El diario de samantha - Capítulo 81
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Capítulo 81: El diario de samantha
Capítulo – 81: Tan solo un sueño
Viernes – 20 de noviembre del 1998
Querida Aylin
Me acerqué a él, ignorando por un segundo el movimiento del vehículo y buscando su mirada para que entendiera la gravedad de mis palabras. Sentía un nudo en la garganta que apenas me dejaba respirar; entonces le hablé con una sinceridad tan profunda que no dejaba lugar a dudas.
— Christopher, mírame. no vuelvas a decir eso, por favor. tú vas a ver a tu hija crecer, vas a verla tener sus propios hijos… tú morirás siendo un anciano, rodeado de toda tu familia y en paz. si te pasara algo, yo… yo no sé qué haría sin ti —le dije
Mi voz se quebró al final, dejando escapar el miedo que me provocaba imaginar un mundo donde él no estuviera. Christopher guardó silencio un momento, manteniendo sus manos firmes en el volante, aunque noté cómo su mandíbula se tensaba. Tras un suspiro largo, su expresión se suavizó, como si mis palabras le hubieran devuelto un poco de esperanza.
— Está bien, samantha… entonces moriré así, viejo en mi cama. pero dime… ¿estarías tú ahí? ¿estarías tú en ese lugar, conmigo, viéndome partir? —preguntó christopher
Hizo una pausa y me miró de reojo con una intensidad que me detuvo el corazón. Al escucharlo, sentí que el aire se escapaba de mis pulmones. No era solo una pregunta sobre el final de su vida; era una invitación silenciosa a quedarme a su lado para siempre.”Claro que sí”, pensé con desesperación mientras mis ojos se llenaban de nuevo de lágrimas. “Estaría allí y en cada momento anterior a ese, si tan solo me lo permitieras”. Christopher y yo nos quedamos solos y comenzamos a caminar hacia nuestras habitaciones. Sin embargo, el ambiente se volvió denso. Él, lejos de abandonar el tema del vehículo, continuó hablando de la muerte; me explicaba, con una
Frialdad que me erizaba la piel, cuál creía él que era la manera más horrible de fallecer. ¿Por qué insiste con esto?, pensé, sintiendo cómo la amargura reemplazaba la felicidad de la tarde. Después de lo que vivimos en la boutique, después de vernos tan guapos… ¿por qué empañarlo con estas sombras?.No le dije nada. Me limité a caminar a su lado, observándolo en absoluto silencio. Pero en mi rostro no había paz: mis cejas se juntaron y mis labios se apretaron en una mueca de Profunda frustración y enojo. Me dolía que, en lugar de hablar de nosotros o del vestido, él prefiriera describir el final de la vida.
— ¡Ya basta, christopher! ¿acaso deseas morir? ¿es que no piensas en sarahí, ni en mí? ¿cuál es tu problema? —le contesté
Al llegar a mi habitación, antes de entrar, me detuve para insistirle en que dejara de pensar tonterías. Pero lo que hizo a continuación me dejó sin palabras. Mientras yo lo regañaba como si fuera un niño, él, sin decir nada, acortó la distancia entre nosotros y me dio un tierno beso en la mejilla. El rostro se me encendió de inmediato y, antes de que pudiera reaccionar, Christopher se dio la vuelta y partió hacia su habitación. Me quedé allí, acariciando mi mejilla justo donde él me había besado. Era la primera vez que lo hacía; jamás me había besado. Me sentía profundamente
Sorprendida y, al mismo tiempo, desbordada por la emoción. Al entrar en mi habitación, me recosté en la cama sin retirar la mano de mi rostro, atesorando el calor de su gesto. Con la mente perdida en ese instante y la palma aún apoyada en mi mejilla, el sueño me fue venciendo poco a poco sin que me diera cuenta, al despertar “La luz de la mañana se filtraba por la ventana, pero lo primero que sentí no fue el sol, sino el hormigueo en mi mano. Al abrir los ojos, me di cuenta de que no la había movido en toda la noche; seguía allí, custodiando mi mejilla como si temiera que el beso se.
Hubiera escapado durante el sueño. Una sonrisa involuntaria se dibujó en mis labios. Para cualquier otra persona habría sido un simple roce, una cortesía o un impulso, pero para mí… para mí ese pequeño detalle era el tesoro más grande que poseía. Fue lo más hermoso que me había sucedido en mucho tiempo, un bálsamo que borraba, al menos por un instante, todas las palabras sombrías que christopher había dicho en el vehículo.” Al levantarme, bajé a la cocina con la intención de prepararme algo sencillo: una taza de café y una tostada con mermelada de fresa.
