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El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - 27 Escalando sobre huesos
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27: Escalando sobre huesos 27: Escalando sobre huesos El gusano se detuvo girando su cuello en una postura casi de noventa grados.

Fingió dar unos resoplidos con el movimiento de sus apéndices para soltarlos.

—¿Qué pasa?

¿Eres tímido?

Preguntó la abadesa viéndole con una seriedad que ocultaba su notoria burla ante la tardanza, que fue respondida inmediatamente con un bufido extraño pero que tenía aires de enojo.

—En absoluto, pero soy más de tomar que desvelar mi vida.

Respondió, sabiendo que decir sobre sí mismo para que no sepa su origen con claridad.

—Mi madre me tuvo, pero murió joven.

Por lo que fui un niño pequeño sin nada en el puerto por lo que tuve que ser astuto o acabar como alimento de jaiba.

Expresó, pensando en la ausencia de un padre, pero saber que aquel bastardo disfrutaba la buena vida como mujeriego.

—Un viejo me encontró, me crió y me enseñó a ser un bravo más del puerto pero siempre poniendo mi astucia primero.

Explicó sabiendo que el viejo Elías nunca adoptaría a un pequeño granuja por encontrarlo entre cajas luego de ser usado como juguete por unos cerdos que eran de los propios jirones de los Hernández.

—Este viejo era amigo de un jefe de camarilla, ese era otro viejo Bravo de Puerto que se burló de él por recoger una basura moribunda.

Trato de explicarle, apoyándose un poco en la fría y polvorienta muralla, de forma cuidadosa movió sus apéndices haciendo rayas.

—Asi que tuviste la oportunidad desde joven de no ser un simple perro.

Tuviste la oportunidad de ser un bravo de Puerto como son los bravos antiguos.

Dijo ella ladeando la cabeza sin reconocer el torpe dibujo que hacía el gusano con tanto detenimiento.

—Si… esos viejos siempre serán lo mejor… la cosa es que la traición o la toma de poder para ser patriarca de Azai, estuvo repleta de secretos, ya que tuvo mucha intervención de terceros.

Guardaron al final sabiendo que fueron las otras familias.

—Me mandaron luego de fallar en algo ridículo… debía ser un guardia más abajo que los propios pisos bajos.

Luego pasó lo que creo que se sabe al respecto.

Terminó no queriendo detallar, pero la abadesa no estaba conforme, este gusano no era capaz de ocultar el aroma de la mentira.

—¿No quieres contar nada más?

¿No se te olvidan algunas cosas?

Dijo la mujer, acercando su rostro a su compañero, manteniendo el mentón casi rosando el hombro del gusano.

Este por su parte no le gustaba como está le insistía, mirando de reojo aquel rostro pálido, con aquellos ojos negros viéndole como si auspiciaran la confesión de un condenado.

—Bien.

Era guardia, me envenenaron y en el proceso me… Operaron… Es difícil de explicar.

Una cucaracha me comió la pierna… Dijo el gusano con seriedad deteniéndose solo para ver si le seguía el paso.

—¿Cucaracha?

Tú eres un gusano… me habías hablado del carroñero que era un escarabajo al igual que el taurus… Esta dijo, procesando que parecía que aquel circo era más una colección de un entomólogo.

—Claro, tal cual.

Bueno… Desperté cuando los jirones invadían el ayuntamiento.

Pero eso fue tramado para matar a la mayoría de los hermanos de Azai.

Yo volví cuando me topé con un Fernández, estos estaban haciendo alguna clase de prueba.

Cuando llegue al burdel me encontré con una reunión de todos los patriarcas.

Luego me arrojaron de vuelta en aquel pozo.

Aclaró lo sucedido, pero dejando una duda persistente, si fue la mayoría, como acabaron con el resto.

O era posible que siguiera alguno con vida.

—Ya veo… aguarda.

¿Una reunión de patriarcas?

Ella preguntó incrédula asumiendo que lo ocurrido debía ser en efecto obra de los patriarcas que nunca se reunian.

O lo hacían para tramar contra otros.

—Si, habían también representantes, era todo muy asquerosamente pomposo y tóxico.

Dijo el gusano alzando las manos en señal que era poco interesante, un extraño sabor recorrió sus apéndices al pisar el suelo.

