El diario de samantha - Capítulo 82
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Capítulo 82: El diario de samantha
Capítulo – 82: Tan solo un sueño – Parte 02
Viernes – 20 de noviembre del 1998
Querida Aylin
“Mientras registraba la habitación buscando cualquier pista que me devolviera la cordura, noté que cerca de la cómoda había un televisor antiguo con videocasetera incorporada. Junto a él, descansaba un VHS sin etiqueta. Con el corazón latiéndome en la garganta, lo introduje en el aparato. Los cabezales giraron con un zumbido familiar y la imagen apareció entre estática: éramos christopher y yo. Estábamos en el altar, rodeados de flores, sellando nuestro destino con un voto de amor eterno. No podía creerlo; mis ojos veían una felicidad que mi memoria ignoraba por completo. El sonido de la puerta abriéndose me hizo dar un salto. Mi madre entró en la habitación con una sonrisa cálida, observándome como si no hubiera pasado nada extraño.
— ¿Cómo te sientes el día de hoy, hija? —preguntó aylin
“Honestamente, me sentía aterrada. Hablar con mi propia madre me producía un escalofrío que no podía controlar; sabía perfectamente, en lo más profundo de mi alma, que ella llevaba nueve años fallecida. No encontraba lógica alguna a su presencia, mi mente luchaba por procesar lo imposible. Pero mis pensamientos se cortaron en seco cuando escuché a sarahí. Fue un grito desgarrador que pareció retumbar en las paredes de la habitación. El impacto fue tal que hasta mi madre dio un salto, con una expresión de alarma que me heló la sangre.” De repente, bajé corriendo hacia la sala.
Al llegar a la puerta, me topé con varios oficiales de policía; sarahí estaba sentada en el suelo, llorando desconsoladamente con el rostro oculto entre las manos. Un miedo inmenso me paralizó. Reconocía esa escena perfectamente: era la misma atmósfera asfixiante de cuando los oficiales llegaron años atrás para avisarme que mis padres habían fallecido en aquel accidente automovilístico. Sentí un déjà vu aterrador. Con un hilo de voz, les pregunté qué había pasado. Uno de ellos dio un paso al frente y, con una solemnidad gélida, me contestó:
— Lo lamento mucho. hubo un accidente de tránsito y pudimos reconocer el cuerpo por su identificación. en su teléfono, el último número marcado era el de su padre, a quien ya hemos contactado. podemos confirmar que se trata del señor christopher later miller. sentimos mucho su pérdida —dijo el oficial
— ¡Ustedes no saben el dolor que estoy pasando! ¡me quiero morir con mi padre! ¡no quiero estar viva, ¿para qué?! —gritó sarahí
Me arrodillé frente a sarahí para abrazarla con fuerza. Tenía un miedo atroz de que enfermara por la impresión y yo no supiera cómo reaccionar. Entre el caos, le supliqué a uno de los oficiales que llamara a un paramédico para que pudiera sedarla; sarahí estaba entrando en un estado de histeria incontrolable. A pesar de que habían contactado al padre de christopher, y de que los nombre y apellidos coincidía sentía como una sentencia en la sala, yo seguía sumergida en la negación. Me negaba a aceptar mi realidad. Le pregunté al oficial, una vez más, si realmente estaban seguros de.
Que era él. En el fondo, guardaba la esperanza desesperada de que todo fuera una confusión y de que christopher cruzara esa puerta en cualquier momento. Cuando llegaron los paramédicos, sedaron rápidamente a sarahí en el sofá. Mientras el medicamento hacía efecto, antes de que el sueño la venciera por completo, ella comenzó a balbucear que quería morir, que no quería seguir sin su padre. Me quedé en shock, incapaz de mover un solo músculo. Observé que mi madre estaba allí, de pie frente a sarahí, murmurando cuánto lamentaba que la niña estuviera sufriendo
Así. Me sentía desesperada, atrapada en una realidad que no podía controlar, pero por alguna razón instintiva levanté la mirada hacia el reloj de la pared. En ese instante, en medio del caos, vi algo que me heló la sangre: las manecillas comenzaron a moverse por sí solas. Avanzaban con un tic-tac errático, vibrando con violencia, pero siempre regresaban al mismo punto de partida: las 11:11. No importaba cuánto intentaran avanzar, el tiempo estaba encadenado a ese momento.