Christopher ya estaba allí, moviéndose entre los utensilios como cada mañana, pero al notar mi presencia, algo cambió en el aire. No hubo un saludo casual. Se acercó a mí sin dudarlo, con una determinación que me dejó inmóvil. Sostuvo mi rostro entre sus manos, con una firmeza llena de ternura, y me dio un beso tan apasionado que mis piernas amenazaron con fallarme. Fue un beso cargado de todo lo que habíamos callado durante meses; una sacudida eléctrica que recorrió cada fibra de mi cuerpo y me dejó sin aliento.
— Samantha, ya no puedo ocultar lo que siento por ti… te amo —dijo christopher
Mi corazón se emociono violentamente. Me quedé mirándolo, intentando procesar que aquellas palabras las que tanto había anhelado en mis noches de soledad. finalmente eran reales.¿Es en serio lo que dices?, con la voz temblorosa por la emoción y le decía una vez más. Repítelo… dímelo una vez más. Dime que me amas. Entonces me volvió a besar, y lo que hizo a continuación borró cualquier duda que pudiera quedarme: me cargó en sus brazos sin dejar de reclamar mis labios y me depositó sobre la mesa de la cocina. El corazón me latía con tanta fuerza que temía que se saliera de mi pecho.
— Christopher, detente… en cualquier momento puede bajar sarahí y nos puede ver. —le contesté
Él continuó besando mi cuello, recorriéndome con una urgencia que me hacía temblar, mientras sus manos acariciaban mis pechos debajo de mi blusa con una mezcla de delicadeza y fuego. Mientras él seguía besándome en el cuello, me mordí los labios con fuerza. ¡Cuánto había esperado ese momento con tanta ansia! Christopher comentó sarahí se desveló tan noche jugando con su vídeojuegos, no va a bajar todavía me aseguró con voz ronca. Se detuvo un segundo para mirarme fijamente a los ojos. Dime, samantha… ¿no deseas estar conmigo? No pude decir nada;
Las palabras sobraban. Le respondí con un beso profundo mientras me deshacía de la pijama y la blusa, dejando que el deseo tomara el control absoluto. En la penumbra de la cocina, mientras nos volvíamos uno solo, sus confesiones de amor se mezclaban con el ritmo de nuestros cuerpos. Entre el placer y los gemidos que intentaba sofocar, logré responderle con el alma desnuda:
—Te amo, christopher… te amo más que a mi propia vida. —le respondí
Mientras christopher se movía dentro de mí, busqué desesperadamente el control, presionando mis manos contra mis labios para ahogar los gritos que amenazaban con escapar. La pasión era tan inmensa que sentí la necesidad de aferrarme a él, clavando mis uñas en su espalda mientras nuestros cuerpos se acoplaban a la perfección. Nos miramos a los ojos, compartiendo un silencio cargado de electricidad antes de fundirnos en otro beso. Sus labios eran tan cálidos que no pude evitar morder el inferior lentamente, un gesto lleno de deseo contenido. Con la respiración agitada y el pulso a mil, le dije en un susurro que apenas rompió el aire:
— Espero que la mesa soporte mi peso y tus movimientos, christopher… —respondí
Él me respondió con una sonrisa cargada de picardía y una nueva embestida que me hizo olvidar, por completo, cualquier preocupación por la resistencia de los muebles o la llegada de sarahí. Christopher me cargó de nuevo y nos trasladamos al sofá, donde la pasión se prolongó por largo tiempo. Al terminar, con los cuerpos sudados y el corazón todavía latiendo a mil por hora, la realidad volvió a golpearnos. Nos levantamos de prisa; el juego se había acabado y debíamos recuperar la compostura. Entre besos robados y risas nerviosas, nos vestimos rápidamente.
Christopher encendió de nuevo la estufa para continuar con el desayuno, recuperando su papel de anfitrión perfecto. Una vez que todo estuvo listo, él se dirigió a la habitación de sarahí para despertarla, mientras yo me quedaba atrás, limpiando la mesa con desinfectante y un esmero casi culpable, asegurándome de que nadie pudiera adivinar lo que había ocurrido sobre aquella madera apenas unos minutos antes. Mientras desayunábamos los tres, el teléfono interrumpió el murmullo de la cocina. Christopher contestó la llamada y, por su tono, supe que la llamada no traía nada bueno.