—…

Estuvo apunto de decir algo por el lcsabor a carne quemada con cenizas pero hubo algo que le inquieto, siendo el aroma y la falta del zumbido latente que era ahogado por la densa estructura para transitar y no sufrir por los tronadores motores que funcionaban desde muchísimo antes.

Mientras trataba de percibir el ambiente, dio un suave movimiento extraño cerca de la muralla, para poder así golper una puerta de los laterales para comprobar algo.

—¿Que ocurre?

¿Has visto algo, o algo cambio?

Susurro tratando de oír mientras el gusano inspeccionaba la superficie de la puerta blindada.

El aire era algo denso, sintiendo el aroma del humo que parecía haber inundado el pasillo.

—Silencio.

Sus palabras fueron casi inaudibles pero claras, empujó la puerta, la cual amenazaba con chillar alertando a todos que estuvieran en el silencio.

El sutil aroma fue un poco más intenso que se entremezclaban con el polvo y aroma de maquinaria.

—…No entiendo, no escucho, ni veo nada… Murmuro luego de observar que estaba todo en calma.

Su compañera no comprendía el actuar como si el peligro estuviera frente suyo, buscando exhaustivamente aquello que no estaba ahí hasta que luego de unos pasos se dio cuenta de lo que ocurría.

—…Exacto, deberían haber motores que te hacen zumbar los oídos.

Pero solo hay silencio… Respondió con susurros, envuelto en preocupación.

Lo cual le hizo pensar a ella que algo malo acontecía.

—…Mira… Habló suave, extendiendo su brazo para señalar las máquinas durmientes, una de estas estaba abierta como si algo hubiera desgarrado el acero como manteca blanda, habían pilas de cenizas por doquier, dejando en claro que sucesos acontecieron aquí mientras el gusano no estaba.

—Eso es raro.¿Sientes el olor?

El gusano se acercó a la máquina que fue destrozada y en si albergaba en sus entrañas marcas confusas que daban origen a un agujero con forma de nido pequeño.

—¿Te refieres a carne chamuscada?

Preguntó la abadesa, observando el suelo donde habían restos de lo que parecía ser carne seca, trozos calcinados y huesos quemados por completo.

—¿Escuchas?

Murmuró, escuchando pequeños pies en la sala, era un sonido inquietante seguido de mordisqueó y ocasionales chillidos por peleas.

—Ratas… No deberían estar aquí… Dijo el gusano a lo que la abadesa con agilidad avanzó de manera rápida y cautelosa, descubriendo el montón de ratas que huyeron a toda velocidad al presenciar a esa criatura.

Frente suyo habían cuatro cuerpos con lo que parecía ropa, algunos restrojos de sus prendas dañadas eran verdes.

Junto a ellos había un sombrero verde oliva y algunos pequeños metales fundidos como también lo que parecian pistolas.

—Encontre la causa creo… ¿Lo volvemos a prender?

Señaló uno de los cuerpos que estaba de espaldas sosteniendo un interruptor de encendido, si bien era algo familiar, el ver su estúpida cara seca aún le podía asustar.

—No… sigamos con el camino… El gusano sentía recordar a uno de los oficiales que le habían resultado temibles antes, preguntándose como habían acabado así.

El primer teniente no habría venido a un lugar como este si no fuera por algo especial ordenado por el juez, o que pudiera disgustar al juez de gran manera.

A su alrededor no se veía mucho salvo por lo que parecía ser un pequeño collar familiar.

—¿Que encontraste?

Preguntó la abadesa, quien guardó silencio de inmediato, produciendo rechininidos con los dientes de los gusanos de sus laterales.

—¿Lo reconoces?

Preguntó el gusano, asumiendo que está le conocía a la perfección.

—…Son grupos paganos… Herejes el infieles que pretenden tener la razón bajo una autoproclamada verdad divina… El cuero solo asintió, viendo cómo su compañera casi mencionaba a los propios creyentes de sus creencias.

—Eso es fascinante.

Bueno la verdad es que no, solo no entiendo porque trataron de apagar los motores… o quizás querían prender los motores… Murmuró para si, caminando de regreso, sabiendo que lo que ocurriera que no interfiera con cercanos suyos o sus intereses no era de su incumbencia.

