El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 24
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24: Entrada o salida 24: Entrada o salida Raquel tras hablar con los plomeros y ponerlos al tanto de la situación que aconteció al oeste, o lo que fue el oeste, emprendió una caminata al este con el fin de encontrar a Silas que parecía esconder más que solo incoherencias y desdicha porteña.
—Pues… según sus indicaciones debería ir a la derecha para continuar el camino por una serie de túneles, pero si sigo derecho… me ahorro el adivinar por dónde ir.
Habló consigo misma, pensando cómo lograr atravesar aquella pared sucia por tanto tiempo trabajando que parecía más un sedimento natural que cualquier otra cosa.
Apoyó sus manos sintiendo la fría piedra contra estas.
Un segundo vio sus manos, estas eran un poco más largas, imagino atravesar la muralla, lo cual no resultó sintiéndose tonta por un rato.
—Lo hacía sin querer… ¿Acaso hay agua al otro lado?
Gruñó golpeando la muralla con sus palmas, pensando que podría sentir la sensación de pasar a través de esta, lo cual le pareció ilógico ya que nunca sintió nada distinto.
—Pasar… ¿Como cruzar una pared?
Uno cruza con una puerta… No obstante imagino que frente suyo había una puerta para atravesar y encontrar más alcantarillas húmedas con tuberías y suciedad.
Avanzó con los ojos cerrados solo para golpearse la cara.
Esta gritó de furia y maldijo por los celestiales tanto que hasta el cielo logró oír tantos insultos que nunca se habían dicho.
Esta furiosa pensó en un agujero que haría un agujero en la condenada pared, se movió con cierta gracia bestial para abalanzarse contra esta pero para su sorpresa la atravesó.
—¡Agujeros!
¿Es una broma?
No entendía cuál podría ser la diferencia hasta que pasó por su cabeza la situación.
—Una puerta está cerrada… No… Volvió a mirar la pared, está vez pensando en una puerta o más bien el marco, avanzando y descubriendo que en efecto lo podía atravesar.
Tomó una bocanada de aire turbio de alcantarillado, resultando más en una bocanada amarga que en una de suciedad.
No quería perder los estribos por lo que se hizo la idea de una puerta para comprobar, dándole toques a la pared y así terminando su experimento que si bien fue un gran logro, a cambio tuvo que perder la compostura.
Logrando hacer que su extenso cuerpo logrará pasar paredes con facilidad, o tal vez no tanto debido a que se olvidaba de ver una pared y mentalizarse que no es una pared.
Sin embargo, por su avance rápido noto lo que no había visto antes.
Su cuerpo recubierto con huesos negros, al igual que sus miembros que ya no eran extremidades normales, sino mas bien grandes garras negras necróticas que resultaban algo intimidante, propio de algunos dibujos de la biblioteca cuando la vieja bibliotecaria dormía.
—No sé cómo funciona mi anatomía… me da miedo ir al baño, aunque no necesito ir al baño… Murmuraba para sí, tratando de localizar como era su nuevo cuerpo por la parte de abajo, pero se distrajo un poco notando que su cabello era una de las cosas que se mantenía normal, agradeciendo no parecer cuero podrido.
—Eso parece mi trasero… fabuloso, necesitaré más tela.
Lo bueno es que… Esta movió la parte trasera, moviendo lo que podría definir como trasero, o lo que fuera de un insecto.
Se detuvo sobre su charla de su anatomía que le confundía, sintiendo un vacío mientras caminaba por los túneles, como si una pena amarga se apoderaba de ella, quien en sí, nunca había tenido mayores sentimientos por lamentar la pérdida de alguien o abandonar a alguien a su suerte.
De hecho, al pensar en abandonar a alguien a su suerte, se dio cuenta de lo contradictorio de reencontrarse con el gusano.
—¿Por qué?
No le debo nada a ese bastardo, soy libre de hacer lo que me plazca.
Por otro lado parece conocer algunas… ¿Por qué estoy teniendo está conversación?