— Padre, iré para allá de inmediato. solo déjame despedirme de sarahí y de mi esposa —dijo christopher
—¿Qué sucede, christopher? —pregunté
—Tengo que irme chicas; mi padre me necesita para un proyecto. si lo logramos, tendremos seguridad económica por mucho tiempo —respondió christopher
— No vayas, por favor. olvídate de ese proyecto —le supliqué
No entendía nada Por qué me llamaría esposa. De repente, christopher me sujetó mi rostro y me dio un beso tierno y profundo. Me quedé en shock; era la primera vez que se atrevía a mostrar ese afecto frente a sarahí. Aturdida, me giré hacia la niña para disculparme por el atrevimiento, pero su respuesta me dejó helada.
—¿Por qué te disculpas, samantha? eso es lo que hace un esposo, ¿no es así? —dijo
—¿Esposo? ¿A qué te refieres con que soy la esposa de tu padre? ¿cómo y cuándo pasó eso? no… no me acuerdo —le dije
Al observar a sarahí con detenimiento, me di cuenta de que se veía más grande, más crecida. Con las manos temblorosas, me giré la vista hacia el calendario del refrigerador. No podía creer lo que mis ojos veían: estábamos en el 1 de enero del año 2000. El tiempo se había escapado de mis manos sin dejar rastro. No podía dar crédito a lo que sarahí me decía. Me levanté de la mesa de golpe, sintiendo un mareo que me obligó a parpadear varias veces. Al observar las paredes, el mundo que conocía terminó de desmoronarse: la decoración era distinta y estaba repleta de
Fotografías que narraban una historia de la que yo no formaba parte. Eran mis recuerdos con christopher, o al menos, recuerdos de una vida que compartíamos. Había una fotografía tan especial que me dejó paralizada: yo, vestida de novia, con una sonrisa de felicidad plena que ahora me resultaba desconocida. ¿Cómo podíamos habernos casado sin que yo guardara un solo rastro de ese día en mi mente? En ese momento de absoluto desconcierto, sentí la mano de sarahí colocándose con suavidad encima de mi hombro, como si intentara traerme de vuelta a un presente que me resultaba aterrador.
— Samantha, ¿qué te ocurre?. otra vez olvidaste tu historia. aún crees que estás en el año 1998, ¿verdad? —dijo sarahí
Sus palabras me golpearon, pero antes de que pudiera pedir una explicación, una voz conocida resonó a mis espaldas: “Buenos días”. Me giré lentamente, sintiendo que el corazón me martilleaba en las sienes. No podía ser cierto. Allí, frente a mí, estaba mi madre. Avancé hacia ella con las piernas temblando, debatiéndome entre una emoción desbordante y un pánico gélido. ¿Qué significaba todo esto? Mi madre había fallecido en un accidente automovilístico cuando yo era apenas una adolescente de dieciséis años. Había vivido con su ausencia como una sombra durante más de una década.
—¿Mamá?… ¿acaso eres tú? —le dije
— Claro que soy yo —respondió aylin
No podía ser cierto. Al observar el reloj de la pared, el tiempo parecía haber perdido su sentido; las manecillas y el segundero estaban completamente inmóviles, congelados en una simetría inquietante: las 11:11 de la mañana. Bajé la vista hacia mi propia muñeca y el terror se apoderó de mí. Mi reloj de pulsera también había fallado, marcando exactamente la misma hora.
—¿Qué significa esto? —respondí
No era posible. Subí corriendo hacia la habitación, con el corazón golpeándome las costillas como un animal enjaulado. Me lancé hacia la mesita de noche para revisar el despertador, esperando encontrar una cifra distinta que me devolviera la cordura. Pero lo que vi me dejó paralizada: los dígitos rojos brillaban estáticos en el 11:11. Lo más aterrador era que el reloj era digital; no había piezas que pudieran trabarse. ¿Cómo era posible que los números se hubieran detenido en el tiempo? El mundo entero parecía haber quedado en pausa, justo en el instante en que mi pasado y
Mi presente chocaron. Al clavar la vista en la cama, noté una fotografía solitaria sobre la almohada. Al recogerla, un frío glacial me recorrió la columna. En el reverso, tenía algo grabado con una tinta que parecía brillar con luz propia, estaba el número que me perseguía.Mis ojos se llenaron de lágrimas de puro terror al leer la inscripción: 01-01-00 11:11. Era la fecha exacta, la hora precisa en la que cada reloj de la casa había decidido morir. Pero debajo de los números, había una frase escrita a mano me hizo tambalear: decía “Despierta a la vida”.Aquellas palabras no eran un
Mensaje de amor de christopher, ni una nota de mi madre. Parecían un grito desde el otro lado de un abismo. ¿Qué era esta vida si tenía que despertar de ella? ¿Acaso el 1998 que recordaba era lo único real, y este nuevo milenio no era más que un refugio de mi propia mente?
:Continuará:”
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