—¿Te vas?

¿No quieres detenerlos?

Le pregunto solo para recibir un gesto de hombros.

—No es asunto nuestro.

¿Sabes?

Digo que si pensaban hacer algo, lo habrán hecho o si los iban a detener los habrán detenido.

Expresó apoyándose en la puerta notando que en esta habían hecho el mismo símbolo con las marcas de lo que parecía pintura seca.

—Condenados blasfemos… Debieron haber usado este lugar en el descontrol del asedio del ayuntamiento.

Esos herejes deben ser purgados.

Gruñó la mujer seguida por un coro que bramia maldiciones a los infieles.

—No.

Dijo el gusano de manera fría.

—¿No?

¿Qué me quieres decir?

La breve respuesta la descolocó, haciendo que se enfureciera ante la idea de dejarles florecer en paz.

—¿No me vas a dirigir la palabra luego de decir lo correcto?

¡El pueblo está en una situación terrible!

Imagina que esos herejes lograrán su cometido y en vez de tener una iglesia soberana, se dividiera el pueblo, las familias o las propias personas en dos iglesias que buscan iluminar con los mandamientos de los celestiales!

¡Absurdo!

Este no respondió, simplemente se movió de regreso a la pared, pateando y pisando estás sin cuidado, se colocó junto a los cuerpos, revisó algunos de ellos estos encontrando metal cerca de los cuerpos pero su tarea no era los pequeños metales fundidos, sino la palanca, jalandola bruscamente, haciendo que un terrible grito de la maquinaria suspendida daba señales de vida, seguida de chirridos y golpes brutales que se aceleraron hasta volverse en el zumbido habitual.

Entre ambos se podía ver el motor destrozado vomitar torrentes eléctricos seguido de chispas y llamas ante la combustión de su cuerpo fallando en su labor que de alguna vez seguía cumpliendo después de la muerte.

—¡No fue otro grupo religioso!

Exclamó el gusano aterrado por lo que envolvía la sala con electricidad que circulaba de manera anormal.

Ambos estaban aterrados, Raquel expulsó un bramido vacío que le quitaba el aire por lo que más temía encontrar en su vida.

—¡Brujería!

¡Brujería!

Los gusanos gritaron expulsaron sin cuidado saliva negra, entre ambos la luz que provocaba aquel círculo era solo el epicentro de un estallido que había consumido toda carne y dejó cenizas que acabaron con todo lo vivo.

—¡Condenados brujos infelices!

¡Maldigo sus asquerosas almas negras malditas y deformadas por sus prácticas profanas!

Rugió a todo pulmón viendo cómo en el dentro se encontraba una figura seca que estaba sujeta por cadenas ancladas por alambres y lo que parecía tejido orgánico que conectaba con incontables jaulas de metal deformado lleno de cuerpos secos.

—¡Las huestes de los abismos reclaman lo que sus ancestros robaron para aparentar ser más fuertes!

¡Solo son ignorantes y estúpidos deseosos de poderes desconocidos!

¡Eso te pasa por condenar tantas vidas por la asquerosa vida que es tuya!

Sus gritos parecían ser más fuertes que las propias máquinas, no obstante el gusano se veía alterado.

Había oído pero no le interesaba lo que hacía aquella gente autoproclamada como usuarios que practicaban y ejercían la brujería.

—¿Qué quieres decir?

¿Sabes lo que pasó?

Gritó el gusano sin lograr apartar la mano sobre la mano del difunto que se negaba a soltar aquella palanca.

—…Hernandez… Murmuró una voz muerta y seca lo que le quitó toda fuerza del cuerpo.

El cuerpo del primer teniente Zubin se volteo, mostrando de tener aún pequeño brillo aún, como si se hubiera mantenido todo este tiempo vivo para cumplir con su condenado deber.

—Siempre fuiste un pirata duro, esos que mi abuelo habría deseado tener de primer oficial.

Has logrado tener mis respetos Zubin.

Dijo el gusano de forma fría, viendo cómo aquella terrible aparición se esforzaba en hablar.

—…Apaga…Mata… El cuerpo marchito del hombre que fue consumido por el calor, expulsaba los últimos vestigios de vida para advertirle, pero esto era demasiado tarde.

