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El diario de samantha - Capítulo 60

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Capítulo 60: El diario de samantha

Capítulo – 60: – Regresando a las ruinas de san francisco

Sábado – 14 de noviembre del 1998

Querida Aylin

Al despertarme, permanecí acostada varios minutos, mirando fijamente el techo de la habitación. Intenté incorporarme, aunque el cansancio se hacía sentir con fuerza. Al mirar el reloj de la mesita de noche, apenas eran las 8:10 de la mañana. Había puesto la alarma para las 7:15 de la mañana, pero probablemente no la escuché y continué durmiendo. Tenía que levantarme de inmediato: christopher nos había indicado que debíamos estar en el aeropuerto a las 12 de la tarde. Primero debía bañarme, y luego ordenar todas mis pertenencias y preparar la maleta. No deseaba

Emprender ese viaje hasta san francisco. Sin embargo, era consciente de que sarahí requería de mi compañía y de mi apoyo: emocional nos dirigíamos a la vivienda que había sido de su madre, y para ella sería la primera vez que conociera a su madre, a través de fotografía, mientras me duchaba, reflexioné: el destino había dispuesto que sarahí nunca conociera a su madre. El mismo día en que nació, su madre había fallecido. Qué desgraciado fue el destino. Cada vez que sarahí cumplía años, también se cumplía un año más de la muerte de maritza; en la actualidad, llevaba

Catorce años fallecida, había estado pensando durante varios días en qué hubiera pasado si maritza no hubiera fallecido. ¿Hubiera tenido la oportunidad de conocer a christopher y a sarahí? ¿Qué habría sido de la relación entre maritza y yo? ¿Nos habríamos vuelto amigas, o tal vez jamás hubiera cruzado el camino de ellos ni de maritza? De repente, se escuchó un golpe en la puerta de mi habitación, y luego se oyó su voz: era christopher. Tuve que salir del baño con una toalla alrededor de mi cuerpo. Cuando llegué a la puerta, le contesté.

— Dime, christopher, ¿qué sucede? —le pregunté

— Vine a avisarte que el desayuno ya está listo. preparé huevo con tocino, y también te preparé café y también unas tostadas con mermelada de fresa, de tu favorita. ¿quieres que te esperemos o empezamos sin ti? —dijo christopher

Me quedé en silencio por unos momentos. No imaginaba que él supiera que la mermelada de fresa era mi favorita. Sentí cómo se me subía el calor en mi rostro entonces le respondí que me vestiría rápidamente para bajar. Mientras me ponía la ropa, reflexioné un momento.¿Estaba en lo correcto? Sabía que christopher y sarahí no eran mi familia, pero ¿por qué simplemente pensar en separarme de ellos me producía tanta tristeza?

— No se preocupen por mí, comiencen sin mí, christopher —le dije

— No, te vamos a esperar. no tardes mucho, sarahí y yo ya tenemos hambre —dijo christopher

Luego de desayunar los tres juntos en la mesa, observé el reloj de pared: eran las 9:00 de la mañana. Entonces, christopher y yo decidimos lavar los platos sucios que habían quedado de la comida. Ambos nos acercamos al fregadero y empezamos con la tarea; mientras estábamos trabajando cerca el uno del otro, no entendía por qué me… sentía tan inquieta cuando estaba en presencia de christopher. A lo largo de mi vida, había compartido momentos íntimos con numerosos hombres, incluso desconocidos; sin embargo, tan solo con estar cerca suyo,

Experimentaba una sensación extraña que no lograba definir, y sin… darme cuenta, una taza se me deslizó de las manos se estrelló contra el suelo, rompiéndose en múltiples trozos. Los restos quedaron esparcidos sobre la losa fría de la cocina. La frustración me inundó y susurré en voz baja:

— Soy una inútil. no puedo hacer nada bien.—le contesté

Entonces le extendí mis manos hacia christopher. Me resultaba muy tierno su interés por mi bienestar, entonces. Christopher las tomó con cuidado, examinándolas una por una en busca de alguna herida o corte. De repente, nuestras miradas se encontraron y nos quedamos así, sin decir nada por un instante. Luego, hablé de nuevo;

— Lo siento mucho, christopher. no estuve prestando atención y se me rompió tu taza. soy una imbécil.— respondí

— No importa la taza, samantha. lo único que cuenta es que no te hayas hecho daño.— dijo christopher

Entonces, su actitud —llena de una dulzura que me conmovió profundamente— me tomó por sorpresa. No me hizo ningún reproche; en cambio, su única preocupación fue mi bienestar. Mientras él seguía con la tarea de lavar los platos con total calma, decidí no dejar más tiempo pasar y romper el silencio para confesarle:

— Christopher, debo decirte algo… estoy muy nerviosa: por el viaje, por sarahí, y también porque han pasado muchos años desde que vivía en san francisco.— respondí.

