje y cayó segura frente a estos mostrando una altura de casi tres metros fácilmente.

Ambos callaron, horrorizados y curiosos por lo que quería la mujer.

—Chicos, verán… solo quiero saber si estoy encima o debajo de… ¿Entienden?

¿Que tenemos arriba nuestro?

Preguntó Raquel acercando su rostro, tenía facciones delicadas que armonizan, aunque a su vez se volvía.

Aterradores con los detalles de sus ojos negros que lloraban lágrimas.

—Que difícil… oye, ¿Tú te ubicas arriba?

Preguntó si compañero, quien estaba sacando cálculos con los dedos.

Los hombres estando cerca podían percibir su aroma a químico o combustible que emanaba de la piel anormal que tenía la gran mujer, al mismo tiempo las luces advertían sobre aquello inhumano, carne necrofaga bajo la tela que era traslúcida a los buenos ojos.

—No… Bueno… Sobre lo que hablábamos, esto que va desde … arriba debería estar… la calle… por la esquina… Ambos se miraron teniendo miedo por fallar.

Cada uno divago temeroso de la manera en la que pudo mientras sus rostros sudaba gotas frías.

—No tengo todo el día.

Dijo ahora con un tono distinto al igual que su expresión gélida que daba pánico al solo verle.

Estos podían sentir que aquello era más aterrador por su presencia tétrica que por su cuerpo anormalmente grande.

—…Entre las tiendas comerciales de los Fernández y los Ruiz… Lograron soltar como un coro de niños temerosos ante un gran público.

—Oh… A propósito.

¿Saben de una recámara inundada que está muy helada donde hay una tubería y una sola entrada?

Añadió para ubicar la habitación y si era factible acercarse a ella.

—Pues… hay dos que están al este, cerca de la grieta pero el resto que están bien están al oeste.

Explicó volviéndose a colocar el sombrero, enfocando arriba, el lugar donde estuvo la mujer.

Este pensó por un instante de como había hecho para llegar a esa altura, era notorio que era alta pero no lo suficiente para llegar a esas tuberías.

—Si, claro.

Que bueno… digamos que deje atrás a mi compañero, a mi ex jefe y al Enredador… Dijo aproblemada ante el suelo que presenciaron, ya que no había resultado que le resultará favorable, salvo que todos murieran.

—Debi haber cobrado por adelantado… o llevarte los dulces.

Gruñó para sí entre dientes sabiendo que se había desviado mucho al oeste y algo hacia el norte.

Lo más probable es que debía tratar de avanzar un poco más antes de perderse y posiblemente encontrarse con cosas peores.

—¿Viste al Enredador?

Dejó escapar el que tenía salpullido, quitándose el casco en señal de respeto y dejando a la intemperie un cabello grueso y graso que estaba un tanto largo, manteniéndose sin canas.

—¿Como era?

¿Tenía cuernos?

¿Tenía miles de rostros?

Comentó el otro exaltado, queriendo saber Porfin que era aquello que tanto los había atormentado.

—No es… es raro.

Es solo cabello y rostros unidos por más cabello sin nada aparente… Esta hizo gestos tratando de mostrar un poco como era.

—¿Rostros y pelo?

Fue la pregunta que ambos se hicieron, ya que si bien nadie había visto aquella atrocidad, siempre se veía algo de este.

Siempre cabello y un rostro.

—Si, rostros de todo tipo que parecen gritar de miedo o dolor.

Y luego una cabellera densa de color negro que se enreda por todos lados y si no te das cuenta te aplasta… o, también te corta o atraviesa.

Es una locura apenas logró salir viva… no se si estoy exactamente viva… Esta afirmo su declaración de los hechos, confundiéndose en lo último, ya que no había conocido algo vivo que atravesará cosas.

—¿Qué eres?

Preguntó uno de ellos al oír tanta confusión de la mujer.

Esta solo guardó silencio, pensando en aquellas palabras tan simples que se volvían un misterio para si misma.

—Es algo que me gustaría saber, ya que un cuero… El chillido desesperado de una rata se vio envuelta en dolor mientras perdía pelo y su cuerpo se deforma a como una masa negra de pústulas y materia que se retorcía ante la necrosis que le negaba una muerte simple y rápida.

—¿…Qué carajo…?

Una lágrima cayó sobre otra rata, está se retorció y chilló como su semejante, pero antes de seguir sufriendo está murió repentina con un sonido seco de sus huesos romperse.

—¿Se mató?

Paolo, es la primera vez que veo a una rata rompiéndose el cuello… Dijo el compañero de nariz fina, quien dio un paso atrás recibiendo una mirada de odio de su compañero al dejarle cerca de aquel horror.