— ¿Qué significa esto, dios mío? ¿por qué las manecillas regresan siempre al mismo lugar? —respondí
En un ataque de desesperación, les pedí a los paramédicos que miraran el reloj, pero uno de ellos me respondió con total naturalidad que eran las doce de la tarde. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podían ver ellos una hora normal mientras mis ojos solo veían las manecillas detenerse una y otra vez en las 11:11? Fue entonces cuando mi madre intervino. Con una calma que me resultó aterradora, comentó que era imposible que ellos vieran lo que yo estaba viendo. Sus palabras me dejaron helada. ¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué mi madre me decía eso? ¿Acaso ella también
Podía verlo, o es que ella misma era parte de esa distorsión que me perseguía? Una vez que los oficiales y los paramédicos se retiraron, me arrastré hasta mi habitación con la única intención de desahogarme. Necesitaba llorar hasta que no me quedaran lágrimas. Mientras subía las escaleras, me invadía la fuerte sensación de que todo esto debía ser solo un sueño; no podía aceptar que mi christopher estuviera muerto. Al llegar, me desplomé sobre la cama, sintiendo el peso de un vacío insoportable. De repente, mientras buscaba consuelo en la calidez de las sábanas, mis manos
Rozaron un objeto frío y pesado: un álbum de fotografías. Al abrirlo, el dolor me golpeó de nuevo con una fuerza devastadora. Había una fotografía en particular que capturó mi atención. Éramos christopher y yo, fundidos en un abrazo lleno de ternura, con una complicidad que me dolía no Recordar. Con las manos temblorosas, la saqué del álbum para observarla mejor, y fue entonces cuando noté que había algo escrito en el reverso. Era una nota de su puño y letra. Mi corazón se detuvo mientras leía cada palabra:
“Mi querida samantha: Cuando leas esto, quiero que sepas que soy el hombre más feliz de este mundo por haber aceptado ser mi esposa. Lo único que necesito que hagas por mí es que despiertes. Despierta por mí y búscame”.
Me quedé sin aliento. Entre las lágrimas, susurré al vacío: me dije a mi misma ¿A qué te refieres, mi amor que tengo que despertar? Yo te amo… Te amo. ¿Qué quieres darme a entender con que despierte? Me cubrí el rostro con las manos, sintiendo cómo el mundo se desmoronaba. Maldita sea christopher me prometiste que jamás me abandonarías… y has roto esa promesa sollocé, con el pecho doliéndome por la ausencia de christopher. De pronto, mi madre entró en la habitación. Se acercó a mí con lentitud para ver cómo me encontraba; yo estaba completamente deshecha,
Incapaz de contener el llanto. Entre sollozos, levanté la mirada hacia mí madre y le pregunté qué significaba todo lo que estaba viviendo. Le extendí la fotografía para que mi madre pudiera leer la nota. Ella me miró con una dulzura infinita; tomó la fotografía entre sus manos y luego se acercó para sostener mi rostro, limpiando mis lágrimas con suavidad. Entre sollozos, le decía que lo amaba, que no era justo que christopher hubiera muerto de esa forma, especialmente después de todo lo que había hecho por mí, rescatándome de aquel infierno de la prostitución.
— Es que yo lo amo, mamá. a pesar de que él conocía todo mi pasado, me amó sin juzgarme —le dine
—¿Y cómo sabes que te amó tanto, samantha? —preguntó aylin
— Porque esta mañana hicimos el amor y pude sentirlo… sentí que me amaba con locura —le respondí
— Pero debes ser fuerte, hija mía —respondió aylin
— ¡Es que lo amo! he sido tan feliz a su lado… desde el primer día me demostró su amor, y ahora el destino, en su crueldad, me lo arrebata. me enamoré de él, mamá… me enamoré de él como nunca creí posible. —le respondí
— Solamente deseo que seas feliz, hija… solo deseo que encuentres la felicidad —dijo aylin
— Dime cómo volveré a ser feliz si mi christopher está muerto jamás volveré a enamorarme de nadie —le respondí
De repente, el sonido punzante de un despertador inundó el aire. Al voltear frenéticamente, no vi ningún aparato por ningún lado; el ruido parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez. Mi madre, ignorando el sonido, se dispuso a salir de la habitación. Antes de cruzar el umbral, se detuvo y repitió una vez más, como una sentencia, que esperaba que encontrara la felicidad. En cuanto se marchó, comencé a registrar los cajones desesperadamente, buscando el origen de aquel pitido insistente, pero no encontré nada que lo provocara. Sin embargo, en el fondo de uno de
Los muebles, mis dedos tropezaron con otro videocasete. Este tenía un título escrito a mano que me hizo temblar: “Propuesta de matrimonio”.A pesar del ruido ensordecedor que seguía zumbando en mis oídos, una necesidad imperiosa me invadió: tenía que verlo. Tenía que saber cómo había sido ese momento. De repente, sentí cómo el lugar comenzaba a temblar de forma leve, una vibración que parecía sacudir los cimientos de mi realidad. Justo entonces, el sonido del despertador se apagó de golpe, sumiendo la habitación en un silencio sepulcral. El video comenzó
A rodar. La imagen era nítida; se notaba que alguien había grabado aquel momento con esmero. Estábamos en una terraza bañada por la luz, éramos christopher y yo. Él vestía un atuendo impecable de color blanco, y yo… yo lucía una falda verde con flores, pero lo que más me impactó fue ver mi cabello teñido de un naranja vibrante. En la pantalla, me veía acercándome a christopher, quien estaba sentado esperándome. Entonces, mi “yo” del pasado comenzó a caminar lentamente hacia él Me acerqué a él y tomé la postura de quien está a punto de pedir matrimonio. Christopher me miraba fijamente, con esa mirada que reflejaba un amor puro y deslumbrado.
— Samantha, ¿qué haces? por dios… ¿lo vas a hacer? ¿me lo vas a pedir tú? —preguntó christopher
Lo interrumpí de inmediato, colocando con suavidad un dedo sobre sus labios. Al ver su rostro de cerca, noté que estaba profundamente conmovido por mi gesto. Detrás de la cámara, la persona que grababa dejó escapar unos sollozos, alguien que estaba a punto de romper a llorar; reconocí ese sonido al instante: era sarahí.
— No… no… no cubras tu rostro, christopher. esto no pasa todos los días y yo me estoy muriendo de nervios… es la primera vez que hago esto. no te tapes la cara porque estamos grabando y, si lo haces, me pondré más nerviosa y perderé el control… sabes que cuando me pongo así, empiezo a tartamudear… así que presta atención, mi amor. te garantizo que habrá días difíciles… y te garantizo también que siempre te amaré, hasta que este corazón deje de latir por ti. mi último suspiro será tuyo. sé que en algún momento uno de los dos, o quizás ambos, querremos rendirnos, pero nuestro amor es tan fuerte que jamás permitiremos que eso pase… también te garantizo que, si no te pido que estés a mi lado toda la vida, me arrepentiré para siempre. si no te hago mío en cuerpo y alma, lo lamentaré el resto de mis días, porque mi corazón se enamoró de ti y me grita que eres el único para mí. ¿deseas envejecer a mi lado, christopher later miller? ¿me aceptas como tu mujer me permitirías llevar tú… apellido? —le respondí
De repente, la grabación llegó a su fin y la pantalla se fue a negro. Volví a romper en llanto, pero esta vez mi madre entró y me rodeó con un abrazo tan fuerte que sentí que era lo único que me mantenía unida. Le correspondí con desesperación, aferrándome a ella. Entonces, ella me tomó del rostro, obligándome a mirarla; sus ojos reflejaban una tristeza infinita.
— Mamita, cómo lo extraño… no quiero una vida sin él. te juro que intento hacerme a la idea de que ya no está, lo intento con todas mis fuerzas, pero estoy fallando… quiero ser fuerte por sarahí, pero no sé cómo —le dije
— Estás equivocada… ¿quién te dijo que has fallado? dudo que en cualquier realidad del mundo alguien haya cambiado tanto como tú, a pesar del infierno que viviste. por eso christopher y esa pequeña niña te necesitan. no puedes cambiar el pasado, pero puedes cambiar el presente. tampoco puedes cambiar a las personas, pero puedes amarlas con sus propios errores y enseñarles a ser mejores cada día… así como yo hice con tu padre. —dijo aylin
— ¿Y entonces qué se hace, mamita? ¿qué tengo que hacer para arrancarme este dolor y tener la fuerza que sarahí necesita? —le pregunté
— Tienes que despertar nadie hubiera hecho por ellos más que tú. eres valiosa, lo sé porque eres mi hija. tu pasado no te hace menos; tu corazón ha sido un castillo que ha resistido muchas frustraciones, y por eso te amo, mi samantha. pero tienes que despertar… es el momento de despedirnos. —dijo aylin
— ¿te volveré a ver, mamita? —le pregunté
— No ya has sanado ese dolor que cargabas. ya no necesitas buscarme aquí.
— ¡No te quiero perder otra vez! te necesito a mi lado, mamita… no me dejes —le dije
— Yo siempre viviré en tu corazón, samantha. pero aún no es el momento de que te quedes aquí, conmigo. tienes una vida que vivir allá afuera… despierta… despierta… ¡Despierta, samantha! —dijo aylin
En ese instante, el sonido del despertador volvió a retumbar, cada vez más fuerte, taladrando mis oídos. La habitación comenzó a temblar violentamente; lo único que pude hacer fue acurrucarme sobre las piernas de mi madre, buscando un último refugio mientras ella me acariciaba el rostro y el cabello con la ternura de siempre, esa que me entregaba cada vez que la tristeza me vencía. De repente, sentí que el peso de su cuerpo desaparecía. Al levantar la mirada, vi con horror y asombro cómo mi madre comenzaba a desvanecerse, transformándose en cientos de pequeñas mariposas que revoloteaban a mi alrededor.
—¡No! ¡no… no te vayas por favor… no te vayas! ¡no te vayas de mi lado! —respondí
Comencé a llorar con una angustia desgarradora; el miedo de estar sola de nuevo me quemaba por dentro, mientras las mariposas se elevaban hacia la luz, dejándome en una habitación que se caía a pedazos antes de la oscuridad total. Desperté bruscamente, con el corazón golpeándome las costillas y la respiración agitada. Al girarme, me di cuenta de que estaba en mi habitación de siempre. Todo estaba en una calma absoluta, en un silencio que contrastaba con el estruendo de hace un momento. Sin embargo, algo me inquietó: la ventana estaba abierta de par en par. Por más
Que intentaba hacer memoria, no recordaba haberla abierto antes de dormir. Fue entonces cuando la observé que. Había una mariposa revoloteando justo frente a mí, trazando círculos lentos en el aire de la mañana. Me quedé inmóvil, casi sin respirar, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda al recordar cómo se había desvanecido mi madre. La pequeña criatura bailó un segundo más a mi alrededor, como si se estuviera despidiendo, y de repente salió por la ventana hacia el cielo abierto, perdiéndose de vista. Me quedé mirando el marco vacío de la ventana, con el corazón todavía
Acelerado, preguntándome si realmente estaba sola o si ella acababa de darme la señal que necesitaba para volver a empezar. Con las manos todavía temblorosas, busqué el teléfono bajo mi almohada. Al encenderlo, solté un suspiré de alivio: los minutos corrían con normalidad; no había manecillas congeladas ni el tiempo parecía haberse detenido. Eran las 8:08 de la mañana. Con una curiosidad teñida de temor, abrí el calendario para verificar que realmente había regresado al mundo real. Al confirmar que era sábado, 21 de noviembre de 1998, supe que estaba a salvo en mi
Realidad, me recosté de nuevo, cerrando los ojos para intentar controlar las lágrimas que aún querían brotar. Gracias, mamá… susurré al aire de la habitación. Gracias por despertarme. Le agradecí a dios que todo hubiera sido un sueño. Al menos ahora las piezas encajaban: no estaba casada con christopher, pero él seguía con vida. Estaba vivo, y para mí eso era suficiente; saber que podría verlo en cada amanecer y cada anochecer me devolvió el aliento. Sentí una chispa de seguridad en mi interior. Sabía que, una vez que lograra sanar completamente en mis terapias,
Me encargaría de enamorar a christopher. Pero no ahora. Ahora no puedo, porque lo último que quiero es lastimarlo con mis sombras. Él es un hombre maravilloso y merece mi mejor versión. Hoy soy consciente de que lo que siento no es solo gratitud; estoy enamorada de él, pero primero debo sanar mi propio dolor para volver a ser la de antes y entregarle mi amor por completo.
Con
Cariño
Samantha
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