Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 4

  1. Inicio
  2. El Circo entomológico deliranteII
  3. Capítulo 4 - 4 Reclutamiento voluntario
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

4: Reclutamiento voluntario 4: Reclutamiento voluntario Ambos caminaron, el coloso con un caminar tranquilo pero seguro, en cambio Silas que trataba de alcanzarle.

Peleando con una de las cabezas, está le hacía gestos faciales en lo que Silas le respondía con expresiones burlonas con las manos.

—¡Ya es suficiente!

Una vez más y regresamos.

Gruñó el gigante exasperado por la actitud infantil.

—¡Vamos!

¿Acaso quieren estar en silencio todo el rato?

Protestó la cabeza al resto de sí mismo, sin embargo de mantenía la tensión consigo mismo.

—Debes estar bromeando.

¿Acaso tratas de hacer algo gracioso?

Esto no me causa gracia.

Respondieron entre una ilegible cantidad de palabras mezcladas.

—Creo que tuviste que haberte metido con él también.

Resonó unas palabras que hicieron que el caos en el coloso se hiciera evidente.

—¿Pueden dejar de pelear por mi?

Silas se metió en la conversación entre risas.

Su intervención dio resultado, ya que todas las cabezas le miraron molestas, listas para darle una respuesta no solo verbal pero un sutil brillo en la oscuridad frente suyo les avisó de su llegada.

Si bien era el escenario, no se veía nada más que cuatro figuras desproporcionadas.

—Es encantador que los González fueran quienes ofrecieran ese acuerdo.

Respondió el Maestre de ceremonias, arreglando su peculiar mostacho con sus pequeñas manos.

—Debo agradecer eso, pero es algo que llevamos en nuestra sangre el poder manejar de forma sensata al ganado.

Dijo una mujer alta y delgada con un notorio aire serio, manteniendo cada movimiento y gesto acordé a su estirpe.

—Entonces institutriz.

¿Es cierto lo de los gitanos?

La pregunta del largo anfitrión hizo dudar a la mujer que se vio algo avergonzada.

—Bueno, me avergüenza decirlo pero carezco de la total información de esa ocurrencia histórica del pueblo.

Dijo mostrando una actitud humilde ante su desconocimiento.

—No obstante puedo afirmar que esos mestizos están más muertos que los Díaz.

Cosa que es importante viniendo de mi estirpe de comerciantes y criadores de ganado.

Dijo la mujer con total cuidado de dejar ver sus afilados ojos y observar el comportamiento de todos.

Continuando con sus movimientos carismáticos.

—Ya veo, creo que nos hemos quedado algo atrasados por lo que ha vivido el exterior.

Comentó el Maestre mirando con sus cuencas vacías a los dos que venían.

—Sé que es mi responsabilidad que nos mantengamos en contacto y en correlación con el exterior pero, con la situación vivida es difícil tener información concreta o bien flujo de activos para nosotros.

Pareció expresar con pésame pese a que la expresión fija en su rostro no había cambiado en lo más mínimo.

—No me interesa, solo quiero ver si has traído algo valioso, la cabeza me da comezón… El último era el domador, este caso del mismo porte del anfitrión, levantó su sombrero, revelando un metal con grabados que parecía irritable para este que no se daba cuenta de su presencia.

—Claro… es mi debido respeto el traer a ustedes miembros esenciales del circo a Buenos especímenes para la entretención como elementos coleccionables.

La institutriz hizo una reverencia, para luego alzar la voz con firmeza.

—Rápido, traigan al ganado.

No hagan perder el tiempo a nuestros clientes.

Su expresión era cruel y sádica que se revelaba de la máscara rígida de su rostro.

Pasos pesados avanzaron, dos figuras colosales daban pasos lentos pero seguros.

Estas eran dos criaturas verdes llenas de inmundicia y restos de vegetación que relucía anormalmente en el pueblo.

Sobre sus cabezas llevaban costales de mimbre que no dejaban ver sus rostros pero la presión que imponían era desagradable como el vapor denso que exhalaban.

—Saludos mis buenos clientes.

Espero que no les molesten mis mascotas, aunque no lo parezca les enseñe bien.

Expresó enérgicamente una voz joven y enérgica, desde la nuca de uno de estos gigantes se asomó una pequeña figura.

— Válgame joven preceptora.

Debes ser consciente que no puedes pretender actuar imprudente delante de los clientes.

Bueno, en ningún momento.

Reprochó la institutriz a la joven lo cual provocó una queja inaudible de parte de la muchacha, quien compartía rasgos agudos como la institutriz, pero siendo más expresiva.

—No se preocupen, la mercancía está aquí, digo el ganado, cada cabeza de criadero especial.

Dijo la joven con entusiasmo ante el grupo, las criaturas tiraban de varias cadenas que arrastraban a los infortunados que habían sido seleccionados.

—Condenados Gonzalez.

Siempre están consiguiendo gente exclusivamente desde su puerto privado… Se quejó Silas sobre la diferencia de poderes por parte de las otras familias.

Pero el carroñero parecía no comprender sus reclamos.

—Esos son del clan humano González, bueno digo familia…¿Sabes cómo atraparon a los Llastay?

Digo que no son nada, pero es raro verlos.

Señaló a los colosos de vegetación pero Silas solo se encogió de hombros ante la existencia de esas cosas.

—Esos malnacidos afortunados se la pasan haciendo cosas a escondidas, de seguro los compraron en algún trato con sus embarcaciones de ricachones.

Este ignoró y expresó molestia sin responderle, por lo que el carroñero le dio un golpe, éste lo arrojó hacia adelante.

—¡Tenemos un fisgón!

¡Fisgones!

¡Hay…!

¿les cuento por cabezas o por cuerpo?

Gritó la joven señalando a Silas quien se trataba de recomponer pero fue pisado por el carroñero.

—Lo hiciste adrede.

Logró decir mientras su cuerpo parecía inflarse tras ser aplastado, justo a tiempo para los gritos apagados como lamentos susurrantes de quienes venían a ser la nueva parte del circo.

—Claro que lo hice adrede gusano, gracias por darme una entrada.

Expresó estar con aires superiores.

—Cuando volvamos me aseguraré de instruirte mejor.

Comentó la mujer sin cambiar su postura en lo más mínimo por lo ocurrido.

—¡Saludos mis estimados miembros selectos de la ilustre sociedad!

¡Es hora que nos presentemos y demos un espectáculo inigualable!

Expresó el gusano bajo su máscara, mostrando su cuerpo parecido a un animal ahogado, sus harapos estaban adheridos a la viscosidad , en cambio el gigante que le acompañaba era casi el doble del tamaño de los Llastay, los cuales tenían retroceder pero se miraban inquietos.

—Veo muchas caras nuevas y alegres.

No obstante las viejas siguen igual de amargas.

El gusano hizo señas al carroñero, quien ni siquiera alcanzó a verlo cuando usó su fuerza para hundir su cabeza contra el suelo, como si nada del resto del cuerpo estuviera de por medio.

—El que parece cucaracha es un gusano, si quieren desquitarse adelante, quien lo liquide recibirá un premio.

Ante la conmoción de los nuevos, es gruñó.

Nadie supo si esos actos fueron para aliviar el ambiente o para dejar clara la amenaza.

Las dos Gonzalez aplaudieron según su personalidad, mientras que el Maestre y domador se veían extrañados por el fenómeno, salvo el anfitrión.

Este se veía considerablemente disgustado por la reiterada intromisión del gusano en cada momento.

—¡Ya basta!

Desagradable gusano ridículo.

¡¿Acaso olvidas que debemos preparar el espectáculo dentro de poco?!

Expresó el anfitrión mostrando un cambio visible a todos de su tono de piel como de la expresión de su rostro similar a una máscara.

—Tu igual carroñero, no puedo creer que le digas el ritmo a este mal agradecido.

Mostró decepción sin embargo el carroñero y sus congéneres sabían que estaba sobre actuando, ya que únicamente se veía cambiante por el gusano.

—Hilarante, supongo que fuera de los muros de la finca el caos gobierna donde carezca nuestras enseñanzas… Susurro para si la institutriz con un suspiro.

Todos lo observaban, hasta que el Maestre de ceremonia carraspeo para llamar la atención.

—Veo que hiciste un amigo, muy adorable.

Pero procura mantenerte centrado.

Este fenómeno no ha entrado.

El Maestre habló, su voz fue más como dagas arrojadas al ego del anfitrión que parecía ofendido, por lo que el Maestre dio una amplia sonrisa que mostraba sus dientes anormalmente grandes con pequeña distancia entre sí.

—Caballeros, cuanto antes acabemos esto será mejor, además creo que les interesará nuestras ofertas.

Expresó la mujer deslizándose sutilmente a la primera fila.

—Cómo verán hicimos una selección de individuos capaces y fuertes para la durabilidad y entretención del público… Comentó caminando lentamente, lo cual provocaba pavor en cada uno de los individuos encadenados.

—He visto mejores especímenes en la orilla del puerto.

Soltó bruscamente el gusano entorpeciendo la elocuencia de la institutriz de forma burlesca.

—Como te atreves a ofender la calidad que entrega nuestra prestigiosa familia.

Esta respondió con rectitud, dando una mirada helada por el desacato, no obstante no recibió palabras, solo risas de parte del anormal hombre.

El anfitrión fue detenido por el domador, quien parecía aguardar algo.

—Dale un momento, me agrada este espécimen.

Murmuró para ellos el domador, provocando una espantosa sonrisa como astillas que se apretaban entre sí.

—Si mal no recuerdo, una familia usaba su prestigiosa nobleza cuando estaba en aprietos con mercancía defectuosa.

Actuó la figura moviéndose sin ocupar su cuerpo como se debe y este parecía una parodia del caminar de un muñeco de trapo.

—¡Inaudito!

¿Pretendes despreciar a los González solo por pura habladurías en insensatez?

La mujer se vio enojada pero este solo hizo un gesto infantil como si apestara la mercancía, lo cual trajo consigo una expresión de desprecio de la mujer, quien se había esforzado en conservar su presencia solemne.

—Bueno, no exactamente.

Nuestro ganado es fiable, libre de pestes indeseadas y capacitado para que no puedan actuar de forma impulsiva.

Recompuso su postura y expresó de forma fría, acercándose a Silas como si se impusiera contra el fenómeno.

—Sin dudas pero creo que se te olvidaron los detalles del contrato.

Comentó el joven moviéndose sin forma hasta los encadenados que parecían no tan asustados con este fenómeno, sino que con la mujer.

—Alto sabandija.

¿De qué contrato hablas?

Se vio molesta, mientras todos los ojos se posaban en estos dos.

—El contrato que hacen todas las familias mi estimada prestigiosa, honorable, lustrosa e inmaculada señora que no sé cómo se llama.

Este declaró como si supiera lo que hacía, y las mujeres como el Tullugal sabían sobre los contratos que aplicaban las familias.

El rechinar de los inmaculados dientes de la mujer fueron el único sonido que apenas el oído mejor desarrollado pudo escuchar.

—Si fuera ese el caso.

¡Cómo explican esto!

El gusano mostró una pluma, lo cual descolocó a la mujer.

Pero los del circo ya le conocían.

Aunque solo se escuchaba los susurros de los Llastay que se veían confundidos e interesados.

Esto enojaba a su ama que era ignorada en sus intentos de callar a sus mascotas.

—…

Nadie dio respuesta ante el objeto que movía en su extremidad parecida a un brazo.

—Y bien.

¿Dirás algo?

No soy de hacer monólogos.

¿Alguien quiere aportar algo?

Murmuró la criatura anormal como si se sintiera tímido ante el silencio.

—¿De qué hablas bestia insolente?

Explica todo este revuelo por tan solo ese pequeño objeto.

Exclamó la institutriz con notoria molestia.

Frotando su rostro de enfado.

—¿Acaso no reconoces esta pluma parecida a la de un ave de corral?

El gusano respondió con una pregunta haciendo que las miradas se centraran en la mujer.

—Claro que se de plumas… Esta dijo para callar al insolente, dirigiéndose cerca de este y mover frenéticos los ojos en búsqueda de datos que recordara.

—Las plumas de las aves de corral, aunque no vuelan grandes distancias, sus plumas cumplen funciones vitales como el aislamiento térmico y la protección contra la humedad y el sol.

Además, el estado y el color de su plumaje son indicadores de su salud y bienestar.

Soltó la mujer con determinación acompañada de aires soberbios.

—¿De verdad?

¡Curioso pero está no es una pluma cualquiera!

El suspenso era extraño, ya que el ambiente de por sí era tétrico.

La situación era ilógica.

—Las plumas del Fasilisco usualmente se confunden con las aves de corral.

¡¿Pero saben que es peor aún y se asemeja a las plumas a algo que nos traería serios problemas?!

Habló con determinación el gusano, dando distintos tonos de sorpresa de quienes le miraban, pero una silueta de agitó.

—¡Yo lo sé!

¡Hice un doctorado en bestiologia hasta el doceavo nivel!

¡Esto es del tercer nivel!

Son los brujos que cambian de forma, pero hay que descartar a los Invuches, ya que estos a diferencia del resto usan la piel de cadáveres para volar.

Anuncio la preceptora con gran júbilo.

Esto trajo el aplauso de Silas por la respuesta.

—¡Eso es ridículo!

¡Jamás hemos tenido ni Basiliscos…!