—…Matalo… Su mandíbula crujió resonante soltando trozos de carne seca.

— Mátalo… antes… que… Sus restos crujieron expulsando cenizas de sus entrañas por el terrible esfuerzo, esto era visto por la abadesa que ahora trataba de decirle al gusano que desconectará aquel infernal aparato, pero este ya lo intentaba, sin lograr cumplir con su objetivo.

El panel tiritaba como si estuviera bajo abominable presión, el gusano por su parte no le interesaba, sintiendo como la electricidad lo golpea bruscamente, dando azotes inclementes que lo quemaban una y otra vez.

La abadesa observó de forma terrible como aquella figura seca volvía a moverse, agitando un asqueroso bulto en su pecho como si latiera luego de morir, una forma de burlarse de la muerte.

—Debo hacer algo… Debo… Esta observó las máquinas chirriantes, cada chispazo, las figuras calcinadas y el hedor de la maldad que comenzaba a emanar del cuerpo que crujía tratando de despertarse de su letargo tras morir.

—No puedo matarlo sin algo de plata… Acero bendecido… Fuego sacro… Ella pudo ver un suave reflejo al borde de la habitación.

Había un viejo espejo con más cosas, eso parecía ser una especie de altar improvisado.

—Celestiales… Guíenme… Soy tu espada.

Murmuró seguida de los gusanos, emprendiendo una carrera entre los relámpagos y llamaradas que parecían tratar de detenerla pero pese a ser electrocutada y quemada.

Su objetivo era uno solo y no pensaba fallar, su cuerpo era azotado por la electricidad, haciéndola tropezar, seguido de llamas que consumían la tela y hacían que su carne y hueso agonizan en terrible malestar por aquella magia maligna.

Al llegar al pequeño altar lo vio, una pequeña daga profana que parecía ser usada para sacrificios, un espejo roto con marcas de haber sido bautizado por la oscuridad y velones negros compuestos de especias imbuidos en cilindros de grasa humana.

—…

Su mente procesó, vio y trató de entender si alguno le servía pero nada parecía ser lo debido para acabar con una aberración.

—Yo… Puedo… Oler vuestro patético miedo… Pronunció una voz grave y pesada que le dificulta hablar luego de tanto, su mandíbula se movía de forma extraña, mientras observaba a Raquel con una extraña diversión.

—…Sin discípulos… Sin mis Invunches, pero cuando los disecciones y aprenda a crearlos… no voy a necesitar ningún otro juguete.

Expresó con alegría, hasta que sintió que la fuerza de las máquinas comenzaba a fallar, logrando ver de reojo como aquel cuero humanoide con un objeto maldito pegado a él estaba bajando la palanca.

—Eso es… extraño… seres de las aguas muertas… eres insolente.

El brujo dio un soplo por medio de sus fauces de dientes largos, lanzando así una bola de aire que se unió a los rayos y fuego.

El cuero no fue estupido y se alejó del tablero, arrancando su membrana por el esfuerzo, cayendo en el centro de la habitación.

La energía lo atravesó haciendo que diera un grito de dolor por cómo su cuerpo era hervido por la electricidad que recorría cada apéndice hasta el más pequeño que temblaba de agonía por el golpe eterno.

El brujo se descolgó, arrastrando el tejido orgánico de vuelta a su cuerpo, de por si era seco, una piel humana estirada sobre sus huesos que fueron imbuidos con la magia más aberrante y grotesca para llevarlo a superar sus defectos.

—Debo… reconocer que eres… Aceptable.

Por lo general ustedes no son listos, solo son animales… Murmuró levitando, acercando al gusano como una presa en una telaraña, los ojos lo veían con interés como si pudiera leer cada pensamiento.

—Tu… Tu no eres un cuero… pero tampoco un hombre… Que clase de magia han usado para crearlos… Habló fascinado, quería comenzar a jugar de inmediato con sus nuevos juguetes, solo debía abrirlos.

Con sus manos tenso enfocándose en el cuero, sus cuencas vacías tenían la llama de su crueldad más viva que nunca, tratando de apoderarse de cada parte de aquel pequeño gusano.

