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El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - 28 Pinta a desastre
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28: Pinta a desastre 28: Pinta a desastre El par de fenómenos retomaron el camino por el azumagado pasillo polvoriento.

Ocasionalmente se filtraba una gota solitaria en el extenso corredor.

—Eso sí es nuevo, bueno, supongo que era cuestión de tiempo que hubiera algún problema en la estructura.

Murmuró el gusano con fatiga, este daba quejidos en lo que su cuerpo abierto se recompone, incluso se recostó ya que su torso se empezaba a deslizar por el corte.

La mujer por otro lado igual estaba agotada, su cuerpo no estaba tan dañado, pero podía sentir malestares en su piel gruesa y bajo la quitina con magulladuras.

—…Sin duda esto me trae recuerdos… Volvió a hablar el gusano tratando de poder pasar el tiempo con aquella mujer que se la pasaba manteniendo el silencio cortante salvo cuando se detenía a tomar aire calmadamente.

A su alrededor podía ver restos dispersos de una pelea, algunos muebles rotos, marcas en las superficies de las paredes.

Aquellos rastros de violencia en la soledad no les era de interés, hasta que un hedor repentino les advirtió de algo mucho peor que delincuentes dañando mobiliario.

—Creo que es momento de analizar un poco más a fondo este lugar.

¿Los objetos rotos son habituales?

Dijo la abadesa de manera seria.

Procurando observar a detalle por algún detalle que advirtiera con anticipación por algo peor.

—Bueno, creo que sí alguien se peleó… puede que dejaran el cuerpo tirado.

Le respondió con el sonido de los insectos revoloteando, aumentando a cada paso, un leve zumbido les llegó a sus oídos hasta volverse intenso seguido por el movimiento de incontables gusanos revolcándose en la baba pestilente.

—¿…

Y hay moscas?

Preguntó la abadesa viendo al gusano quien redujo la velocidad un poco con el fin de saber a lo que se refería.

Apareció el primer cuerpo que era de un oficial, este mostraba heridas como si una bestia hubiera consumido su rostro y torso.

De aquellas heridas pútridas supura líquido que era consumido por incontables gusanos.

—¿Moscas?

Preguntó el gusano dudando sobre lo que había preguntado, viendo a su alrededor por si había moscas, ya que era algo extraño.

—Si, moscas.

Tú eres un gusano… Murmuró Raquel, pensando lo raro que era todo eso de los insectos.

—Pues debe ser que alguna entró por los cadáveres… ¿O tal vez me siguieron?

No entendió la pregunta repentina pero se intrigó al respecto, ya que ese pasillo siempre estaba cerrado y cualquier alimaña terminaba muriendo de hambre encerrada.

Salvo que había comida a montón, ahí estaban tres cuerpos más, estos parecían matones pero tenían también signos notorios de violencia al haber sido destrozados por una especie de bestia que no hubo conocía.

—Pues sí, la verdad me da curiosidad que no se pongan encima mío, usualmente cuando lo hacen terminan derritiéndose.

Eso me recuerda cuando probé a un mosco.

Hay dos tipos, uno que sabe terriblemente mal y otro que sabe a pollo.

Se respondió a sí mismo, contando una breve anécdota de cuando pelearon con los moscos.

—¿Los moscos?

Entonces en el circo hay moscas y moscos.

¿Cómo son?

Asintió la mujer con un gesto aún de duda, queriendo saber más de aquel sitio.

—Pues nada especial, las moscas suelen ser locos caníbales que actúan coordinándose en grupos que te atacan dependiendo cómo actúa el cabecilla…

Comentó tranquilo, explicando en grandes rasgos lo que había entendido de esas cosas.

—¿Nada especial?

Eso me resulta terrible.

Respondió con preocupación si había seres que no entendían la importancia de la fe.

—…de todas maneras, con los fenómenos la cosa cambia… Este dijo continuando con su descripción de los hechos.

A lo que ella asintió dudando en sus palabras.

—Las moscas de los fenómenos son engendros retorcidos que tienen ojos deformes, fauces retorcidas y un cuerpo con miembros extras recubiertos con hueso en forma de clavos.

Añadió, dando una zancada para evitar uno de los cuerpos agusanados.

Pero a diferencia de los anteriores cuerpos mutilados y destripados, este tenía marcas de quemaduras o más bien como si algo a alta temperatura hubiera atravesado su pecho y subido hasta borrarle el rostro.

—He visto trucos malos pero ese se lleva el premio.

He visto lo que causa eso y de seguro que fue de un brujo.

Comentó el gusano, para luego ver a la abadesa que tenía una expresión de considerable disgusto.

—Similar a la maquinaria dañada… Deben haber peleado contra discípulos.

Su voz fue fría e intensa, rebuscando alrededor algunas otras marcas.

—¡Oh!

¡Mi miembro desapareció!

¡Mi precioso miembro!

…Era como una pequeña versión de mi… Exclamó el gusano que aprovechaba de rebuscar en todo su cuerpo, distorsionando cada parte buscando algo.

—…

La abadesa ya no tenía su inexpresivo habitual, sino una mueca de asco ante ese degenerado.

—¡Eres mal pensada!

Trabajo en funciones de todo público.

¿Acaso piensas que ando por ahí meneándome?

Protestó el gusano tratando de defender su honor ante tal acusación de depravación.

—¡No es lo que piensas!

Cuando encontré los hongos, quede seco, por lo que se hizo un miembro de mi cuerpo, pero ya no está… La mujer le ignoró, adelantando y tomando el liderazgo de su marcha.

Esta ya no tenía cuidado con algunos cuerpos, dando pisotones húmedos que crujían contra la podredumbre.

—…Solo diré que ya tenía mis sospechas por lo que le hiciste a ese hereje del abismo… Sentenció con frialdad, perdiéndose ante la vista de una serie de más cuerpos con medallones de aquel culto que adoraba a la divinidad.

—Vamos, no me dejes como degenerado, como iba a saber que la debilidad del brujo era una especie de bulto extraño que palpitaba.

Busco librarse del gusano pero hasta el sentía que aquello no tenía justificación.

—¿Crees que puedes decirme que meter un arma por la parte baja de quién sea sería lo más lógico?

Encaró la mujer sintiendo que se le ponía la cara roja de la vergüenza, pero su rostro no mostraba ni la más mínima muestra de color.

—Pero lo mató.

¿Acaso querías que le diera cortes en el talón?

Esa era la forma más rápida de provocar el mayor daño.

El joven aclaró con todas sus fuerzas el poder justificar su actuar en la situación.

—Es como si creyeras que entrar en la inmundicia del enemigo te hiciera más fuerte, cuando solo te hace más rastrero… ¿Entiendes?

Además, si fuera el caso, imagina que la cavidad es igual de dura que el exterior y lo único que logras es quedar aplastado en… Estaba mortificada sobre cómo su conversación llegó a ese punto, escuchando a los rostros dar sutiles sollozos que parecían tratar de desviar la atención.

—Desde luego que no, deberías verme al moverme por la alcantarilla.

Fue con esas palabras que luego estudio por el breve momento de silencio incómodo que se presentó entre ambos que entendió que ya no podía seguir evitando la marca que le había quedado tras aquella vergonzosa victoria.

Una que no sería contada por nadie.

—Eso no es… en fin, un problema menos, solo debemos recuperarnos.

Murmuró, dando por zanjado lo ocurrido, asumiendo que las cosas ya debían desviarse a temas como sus heridas antes de encontrarse con otra sorpresa.

—¿Seguro que esto va a dar resultado?

Estamos expuestos, puede que nos encontremos algo o a alguien en el camino.

Ella mencionó, pensando que sería lo más precavido encontrar una manera de resguardarse hasta estar mejor.

—Se que parece arriesgado pero aunque no lo creas el camino es muy largo.

Cuando lleguemos a las calderas podemos esperar un breve momento.

Este actuó sin interés, preguntándose si ante tanta violencia, las calderas aún serían un lugar de resguardo o una manifestación brutal de la violencia encarnada.

—Calderas, asumo que es parte de todo esto… es antiguo.

¿No?

Murmuró Raquel mirando el techo que había comenzado a deformarse por la erosión.

—Claro.

Es viejo, está abandonado pero es seguro.

Afirmó el gusano, viendo más marcas de gruesos cortes en las paredes.

—…debemos llegar al mercado y mostrar que tenemos dinero.

Con dinero todo se soluciona.

Sus palabras si bien eran ciertas y ambos entendían que el mundo en cualquier parte actuaba de tal forma, se mantenía el sentimiento de inseguridad al sitio al que estaban llegando.

—Volviendo a hablar de cosas… dime.

¿Cómo fue que supiste que los moscos saben a pollo?

Preguntó Raquel viendo a su compañero para aliviar la tensión entre ambos.

Este volteo la cabeza, o más bien solo mostrando la máscara de metal y hueso que la observaba, aquellas canicas como ojos negros le decían que la veían.

—Claro, estaba con el carroñero y cuando fuimos a ver el jardín de setas estos … Hizo una pausa dudando.

—Los moscos no hablan solo aparecen y hacen algunas cosas pero casi siempre te golpean.

Así que piensa en personas de más de dos metros que están súper musculosos… Este explicaba dramatizado con posturas pero algo pareció dejarlo impactado.

—¿Qué es lo que pasa?

En un movimiento brusco se puso en guardia, viendo si algo se había acercado cerca suyo.

—Creo que son mujeres… El gusano soltó tras pensarlo mucho, como si aquello hiciera que el mundo temblará ante esa verdad.

—Imbécil.

Fue lo único que dijo antes de darle un fuerte golpe por su estupidez.

—¡Espera!

Mira… Está es la puerta.

Señaló una puerta que había pasado hace un instante.

Esta tenía sujeta una tela amarrada, por lo que el gusano se deslizó con gracia para presentar la puerta que buscaba, en cambio la abadesa permaneció confundida observando la continuación del pasillo.

Si bien la puerta estaba frente suyo, la abadesa vio que el pasillo seguía, con unas bancas y seguramente más mobiliario.

—¿Hacia dónde lleva?

Preguntó ella a lo cual el gusano se apartó de la puerta y observó la oscuridad junto a ella.

—Es una buena pregunta.

Muchos han ido pero ninguno ha vuelto.

En fin.

Declaró y dio por terminado el asunto.

Rápidamente sujetó la puerta, notando algo raro que era el frío que tenía esta pero no le dio mayor importancia, haciendo fuerza para que se abriera.

Provocando un estruendoso ruido metálico comenzó a dar vuelta el sello de la puerta, dejando escapar los aires gélidos.

—¡Me lleva el caleuche!

Gritó apartándose ante el ardor del viento gélido que estaba saliendo como si el aire estuviera presionando para salir.

—Esto es malo… Murmuró para así, observando sus apéndices que se habían escarchado con temible facilidad.

—¿Las calderas no son así?

Preguntó la abadesa sintiendo que el frío se apoderaba de todo calor que tuviera cerca, está ya sabía que era producto de los abismos.

De alguna forma parecía que habían caído en la locura del aquelarre, por lo que estaba preparándose para encontrar lo peor.

—¡Claro que no!

¿Desde cuándo has visto una caldera más helada que un témpano de hielo?

Se quejó el gusano señalando la puerta con horror.

—Bueno, te sorprendería la infinidad de cosas que puedes encontrar luego de huir del convento, uniéndose a una banda de corsarios… cuando navegas… Bueno… asaltada, robaba y quemaba pero de puerto en puerto navegaba.

Expresó la abadesa, con su aspecto sin emoción alguna como si tratara de competir con la corriente de aire.

—Veamos qué es lo que ha causado esto… El cuero abrió abruptamente la puerta dejando salir el resto de frío que emitía el salón convertido en un espejo de cristal gélido que emanaba escarchas desde estalagmitas glaciares que habían envuelto a decenas de cuerpos.

—Mira… Un discípulo.

O lo que queda de él… Señaló Raquel haciendo un gesto de odio con la boca, moviéndose primero dentro del sótano de calderas que se había vuelto una tumba congelada.

—Está tan frío que congeló la caldera La maquinaria había muerto congelada o más bien perecido ante el choque térmico que desfiguró el metal, la caldera como otros resultaron aplastados ante la presión del frío contra su vitalidad ardiente, volviéndose un detonante que consumió la mitad de la sala, dejando a quien estuviera fuera del rango a merced del frío que no les dio tiempo de evitar.

En la habitación todo estaba detenido en un terrible momento agónico para todos los que estaban dentro tanto del foco del frío como de las tuberías torcidas, maquinaria expulsando remaches y placas más débiles como un arrebato traicionero.

—Se sacrificó… cuanta blasfemia… La abadesa se movió desde un punto a otro, señalando como causante un hombre que tenía la mano sosteniendo su corazón como foco de hielo, un viejo libro con marcas azules estaba en sus manos.

—…Maldad… Maldad… Gruñian sus rostros que daban sollozos de ira.

Estos gusanos de los costados con cada palabra podía exhalar bocanadas de vapor que parecía condensarse cada vez más.

De un zarpazo destruyó aquella estatua de hielo, que expulsó un último suspiro de frío para normalizar la temperatura del lugar.

En cuanto al hielo restante, debía tomar el curso normal de las cosas y derretirse.

—Mira, esos deben haber sido manipulados por magia morada… creo que era así.

Mencionó el gusano señalando estatuas que parecían fanáticos que se habían hecho marcas en el cuerpo para idolatrar a los brujos, entregando parte de sus pieles para que estos confeccionen sus instrumentos malignos.

La abadesa se acercó a estos dándose cuenta que tenía razón, a través del hielo estaban sus rostros deformados, ojos ausentes que únicamente pertenecían a su amo por lo que se les desplazaban por los de algún animal.

—Es una de las peores magias… Murmuró mirando con inquietud al gusano que parecía ser un habitante infame de Puerto, pero sorprendía y daba sospechas con información que está vez se divulgaba para que nadie conociera de tales maleficios.

—Es inevitable, no hemos llegado a salvar a nadie y no queda nada por hacer.

Solo podemos seguir con lo nuestro.

La actitud del gusano era aún más inquietante, era tan natural, insensible y de manera despectiva por todos que murieron a causa de todo lo que regurgito el aquelarre.

La máscara reía pero el gusano no, este estaba consternado, deseaba salir y respirar otro aire viciado y pútrido que no fuera aquel, sentía que su mente palpitaba trayendo recuerdos atroces por no haber salvado a nadie, de solo ver cómo estaban los cuerpos siendo quemados.

La culpa lo consumía, deseaba gritar y llorar, desgarrar aquella membrana que era su cuerpo y sacar su verdadero yo de aquella pesadilla pero sabía que no había nada dentro.

Solo lo que él era ahora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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