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El diario de samantha - Capítulo 71

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Capítulo 71: El diario de samantha

Capítulo – 71: Dulce hogar

Lunes – 16 de noviembre del 1998

Querida Aylin

Hoy desperté bastante temprano y nos preparamos para seguir nuestro viaje. Me sentía ¡tan feliz de dejar san francisco!, pero al mismo tiempo había algo en mí que sabía que lo iba a extrañar… aquí quedan los recuerdos de mis padres. Pero ya era hora de decir adiós, así que partimos. Llegamos al aeropuerto y ¡abordamos de inmediato! Me senté muy pegadita a sarahí y, sin darme cuenta, el calorcito de su cuerpo me estaba arrullando y me estaba quedando dormida. Vi que Christopher seguía despierto y le dije:

— Christopher, creo que me voy a echar una siesta durante el vuelo —le comenté

— ¡Está bien, no te preocupes Samantha! Descansa tranquila —respondió christopher

Pero justo antes de quedarme profundamente dormida, alcancé a escuchar una conversación: de una mujer que le estaba hablando a christopher. Lo único que pude entender fue que ella le decía: Se le nota muchísimo que ama a su esposa. Al escuchar esas simples palabras ¡Sentía que se me llenó el corazón de pura alegría! Y fue una sensación tan bonita… ¡esas palabras significaron el mundo para mí! Me sentí increíble que ella le dijera eso… Se me dibujó una sonrisa enorme en mi rostro y, con esa tranquilidad, me quedé dormida. De repente, senti la mano de christopher sobre

Mi hombro, moviéndome suavemente para que despertara. Al abrir los ojos, ¡me di cuenta de que sarahí y christopher ya estaban de pie! Me dijeron que el avión ya había aterrizado y que habíamos llegado a chicago. En cuanto salimos, intenté comunicarme con mariska de inmediato para ver si aún podía tomar mi sesión de terapia. Mientras intentaba comunicarme otra vez con mariska, christopher detuvo un taxi y nos subimos. Al fin logré contactarla y ¡ella aceptó que fuera a la sesión! Luego de colgar, le hablé a christopher:

— Escúchame christopher, tengo que ir con mariska. ¿crees que podrías dejarme en el consultorio? —le dije

— Claro que sí, samantha. mira, te dejamos ahí y nosotros nos vamos a la casa para desempacar, y luego paso por ti. ¿de acuerdo? —respondió christopher

— ¡Samantha, mucha suerte! —dijo sarahí

— ¡Lo mismo digo, samantha! que te vaya muy bien —dijo christopher

Me quedé mirándola fijamente… Sarahí se veía diferente, ya no era la niña pequeña que conocí. Había madurado, su forma de ser había cambiado y su mirada ahora reflejaba una seguridad increíble que me llenaba de orgullo. Aunque tiene catorce años, para mí siempre será la niña que conocí hace tiempo… Ella, al darse cuenta de que la estaba observando, se puso un poco tímida y preguntó:

— Samantha, ¿qué pasa? —dijo sarahí

— Nada, solo que veo que estás creciendo. ya no eres la misma niña de antes, has cambiado y has madurado muchísimo —le dije

En cuanto le dije esas palabras, noté que sarahí hizo un gesto de puchero. De inmediato se acercó a mí y ¡me abrazó con muchísima fuerza! Yo la abracé igual de fuerte y pude escuchar que sollozaba tan bajito, estaba llorando. Cuando ya me iba a bajar del taxi, sarahí me sujeto del brazo, me dio otro abrazo inmenso y me plantó un beso en mi mejilla. Al ver su rostro y sus ojos tan húmedos, me acerqué y le sequé sus lágrimas con el dorso de mi mano. Después de despedirme, de sarahí entré al consultorio. En cuanto toqué la puerta, se abrió y mariska me sonrió indicándome

Que podía pasar. Aún no me acostumbro a esto de la terapia, pero tenía que esforzarme, porque de verdad quería y deseaba cambiar mi vida. Anhelaba volver a ser como era antes, ¡vivir sin miedos y sin tantos temores! Lo primero que hice fue recostarme en el diván, y entonces mariska comenzó a hablarme con un tono relajado que transmitía tranquilidad:

— Muy buenos días, samantha. ¿cómo has estado? cuéntame, ¿qué tal han sido estos días? ¿te sientes ya un poco más segura y confiada conmigo tras la última sesión? —dijo mariska

— La verdad es que aún me siento un poquito intimidada, pero he entendido que usted solo me quieres ayudarme. sé que si no me dejo guiar, jamás podré sanar todo lo que llevo en mi pasado —le dije

Entonces le conté que habíamos viajado a san francisco por unos asuntos relacionados con sarahí. También le expliqué que, durante estos meses alejada de la prostitución, me había dado tiempo de reflexionar y pensar muchas cosas. Mariska me miró fijamente, tomó su libreta, empezó a escribir y me respondió con una voz suave, relajada pero muy firme:

— Dime, ¿qué es lo que has estado pensando y reflexionando, samantha? —dijo mariska

— No sé bien cómo explicarlo… pero a veces siento que no me merezco todo lo que me está pasando. porque cuando huí del orfanato, no me iba escapar sola, había otra chica su nombre era miriam. ella no pudo escapar conmigo porque, al parecer, se había quitado la vida. en la madrugada y también había otra chica con él apodo de darling, mi otra amiga… ella se suicidó porque tenía el sida muy avanzado. y yo siempre me hago la misma pregunta: ¿cuándo será mi turno de morir? ellas fallecieron y yo sigo aquí… ¿cuándo me toca dejar de existir? —le dije

— Samantha, entiendo perfectamente ese dolor y esa culpa que sientes… pero quiero que escuches esto con mucha atención: el hecho de que ellas ya no estén no significa que tú tengas que irte también. miriam y darling pasaron por situaciones terribles, pero tú… tú tuviste la fuerza para salir adelante, para buscar una vida diferente. y eso no es algo malo, es valentía. no te mereces sufrir, te mereces sanar, te mereces vivir y ser feliz y sobre tu pregunta… aún no es tu turno de morir. tu turno ahora es de vivir, de recuperar tu vida y de demostrarte a ti misma que vales mucho más de lo que crees. darling y miriam están descansando, pero tú todavía tienes mucho camino por recorrer. —contestó mariska

De repente, sin darme cuenta, desvié la mirada hacia ella y ya no pude más… comencé a llorar desconsoladamente. Susurré entre lágrimas que era mi culpa que Miriam hubiera muerto. Si no le hubiera insistido tanto para que se fuera conmigo, ella seguiría viva.Entonces Mariska me observó fijamente, dejó el lapicero sobre la libreta y me respondió con voz suave pero segura:

— Samantha, por favor, mírame. necesito que escuches esto con mucha claridad y que intentes comprenderlo, no solo con tu mente sino también con tu corazón: lo que estás diciendo no es la realidad, y bajo ningún punto de vista es tu culpa… tú lo único que hiciste fue invitarla a buscar libertad, a salir de un entorno que les hacía daño y a buscar una oportunidad de vida diferente. tu intención fue noble, fue de ayuda, fue de compañerismo. tú ofreciste tu mano para que salieran adelante; lo que pasó después, las decisiones que ella tomó o lo que sucedió en su interior, estaba fuera de tu alcance y de tu control… nadie puede cargar sobre sus hombros con la responsabilidad de la vida o la muerte de otra persona, samantha. eso es un peso demasiado grande para cualquierser humano… tú no la obligaste, tú simplemente le mostraste una puerta abierta. que ella no cruzara o no pudiera seguir no significa que tú tengas que pagar ese precio el resto de tu vida. —respondió mariska

— ¡Yo necesito sentir esta culpa, mariska! no quiero ser perdonada… aún escuchó su voz constantemente en mis recuerdos en mis sueños la voz de esa niña diciéndome que todo iba a ser diferente, que saldríamos del orfanato… y no, ¡no quiero ser perdonada! quiero pagar por lo que hice, quiero pagar por mi crimen —le dije

— Samantha, escúchame con mucha atención porque voy a decirte algo que necesitas entender racionalmente, más allá de tu dolor… necesitar la culpa no es saludable, es un mecanismo de castigo que tú misma estás aplicando. y créeme cuando te digo que eso no es justicia, eso es destrucción. tú crees que al mantener este dolor y al no permitirte el perdón, estás pagando por algo… pero la realidad es que no existe delito que pagar aquí. tú no mataste a nadie, tú no le quitaste la vida a nadie. tú solo quisiste darle una oportunidad de salir adelante… lo que pasó después fue decisión de ella, fue su camino, y tú no puedes cargar con la responsabilidad de su vida o de su muerte. si te quedas atrapada en esa idea de que tienes que pagar, lo único que vas a lograr es que ella no haya muerto en vano y que tú tampoco vivas… ¿de qué sirve que tú sigas aquí sufriendo y castigándote? eso no la va a traer de vuelta, a la vida samantha. eso solo va a impedir que tú sanes. la culpa, si no se trabaja, se convierte en una prisión… y tú ya saliste de una prisión, no construyas otra dentro de tu mente. si de verdad quieres hacer algo por ella, no es castigarte, es vivir. es demostrar que salir de ese lugar valió la pena. pero si tú decides quedarte en el dolor, entonces nadie podrá ayudarte… tú eres la única que puede decidir si quiere seguir sufriendo o si quiere empezar a vivir. —dijo mariska

De repente me levanté bruscamente del diván, repitiéndome una y otra vez entre lágrimas: ¡Yo no tuve la culpa! ¡Yo no tuve la culpa! Me cubrí mi rostro con las manos, sin poder contener el dolor y les pedía perdón a darling y miriam: susurré de nuevo. Miriam… perdóname por no haberte sacado del orfanato a tiempo. Darling, perdóname… cuando te conocí eras solo una niña y yo no tuve el valor de salvarte, de la prostitución decirte que huyeras de esa vida.y kitty… dondequiera que estés, te perdono. Te perdono por haberme arrastrado a la prostitución, en ese momento, mariska

Me extendió un pañuelo para que me secara las lágrimas. Y fue ahí cuando caí en la cuenta: sin darme cuenta, había perdonado a quien me causó tanto daño. Ya no sentía rencor ni odio hacia kitty, porque en el fondo, durante estos cinco años, ella se había vuelto como familia para mí. Solo espero que donde quiera que esté, se encuentre en paz… y que por fin haya logrado conseguir la tranquilidad que tanto buscaba. Observé que una sombra de tristeza se cruzó por el rostro de mariska. Tenía la mirada húmeda y brillosa, y al hablar su voz sonaba entrecortada, como si

También estuviera conteniendo la emoción. Sin embargo, pasados unos minutos, respiró hondo y su voz volvió a sonar firme y serena como siempre. Después de lograr calmarme y secarme mis lágrimas, la miré y le pregunté con voz más tranquila:

— Mariska… ¿me permites hacerte una pregunta? ¿tú tienes hijos? ¿eres casada? —le dije

De repente, mariska se le dibujó una leve sonrisa, parecía agradecida de poder cambiar de aire y relajar un poco la sesión. Apartó la libreta y la grabadora, me miró directamente y con los ojos azul y soltó un suspiro suave. En ese instante sentí que toda la intimidación se había desvanecido, y ella me habló con total calma y esa dulzura que siempre la caracterizaba:

— Mira, samantha… a veces es bueno recordar que detrás de esta bata y de este consultorio, también soy una mujer, una esposa y una madre. y precisamente por eso entiendo el valor de la familia y del amor, sea de sangre o del corazón. tengo dos hijas: una tiene la misma edad que tú y la otra, tiene de diecinueve años —dijo mariska

De repente, mariska me miró fijamente y me preguntó qué sentía realmente por christopher. En ese instante, me quedé totalmente paralizada, con los ojos desorbitados, sin saber qué decir ni cómo reaccionar. Rápidamente desvié la mirada hacia otro lado, preguntándome a mí misma: ¿por qué actuaba como una tonta? ¿Por qué me ponía así de nerviosa? Intenté responder, pero mi voz salió entrecortada y débil: ¿P-pero… por qué…? —balbuceé, muerta de vergüenza. ¡¿Pero por qué?! Dios mío… ¡estoy tartamudeando!

— Y… y…o… s… s… o… l… o… M… ma… ris… ka… —le dije

No entendía por qué me costaba tanto hablar. En el fondo sabía que le estaba enormemente agradecida por todo lo que había hecho por mí, pero también sentía un pánico terrible al imaginarme perderlo. ¿Era amor… o solo era gratitud? No lograba distinguirlo. En ese momento, el reloj mesita el final de la sesión. terminado me levanté de inmediato y caminé rápidamente hacia la salida, pero mariska me detuvo. Al voltear, ella me sonrió con ternura y me preguntó:

— Samantha… ¿a qué le tienes miedo? ¿acaso le temes a tus propios sentimientos? —dijo mariska

— Y… y…o… ya… me… te… ngo… que… i… ir… —tartamudeé sin. P… po… r… que… t… tal… vez… Ch… ris… to… pher… me. esté esperando… en el estacionamiento nos vemos el pró… xi… mo… lunes adiós Mariska —le dije

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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