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El diario de samantha - Capítulo 83

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Capítulo 83: El diario de samantha

Capítulo – 83: — Eres mi mundo

Sábado – 21 de noviembre del 1998

Querida Aylin

“Me levanté de la cama con la mente todavía nublada, decidida a darme una ducha para sacudirme los restos de esa realidad paralela que aún se sentía tan vívida. Sin embargo, apenas puse un pie en el suelo, un pinchazo agudo y punzante en mi vientre me obligó a encogerme. Maldita sea. Reconocí ese dolor al instante: los cólicos anunciaban que mi ciclo estaba por comenzar. Era el peor momento posible. Mañana tenía planes importantes y lo último que deseaba era lidiar con la pesadez de mi periodo. Arrastrando los pies y presionando mi abdomen con una mano, caminé

Pesadamente hacia el cuarto de baño. Me despojé de la ropa con movimientos torpes y me metí bajo el chorro de la regadera, esperando que el calor hiciera efecto. Mientras el agua caliente resbalaba por mi cuerpo, intentando relajar mis músculos tensos, los” espasmos se volvieron más intensos, como si mi propio cuerpo se empeñara en recordarme que, aunque christopher estuviera vivo, las exigencias del mundo real no daban tregua y. Hoy no, por favor… susurré contra los azulejos fríos, apretando los dientes. Ni hoy, ni mañana. Por suerte, aún me quedaban algunas

Toallas femeninas de mi ciclo anterior. Tras terminar de asearme, me puse algo de ropa cómoda y bajé a la cocina con pasos lentos, cuidando cada movimiento. Allí estaba él. Christopher parecía absorto frente a su laptop, entregado al trabajo; al verlo, una oleada de felicidad pura me…” recorrió en mi pecho. Estaba bien, estaba vivo. Qué tonta soy, me recriminé en silencio, intentando sacudirme la angustia que todavía me oprimía el corazón. Solo había sido un sueño. Pero se había sentido tan real, tan devastador, que aún me costaba procesar que la tragedia no era más que una Mala jugada de mi mente. Al notar mi presencia, christopher cerró la computadora y me dedicó una mirada curiosa, de esas que parecen leerte el alma.”

— Buenos días, samantha. qué raro verte despierta tan temprano, y más siendo sábado —comentó christopher

— Sí, lo sé… es que estoy algo nerviosa, christopher —le respondí

— ¿Nerviosa por qué? ¿te preocupa la fiesta de mañana? —preguntó christopher

— ¿Qué pasaría si alguien me reconoce en esa fiesta? no quiero ser pesimista, christopher, pero soy realista. mi pasado no se puede borrar y me aterra que sientas vergüenza de mí. después de todo, sabes perfectamente de dónde vengo… y la clase de mujer que fui… los hombres con los que tuve que acostarme —le respondí

“Christopher se quedó en silencio, sin pronunciar una sola palabra. Ese vacío en el aire me dolió más que cualquier respuesta; bajé la mirada de inmediato, sintiendo que el nudo en mi garganta se apretaba hasta casi asfixiarme. Estaba convencida de que mi sospecha era cierta: le avergonzaría que cualquier hombre pudiera señalarme y recordar quién fui. De repente, sentí la calidez de sus manos rompiendo mi aislamiento. Con una delicadeza infinita, christopher tomó mi mentón y obligó a mis ojos a encontrarse con los suyos.”

— Christopher… ¿aún deseas que sea tu acompañante mañana? —le pregunté

— Sí, aún lo deseo y si por casualidad alguien llegara a reconocerte, ya veremos qué hacemos, samantha. no estás sola en esto.—dijo christopher

— Sabes algo, christopher… puedo aparentar ser muy fuerte, a veces incluso agresiva, pero la verdad es que siempre termino arruinándolo todo. no quiero echar a perder tu velada; me sentiría terriblemente culpable —le dije

— Te entiendo, samantha. me gustaría que me acompañaras, pero si no quieres ir, no voy a obligarte… solo piénsalo durante el resto del día pero déjame decirte una cosa: tarde o temprano tendrás que enfrentar tu miedo. algún día alguien te reconocerá por la calle, o simplemente mientras caminas por el parque. ¿qué vas a hacer entonces? ¿vivirás toda tu vida encerrada por un error que cometiste para sobrevivir? —respondió christopher