Expresó furiosa la institutriz, tomando una actitud furiosa, forjada por un temple de hierro.

—Fasilisco.

Se dice Fasilisco.

Expresó Silas interrumpiendo a la mujer, siendo acompañado por la aceptación de la preceptora.

—El cuero anómalo tiene razón.

Es un error común al pronunciar los nombres.

Si bien tienen facultades negativas similares, las fisionomía y desarrollo como hábitat son totalmente opuestas entre especies.

A la vista incluso un Fasilisco se puede confundir con un Cocatriz.

Su diferencia proviene de… Expresó con elocuencia la joven que se paraba sin preocupación pero en postura perfecta sobre la cabeza de su mascota hasta que noto la mirada fulminante de su mayor.

—Disculpe la irrupción institutriz.

Murmuró está avergonzada, mirando tímidamente a la mujer quien volvió la mirada al cuero o gusano que tanto le irritaba.

—Las alas de murciélago del Cocatriz.

Lo sé, también me enfoque en esos estudios y mucho más.

Respondió antes que diera su explicación la joven que se mostró disgustada, protestando en silencio.

—Además está tuvo que ser puesta a propósito por esta mezcla aberrante.

¿O me equivoco?

Acuso la institutriz acercándose a Silas, logrando divisar las pequeñas perlas negras que tenía por ojos.

En el momento de tensión de ambos un estrepitoso aplauso se hizo evidente.

—¡Bravo!

¡Bravo!

Ven, mis queridos personal voluntario.

¡Eso es lo que buscamos aquí!

Expresó el Maestre de ceremonias, siendo enérgico, incomodando al resto, salvo al anfitrión que si bien quería arrojar al cuero por el pozo, debía aprovechar esta situación.

—¡Es sin dudas una lástima que esté envío de ganado fuera defectuoso!

Sin embargo la aceptaremos como cortesía y esperamos verles con un mejor cargamento.

Impuso el anfitrión ignorando a la institutriz quien trataba de detener las palabras de su comprador.

—El tiempo es corto.

Asegúrense de traer algunas bestias interesantes.

Añadió el domador, solo para que en un instante las dos mujeres fueron sujetadas por una mezcla de carne y hueso que estaban en la oscuridad y ser jaladas a la nada.

Dejando a todos desconcertados.

—No se sorprendan, es un truco que siempre hacen.

Se acostumbraran rápidamente.

Mencionó el carroñero estirándose para hablar algunas ideas con estas partes del Tullugal.

Las mujeres fueron comprimidas y llevadas de manera brusca por su captor.

El viaje fue agresivo pero terminaron siendo dejadas en el suelo de los pisos superiores.

Fuera de la habitación de la que entraron con la mercancía.

—¿Les gustó el viaje?

Expresó un guardia que tenía una pañoleta en la cabeza que cubría sus canas.

—Se quedaron con mis Llastay… Reclamó la muchacha como si fuera a hacer un puchero infantil, llevándose la mano a la cabeza por el viaje salvaje pero la mujer protestó aún peor como si fuera una pequeña niña haciendo un berrinche.

—No se desanimen.

Siempre hacen lo mismo.

Vuelvan con lo mismo y recibirán algo distinto, créanme.

He visto a muchos en su situación… El anciano dijo, replanteando lo que estaba diciendo.

—…Bueno, salvo para los que exigen una devolución.

Esos se quedan de forma voluntaria.

Expresó el hombre, esté sacándose la pañoleta en forma de respeto, mostrando una especie de cicatriz notoriamente anormal.

Algo que debía haberlo matado pero estaba frente a las mujeres que solo guardaron silencio, tratando de recomponer su compostura y orgullo.

—Eleonor, asegúrate de guardar silencio cuando le expliquemos al patriarca que volvimos sin nada… Expresó la mujer, nombrando a la joven por su nombre, viéndola confundida.

—Pero, Georgina.

Estás segura de… La joven no terminó antes que la mujer con un limpio movimiento partiera al guardia en dos.

—Efectivamente mi querida familiar.

Los González jamás se han visto alguna vez ridiculizados.

La muchacha asintió por la firmeza en el tono de Georgina que caminaba pulcra y determinada, guardando el sutil cable fino que llevaba en casos como estos.

—Debemos considerar esta ofensa como un asunto personal y aplicar todos nuestros conocimientos para hacerlos pagar.

A cada uno.

En el eco de sus palabras que se disolvían desde la entrada, ambas recompusieron su postura elegante marchándose con rectitud del sitio, planificando cómo regresar tales actos desvergonzados a su imagen.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo