El diario de samantha - Capítulo 80
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Capítulo 80: El diario de samantha
Capítulo – 80: La felicidad de un corazón
Viernes – 20 de noviembre del 1998
Querida Aylin
“Al fin llegamos a la boutique. Observaba a christopher en silencio y noté que su rostro reflejaba una inmensa tristeza. Si hubiera sabido que mi mudez lo lastimaría tanto, me habría esforzado por expresar mis propios sentimientos. Si tan solo pudiera retroceder el tiempo… le diría que sí; que nada me haría más feliz que ser su mujer.” Antes de entrar, sostuve la mano de christopher. Él se dio la vuelta hacia mí, visiblemente sorprendido por mi gesto, y me observó en silencio.
— Christopher, ¿estás bien? te veo muy serio —le dije
— Sí, Samantha. Solo estoy pensando en qué atuendo llevar para la fiesta —respondió christopher
— Si deseas llevar a otra persona, puedes hacerlo… no te sientas obligado a ir conmigo christopher—le contesté
— Samantha, dime la verdad: ¿no deseas ir conmigo?. si es así, no puedo obligarte, pero necesito que me lo digas. yo anhelo… de verdad anhelo que seas tú quien me acompañe a esa fiesta
— Sí quiero ir contigo, christopher —respondí
Al entrar a la boutique, los precios me dejaron sin aliento; todo era demasiado caro para mí. El vestido más barato costaba ochenta dólares. Sin embargo, a lo lejos, divisé uno que me enamoró al instante. En ese momento, un dependiente se acercó y nos saludó con amabilidad.
— Muy buenas tardes, mi nombre es george. ¿en qué puedo ayudarles? —preguntó george
— Vinimos a buscar un atuendo para los dos; para mí y para mi amiga —respondió christopher
Al escuchar esa palabra, me giré hacia él. Honestamente, sentí un vacío horrible en mi pecho. Me dolió que me llamara “amiga” cuando, apenas hace unos momentos, me había presentado como su mujer, como su esposa ante el oficial. Incluso hubiera preferido que me llamara “amante”; habría sonado más dulce que esa fría palabra: amiga. Me fui acercando al vestido que había visto al principio. Por dentro, me sentía indignada con christopher, aunque intenté que no se notara. Al estar frente a la prenda, mis ojos se posaron en ella y supe al instante que era la indicado. Era de.
Un color azul noche, tan profundo que casi rozaba el negro, adornado con flores en tonos rojos, rosas y blancos que parecían cobrar vida. El corte era perfecto: hombros al descubierto, una cintura bien marcada y una falda amplia que prometía bailar con cada uno de mis pasos. El conjunto incluía unas medias negras finas para resaltar la elegancia de mis piernas flacas y unos guantes blancos largos. ¡El contraste era maravilloso! El blanco puro de los guantes destacaría sobre la oscuridad del vestido, dándome un aire de sofisticación y clase. Para coronar el atuendo.
Un sombrero del mismo tono completaba la imagen de la mujer que yo tanto anhelaba ser. Al ver el precio del conjunto, mi corazón se me encogió: ciento treinta dólares. Era una cifra inalcanzable para mí. Me quedé allí, admirando la belleza de las prendas con una mezcla de deseo y resignación hasta, que sentí el calor de la mano de christopher sobre mi hombro. Al girar el rostro para encontrarme con su mirada, él me preguntó con suavidad:
— ¿Te gusta ese conjunto, samantha? —dijo christopher
— Sí, demasiado. pero mira el precio: son ciento treinta dólares. aunque claro, viene incluido con las medias, los guantes y el sombrero… —le dije
De repente, george, el dependiente, se acercó a nosotros con una sonrisa profesional. Nos aseguró que era un conjunto sumamente elegante y que no tenía dudas de que me quedaría de maravilla. Sin embargo, en seguida nos dio una mala noticia:
— El conjunto tiene un pequeño inconveniente. los guantes largos que ve en el maniquí son de muestra y ya se han agotado en el inventario… solo nos quedan guantes cortos en existencia. —dijo george
— ¿No podría vendernos el conjunto de muestra tal como está ahí, con esos guantes? —preguntó christopher
— Lo lamento mucho, caballero, pero no tenemos permitido vender las piezas de exhibición —respondió george
— Lo quiero —le dije
— Muy bien, señorita. en ese caso, permítame traerle el conjunto para que se lo pruebe. mire, por el inconveniente de los guantes, ya que el conjunto cuesta ciento treinta dólares, le voy a hacer una rebaja del veinte por ciento. Me parece lo justo señorita. —respondió george
Al entrar al probador y deslizar la tela sobre mi piel, no podía creer lo que veía en el reflejo: frente a mí había una mujer completamente diferente. El vestido parecía haber borrado, al menos por un instante, todas mis penas. Cuando finalmente salí, christopher se quedó sin palabras. Al observarme, el asombro se dibujó en su rostro y sus ojos brillaron con una intensidad que me hizo estremecer.
— Te ves… simplemente hermosa, samantha —contestó christopher
Al entrar de nuevo al probador, una vez que me quité el conjunto, no pude contenerme. Comencé a dar pequeños brincos de pura felicidad, con una sonrisa que casi no me cabía en mi rostro. Pero la vergüenza me asaltó de inmediato. Me llevé las manos a la boca, tapándola con fuerza para ahogar los gritos de emoción; no quería que christopher ni el dependiente me escucharan hacer el ridículo. Mientras me cambiaba de nuevo apresuradamente, alcancé a oír sus voces al otro lado de la cortina. Christopher y George conversaban, y escuché claramente cómo él le decía que me veía.
