El diario de samantha - Capítulo 79
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Capítulo 79: El diario de samantha
Capítulo – 79: La belleza interior
Viernes – 20 de noviembre del 1998
Querida Aylin
Al terminar el desayuno, christopher mencionó que iríamos a comprar mi atuendo para la fiesta. Subí de inmediato a la habitación para cambiarme, pues todavía llevaba puesta la pijama. Mientras caminaba por el pasillo, el silencio de la casa me obligó a encontrarme conmigo misma y comencé a reflexionar sobre todo lo que me estaba pasando… Las palabras de mi madre resonaron en mi mente como un eco lejano. No lo olvides, si alguna vez te sientes cansada del mundo, vuelve a ser quien eras; no dejes que tu corazón se llene de resentimiento y odio. Pero ahí estaba yo, sintiendo
Que siempre sería esa niña aterrada, atrapada en un cuerpo de adulta, esperando desesperadamente volver a sonreír. Tuve que madurar a una edad corta en la que solo debí haber jugado, viendo mi vida pasar mientras intentaba, simplemente, seguir adelante. Al entrar en la habitación, me enfrenté al espejo. “¿Qué puedo ofrecerle yo a christopher?”, me pregunté con crueldad. No me sentía guapa, no tenía la educación… y al dejar caer la ropa y observar mi cuerpo desnudo, la comparación fue inevitable: no podía competir con estefanía, y mucho menos con
Brittany… siempre habrá alguien que te amará, solía decirme mamá. Ella insistía en que, aunque el pánico te invada, lo que cuenta es la belleza interior. Intentaba aferrarme a esa idea, pero en ese momento no sabía qué hacer. Era increíble cómo sus palabras me sostenían mientras, en soledad, me limpiaba mis propias lágrimas. Frente al espejo, me preguntaba una vez más por la ironía de la vida. ¿Cómo es posible sentirme tan insegura y tener tanto miedo de perder a christopher? Ni siquiera somos nada, y aun así, no puedo dejar de imaginar una línea alternativa donde fuéramos
Pareja; donde yo fuera esa esposa dulce y tranquila, sin este pasado que me persigue como una sombra. Cada vez que alguien se le acerca, me muero de miedo. Sé que hay otras queriendo entrar en su corazón, y al sentirme una mujer fracasada, siento que no puedo competir. En mis fantasías, en ese otro mundo posible, me gustaría incluso estar embarazada de él, mostrándome tal cual soy, sin temor. Pero es solo eso: un sueño que jamás cumpliré. No sé qué tiene él, o qué fuerza extraña nos unió, pero me duele pensar que tal vez el destino solo nos juntó para demostrarnos que nunca
Tuvimos una oportunidad. Siento que este amor que está floreciendo en mí se marchitará lentamente antes de nacer, o que alguien terminará robando su corazón. Me duele el alma llorar por alguien con quien ni siquiera he tenido una relación. Mientras me peinaba, una lágrima solitaria recorrió mi mejilla, perdiéndose en el reflejo de una mujer que no se reconoce. Una vez que terminé de arreglarme, me aseguré de limpiar cualquier rastro de lágrimas frente al espejo. Respiré hondo, intentando dejar atrás la tristeza de mis pensamientos, y bajé a la sala. Allí estaban ellos, christopher y sarahí, esperándome como si fuera el centro de su mundo en ese instante.
— Ya estoy lista, christopher —le dije
— Te ves muy bien, samantha —respondió christopher
— ¡Te ves guapísima, samantha! —exclamó sarahí
Mientras caminábamos hacia el vehículo, una oleada de melancolía me invadió. Sentía que estaba perdiendo irremediablemente el control de mis sentimientos; sabía que esto terminaría pasando, que acabaría encariñándome con él, y ese afecto me hacía sentirlo, de pronto, más lejos que nunca. Debería estar acostumbrada a la soledad. Mis padres murieron hace tanto y el vacío había sido mi único compañero por mucho tiempo, pero christopher era distinto. Lo que yo no esperaba, lo que mi mente no lograba procesar, era encontrar a un hombre que no me mirara simplemente
Como un objeto sexual. Su respeto era algo nuevo para mí, una luz que, aunque agradecía, también me aterraba. Después de subir al vehículo, christopher se puso en marcha. Primero fuimos a dejar a sarahí; le pregunté si no prefería acompañarnos, pero ella se negó con una sonrisa, explicando que ya había quedado con sus amigas para ir al cine con sus novios iban a ir al cine en parejas. Tras dejarla en casa de una de ellas, nos dirigimos hacia una boutique.El silencio en el auto era denso. Mientras conducía, christopher me observó a través del espejo retrovisor y, con un tono lleno de preocupación, rompió el hielo:
— Samantha, ¿qué sucede? te noto deprimida. dime, ¿pasa algo?. sabes que puedes confiar en mí. te he visto triste desde la mañana; tienes los ojos llorosos, brillantes… no quise decirte nada antes, pero ¿acaso ya no te sientes a gusto con nosotros? —dijo christopher
Guardé silencio y me limité a observarlo. En ese instante, una lágrima traicionera rodó por mi mejilla, escapando a mi control. Quería gritarle que sentía que había fallado a mi promesa; me había jurado no enamorarme, pero ahora todo era confuso. Me aterraba no saber distinguir la verdad dentro de mi propio pecho: ¿Era realmente amor lo que sentía por él, o simplemente un agradecimiento desbordado por haberme rescatado de mi propia oscuridad y de mi miserable vida? No quería reconocerlo, pero el sentimiento estaba ahí, quemándome, y el miedo a descubrir
La respuesta me mantenía paralizada. De repente, el aire dentro del vehículo comenzó a sentirse pesado, asfixiante. Una oleada de calor me recorrió el cuerpo y sentí que los pulmones me traicionaban; la respiración se me volvió errática, difícil de alcanzar, y las palabras se me atascaron en la garganta. Christopher lo notó de inmediato. Con una maniobra rápida, se estacionó en un lugar seguro y bajó del vehículo casi antes de detenerse por completo. Rodeó el vehículo y abrió mi puerta con urgencia. Me miraba con desesperación, preguntándome qué me sucedía, pero yo no
Podía articular respuesta. Lo sabía perfectamente: el mundo se me venía encima; me estaba dando un ataque de ansiedad. Cerré los ojos con fuerza, intentando desesperadamente recuperar el control, pero las lágrimas seguían escapando. No quería que christopher me viera así, rota y vulnerable, mientras mis manos comenzaban a temblar con una violencia que no podía detener.
— Samantha, mírame. Relájate un poco. respira hondo… eso es, ahora suelta el aire despacio. vamos, vuelve a repetirlo. inhala profundo, mírame a los ojos, intenta relajarte. —dijo christopher
— No… no me abandones, christopher por… fa…vor… tengo mucho mie…do a quedarme sola otra vez. —le dije
— Aquí estoy. Calma… calma, vas a estar bien solo relájate, respira hondo y suelta todo el aire, pero hazlo despacio. llora si lo necesitas, llora, samantha… tranquila, estoy contigo. no me voy a ir. —dijo christopher
Cuando logré recuperar un poco el aliento, desvié la mirada. Me sentía profundamente frustrada; me dolía que christopher me viera así, tan rota. Con las manos todavía temblorosas, comencé a limpiarme el rastro de las lágrimas y, con un hilo de voz, me atreví a hablar:
— Tengo ansiedad… me lo diagnosticó mi psicóloga, christopher. perdóname, de verdad, perdóname si a veces me afectan cosas tan pequeñas. pero tú sabes por lo que pasé… sabes lo que fui. me dio tanto asco convertirme en una prostituta. me odio… me od…io por eso..trato de cambiar, lo intento con todas mis fuerzas, pero la tristeza me asalta sin explicación. no es que no quiera estar… bien, es que mi mente no se apaga; simplemente me lanza recuerdos de todo lo que viví y no sé cómo detenerlos. —le dije
Christopher bajó la mirada hacia mi mano, que aún temblaba violentamente sobre mi regazo. Sin dudarlo, la tomó entre las suyas con una suavidad que me obligó a respirar de nuevo; la apretó con firmeza, como si intentara transmitirme su propia fuerza. Me juró que no estaba sola, que él estaría a mi lado pasara lo que pasara. Entonces, con el corazón en un hilo y la voz quebrada por el llanto, lo miré suplicante y alcancé a decir:
— Prométemelo… prométeme que jamás me abandonarás. por favor, christopher… tengo tanto miedo de volver a estar sola. —le dije
— Yo, christopher later miller, te lo prometo, aamantha poots tyler: jamás te voy a abandonar. pero necesito que intentes ser más fuerte, por tu propio bien —dijo christopher
— Cuando te veo, siento que finalmente estoy en mi hogar por favor… no quiero volver a sentirme usada. quiero que se vaya de una vez esta… sensación de no valer nada. —le respondí
De repente, christopher soltó mi mano y llevó la suya hacia mi rostro. Sentí el roce de su pulgar mientras comenzaba a limpiar mis lágrimas con una delicadeza infinita. Sin embargo, no pude evitar tensarme; cerré los ojos esperando el golpe. Mi mente estaba programada para eso: en mi pasado, cuando alguien me sujetaba el rostro, sabía perfectamente que lo siguiente sería un impacto. Pero el golpe nunca llegó. En su lugar, escuché su voz, suave y sincera:
— Sabes… cuando era niña, cuando apenas tenía ocho años, siempre soñaba con que mi príncipe azul vendría a rescatarme de mi castillo en ese entonces no entendía por qué la princesa tenía que esperar a ser rescatada; me preguntaba siempre por qué no escapaba ella sola… pero cuando crecí y la vida me arrastró a la prostitución, finalmente lo entendí. comprendí por qué la princesa no podía huir… pasé cinco años en ese mundo y jamás intenté escapar de mi castillo… porque el castillo no tenía muros de piedra, christopher; estaba construido de miedo y de la convicción de que no merecía nada más. —le contesté
Un silencio profundo se instaló entre nosotros; solo se sentía la suave caricia del aire sobre mi piel. christopher aún no me soltaba; mantenía mi rostro entre sus manos, como si fuera algo frágil que temiera romper. Entonces le susurré. Gracias… gracias por rescatarme y por darme una segunda oportunidad. Él me miró con humildad y negó con la cabeza mientras me contestaba: Yo no hice nada, samantha. Al escucharlo, mis lágrimas brotaron de nuevo, recorriendo mis mejillas hasta humedecer sus manos. no podía creer que no se diera cuenta de la magnitud de sus actos. Con la
Voz débil, pero llena de convicción, le dije. Lo hiciste todo, christopher. Me aceptaste a pesar de mi pasado. No te importó ayudar a una completa desconocida… aun cuando esa desconocida se presentó, rota y sin nada, en la puerta de tu casa. Christopher volvió a limpiar mis lágrimas con suavidad y me contestó con una calma profunda:
— Samantha, yo no te rescaté. ambos nos rescatamos. si lo ves de esa manera, comprenderás que mis palabras tienen sentido. —dijo christopher
Al analizarlo, me di cuenta de que tenía razón. Yo le había enseñado a sarahí sobre los cambios en su cuerpo, ayudándola a no tener miedo; ella, a cambio, me devolvió la bondad que creía perdida. christopher me estaba enseñando a valorarme y a descubrir mi belleza interior, mientras que yo, como él mismo dijo, le estaba devolviendo la capacidad de sentir emociones que había olvidado.