—Bueno… es normal… llevas unos diez años aquí… tu… Titubeó Paolo quien miró a Raquel a la cara, viendo las gotas negras caer de sus ojos como pozos lagrimeantes.

—¿Qué ocurre?

No… entiendo… Si bien su aspecto era de aires temibles y agraciados, podía ver un reflejo de miedo y condición en su expresión ante la escalofriante muerte de las ratas —¿Es broma?

Espera…Digo… Expresó descuidadamente como si no pudiera creer la noticia burlesca de un compañero.

Este sintió que se congelaba su cuerpo.

—Quiero decir… es algo natural.

Supongo… mira a Paul, ni siquiera sabe ponerse su traje él solo.

Todos hemos hecho cosas indebidas por naturaleza… Si.

Apenas logró decir tartamudeando.

Sentía que su cuerpo era inundado por un sudor frío que presagiaba su muerte.

—Natural… Murmuró con expresión afligida, levantando su brazo negro y examinando su mano ennegrecida, sintiendo como sus dedos se frotaba suavemente entre si, algo inquietante pero con la luz de los cascos parecía una danza siendo presentada bajo reflectores que avivaba el movimiento de las partículas de aquellas tuberías cerradas.

—Ya no se que es natural… digo… Movió su figura, revelando el resto de su cuerpo que parecía una sombra grande con algunas manchas rojas.

Se veía como hueso negro que la recubría bajo la tela negra.

—En… este mundo es tan diverso y da tantas oportunidades… Pero… No se… Alzó sus brazos y apretando sus garras ante la impotencia de abrirse con claridad, los hombres la observaban con el chillido de la rata muriendo.

Así que en un acto de respeto Paul le dio un suave pisotón en la cabeza, uno que sabía que la mataba pero a su vez asegurarse que esa cosa no le hiciera algo a su bota.

Paolo miraba de reojo por si tenía que apartarse de su compañero pero ese no fue el caso.

—Es como si lo que hay ahí fuera.

Nunca nos hubiera considerado parte del esquema de los celestiales… O que no fuera parte de nosotros… Raquel suspira para luego mirarlos una vez más.

Ambos se notaban fríos, centrados en lo que la mujer hablaba salvo cuando mencionó a los celestiales, confundiendo a los hombres que deseaban saber cómo una bestia proveniente del abismo podría saber de los celestiales.

Temiendo que aquella cosa fuera algo que no le tenía a la luz.

—Bueno caballeros, debo decir que son una buena compañía en estos momentos… Raquel secó sus lágrimas que nunca dejaron de fluir envueltas en aquel manto mortífero que anunciaba un final desdichado.

—No te preocupes, es bueno encontrar a alguien y desahogarse… Respondió Paul quien arqueó las cejas en un intento de simpatía.

—Tu… mencionaste a los celestiales, por casualidad eres… La duda superó a Paolo por lo que simplemente le dijo directamente a esa criatura, pero antes de terminar recibió un pisotón de Paul.

—¡…Creyente…!

Paul dejó soltar la lengua con una excusa antes que su compañero fuera a decir algo que los dejarán como esas ratas.

—Si, como cualquier monja.

Bueno, fui monja hace mucho.

Eso fue antes de decidir subir a mi primer barco… Ambos no sabían qué decir, aquella cosa de pesadilla con rasgos femeninos contaba sobre su religión, su función en la fe, algo que ellos mismos habían terminado dudando.

—…Entonces ahora eres una… ¿Qué clase de cosa eres?

Paolo continuó, pero está vez Paul le dio un puñetazo para callarlo.

—Joder.

Tu boca de cloaca… mocoso impertinente.

Paul estaba furioso que su muerte no fuera mi más ni menos que por la impertinencia de uno de sus compañeros.

A su vez Paulo con el labio partido se regresó con una expresión de furia ante la repentina agresión.

—Me recuerdan a mis hermanas, bueno… no eran mis hermanas de sangre, pero se entiende.

Intervino solo por qué les pareció graciosos, estos al ver la gran figura de Raquel entrometiendose, se limitaron a darse algunos golpes suaves en los brazos para demostrar que ya estaban en paz.

—Si, pues para mí es un misterio pero pueden considerar mi persona como una abadesa.

Así es como me llamaron la última vez.

Estos guardaron silencio, dando un gesto de respeto por conocer a una criatura tan civilizada como lo era una abadesa.

Por otro lado, a Raquel le pareció divertido decirle a estos desconocidos de la misma forma en que la pequeña Cecilia le había llamado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo