El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 6
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6: Presentación 6: Presentación Los grupos se movían siempre tras lo que parecía ser un hombre que estaba compuesto de cuero, o más bien una membrana húmeda e hinchada que se movía como un hombre, enrollando en sí mismo.
Salvo por la máscara que se movía a su ritmo.
El hedor era evidente, no estaba vivo o si lo estaba apestaba peor a cualquier cosa.
—Ustedes, alcen sus brazos para hacer una pirueta estable, no pueden fallar al extenderlos o se pueden lastimar.
Vociferó este como lo hacían los educadores de la familia González.
—Seguro que es así… Si hacemos eso mal podríamos… Alguien habló desde la segunda fila pero fue callado pronto por sus compañeros.
—Mira donde estamos, nos salvamos de los González y ahora una lona mojada nos enseña.
Quienes seguían su ritmo, se esforzaba en imitar las piruetas, las cuales no eran difíciles, pero al ser una persona real, ocasionalmente era confuso seguir sus movimientos.
—¡Oye gusano!
repite eso, que no yo entendí como lo hiciste.
El carroñero ocasionalmente rugía disgustado al ver que todos se esforzaban y la cosa se desviaba de su labor.
—¡Como si fuera fácil!
Solo procura no aplastar a nadie con tus pies.
Este respondía para tener gruñidos de fondo, esto se repetía por horas, incluso en los descansos.
Sin embargo cuando el gusano o cuero.
O de las muchas formas que le dicen, se ponía a hablar a quienes descansaban, muchos no le prestaban atención por lo que había en la oscuridad.
—Tengo… hambre… necesito comer… hambre.
Muchas veces era lo que se repetía desde el silencio de la oscuridad, sintiendo casi percibir como cae la saliva de lo que estuviera acechando.
No obstante no era lo único que se escuchaba pero el resto era gruñidos, rugidos y murmullos inaudibles.
—…Por lo tanto no deben preocuparse por caminar en estos pisos… solo asegúrense de estar seguros al lugar que irán.
Los primeros se vieron confundidos, mirando al resto por si alguien había prestado atención, dándose cuenta que lo habían dejado hacer un extenso monólogo que trataba de la oscuridad, nadie sabía lo que había dicho esa cosa.
No obstante una inquietud les recorría al pensar que se saltaron contenido vital para su supervivencia.
—Entonces la oscuridad es transitable… Expresó alguien como si entendiera, era un hombre algo bajo pero destaca por el vello en su cuerpo.
—Eso es correcto, como les había dicho.
El cuero parecía orgulloso que le escucharán las explicaciones.
—Así que solo deberíamos caminar y encontrar el lugar… ¿Cierto?
Este volvió a tantear que tanto podía repetir, pero está vez todos aguardaban en silencio sin prestar atención a las voces.
—No, no.
Hacen eso y se perderán.
Deben pensar y sentir que están caminando al sitio correcto.
Este comentó enfatizando en cómo debían fiarse de estar caminando en lo correcto.
—Si estoy en el primer piso y camino pensando que llegaré al fondo… Una mujer de rostro rígido, que estaba construido cuidadosamente en dos tonos que volvían su piel como marmolado que hablaba en un tono serio, trató de preguntar pero fue callada.
—¡Nunca se dirijan al fondo!
O al menos estando solos.
Digo, es como encontrarse rodeado de moscas.
Enfatizó, dando movimientos con sus apéndices similares a las manos.
—¿Qué quieres decir con moscas?
Preguntó el hombre que serían otros miembros del circo.
—Todo a su debido tiempo pero las moscas están como peces espada… Esperen.
Silas interrumpió su explicación ya que volvía a introducir la jerga del puerto que nadie terminaba entendiendo.
—Disculpe señor cuero.
¿Que es un pez espada?
Expresó una joven mujer de cabello oscuro con sutiles ondulaciones desalineadas, sus ojos eran de un azul profundo y su expresión era fría y muerta.
—Bueno, quiero decir que están locos.
Eso es.
Trato de aclarar la confusión lo más sencillo posible, viendo reacciones de aceptación.
—Y son caníbales temperamentales, pero si lo piensas, aquí todos comemos a todos, por lo que es lo de menos.
Solo trata de no meterte con ellos muy a menudo, son de hacer hábitos las peleas con otros.
El gusano añadió dando inquietud a los nuevos, para aclarar cómo funcionan, no obstante se volvió a perder en sus palabras pero lo que soltaba resultaba ser inquietante.