El cuero perdió su forma bajo la presión que lo envolvía, dejando caer lo que guardaba en su interior.

El saco cayó golpeando y esparciendo el polvo seguido de incontables bolsas que rechinaban como si tuvieran monedas.

Pero algo le llamó la atención, una masa viscosa fétida pero intensa y misteriosa para él.

—¿Qué ven mis ojos?

¿Es esto un secreto de los señores del cambio?

La figura espeluznante descendió junto al gusano sin dejar de torturarlo, haciendo que sus membranas parecieran dividirse y exponer sus tejidos al aire, deseando saber qué era lo que parecía ser una rareza de incontables posibilidades con esa masa.

—¿De qué está hecho?

Dime… Dime tus secretos y verdades… Dime todo.

Hizo presión en el aire con sus manos empujando el intensificando el peso de la atrocidad en aquel cuero que empezaba a perder su conciencia.

—La… Bola se la saqué al … percebe que tienes de cerebro.

Expresó pese a un terrible dolor, sintiendo como sus tejidos volvían a abrirse para ser jalado alrededor del círculo, dejando al descubierto una serie de finas vísceras como también una protuberancia que resguardaba algo.

—Gracioso… Es bueno morir riendo… Murmuró el brujo con su voz grave y seca que parecía opacar cada atisbo de sonido con el fin de imponer su voluntad sobre el ambiente caótico, acercándose lento pero implacable al gusano.

—El que ríe… último ríe mejor… sería aburrido… Murmuró el gusano mientras escuchaba que algunas partes suyas volvían a ser jaladas y desgarradas por el placer de aquel ser que murmuraba buscando secretos en la mente de este.

—No tienes nada de valor… solo eres un estupido que no tiene nada en su cabeza.

Pronunció el brujo, dando un jalón para partir en dos al gusano, este tiritaba ante su temible ejecución, solo apenas llegando a decir algo.

Consigo la máscara reía estrepitosamente, lo cual enfureció al brujo por quitarle el gusto de oír con claridad cualquier atisbo de dolor de su víctima.

—…

El joven hombre partido en dos dijo algo inaudible al brujo, pese a estar destrozado, seguía soltando oraciones, haciendo que el brujo con disgustó reconsiderara eliminar aquella plaga destruyendo cada minúsculo trozo de su cuerpo.

Asegurándose de no dejar nada más que una pasta sanguinolenta.

—Si pretendes decir unas últimas palabras… Dímelo claro… Expresó, pero el gusano volvió a murmurar en voz baja palabras que apenas eran audibles pero que no lograban tener un sentido claro.

Lo cual enfureció al brujo que lo acercó para oir sus palabras finales.

—Pez espada… lee mis pensamientos… Ese extraño insulto y ese deseo no eran problemas para él para tratar con algo tan patético, con simple deseo banal lo hizo, viendo lo que parecía creer el gusano, viendo lo que pensaba que era a la criatura que le fascinaba usar un arma para empalarlos, por lo que en un abrir y cerrar de ojos soltó a gusano y canalizar su fuerza para tratar de contener a la mujer que debía estar portando un objeto imbuido, pero solo vio la otra mitad del gusano aproximarse torpemente al no tener cabeza.

—Que descaro que tu última acción sea una broma… Dijo este aceptando que el cuero era un ser inútil que quiso tomarlo por sorpresa, sabiendo que este había preparado una trampa para envolver le las piernas y derretirlas.

—Sabes que si veo tus pensamientos, también veo tu pobre intento de engaño.

¿Cierto?

Se alzó una vez más, siendo sujetado en las piernas por el cuero que trataba de unirse una vez más.

La resiliencia del ser defectuoso le gustaba, haciéndolo pensar que podría jugar un poco mal con él.

—Solo aquel que asume su victoria, está destinado a perder… Comentó una voz femenina con fuerza, haciéndolo mirar hacia arriba.

Sobre su cabeza estaba la abadesa que trepó hasta el techo y se impulsó hacia el suelo, con sus garras desgarró la parte frontal del brujo, que no pudo decir nada, perdiendo mandíbula, carne y huesos en el camino.