Se cuestionó, sintiendo que hacía los mismos tontos monólogos que esa membrana con patas.
Renegó con la cabeza ante ideas tan infantiles, había huido de su vida para encontrarse a las monjas que por su parte robo y abandono con la intención de volverse corsaria y acabando finalmente en aquella banda de desgraciados.
—…Que extraño… Se detuvo, tratando de pensar una causa para ese padecimiento que parecía una especie de tristeza más fuerte.
A su vez en las pululantes aguas negras podía ver las sabandijas parasitarias recorriendo las inmundas aguas de un lado a otro, observándola mientras respiraban y emitían aquellos colores.
Los cadáveres también los mostraban pero en menor frecuencia, dándole la sensación que tenía que ver con lo vivo.
Pero aquello que vio antes le daba mucho en que pensar.
—Veamos, no tuve que haberme ido tanto por las paredes… Dijo entre gruñidos al darse cuenta que no había más lugares frente suyo, pensando que debía de estar en algún lugar o hueco por el cual recordar dónde estaba.
— ¿Cómo hago para subir o bajar?
Protestó esforzándose en subir o bajar moviendo los brazos, lo cual la avergonzó en gran medida, ya que parecía un ave torpe aprendiendo a volar, planear imaginar unas escaleras, pero no hubo resultado, por lo que pensó en subir con una soga que nunca logró alcanzar, terminando sus ideas.
Salvos por aquellas que le hacían saltar hacia abajo, ella no sabía que había o de qué forma bajaría y si podría detenerse.
—Esto debe ser un castigo celestial por mi mal comportamiento… Raquel se detuvo, sintiéndose observada o más bien acechaba, no obstante vio un par de ratas que le observaban desde el borde de una tubería observó sus ojos negros verle con odio, el pelaje estaba erizado, antes de espantar a esas alimañas insignificantes, el conducto del alcantarillado repentinamente crujió y un gran insecto atrapó a una de las ratas que apenas dio un par de chillidos al desaparecer en la oscuridad.
— Esa plaga no se cansa de andar acechando… Bueno, ya no es mi problema.
Se dijo para sí, viendo cómo otro de esos insectos como ciempiés de patas largas y algo curvas por sus articulaciones, agarraba a la otra rata de un agresivo movimiento desde un rincón de las grietas del hormigón.
Sabía que esas alimañas siempre atacaban en grupos grandes, sus mordiscos eran muy dolorosos y si había una hembra, era una muerte segura sin cuidados adecuados.
De repente saltaron encima varios de esos insectos, mordiendo, rasgando y enroscándose con el fin de acabar con ella.
—¡…No de nuevo…!
Tuvimos que haber iniciado con ustedes… Deja… ¡Alto!
Raquel se vio furiosa, golpeaba una y otra vez a los insectos, tratando de apretarlos con fuerza, exprimiendo sus cuerpos de quitina hasta que la pasta carnosa de su interior reventara, expulsando aquel terrible hedor.
—¡…
Maldición…!
Logró decir sacándose uno de los insectos mordiendo su nuca.
Continuó un rato, incluso uno se vio afectado por una lágrima cuando trato de morder su rostro, pero su carne se hincho por debajo, empujando de forma retorcida su cuerpo, el caparazón de quitina se trizo ante la presión de las pústulas y la materia saliendo del insecto que se retorcía dando agudos chillidos de dolor que nunca acababan.
El ambiente envuelto en la densa cantidad de gases propios de las aguas negras, se mezclaba con el nocivo gas que producía las entrañas de los insectos muertos.o —Condenadas alimañas… Bramó sacándose los de encima, solo para que más fueran al ataque mientras los que se sacaba de arriba se recuperaban.
Sin embargo todo cambió cuando uno de estos insectos trató de morder uno de los círculos membranosos de sus laterales que reventó con facilidad, lo cual asustó pensando que esos eran sus puntos vitales, justamente a la vista de todos.
—¡No!
Apenas pudo gritar cuando las fauces de dientes caninos y molares retorcidos mordieron entre los suaves pliegues que habían entre la quitina.
—…Mierda… Solo pudo decir antes que más de aquellas membranas se rompieran expulsando algo de líquido que extrañamente olía a líquido amniótico.
Estas cosas eran rostros de aspecto llenos de dolor brotaba para atacar a los ciempiés, partiendo los y volviendo a cortar hasta hacerlos trozos pequeños de sí mismos.
—…
Mierda… Volvió a decir confundida y aterrada.
Pensando en los miles de horrores de esas cosas que brotaban de ella, algo desagradable como lo fue con la llorona.
No obstante estos rostros con cierta familiaridad humana femenina, emitían sonidos confusos sin una sola palabra clara.
—…Mierda… Mierda… Estos castañeaban sus fauces chicas tratando de pronunciar algo hasta que el primero lo consiguió, tras otro hasta que de Raquel brotaba un horrible coro de lloriqueos que pronunciaban la palabra que dijo.
—Yo… soy Raquel… Gracias por ayudarme, creo… ¿Ustedes son yo?
¿O son parte de mi o soy parte de ustedes?
Cada vez que lo pensaba más y más, nacían más interrogantes que se enredaban y no le permitían pensar en nada al respecto por la situación tan rara que vivía.
Las cabezas ante su condición solo se mantuvieron haciendo sonidos raros con sus bocas y moviéndose como gusanos.
Fue en la de momento que recordó algo de la llorona por lo que se llevó las manos a la boca por si ella también era un gusano, lo cual descartó al sentir que tenía la boca normal.
Saco la lengua solo para ver la punta, aliviando se que tampoco tuviera un gusano o boca en la lengua.
—Así que… Bueno.
¿Algo que me quieran decir?
Dijo Raquel quien junto sus manos, con paciencia y deseo de saber algo que aquellas cosas supieran.
—…Amén…Amén… Estos sollozaron aquella palabra, confundiendo la por lo que las separa, haciendo que se callaron y al volver a hacerlo, estás volvieron a exclamar amén por el gesto que ella hacía.
—Oh, Benévolo celestial, bajo tu protección nos amparamos, Aquel que gobierna sobre la divinidad con los celestiales; no desoigas las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro.
Oh, generoso celestial, guía mi espada contra aquellos que te rechazan, permíteme usar tu fuego para hacer cantar coros gloriosos a tus celestiales en manos de quienes te olvidaron.
Raquel pronunció unas oraciones de los versículos que estudiaba en el convento.
Esta alzó las manos mientras aquellos gusanos oscilaban ante las palabras.
—¡Amen, bendito sea quien gobierna con los celestiales!
¡Amen!
Estos exclamaron alegóricas frases que Raquel recordaba que se decían luego de aquellos rezos.
Esto le recordó ciertamente a algo familiar, algo de su adolescencia que dejó atrás.
Lentamente las cabezas con rostros volvían a los lugares entre su carne, pero está vez sin la membrana, dejando sus rostros en aquellos lugares como un pequeño grabado bajo la tela negra.
—Bueno… supongo que será eso por el momento… gracias.
Dijo extrañada, siguiendo por aquel pasillo hasta encontrar una puerta, está tenía el cuerpo de un compañero, que tenía severas heridas que indicaban que murió debido al ataque en conjunto de los insectos.
Al cruzar reconoció aquel pasillo, uno por la que habían entrado con su división.
—¡Condenados traidores!
Gruñó viendo que era uno de los nuevos que había muerto en los primeros días, dudando por un momento sobre la situación de una de las divisiones que se desvaneció sin más en los primeros días.
—Nos saborearon… Será posible… Inspeccionó y vio algo de equipo por lo que reviso, ahí estaba la bitácora de uno de los idiotas que iba su hermana.
De forma hábil lo abrió y empezó a leer, cuidadosamente vio como este anotaba la exploración, profundizando en la biología y cosas sin sentido.
—¡Esto no es lo que buscábamos, esto no es por lo que nos pagaron!
Arrojó la libreta que se destrozó, de esta salieron múltiples dibujos y garabatos.
Al acercarse vio algo inquietante.
Había algunos garabatos de cuando encontraron a los Kelpies deambulando por aquella sala de máquinas.
Las cabezas salieron como si su estado estuviera conectado a estos, se veían agitadas ya que entendían la situación que debía haber sido un truco para eliminarlos o simplemente jugar con ellos.
—Gracias por … Raquel se calmó un poco pero una de las cabezas hizo un movimiento agresivo hacia uno de sus costados donde el estrecho espacio de concreto llevaba por una especie de camino.
—¡…Hereje…!
Exclamó la cabeza, llevando así la primera voz de un coro de voces que ya no lamentaban, sino que bramaban de un dolor intenso de odio.
—¡…Hereje…!
Rugieron mientras se escuchaban de regreso palabras que se apagaban con su presencia.
—¿Alguien ha visto…?
Ayúdenme… ayúdenme… Lamentos intensos graves se desvanecen con el reemplazo de chasquidos inquietantes.
Fue entonces que sus ojos deslumbraron aquello que tanto lo había atormentado y llevado a la muerte.
Era una llorona, apenas distinta a la otra por el aspecto de sus rostros, al igual que Raquel sus cabezas salieron dando intensos chasquidos con sus fauces.
Sus bocas estiradas como un gusano, se abrían y cerraban dejando escapar un espeso líquido negro como las lágrimas de la llorona.
—…
Aquella criatura que no había fundado en perseguirlos ahora estaba a metros suyo como si su presencia perturbara la lógica de aquel monstruo.
Sus cabezas se mantenían gruñendo y gritando palabras que variaba en formas despectivas para llamar a los que no reconocían la voluntad celestial.
—¿Qué es lo que quieres?
¿Crees que tengo miedo?
Gritó ella mostrándose desafiante a esa cosa.
—¡Vamos!
¡Flota hacia mí, te aseguro que tú sangre blasfemia será lo único que caiga al abismo luego que te empañe en los jardines de impíos de los obispos superiores!
Gritó con furia, siendo acompañada por los gusanos que daban palabras de apoyo para ella, listos para castigar a esa atrocidad.
Por un momento una idea loca le pasó por la cabeza, puede que el celestial tratara de mandarle una misión importante que era difundir su palabra en lo más bajo de lo bajo.
—¿Quieres comerme?
¡Somos la espada del celestial!
¡Soy la luz que desciende para iluminar el abismo!
Gritó a todo pulmón, mientras se alejaba aquella criatura la cual podía ver cuidadosamente como también emanaba tonos, si bien se presentaban agresivos, ahora se habían desvanecido con su violencia contra ella.
Aquello lo tenía y le parecía un logro magistral contra los abismos.
—…Todo estaba premeditado… Es parte por lo que he nacido… Murmuró está a carcajadas, logrando sentirse libre y aliviada por lo que pensaba que era una revelación divina.
Después de morir y renacer nunca pensó que volvería a tener aquella sensación de serenidad en su pecho, pero lo tenía, había muerto y renacido solo para cumplir la tarea de los celestiales.
En sus delirios había olvidado todo aquello que había en la libreta, como algunos objetos junto al equipo.
Sin embargo fue muy tarde cuando escucho el crujir del suelo cuando algo se arrastraba seguido del chillido de las ratas.
Con coraje en mano y una gran decisión se volteó para enfrentar cara a cara al peligro una vez más, sus cabezas atacaron antes comprimiendo la carne podrida que rebosaba en jugos gástricos que chorrearon en icor ácido.
En ese momento no pudo detener el puño que había hecho con sus garras que se dirigían a gran velocidad contra la máscara del gusano, quien dio su última carcajada al tratar de sorprender a la abadesa.
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