Ellos habían sido seleccionados luego de tanto para volver a un sitio que los haría repetir todo desde cero pero con fenómenos.
—Muy bien, ahora se acabaron las preguntas y nos moveremos de sitio.
¿Alguna duda?
Este se deslizó para emprender marcha, sorprendiendo a quienes escuchaban atentos, incluso asustando a la cosa que extendía sus extremidades desde las sombras para sujetar a uno de los incautos.
—¿Qué rayos fue eso?
Expresó un joven de cabello castaño aterrado por ser llevado por alguna criatura.
Sin embargo ya la mayoría comenzaba a seguir al gusano, deseando no quedar atrás.
—Ya les hable de las moscas, luego les hablaré de las mantis.
El joven se vio aterrado pero fue ignorado por todos.
—Así que, eso es fascinante.
¿Como suelen dividirse las tareas?
Expresó alguien en medio de las filas, mirándose extrañados por ver quién fue el que preguntó algo básico.
—Tareas claro… Es curioso.
Están los que han perdido el juicio, esos son las Moscas y suelen mosquear… eso ya les dije… veamos… Comentó haciendo esa misma risa escalofriante que inquietaba a todos, podía escucharse una especie anormal de risas que se acompañaban en la dicho y desdicha.
—Bueno… de seguro lo que quería decir era sobre la cocina… la limpieza, entre otras cosas… ¿Entiendes?
Los que avanzaban en la fila chocaron con la figura del gusano que les guiaba.
—¡Qué asco…!
Expresó uno de los que chocaron de cara, sintiendo como la baba putrefacta se estiraba al echarse para atrás.
Este líquido era viscoso, denso y provocaba un cierto ardor en la piel.
—Debo decir también… Que asco.
Los bañaron con jabón perfumado, y se bañaron mal.
Este hablaba como si acabara de probar a los nuevos que iban detrás suyo.
—Bueno, debo serles honesto en algunas cosas… Expresó este fenómeno tomándose su tiempo, mientras a la distancia se acercaba una suave luz a lo alto.
—¿Qué es eso?
¿Una linterna?
¿Un farol?
Al menos hay luz… Murmuraron entre los grupos que aguardaban en total oscuridad , primero pensaron que era un efecto de la lejanía al estar alto.
Pero vieron que está luz avanzaba por sobre sus cabezas hasta llegar casi en medio.
—…
Nadie dijo nada.
Tan solo aguardaron impacientes, dentro de la oscuridad húmeda y putrida que mezclaban los olores bajo un velo mortuorio.
—Bueno, bueno.
Miren nada más… Expresó el fenómeno, quien no parecía tan asustado como los nuevos.
Aunque viéndole, no sabían que podría ser peor que él.
Todos trataban de comprender pero una inquietud se formaba en sus corazones al ver que era lo que sujetaba las linternas improvisadas.
Unas eran telarañas y otras enormes garras con el tejido expuesto, carne, tendones y venas visibles.
No se veían como una herida, sino como una forma compuesta, resistente y densa que podía atravesar lo que fuera.
—Saludos.
Soy una de las Arañas, mientras el par de descerebrados habían salido a recibirlos, pensamos que esto les ayudaría… Pronunció una voz femenina, era algo cálida en esos momentos pero podían percibir la profundidad de esta que se percibía como algo imponente.
—Tengan.
Los fabricamos a partir de algunas pieles que habíamos recolectado.
Fue divertido hacerlo, sin los espectáculos en este tiempo hemos tenido bastante tiempo libre.
Añadió, sonando amable mientras descendían hasta poder ser recibidas por algunos que simplemente empalidecieron y el resto vio la razón de su reacción aterrada.
—Ustedes siempre con sus cosas chicas.
Cuando los chicos debían hacer algunas cosas, nos encargamos de… El gusano comentó, pero guardó silencio siendo interrumpido por la Araña.
—Pretextos, si no hubiéramos ido, habrían desperdiciado todo.
En cambio logramos usar los huesos, piel, vísceras e incluso el cabello en cada detalle.
Expresó está como si estuviera orgullosa del trabajo rupestre que habían hecho con restos humanos.
Los cuales eran sujetados con sumo cuidado, observando algunas pieles con marcas, tatuajes de camarillas pero por sobretodo rostros que fueron extraídos con cuidado quirúrgico.
—¿Qué opinan?