— ¿De verdad vivías en san francisco, samantha? ¿en qué calle residías? —dijo christopher

— Vivía en el distrito de outer sunset, específicamente en judah street, cerca de la playa de ocean beach. se trataba de un vecindario… con costos de vida relativamente accesibles para la ciudad; sus calles arboladas y las pequeñas tiendas locales le daban un carácter distintivo. mi padre era el propietario de un departamento de dos habitaciones en esa zona, donde llegamos a vivir en el año 1987, cuando yo tenía catorce años…sin embargo, cuando mis padres fallecieron en un accidente de tránsito en el año 1989, cuando yo cumplía mis dieciséis años, los familiares paternos, motivados por intereses económicos, se hicieron con el control todos de los bienes y propiedades. como no contaba con otro apoyo familiar, fui trasladada a un orfanato… ahí viví el mismo infierno cada día era una lucha para sobrevivir —respondí.

De repente, sentí que volvía a revivir aquellos recuerdos; me producían un inmenso dolor, y al mismo tiempo, un profundo sufrimiento. Christopher permaneció en silencio, con la mirada fija en un punto del suelo, como si estuviera procesando cada una de las palabras que acababa de pronunciar. En ese instante, sus facciones se tensaron ligeramente y, inclinándose un poco hacia adelante, me dirigió la palabra.

— Qué ironía tiene la vida, samantha. a cincuenta kilómetros de donde vivía yo vivía cerca de ahí ¿te das cuenta de que nuestro destino estuvo a punto de cruzarse mucho antes? —dijo christopher

— En serio, no me lo puedo creer. se podría decir que estuvimos unidos como en la leyenda del hilo rojo que conecta a las almas destinadas, ¿no crees, christopher? —le respondí

— Qué revelador. estuvimos tan cerca en el tiempo, y a la vez tan lejos en distancia y en nuestras circunstancias. ¿no lo crees? —dijo christopher

— Es increíble cuando uno se da cuenta de las cosas… maritza falleció en el año 1984; y yo tenía once años, todavía era una niña que vivía en la calles de san francisco —le respondí

— Sí, es correcto —respondió christopher

— Y cuando mis padres murieron, en el año 1989. justo cuando cumplí dieciséis y me quedé sola tú ya te habías ido, habías dejado todo atrás y estabas en chicago. llevabas tres años viviendo allí cuando cumpliste dieciocho, así que para ese momento ya tenías tu propio trabajo —le respondí

— Me dejas sin palabras, samantha. pero tengo una pregunta: me mencionaste que escapaste del orfanato. ¿por qué te escapaste, si no es un tema demasiado difícil de hablar? —dijo christopher

— Sí, efectivamente me escapé de allí. tenía dieciséis años cuando me vi obligada a tomar esa decisión… el motivo por el que terminé en el orfanato, a pesar de contar con familiares por parte de mi padre, es que ellos simplemente no se quisieron hacer cargo de mí —respondi

:Flashback lunes 12 de junio del 1989:”

— Escúchame con atención: aquí en este lugar nadie te va a consentir. si lloras por las noches, si no te gusta tu nueva vida en el orfanato y no te convences de adaptarte… no hay más remedio que aguantar. “aquí se impone la disciplina. tu número, samantha, será 151617.” —dijo la directora

— De acuerdo, no le voy a causar ningún inconveniente. muchas gracias —le respondí

De repente la directora dirigió su mirada hacia mí, mientras iba ordenando mis documentos sobre el escritorio. Estaba sentada en una silla de hierro; lo único que poseía era una vieja mochila dentro de la cual llevaba dos cambios de atuendo. En ese momento, la directora se puso de pie y me indicó que la acompañara: después, cruzamos unos pasillos iluminados por focos amarillos que parecían titubear con cada paso que dábamos. Al echar un vistazo al reloj de la pared, marcaban las 8:00 de la noche. Yo seguía pensando que tendría una habitación solo para mí. Al llegar a la

Habitación asignada, vi que el número 151617 estaba grabado en una placa de metal sobre el umbral. En cuanto abrimos la puerta, todas las niñas que ocupaban el cuarto se levantaron rápidamente de sus camas y se colocaron en fila ordenada.

— Buenas noches, chicas tenemos una nueva compañera. su nombre es samantha poots tyler y acaba de cumplir dieciséis años… no toleraré ningún tipo de indisciplina ni peleas ya conocen las consecuencias de portarse mal. espero que la reciban bien en su nueva casa. —dijo la directora

Después, la directora se retiró, cerrando la puerta de un portazo y apagando la luz. Me acosté en una de las camas; junto a mí había una niña de casi de mi misma edad. Se presentó como miriam. Sentía miedo y extrañaba muchísimo a mis padres, pero al menos con ella a mi lado ya no me sentía tan sola.

— Hola, me llamo miriam. espero que nos llevemos bien y seamos amigas. ¿y por cierto? ¿qué te sucedió? yo estoy aquí porque mis padres me abandonaron cuando tenía doce años —dijo miriam

— Hola, miriam. una pregunta… ¿qué significan esos números que están grabados en la puerta de la habitación? —le pregunté

— Ah, esos números indican las edades permitidas para las chicas que se quedan aquí: quince dieciséis y, diecisiete años. es por eso que el número que te dio la directora tiene esos mismos números; así saben en qué habitación están a cada una. de nosotras —respondió miriam

:Al siguiente martes 13 de junio del 1989:”

— Tengo una pregunta, miriam. cuando alguien alcanza la mayoría de edad, ¿qué sucede? ¿se les permite salir, o deben permanecer aquí en el orfanato? —le pregunté

— No lo sé con certeza. lo que sí sé es que pocas chicas llegan a cumplir la mayoría de edad en este lugar; he conocido varios casos en los que las muchachas han decidido suicidarse antes… antes de la llegada de la directora que está ahora, había un director anterior que fue removido de su cargo. por abusaba de su autoridad y obligaba a las chicas de diecisiete años a tener relaciones sexuales con él —respondió miriam

— Una pregunta: me mencionaste que llegaste aquí cuando tenías doce años, ¿no es así? ¿ por qué nunca te han adoptado? —le pregunté

— Samantha, para la mayoría de los adultos, una niña de doce años ya se considera grande. piensan que ya no requerimos de una madre, de alguien que nos cuide y cuide de nosotros. he estado aquí por cinco años; he estado encerrada en este orfanato desde entonces. ahora tengo diecisiete años —respondió miriam

— Ya veo. pero ¿no te gustaría escapar de aquí, miriam? dime la verdad —dijo miriam

:Lunes – 26 de junio del 1989:”

— Miriam, ya no puedo soportar ni un día más en este lugar. he decidido escaparme, cuando la guardia cambie de turno… y me pregunto si vendrás conmigo, miriam o prefieres seguir soportando los maltratos de esa perra. ¿o tal vez te vienes conmigo? —respondí

— Samantha, no hagas una locura. tal vez la directora sea reemplazada próximamente, o tal vez las cosas mejoren si seguimos las órdenes al pie de la letra… ¿no has pensado en las consecuencias de escapar? podríamos ser expulsadas y perder la oportunidad de terminar nuestros estudios —dijo miriam

— No seas estúpida, no seas tan ingenua. tú llevas cinco años aquí, yo apenas una semana… casi dos, y esa perra no para de maltratarnos. desde el primer día que llegué, nada ha cambiado —le dije

— Samantha, piensa un momento. ¿qué haremos fuera? ¿dónde iremos? no tienes un lugar para quedarnos a vivir ni siquiera tenemos dinero para comprar comida… no tienes familiares que te reciban ni yo. cómo vamos a sobrevivir a fuera… lo mejor es quedarnos y esperar a que llegue alguien que nos quiera adoptar; al menos aquí tenemos un techo y comida todos los días —dijo miriam

— Miriam, sé que tienes miedo, pero no podemos seguir viviendo así. dime: ¿no fuiste tú misma quien me lo dijo cuando nos conocimos? ¿quién va a adoptarnos? yo tengo dieciséis años, tú diecisiete. tenemos que escaparnos; nadie nos va a adoptar ahora que ya somos demasiado grandes. ¿qué es lo que quieres hacer? ¿suicidarte, como lo hizo grettell? —le digo