—…

Un balbuceo incoherente sin poder recomponerse ante el brutal shock que le dejó la mujer, dejándolo consciente pero en un estado vulnerable y grotesco nacido de su marchito cuerpo tembloroso, al verse noto como se quemaba o más bien la gracia de la pestilencia lo reclamaba volviendo su carne una mezcla de necrosis que se llenaba por pústulas burbujeantes que le retorcía la carne por la herida, siguiendo así por cada parte de su cuerpo próximo a esta.

—¡Los abismos te buscan pequeña sabandija.

¡Rechazaste al celestial!

¡Rechazaste la luz!

¡Ahora solo te queda caer en las profundidades más allá de los abismos!

Raquel dio un rugido amenazante que hasta ella misma se habría sorprendido de escuchar.

Los ojos temblorosos del brujo la vieron con sed de venganza.

—¡Los abismos te reclaman!

¡No hay salvación!

¡No el fuego sacro traerá redención!

Exclamaba cada uno de los gusanos que tenía en los laterales, mostrándose en un cántico alegre que auguraba el destino del brujo.

Este cayó un poco pero manteniéndose a metros de la enorme criatura que aún sostenía su otra mitad.

El brujo la miraba con odio, con todas sus fuerzas trataba de ejercer su poder pero por la herida ejercida, no era capaz de concentrarse sin necesitar pronunciar un cántico, pero este carecía de gran parte de su cuerpo frontal.

Sentía que de forma involuntaria estaba su cuerpo convulsionando envuelto en un dolor que casi había olvidado por completo.

No entendía cómo su cuerpo sufría por algún veneno mortal, ya que nada que afectará a un humano debía afectar ahora como un ser de mayor fuerza, dejó de querer matar a la mujer que le había dejado en vergüenza, centrándose en su propio cuerpo viendo bien si podía hacer algo para sanarse, pero solo pudo observar que su carne rasgada estaba clavada con trozos afilados de vidrio de un espejo imbuido en energía abismal, untado en grasa humana y lo que parecía ser un veneno necrotico fuerte de algún ser parasitario.

—…

Pese a que parecía derrotado, solo pudo reír ante el ingenio de la bestia semihumana, ya que si bien le propinó un severo daño, no era suficiente para ser algo significativo o haber logrado hacer algo más fuerte que eso, pero al igual que sus palabras anteriores una voz desagradable se hizo presente.

—¡Hey!

¡Creo que tienes algo para relajarte!

Gritó el gusano quien había sido olvidado, estaba ahora empuñando la daga de acero de sacrificios, está también había sido engrasada, y cubierta con el veneno que le lastimaba acompañado de una serie de trozos de cristal.

— … Ambos sabían que tardaría mucho en subir para clavar su corazón, antes que el brujo atinara a eliminar aquella plaga moribunda por lo que al gusano en un momento de desespero hizo lo que le vino a la mente para acabar con tal ser perverso.

Este extendió sus manos que se tensaron ante el esfuerzo de sobreponerse a la situación actual, deteniendo parte del cuerpo del gusano que pretendía subir pero el gusano no se enfocó en su corazón, en cambio hizo todo lo contrario, introdujo la daga por el ano desgarrando sus intestinos, esto descolocó al brujo que dio un lamento grotesco de dolor, soltando su fuerza sobre el gusano.

Este al estar suelto por fin de su contención intangible, pudo ejercer mayor daño al despreciable ser.

—¡Por los celestiales!

¡Era el corazón!

La abadesa gritó con una mezcla de angustia por el ataque de su compañero quien al oír eso, obedeció, empujando su apéndice más allá logrando empujar la daga hasta el pecho.

La escena si bien era abrumadora en inquietante, es ataque no se había concretado, el gusano atravesó el pecho con la daga.

—¡Atraviesa el corazón!

¡Atraviesa el corazón!

Gritó con fuerza una vez más, teniendo de fondo el coro de voces que claman por qué el gusano atravesará el corazón del monstruo que alguna vez fue humano.

—¿Dónde rayos está el corazón?

Gruñó alzando su voz desgarrada, propinando puñaladas en el pecho abierto de aquel portador de magia abismal.

—¡Es esa cosa que tiene deformada!

El brujo estaba consciente de cada uno de aquellos atroces actos hacia su ser pero no podía hacer nada por evitar que el cuero finalmente lograra clavar el cuchillo en su corazón.