¿Les gusta lo que hicimos?
Habló la mujer, moviéndose hasta ser visible, dejando en claro que decirle mujer era algo que se tomaba como una idea abstracta dentro de la morfología.
—Quieres que… Expresó una mujer aterrada pero fue golpeada por uno de sus compañeros.
—¡Estamos muy agradecidos por los regalos!
Sin duda es un detalle impresionante que nos dieras el privilegio de poder ver en este piso.
Otra mujer expresó esforzándose en caer bien a la criatura que le observaba con su multitud de ojos rojos.
—Querida, puedo oler su miedo y me parece cautivador.
Pero no tengo tiempo para los juegos.
Expresó está Araña, levanta su gran mano sobre las cabezas y frotando con cuidado a un nivel que todos fueran acariciados, sin embargo como se veía en todos lados, la amabilidad era un espejismo debido a que está posteriormente se llevó la mano a lo que parecía un rostro y olió su mano.
— Que asco… Usaron jabón aromático, sin olvidar que los bañaron mal… Esta se escuchó asqueada como decepcionada en igual niveles, algo que perturbó al grupo nuevo.
Algunos que debían estar locos estaban actuando de lo más civilizado ante el gran depredador, solo se les notaba por la inquietud y la postura extraña que tenían que se familiarizada como la de una bestia cohibida.
—Lo mismo dije cuando los probé… Estas palabras incomodaron un poco, haciendo que el pensamiento de cuando esa cosa los había degustado pero no tuvieron tiempo para pensar cuando una de las garras aplastó al gusano con violencia destructiva.
—No digas tal asquerosidad, es muy desagradable lo que dices.
Expresó la Araña, despegando su mano del suelo con un sonido húmedo y pegadizo.
—…
Lo dice la fetichista de los olores… esto duele, pero no tanto.
Expresó el gusano como una lámina que se incorporaba entre risas.
—¿Los preparativos están listos para los nuevos?
Preguntó el gusano, sacudiéndose un poco de polvo de su cuerpo que al final terminaba resbalando.
—Los vestidores están listos, no fue difícil pero habría sido más lindo poder que fueran más detallados… pero usamos todo lo que estaba a mano, incluso las bestias prestaron algunas cosas.
Expresó la Araña, confundiendo a los nuevos, ya que si estos eran fenómenos.
Las dudas de cómo eran las bestias, daba un profundo miedo a lo desconocido, algo mucho peor a lo que tenían delante.
—¿Qué hay de las Langostas?
Preguntó el gusano a lo que se le podía llamar mujer.
—¿Qué pasa con esas cosas?
Respondió con una pregunta.
Esto trajo consigo una especie de agotamiento a los nuevos por no saber tantas cosas.
—Disculpen, porque no nos presentan al resto y así comenzamos a planificar lo que se hace en el circo… Comentó una mujer, está era alta, con una figura delgada.
Su semblante era armonioso y bello, dando la impresión que tendría como resultado un buen lugar como Mariposa.
—Bueno, tiene razón… Expresó está algo pensativa.
Mientras el gusano divagaba algunas cosas al grupo sobre lo importante de organizar las funciones.
—De todas formas, pueden llegar bajando la escalera y llegarán a los vestidores.
Es un atajo.
Esta hizo un gesto coqueto como deseando que guardarán silencio.
Trayendo más embrollo en sus pensamientos hasta que vieron que delante suyo habían unas escaleras que antes no estaban ahí.
—¿Por qué nunca me contaste de ese atajo?
Preguntó Silas sobre actuando una indignación teatral por el secreto que le habían estado ocultando.
—No es un secreto, está lleno de entradas y salidas.
Solo hay que saber las ubicaciones.
Además nosotros siempre estamos en el aire y usamos las telarañas para movernos.
Silas pensó por un momento, como si las palabras de la Araña fueran una profunda revelación.
—Ya veo… Expresó manteniendo el suspenso.
—Eso es todo.
¡Vamos!
Este dejó la charla sin más, volviendo a su marcha sin más que contarle a los nuevos, marchando con el grupo tras de él, algo confundidos pero asimilando la locura de este fenómeno.
Algunos agradecieron a la Araña como otros se despidieron con algunos gestos.
Sin darse cuenta que el brillo de las lámparas no solo lograban dejar tenues imágenes de la Araña y sus telarañas.
Sino que también los demás ojos de sus acompañantes y la saliva que caía de las fauces que crispaban de emoción.
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