:En el presente:”

Me detuve para hablar al recordar ese recuerdo me hacía sentir vulnerable christopher lo noto. Entonces me incliné para recoger los fragmentos de la taza que había caído al suelo, pero una punzada inesperada me alertó: un pequeño trozo de cerámica se había incrustado en la palma de mi mano. Provocando que me palma de la mano sangrada y di. Un grito ahogado se me escapó de los labios, atrayendo inmediatamente la atención de christopher. Con movimientos rápidos y precisos, se acercó para examinar la herida. A pesar de no ser profunda, una ola de frustración me

Inundó, era justo lo que no necesitaba en ese momento. Sin embargo, al sentir la calidez de la mano de christopher envolviendo la mía, se desvaneció parte de la tensión que acumulaba en el pecho. Un ligero temblor recorrió mi cuerpo. La cercanía me hacía sentir vulnerable, expuesta a una corriente de emociones confusas que no lograba identificar. Entonces christopher me habló, su voz suave y cercana:

— Samantha, no te muevas. déjame retirarte el pedazo de cerámica de tu mano; parece estar demasiado adherido… a la piel. primero voy a limpiar la zona con solución salina estéril para evitar infecciones, y luego procederé a extraerlo. debo advertirte, sin embargo, que el proceso va a producir algo de dolor —dijo christopher

— Christopher, perdóname. soy una inútil… no sirvo para nada: nunca logro hacer las cosas bien, siempre tengo que arruinar todo lo que intento hacer —respondí

— Samantha… no fue más que un accidente. ¿por qué te diriges tan duramente a ti misma? ¿por qué te concentras solo en lo que sale mal, pero no logras ver todo lo que haces bien? —dijo christopher

Al procesar sus palabras, una sola lágrima brotó de mis ojos y recorrió mi rostro. Entonces Christopher se inclinó un poco hacia mí y me limpió la húmedez con sus dedos, tocándome con cuidado. En ese momento me sentía extremadamente vulnerable; lo único que anhelaba era un brazo, en ese instante solté todo el llanto que me había estado guardando. Ese simple gesto despertó en mí la pregunta ¿Por qué?. Algo dentro de mi ser, cuya naturaleza aún desconozco, está cambiando cada día con más fuerza. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que alguien se

Preocupaba genuinamente por mí como persona, sin verme únicamente como un objeto sexual. Dentro de mí, un cúmulo de emociones encontradas: de haber preguntado en ese mismo instante si deseaba tener sexo con él, no habría dudado ni un segundo. Pero de pronto, un deseo de besarlo irrumpió en mí, haciéndose cargo de mis sentimientos. Instante, el dolor en mi mano me sacó de mis pensamientos: christopher acababa de retirar el pedazo de cerámica, y apenas pude contener un leve suspiro ahogado por el malestar.

— ¿Te encuentras bien, samantha? primero voy a limpiar tu mano con alcohol y agua oxigenada para prevenir infecciones, y después te voy a colocar una venda —dijo christopher

—Gracias, Christopher —le respondí

De repente, apareció sarahí. Al ver que mi mano estaba vendada, se acercó con paso rápido. Sus ojos se desviaron hacia el suelo, donde una mancha de sangre se extendía por la superficie del suelo. Su rostro reflejaba preocupación por mi situación. En ese instante, experimenté un sentimiento de felicidad al constatar que alguien se preocupaba por mí; en mi rostro se formó una sonrisa, al pensar en que tanto christopher como sarahí mostraban interés por mi bienestar.

— Samantha, ¿qué te pasó? ¿estás bien? —preguntó sarahí

— Solo fue un corte, no hace falta que te preocupes tanto. ¿qué te parece si nos vamos a tu habitación?… así puedo ayudarte a prepararte y estar listas para dirigirnos al aeropuerto. por cierto christopher, cuando lleguemos a san francisco: ¿tenemos un lugar donde quedarnos? —le pregunté

— No te preocupes por eso, samantha; tu bienestar es lo que más me importa ahora mismo. seguro que te debe doler bastante, pero para tranquilizarte: un amigo mío me ha prestado su departamento en la ciudad. Lo único que nos pidió es que no interfiramos con sus pertenencias —dijo Christopher.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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