— Pero, ¿qué pasaría si alguien me reconociera? ¿si te dijera en la cara que se había acostado conmigo frente a todos tus conocidos? si te echaran en cara que llevaste a una trabajadora sexual como acompañante… ¿no te sentirías incómodo? dime la verdad, christopher —le respondí

— No, honestamente no, samantha. es muy fácil juzgar a alguien, pero lo difícil es entender lo que cada persona ha tenido que soportar para vencer a sus propios demonios… pero es tu decisión; no soy tu rescatador ni soy quién para obligarte a hacer algo que no deseas —dijo christopher

“Entonces, él me sirvió una taza de café y me acercó una tostada con mermelada de fresa. Mientras yo bebía el café, noté que no podía quitarme la vista de encima. Me sentí un poco nerviosa al ver que me miraba tanto, así que le pregunté si tenía algo en mi rostro.”

— No… es solo que me gustaría verte con el cabello largo, samantha —respondió christopher

“Entonces, no pude evitar sonreír un poco. Tomé una decisión en ese mismo instante: no volvería a cortarme mi cabello. Aunque me encantaba llevarlo corto, ese estilo bob largo con flequillo que tanto me gustaba, me lo dejaría crecer para estar bonita para él. Pero, ¿qué estoy diciendo?, me reprendí de inmediato. Ni siquiera soy su pareja para estar pensando en esas cosas. Sacudiendo esos pensamientos, me acerqué más a christopher, acortando la distancia hasta quedar frente a frente.”

— Creo que me gustas, christopher —le dije

— ¿En serio? Como amigo, ¿verdad? —respondió christopher

— Sí… como amigo, christopher —le díje

Lo único que pude hacer, fue mentir forzando una sonrisa mientras retrocedía lentamente. Me alejé de él sintiéndome la persona más estúpida del mundo. ¡Qué estúpida eres, samantha! ¡Qué grandísima animal!, me recriminé con rabia. ¿Cómo puedes ser tan ilusa de creer que él se fijaría en alguien como tú? Pero, al mismo tiempo, una parte de mí se retorcía de duda: ¿y si lo había interpretado mal? ¿Y si pensaba que solo estaba jugando con sus sentimientos? De repente, cchristopher me sujetó del brazo y me detuve en seco. Se acercó hacia mí lentamente; con ambas

Manos sostuvo mi rostro, mientras el mundo exterior desaparecía. Solo podía escuchar mi propia respiración, acelerada, y mis ojos se abrieron de par en par por puro instinto. No era la primera vez que me tomaba así, pero esta vez fue distinto: con su pulgar comenzó a acariciar mis labios. Por un impulso que no pude controlar, los entreabrí, sintiendo la calidez de su tacto contra mi lengua. El nerviosismo flotaba entre los dos, espeso y eléctrico. Sin embargo, justo cuando él se inclinaba para besarme, el sonido de unos pasos pesados y un bostezo nos devolvió a la realidad. Era sarahí.

Nos alejamos de inmediato, pero una sonrisa involuntaria se dibujó en mi rostro. Lo sabía… perfectamente sabía que le atraía un poco pero. ¿Por qué lo habría negado al principio? Sin dejar de mirarlo, comencé a jugar con mi cabello corto, sintiéndome más segura que nunca. Sarahí se acercó a nosotros todavía bostezando. Se quejó de que el hambre la había despertado, aunque era evidente que seguía muerta de sueño. Sin muchas ceremonias, se desplomó en la silla y pegó el rostro contra la superficie de la mesa, como si buscara seguir durmiendo allí mismo. Christopher la miró con una mezcla de diversión y reproche.

— ¿A qué hora te dormiste, sarahí? —preguntó christopher

— No lo sé… entre la una o las dos de la madrugada… pero terminé todas las tareas que me habían dejado y luego me puse a jugar un rato. —dijo sarahí

— Es muy tarde, sarahí. al menos cumpliste con tus deberes, pero que no se repita. no te desveles así a la próxima —le advirtió christopher

De pronto, sarahí despegó el rostro de la mesa y me lanzó una mirada directa, cargada de una seriedad que me tomó por sorpresa. Se levantó bruscamente y me sujetó del brazo, obligándome a prestarle toda mi atención.

