El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 3
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3: Apuestas iniciales 3: Apuestas iniciales Los pies descalzos de Silas o más bien los apéndices bulbosos que debían ser sus pies resonaron en el concreto húmedo que tras tiempo sin ser bañado con desperdicios comenzaba a coagularse como una cicatriz que recordaría a todos los que alguna vez dieron origen a esa suciedad.
Descendió por la pendiente hasta que la oscuridad total lo engulló, pero él no vaciló.
En ese laberinto de detritos, uno no buscaba señales en las paredes, sino que se dejaba guiar por la presión del aire y el hedor familiar.
En las rarezas del lugar uno no debía buscar un camino, solo saber qué estaba yendo por el lugar correcto.
Antes de llegar a su destino, un eco de voces humanas lo obligó a pegarse a la pared.
La tenue luz de un farol reveló a tres figuras caminando por el pasillo de barrotes que separaba la zona de empleados del abismo.
Gaspar encabezaba la marcha, luciendo extrañamente limpio, como si se hubiese frotado la piel con arena y agua por primera vez en meses.
—Bien, entonces me dices que dentro de poco llegarán quienes son parte de… El que hablaba era un joven de tez pálida, Gabriel, cuya voz aguda cortaba el aire pesado.
Gaspar rascó su cabeza con fastidio, dejando caer una lluvia de caspa sobre sus hombros.
—Cállate, mocoso… solo escucha.
Intervino Verónica, dando gestos con la mano amenazantes, una mujer cuya voz áspera y mal carácter eran legendarios en el Pozo.
—Se le llama Circo y es donde se hacen los espectáculos.
No es una feria de pueblo, es un matadero con aplausos.
Esta añadió enfatizando y resonando más amenazante, como si fuera a sacrificar al novato en ese instante.
—Verónica, no empieces.
Suspiró Gaspar.
—Gabriel lleva apenas unos días.
Por el incidente no habíamos podido enseñar a nadie y este nuevo no ha tenido tiempo de aprender nada del oficio.
Expresó Gaspar, rascando su cabeza, dejando que algunos pelos y caspa cayeran.
—Tú tampoco trates de conseguir aliados con los nuevos.
Una vez que el imbécil del castrado se recupere, me regreso a mi lado.
Refunfuñó la mujer con porte desaprobatorio, exasperado a Gaspar y poniendo dudas en el joven ya que no le habían contado nada sobre el incidente, .
—¿A quien castraron?
¿Cómo ocurrió?
Preguntó el muchacho, deseando resolver esta misión que le recomendaron de ser guardia de estas plantas más bajas del pozo.
—Fue a Rufus.
Respondió con indiscutible fastidio Gaspar, quien lanzó un escupitajo.
—A Rufus le volaron un testículo, y déjate de preguntas.
A este paso, dudo que logres conocerlo.
Respondió Gaspar con tono frustrado por sus compañeros, aunque Gabriel se sintió más inseguro por lo que quería decir con esas palabras.
—Bien más adelante debería estar el paso para el escenario.
Comentó la mujer señalando mientras los dos parecían enfrascados en una duelo de miradas Silas, oculto en las sombras del techo, observaba la escena de los tres enfrascados en una de las tantas discusiones eternas hasta la habitación, a su vez pese a ser otro individuo ahora, tenía una chispa de diversión en su máscara, que ocultaba cierta nostalgia que le oprimía.
Pobre marinero de agua dulce, pensó, mientras los guardias se perdían finalmente en las habitaciones de empleados tras un intercambio de gestos vulgares y amenazas.
—Me alegro de no ser la bala de cañón de ese grupo.
Susurró Silas para sí mismo.
—Lástima por el chico.
Seguro terminará siendo un bocadillo de medianoche.
Añadió, está vez por fin olvidando la tristeza y reaccionando con una risa calmada.
Se deslizó por las sombras, esquivando restos de basura que, al igual que los nombres de los antiguos miembros del Circo, habían sido olvidados por el tiempo.
De pronto, una presencia masiva bloqueó su camino.
—Alto ahí.
Llegas tarde.
Siempre andas hablando solo.
Eran varias voces hablando al unísono, una mezcla de timbres femeninos y uno que resultaba un poco masculino.
—¿Qué es lo que escuchan mis oídos?
¿Acaso es el coro de las musas?
Frente a él se alzaba el Carroñero, un coloso de carne remendada que sostenía varias cabezas sobre un cuello ancho del cual se percibía el gruñido de bestias iracundas.
El ser lo miraba imponente desde una altura superior con una mezcla de furia y resignación.
—Tendrías que haber vuelto hace días.
¿Que tienes que decir al respecto?
Sentenció la cabeza central con aires inquisitivos.
—Disculpen, mis hermosas damas.
Silas adoptó una pose teatral, ignorando a la cabeza masculina.
—He tenido un infortunado desencuentro con mi propio juicio, pero les aseguro que este marinero intrépido ha surcado mares de fango solo para volver a ver sus dulces y delicados rostros.
Varias de las cabezas femeninas se sonrojaron, ante las palabras de tal pequeño bribón, estás desviaron la mirada con una timidez grotesca.
Pero la cabeza del medio, la del varón tuvo un resultado opuesto, rugió.
—¡Maldita alimaña!
¡Si vuelves a hablarles así, juro que aplastaré tu forma insignificante!
Rugió la única cabeza que si bien era idéntica, era la de un varón.
—Vamos, no seas celoso.
Respondió Silas con tono juguetón a la exasperación del gigante.
—Tus hermanas y yo ya acordamos que puedo pasar un tiempo especial con cada una.
Habló el joven en tono juguetón, lo cual descolocó al hombre, quien confundido trato de mirar a sus hermanas para pedirles alguna explicación, pero este enfureció al ver los rostros de las demás cabezas avergonzadas tratando de no verlo.
—¡¿Cómo fue que pasó eso?!
¡¿Cómo puedes decir eso?!
¡¿Cuando ustedes hablaron?!
Estaba histérico, a lo que las demás cabezas trataban de dar su explicación cómo responder ante la falta de respeto a su individualidad inexistente.
—Tranquilo, es algo especial que tenemos entre nosotros… Comentó Silas haciendo un gesto suave con las manos.
—El gusano tiene razón, es algo que habíamos hablado y no sabíamos cómo decirte, ya que siempre estás dramatizando.
Expresó la cabeza con expresión menos amistosa que no espero a exponer su opinión, ya que la otra estaba alterada, lo cual no dejó la situación en paz.
—¿Dramatizando?
¡Desde cuándo yo he sido dramático!
Este se coló rojo por las insinuaciones por su comportamiento por parte de la otra cabeza.
—¡Quien te pretendes que eres para gritarme!
¡No puedes venir aquí a insultarme, tratando de actuar como si todo gira en torno a ti!
No era voz, era una tormenta que rugía con violencia ensordecedora que irrumpió al resto.
—¡No me trates de esa manera, ya que no seré tolerante una próxima vez!
¡Si tratas de meterte en mi vida, me aseguraré que te quede más que claro que no quiero que me digan que puedo y no hacer!
La saliva saltó ya que no toleraba que nadie le faltará el respeto por lo que ante la voz alzada de la cabeza del medio respondió con su temperamento volátil de siempre.
—Quiero una explicación.
Solo den una explicación.
Este apenas se logró llevar una de las manos a su cabeza por inquietud.
Todos se miraban los unos a los otros, inclusive los fenómenos que estaban pendientes del escándalo.
—Todo empezó como un juego, ya sabes.
Me gusta jugar y somos solo amigos.
Comentó una de las cabezas que se mostraba más sociable aunque ante la situación tensa era algo tímida.
—¿Qué quieres decir con solo amigos?
Expresó molesto viendo a la cabeza del extremo aunque las otras parecían reírse, salvo a quien era agresiva, ya que por el cambio que tuvo la del medio, está gruñía por su cambio de actitud.
—¿Qué tanto están sonriendo?
Dijo ofuscado por qué estás no le dicen lo ocurrido.
—Eres tan fácil de engañar, verás.
Solo te estábamos haciendo una broma.
Las palabras de la cabeza del lado opuesto lo descolocaron, haciendo que mostrará una expresión de confusión.
—Sabemos que es un idiota, puedes estar tranquilo.
Comentó la cabeza agresiva con tono burlón.
—Son ustedes… Este se expresó con sutil desagrado ante la burla a su persona.
—De verdad que eres grumete terrible.
Se han aprovechado de mi pureza, de mi buen corazón, de mi inocencia…
Me tendré que disolver en la espuma… Es que no queda nada ya en este mundo tan cruel.
Comentó Silas tomando una pose dramática, pero está no duró mucho tiempo por una patada frontal por parte del carroñero.
Esto lo arrojó lejos.
—No exageres condenado gusano.
Como si la pureza fuera cierta.
Ay, vamos a ver.
¡No exageres!
¿Pureza?
¿Se pueden creer que dijo que tiene pureza?
Por favor, si esto fuera cierto, entonces se me cataloga como un santo.
Te lo digo con cariño.
Las cabezas estuvieron de acuerdo con lo mismo.
Haciendo una aglomeración de reclamos y burlas sobre lo dicho por el hombre.
—Luego de comprobar lo que puedes hacer, te aseguro que un descendiente de Lilith se queda corto.
Comentó suavemente para sí misma una de las cabezas, cuando el resto estaba dejando de hablar, las expresiones de estas se quedaron confundidas, girando a esta que sabía algo que las otras no.
—Quiero decir… Esta no pudo explicarse en nada cuando un aluvión de preguntas cayeron sobre esta.
—Bueno… Es chistoso.
Comentó Silas sin ser escuchado por nadie, salvo por un colosal par de Arañas propias de los fenómenos por la sorpresa habían descendido.
Las marcas de estos por el incidente anterior eran notorios, si bien sus cuerpos gigantes eran una amalgama de carne y hueso, de podían apreciar cicatrices por doquier, pero al verse cara a cara con el gusano, retomaron su lugar en la superficie, tratando de estar pendientes de lo que hablaban en su lugar habitual, la máscara dio una risa irónica a la situación.
—Me lleva el caleuche… veamos…¿Cómo fue que el viejo me enseñó para estas situaciones?
El gusano frotó la máscara como si fuera parte de su cabeza tratando de recordar.
Hasta que se recordó un detalle sobre lo que había conseguido.
—¡Hey!
¡Miren lo que conseguí!
Expresó Silas con fuerza, mostrando las setas que le robó a los moscos.
Esto consiguió el efecto que deseaba de terminar el interrogatorio, pero una serie de expresiones disgustada se hizo notoria con el espécimen de hongo que mostraba el gusano.
—No conseguimos cultivar más, solo podemos conseguir de los que esos raros traen.
Comentó la cabeza central, con desagrado.
—Todos sabemos que esto terminará como parte del espectáculo del domador.
¿Acaso quieren eso?
Expresó Silas disgustado por la situación.
—Yo no tengo problemas, digo puedo terminar como las criaturas que me explicaste que había en el fondo.
Pero el tema es que ustedes serán la colección intermedia y si este comprueba de alguna forma de mi existencia, va a querer incluirme.
Habló con firmeza el carroñero, mostrando que su preocupaciones si bien parecían empáticas, sabía que podría terminar afectando su existencia.
—No entiendo.
¿Acaso ustedes no tienen un trato con el anfitrión?
Expresó una voz desde las alturas.
La Araña abrió sus fauces, revelando su voz profunda llena de carisma pese a su apariencia.
—¡¿Que acuerdo con ese pez luna con cabeza de bacalao?!
Silas se vio ofuscado por la idea que algunos tuvieran una especie de acuerdo con una parte del Tullugal, sobre todo si este les había intentado liquidar.
—No exageres, y en cuanto a ti, chismoso.
Ve a tejer telarañas antes de que la lluvia te la lleve.
Señaló el carroñero a la Araña de forma amenazante, lo que está dio un chillido rabioso a este de forma violenta.
—Que delicado.
Mejor pónganse a besarse si tienen tantas necesidades de desahogarse con alguien.
Dijo este con respuesta al coloso que parecía avergonzarse y maldecir al fisgón.
—Oigan.
No se vuelvan peces espada, lograremos tener ese hongo por las buenas o por las malas, aún quedan las grietas.
Es ridículo pero puede ser una forma de encontrar una solución a esto.
El gusano fue directo, fue alguien fuerte, quien a pesar de su tamaño en comparación con las criaturas de tamaño colosal, este logró calmar la situación con su pequeña presencia con razonamiento temporal.
—Bueno, mejor vamos a ver a los nuevos, ustedes preparen el resto.
Si les ven, seguro que saltarán al pozo.
Una serie de risas irónicas estallaron por el comentario de coloso de múltiples cabezas que marchaba con Silas para hablar con quienes debían ser de su grupo.
Silas pudo divisar a la pequeña entre las sombras, viéndole marcharse, está hizo un gesto de despedida, mientras estos desaparecen en la oscuridad para encontrar a los infortunados que fueron obligados a bajar.
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