De repente, el destello de unas luces nos interrumpió. Una patrulla se estacionó cerca y un oficial se aproximó para preguntar si todo estaba en orden. Christopher, sin soltarme, respondió con naturalidad:
— Sí, oficial. es solo que mi esposa sufrió un ataque de ansiedad. —dijo christopher
Al escucharlo llamarme… esposa, una chispa de felicidad iluminó mi pecho a pesar del momento. El oficial le pidió a christopher que nos diera un momento para hablar conmigo en privado. Christopher aceptó y se alejó unos pasos. Presa del pánico, me enderecé en el asiento y susurré con urgencia:
— No se lo lleven… todo lo que dijo es verdad…. tengo el número de mi psicóloga, ella puede confirmar que sufro de ansiedad —supliqué.
— Relájese, señorita. no vamos a llevarlo a su marido arrestado… solo necesito hablar con usted a solas para asegurarme de que esté bien, pero no es necesario que me dé el número de nadie. le creo. —le dije
— Señor oficial, todo lo que le dijo mi marido es verdad. yo sufro de ansiedad —le dije
— Está bien, la entiendo. pero dígame, ¿él no la ha golpeado?, ¿no la ha amenazado o intimidado de alguna forma? puede confiar en mí —dijo el oficial
— ¡Claro que no!. pero, honestamente, me está haciendo sentir muy incómoda con ese tipo de preguntas. —le contesté
Ante mi firmeza, el oficial pareció quedar satisfecho y se retiró tras darnos una última indicación. En cuanto se alejaron, christopher se acercó de inmediato. Se veía algo apenado, como si buscara las palabras adecuadas para justificar lo que había dicho.
— Perdona por eso… les dije que éramos pareja porque no se me ocurrió otra cosa que decir en ese momento para que no sospecharan nada extraño —respondió christopher
— Entonces… ¿ahora soy la señora de later? jeje… jejeje —bromeé —respondí
— ¿Y acaso no te gustaría serlo? ¿no te gustaría ser la señora de later? —le contesté
Al escuchar sus palabras, mis facciones cambiaron por completo. Me quedé paralizada, con la sorpresa dibujada en el rostro y el corazón latiéndome en la garganta. Christopher debió interpretar mal mi silencio, porque su expresión se suavizó y, con una sonrisa que no llegó a sus ojos, intentó quitarle peso al asunto. Diciéndome con una voz sería y tranquila
— Es broma, samantha, solo bromeaba. —le respondí
Retomamos el camino hacia la boutique, pero el silencio ahora era diferente. Mientras él conducía, yo me hundía en mis propios pensamientos, insultándome en silencio: ¡Qué estúpida soy!. Me sentía fatal; había tenido la oportunidad de decirle algo, de ser valiente, pero el miedo me había invadido una vez más, robándome la voz en el momento que más la necesitaba. Desvié la mirada hacia la ventana, dejando que el paisaje pasara como un borrón mientras me hundía en mis pensamientos. Christopher insistió en que lo de ser su esposa solo había sido un comentario para
Aliviar la tensión con el oficial; me regaló una sonrisa y yo se la devolví, pero por dentro mi mente gritaba algo muy distinto. Ahora lo sé, christopher… pensé, observando su perfil mientras conducía. Lo que siento por ti es lo más bello que me ha pasado en mi vida es. Enamorarme de ti ha sido lo más fácil que he hecho; ha sido casi inevitable entregarte mi corazón. Me has apoyado sin juzgarme, me has sostenido sin pedir nada a cambio, y por eso te amo. Sentí un nudo en la garganta al reconocer que este sentimiento era real. No se parecía a lo que sentí por seth, ni por
Benjamín, ni por víctor. Con ellos todo era sombra, pero con christopher era luz. Sin embargo, sabía que aún tenía que sanar. No quería hablar porque no quería ilusionarlo mientras yo siguiera rota por dentro. Él era un hombre maravilloso y no merecía cargar con el peso de mi ansiedad. Pero de algo estaba segura: esto no era gratitud, era amor, y por primera vez en mi vida, era plenamente consciente de ello.
Con
Cariño
Samantha
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