— Samantha, necesito hablar contigo de mujer a mujer pero tiene que ser en privado. ¿podemos hablar a solas?

— Por supuesto, sarahí. vamos a un lugar más privado para que me cuentes qué es lo que te preocupa.—le dije

Una vez que estuvimos en un lugar privado, sarahí me miró directamente. Sus ojos reflejaban una profunda pena; se veía que no encontraba las palabras correctas para empezar. Suspiró con pesadez, me tomó de las manos y finalmente se sinceró: conmigo

— Samantha, ¿es normal que mi periodo me dure solo dos días o cuatro días? ¿crees que algo esté mal en mi cuerpo? es que hace apenas una semana que me bajó y solo me duró dos o tres días… ¿eso es normal? —preguntó sarahí

— No te angusties, sarahí. no es nada malo. a tu edad es súper común que sea así; tu ciclo todavía no es regular, así que puede durarte dos días, tres o hasta una semana, y todo entra dentro de lo normal… ya verás cómo con los años se va acomodando… tu cuerpo está sano, solo que todavía está cambiando y ajustándose. estás perfectamente bien. —le respondí

— Pero… tengo otra pregunta. cuando sea adulta, cuando tenga mi periodo… ¿tú crees que pueda tener intimidad así? ¿cuando esté casada? —dijo sarahí

— ¡Ay, que pregunta! pues claro que sí. es totalmente normal y se puede. de hecho, hay muchas parejas que lo hacen y no pasa absolutamente nada malo… no está prohibido; es cuestión de gustos y de cómo se sientan ambos en ese momento lo único es que… bueno, es un poquito más desordenado por la sangre, ¿sabes? pero si ambos están de acuerdo y se sienten cómodos, no hay ningún problema. hay quienes dicen que hasta se siente diferente o más intenso, porque todo está más sensible ahí abajo en esos días. así que… tranquila: cuando crezcas y tengas confianza con tu esposo, ustedes decidirán qué les gusta y qué no… no hay reglas estrictas, solo importa que sea con amor y cuidado. —le respondí

—¿Pero a qué te refieres con eso de “sensible”? no entiendo bien… ¿me lo puedes explicar, samantha? —preguntó sarahí

— Mira, sarahí, te lo explico fácil. cuando tienes tu periodo, en tu zona íntima se hincha un poquito y a veces duele, ¿verdad? pues pasa lo mismo con las partes íntimas. en esos días están mucho más sensibles al tacto, más calientitas y hasta un… poquito más inflamadas de lo normal… imagínate que es como si tuvieras la piel más delicada; como cuando te das un golpe o te rasuras y la zona queda roja y sensible. pues algo parecido, pero de una forma placentera. entonces… cuando tu esposo te toca o hay intimidad, todo se siente mucho más intenso, más placentero y con más “cosquillas” por todo el cuerpo. por eso hay gente a la que le gusta más en esos días. —le dije

Noté que sarahí se quedó sorprendida al descubrir que también existía la depilación en la zona íntima. Me miraba fijamente, procesando la información. Por un momento, me sentí extraña; me di cuenta de que le estaba dando exactamente las mismas respuestas que mi madre me había dado a mí años atrás.

— Samantha, ¿por qué razón una mujer se depila ahí abajo? ¿tú la tienes depilada? —preguntó sarahí

El calor me subió a las mejillas. No supe qué contestar; me invadió una vergüenza repentina al pensar en admitir algo tan privado. Traté de evadir la pregunta diciéndole que era mejor regresar con christopher para desayunar, pero ella insistió, saber la respuesta si la tenía depilada.

— ¿Pero para qué sirve estar depilada? si una mujer se depila, ¿no siente frío ahí abajo? —preguntó sarahí

Me quedé en silencio, completamente desarmada. ¡Jamás le había preguntado algo así a mi madre! Y, por primera vez, me di cuenta de que yo tampoco tenía todas las respuestas. Necesitaba contestarle algo, porque no sabía qué decirle… honestamente, me estaba insistiendo demasiado.