El brujo no reaccionó, no tuvo más tiempo, pensando que finalmente la muerte lo había venido a buscar, deseando salir de aquella pesadilla retorcida donde las criaturas de horror se habían puesto en contra de un conocedor del mundo más allá de la supuesta verdad.

Fue tarde que se dio cuenta que no podía morir evitando así evadir lo que cometió aquel monstruo con su cuerpo, tampoco lo que seguía haciendo.

Su corazón fue clavado una y otra vez en terribles movimientos.

—Gusano, es suficiente.

La abadesa se acercó asqueada por la escena, pero podía sentir que era un castigo que merecía aquel brujo.

Lo cual era un castigo que daba satisfacción a quienes habían sido sacrificados por este.

—¡Gusano!

Gritó con fuerza por el ensañamiento del gusano con el cuerpo.

Este al escucharle gritar se relajó, dejando clavada la daga en el bulto que debía ser su corazón.

—…Se acabó… eso sí que fue horrible… Murmuró el gusano, empujando su cuerpo fuera de aquella cavidad marchita y desfigurada.

Viendo todo el caos, la magia se desvaneció y ellos aún vivían.

—No exactamente, el brujo tenía gente… Discípulos que trataban de reanimarlo… Eso creo… Nunca había visto un brujo, solo relatos.

Dijo Raquel inquieta mirando el techo con cadenas y jaulas que terminaban de agitar tras la violencia, conservando el estruendo de los motores.

—¿Primer brujo?

Ni lo parece, era el mío también.

Comentó su compañero, tratando de avanzar con su cuerpo entrelazando el tejido abierto por aquella fuerza que ejercía el brujo.

—Conservas el humor, es bueno… creo que no enloquecimos por ser fenómenos, o tal vez solo sea un intento de encubrir el daño que ya teníamos en la psique… Habló ya con más calma, sintiendo que los dolores que tenía clavados se volvían sólo calambres y tensión en su carne y huesos.

—¿Me estoy sanando?

¿O solo es la energía de la violencia?

Preguntó tratando de revisarse, a lo cual el gusano iba a decir algo pero el estallido llameante de las vísceras mecánicas del motor.

—…

No, puede que tengas algo de regeneración.

Digo que el cuerpo se recupera… Es normal.

Pero no será tan rápida como la mía, piensa eso como la de una estrella de mar… estrella … Explicó a la mujer pero su esfuerzo fue confuso, acabando pronto de hablar, ya muy agotado como para hablar.

Su explicación fue entendida por Raquel, está miraba sus cortes y raspones, notando que habían dejado de sangrar, quedando como una costra fea en su piel que había dejado de ser una maraña de restos necróticos por una coraza o piel robusta que mantenía un tono muerto grueso como cuero de una bestia o piel pálida venosa que augura muerte a una mucho más gruesa pero traslúcida permitiendo ver que debajo había más capas dejando una inquietante idea si está habría de quedar así o seguiría cambiando.

—…Al menos no te partió… El gusano se mostró algo inquieto ante el estallido sin saber si era posible que nuevamente estallara.

Sentía que si le pasaba una cosa más en esos momentos, posiblemente no lo contaría.

—Debemos seguir, en un par de habitaciones podremos llegar al acceso del mercado de alcantarilla donde podemos ir directo.

Estoy seguro que los guardias se darán cuenta que hay algo raro y nos dejarán regresar… creo.

Dijo el gusano recogiendo lo perdido, dudando un segundo si la mezcla pútrida con hongos tenía realmente algún valor.

Por su parte la abadesa estaba recuperándose de aquella experiencia pero sentía su ser iluminado al eliminar a un agente corruptor de los abismos.

Mientras en aquella habitación las máquinas seguían en marcha, manteniéndose perpetuamente, el brujo solo pudo escupir el veneno que le habían metido en todo el cuerpo.

Sintiendo solo dolor y desespero mientras se descompone ante ese veneno que hinchaba su marchito cuerpo lleno de sufrimiento, podía sentir que los muertos se arremolinaban a su alrededor deseosos de venganza, una que no podrían conseguir pero el estado en el que estaba le complacía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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