Espectacular, mientras george llevaba mi conjunto hacia la caja registradora, aproveché para preguntarle a christopher si él no iba a elegir un traje para sí mismo. Él me respondió que no era necesario, pues ya tenía uno seleccionado en casa. Sin pensarlo mucho, me acerqué a él; moví mis labios en una pequeña mueca coqueta, dándome cuenta de mi atrevimiento cuando ya era demasiado tarde para retroceder.
— Christopher, no me digas que vas a usar el mismo color de siempre: el negro. me encantaría verte con un color de ropa diferente. ¿podrías hacerlo por mí? —le respondí
Mientras nos quedamos solos, christopher se acercó y acunó mi rostro entre sus manos. De inmediato, mis piernas empezaron a temblar y mi respiración se volvió tan agitada que podía escuchar los latidos de mi propio corazón. Cerré los ojos muy lentamente, entregándome a la espera de un beso que creía inevitable. Sin embargo, escuché su voz rompiendo el hechizo:
— Tienes una pequeña pelusa cerca de los labios, samantha. creo que, sin querer, al quitarte el conjunto recogiste algo de polvo del suelo —dijo christopher
— Ah… qué amable eres, christopher. yo… sabes, deseaba un… —comenté
Estaba a punto de confesarle mi deseo, de pedirle ese beso que me quemaba por dentro, cuando george regresó de repente. Su interrupción cortó el aire entre nosotros. Cerré los ojos un segundo, lamentando el momento perdido, mientras el dependiente nos preguntaba con una sonrisa profesional si necesitábamos algo más en lo que pudiera ayudarnos.
— Sí, queremos un traje para este hombre que siempre viste de negro me gustaría algo de un color vivo, algo llamativo que lo haga resaltar. —le dije
— Tengo un conjunto que sería perfecto para lo que usted busca, señorita. si son tan amables de acompañarme, se los mostraré ahora mismo… vengan por aquí, por favor. verán que este conjunto es algo especial; no es una prenda cualquiera. es un corte moderno, de esos que se lucen ahora mismo en las fiestas más exclusivas. es un traje en un tono beige arena, muy elegante y luminoso. lo que tenemos aquí es un color perfecto para destacar con sobriedad. está compuesto por un… pantalón de corte campana, que es lo último en moda y aporta una gran presencia al caminar. pero lo mejor de todo es el chaleco a juego, confeccionado en la misma tela y con botones finos que le dan un toque de distinción increíble. es ideal para llevarlo así, sin chaqueta, combinado con una… camisa clara. Se ve formal, pero a la vez desenfadado; perfecto para bailar con total comodidad. es un traje que transmite clase, señorita. le aseguro que, cuando su amigo se lo ponga, va a lucir como una verdadera estrella y se va a ver apuesto para las mujeres de la fiesta. —dijo george
— Si verdad —le respondí
Sentía, aunque una pequeña punzada de celos atravesó mi pecho. Bajé la mirada, fingiendo interés en mis propios zapatos esos tenis sencillos y lisos que ni siquiera tenían agujetas, sin querer admitir que la idea de que otras mujeres lo admiraran no me gustaba de nada. Entonces christopher entró al vestidor para probarse el conjunto mientras yo esperaba afuera, impaciente por verlo. Cuando finalmente salió, me quedé impactada; no podía apartar los ojos de él. ¡Qué guapo se veía! Olvidé por completo mi timidez y comencé a dar pequeños saltos de emoción, soltando un.
Grito que no pude contener. Estaba guapísimo, no cabía la menor duda. Tal como george había sugerido, christopher tenía todo el porte de una estrella. Para mí se parecía muchísimo al protagonista de la película top gun. El color claro resaltaba sus facciones y le daba un aire de seguridad que me dejó sin aliento. Al revisar la hora, me di cuenta de que ya eran las dos de la tarde. De reojo, alcancé a ver la etiqueta del conjunto de christopher y casi me falta el aire: ¡Ciento ochenta dólares! “¿Qué hace este traje? ¿Vuela o camina solo?”, pensé para mis adentros.
Asombrada por el lujo. Una vez que terminamos de comprar todo, nos dirigimos de vuelta a casa. El ambiente en el vehículo era tranquilo hasta que christopher, sin apartar la vista del camino, rompió el silencio con una petición que me heló la sangre y me hizo romper en llanto.
— Samantha, ¿te puedo pedir un favor? —preguntó christopher
—Dime… christopher —le contesté
— Si algo me sucediera… al punto de fallecer… nadie sabe cuándo sale de casa si regresará con vida. pero si algo me pasara, ¿te harías cargo de mi hija? —dijo christopher
No pude evitarlo; se me partió el corazón y comencé a hacer pucheros, incapaz de contener las lágrimas. Antes de que pudiera protestar, él continuó, asegurándome que el dinero no sería un problema, pues había una herencia destinada para que sarahi pudiera estudiar y vivir cómodamente. Pero lo que él necesitaba saber era si yo le daría mi amor y protección.
—Sí sin dudarlo christopher. me haría cargo de ella con todo mi corazón. —le dije
Con
Cariño
Samantha
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