— Entonces, ¿no me vas a contestar, samantha?… si tú la tienes depilada, dime por qué lo haces. no te entiendo… me pides que te tenga confianza, que te cuente mis cosas, y cuando yo te pregunto algo, me niegas la respuesta. no te preocupes, si no quieres decirme, les preguntaré a mis amigas. —respondió sarahí

Al escuchar eso, el pánico me recorrió el cuerpo. Recordé lo que sarahí me había contado: que algunas de sus amigas ya tenían relaciones sexuales con sus novios. Si no le contestaba yo, ellas serían capaces de mostrarle cualquier cosa por puro morbo, y yo no quería que ella pasara por eso. Me sentía contra la espada y la pared. Tenía que decirle la verdad, aunque me muriera de vergüenza. Prefería ser yo quien la guiara antes de que sus amigas, que ya estaban mucho más “vividas”, la confundieran más. A veces sarahí se comportaba con una madurez sorprendente, pero

No podía olvidar que seguía siendo una adolescente que aún no distinguía del todo el peligro de la curiosidad. Sentí que el corazón me latía a mil por hora, pero sabía que tenía que ser fuerte por ella. Tragué saliva, me sonrojé hasta las orejas y le contesté con la verdad, en un susurro cargado de seriedad:

— Está bien… te lo voy a decir, pero escúchame bien. sí, la tengo depilada, toda. y lo hago principalmente por higiene, sarahí. por salud.—le dije

— Mira, cuando tienes tu periodo, el vello hace que la sangre se quede atrapada; se siente húmedo, el olor cambia y es mucho más difícil de limpiar… en cambio, cuando estás depilada, te sientes muchísimo más limpia, fresca y cómoda. es como cuando te afeitas las axilas, ¿lo ves? te sientes más aseada. pues ahí abajo es igual, pero mucho más importante. y también… porque la piel se siente suave, delicada. cuando tienes pareja y hay intimidad, a muchos hombres les gusta más así, porque el contacto es directo y se ve más estético. pero la razón principal, es la limpieza. es para sentirme bien conmigo misma y evitar cualquier incomodidad… pero escucha, sarahí: esto es una decisión tuya. nadie tiene por qué obligarte a hacerlo ni a verlo. tú decides sobre tu cuerpo cuando estés lista, —le respondí

— ¿Y qué me aconsejarías tú? ¿que me depile o no? y… ¿crees que está bien que nos bañemos juntas entre amigas? a veces ellas se quedan desnudas frente a todas; a mí me da mucha vergüenza, pero ellas dicen que es lo más normal del mundo. bañarse entre las amigas —contestó sarahí

— Para mí, no lo hagas. no te bañes con ellas. tus amigas… a veces tus propias amigas pueden hacerte mucho daño. —le comenté

— ¿Cómo podrían dañarme mis propias amigas? —preguntó sarahí

Sarahí me miró con los ojos muy abiertos, confundida por la gravedad de mi tono. Me quedé en silencio un segundo, buscando las palabras para explicarle que la malicia a veces se disfraza de confianza. Entonces suspiré. Para mí era difícil explicarle esto, pero tenía que hacerlo.

— Porque la intimidad es un tesoro, sarahí, y no todos saben respetarlo. a veces, lo que hoy parece un juego o algo “normal” entre chicas, mañana se convierte en una burla, en un chisme o en algo que usan para hacerte sentir mal… tu cuerpo es solo tuyo, y nadie tiene derecho a presionarte para que lo muestres si no te sientes cómoda. si sientes vergüenza, es porque tu instinto te está diciendo que ese lugar no es seguro para ti. escucha a tu instinto, siempre… ¿te puedo preguntar algo más?. ¿por casualidad tus amigas te han tocado… alguna parte de tu cuerpo? —le contesté

— ¡No! ¡claro que no! ¿por qué harían algo así, samantha? no entiendo. que me quieres dar entender —dijo sarahí

— Es que a veces la curiosidad llega lejos, sarahí… te lo diré con claridad: hay mujeres a las que les gustan otras mujeres y tienen intimidad entre ellas. ¿tus amigas no han intentado besarte, aunque sea por jugar? —le contesté

— No, para nada. ni siquiera sabía que las mujeres podían tener intimidad entre ellas nunca han intentado besarme, pero siempre hablan de sexo y eso me hace sentir muy incómoda, porque yo aún no he tenido relaciones con mi novio. pero me dejas sorprendida con eso… ¿a ti te ha besado una mujer alguna vez? —preguntó sarahí

De repente, la imagen de rogue cruzó por mi mente y sentí el roce de aquel beso en mis labios. No quise decírselo; ella aún era demasiado inocente y no quería que pensara que todas las mujeres con esas preferencias eran iguales entonces le dije. No… mentí con suavidad, antes de guiarla de vuelta hacia la cocina. Vamos a comer, que christopher nos espera. Mientras caminábamos, no podía dejar de pensar en lo inocente que era en realidad. Sarahí a veces demostraba una madurez que me dejaba helada, tanto que llegaba a creer que era más madura que yo, pero en temas como

Este, me recordaba que seguía siendo solo una niña “Asombrada…”a un mundo que aún no comprendía. Mientras caminábamos hacia la cocina, sarahí me sujetó la mano con suavidad. Me preguntó si era algo fuera de lo normal que dos mujeres tuvieran intimidad. Me detuve un segundo y la miré a los ojos

— A veces el amor cruza todas las fronteras, sarahí. el amor nos llega sin distinguir personas; así somos los humanos. nos enamoramos… apasionadamente y no hay nada que hacer, porque es el corazón el que decide a quién entregarse. —le pregunté

Sarahí me dedicó una mirada llena de felicidad y un orgullo que no supe explicar, pero que me conmovió. Entonces, se armó de valor y me hizo una propuesta inesperada: ni yo me lo veía venir, pero al oírla hablar se me cerró la garganta y no pude hacer otra cosa que aceptar.”

— Samantha… ¿te gustaría ir conmigo a una pijamada? mis amigas organizaron una para el próximo sábado y la idea es que cada una puede ir con su madre. entiendo si no quieres, pero me gustaría pasar tiempo contigo sé que es ridículo pedirte que pases tiempo conmigo porque siempre estás aquí, pero… a veces me siento algo enojada porque pasas mucho tiempo con mi papá. no me malentiendas, yo quiero que sean pareja de mi padre, ya te lo había dicho, pero a veces siento… no sé cómo explicarlo… ¿celos? quiero que estés conmigo todo el tiempo. no sé si estoy mal por sentirme así. —respondió sarahí

Me detuve en seco al escucharla. Al observar a sarahí, fue como si estuviera frente a un espejo de mi propio pasado. Recordé el vacío y la rabia que sentí cuando perdí a mis padres; ese enojo amargo por no tenerlos conmigo, por no poder correr a sus brazos cuando más los necesitaba. Entendía sus celos y su miedo de inmediato. Sin decir una palabra, la atraje hacia mí y la abracé con todas mis fuerzas, queriendo protegerla de todo ese dolor. Estaría encantada de acompañarte a esa pijamada, sarahí le susurré en su oído En ese instante, sentí cómo su cuerpo empezaba a

Temblar bajo mis brazos. Sarahí se aferró a mí y rompió a llorar, mojando mi hombro con sus lágrimas mientras soltaba toda la soledad que había estado guardando.”Luego de desayunar, nos quedamos un rato más en la mesa disfrutando del silencio, hasta que Sarahí subió a su habitación. Pasó allí cerca de media hora y, cuando volvió a bajar, ya se había cambiado de ropa; llevaba puestos unos pantalones de algodón para el frío y un suéter cómodo. Se veía decidida mientras se dirigía hacia christopher.

— Papi, ¿me darías permiso de ir al cine con mi novio? solo vamos a ver una película que se estrena hoy —dijo sarahí

— ¿Cuál película van a ver, sarahí? di se puede saber… —le pregunté

— Es que quiero ver una que se estrenó ayer, the rugrats movie. pero también están otras dos que ya tienen días: the waterboy y meet joe black… no sé por cuál decidirme todavía —dijo sarahí

De repente, comencé a sentirme algo débil. Mientras sarahí hablaba con entusiasmo de las películas, noté que la luz de la cocina me molestaba más de lo normal, hiriéndome los ojos. Un sudor frío me recorrió la nuca de forma repentina. Intenté disimularlo bebiendo un poco de agua, pero el malestar era cada vez más evidente, una pesadez que me recorría los huesos. Me imaginé que simplemente era por mi periodo; tal vez los cólicos me estaban bajando las defensas. Comencé a parpadear con fuerza, intentando enfocar la imagen de sarahí, pero su rostro

Parecía desdibujarse por momentos. Tenía que mantenerme en pie, al menos hasta que ella se marchara.” Cuando christopher finalmente le dio permiso a sarahí para ir al cine, ella se acercó a mí y me dio un beso en mi mejilla para despedirse, pero se detuvo de inmediato, con el rostro cargado de preocupación.

— Samantha, ¿te encuentras bien? tu piel se siente algo helada —dijo sarahí

— Sí, estoy bien, no te preocupes por mí —le respondí

Christopher, al oírla, dejó su computadora y se acercó. Colocó su mano en mi frente y frunció el ceño; su tacto confirmó lo que sarahí decía: estaba fría, con ese sudor de quien está a punto de colapsar. Le insistí en que no era nada, que solo necesitaba descansar un poco. Sarahí finalmente se fue con su novio, pero christopher no se quedó tranquilo; me sugirió que me tomara una pastilla. Con un poco de vergüenza, bajé la mirada, y le contesté

— Christopher, de verdad estoy bien… es normal sentirse así, es que estoy en mis días —le dije

— Ya entiendo, pero es mejor que vaya a la farmacia a comprarte algo. creo que te va a dar fiebre y es mejor que estemos preparados —respondió christopher

Cuando se disponía a irse, lo sujeté del brazo…”para detenerlo, queriendo demostrarle que no era necesario, pero en ese mismo instante mi cuerpo me traicionó: comencé a temblar de forma incontrolable. Sin decir una palabra más, christopher me rodeó con sus brazos y me cargó para llevarme a mi habitación. Mientras subíamos las escaleras, no podía dejar de mirarlo. Se sentía extrañamente bien estar así, protegida por él. Me quedé suspendida en ese pensamiento, asombrada de mí misma; antes no soportaba el tacto de ningún hombre, el contacto físico me producía náuseas o terror. Pero siendo honesta, estar en sus brazos no me parecía nada malo. Al contrario, era el único lugar en el que quería estar.”

— Christopher, gracias por cuidarme. eres un hombre excelente; cualquier mujer sería feliz estando a tu lado —le dije

— ¿En serio lo dices?. entonces, ¿tú serías feliz si yo estuviera a tu lado, samantha? —preguntó christopher

Christopher… susurré, sintiendo que mi corazón se emocionara al escuchar esas palabras. En ese momento, un temblor más fuerte me recorrió mi cuerpo. Christopher me comentó que, viéndome así, lo mejor sería no ir a la fiesta mañana. Lo miré fijamente y, tratando de ocultar mi miedo con una broma, le pregunté si acaso le daba vergüenza que lo vieran conmigo. Pero su respuesta, mientras me recostaba con delicadeza en la cama, me dejó sin palabras.

— Claro que no me das vergüenza. pero tengo miedo de que empeores por algo que no tiene importancia. primero estás tú, samantha. nada es más importante que tu salud. —contestó christopher

— ¿Tanto te importo, christopher? —le pregunté

— Sí, samantha. eres alguien muy especial para mí y no soportaría verte sufrir. voy a ir a la farmacia ahora mismo; cuando regrese, te prepararé un caldo de pescado para que recuperes fuerzas —dijo christopher

— Christopher, yo… me estoy… —le contesté

Estaba a punto de confesarle que me estaba enamorando de él, pero mi cuerpo me traicionó de nuevo. El frío se volvió insoportable y mis labios empezaron a castañear, impidiéndome terminar la frase. Christopher se dispuso a salir de mi habitación, pero antes de cruzar la puerta, regresó hacia mí y me dio un beso tierno en mi frente. Me pidió que no me tapara demasiado, advirtiéndome que el exceso de calor podría empeorar la fiebre que ya empezaba a asomar. Yo, en mi terquedad, seguía insistiendo en que era algo normal de mi periodo, pero él ya no me escuchaba; su única prioridad era cuidarme.”

Con

Cariño

Samanta

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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