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El diario de samantha - Capítulo 85

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Capítulo 85: El diario de samantha

Capítulo – 85: — Sentimientos descontrolados

Domingo – 22 de noviembre del 1998

Querida Aylin

Intenté levantarme, pero me sentí tan débil que las piernas no me sostuvieron. Christopher me sujetó de inmediato, evitando que cayera al suelo. Con un hilo de voz, le pedí que buscara una pijama limpia en el cajón y que, por favor, sacara también ropa interior. Él lo hizo, pero al ver las prendas en sus manos, me di cuenta de que apenas podía moverme. Lo miré con una mezcla de cansancio y una pizca de picardía, intentando aligerar el ambiente.

— Christopher, ¿me ayudas a ponerme la ropa? no te preocupes, para que no te sientas incómodo me taparé con la toalla mientras lo haces… aunque, para ser honesta… no tendría problema si me ves desnuda —le dije

— No puedo hacer eso, samantha… tú mereces respeto. yo… discúlpame por lo que hice, de verdad. —dijo christopher

— No tienes por qué pedirme disculpas. hiciste lo necesario para bajarme la fiebre. me di cuenta de que me metiste a la ducha con ropa y todo para ayudarme. gracias por salvarme otra vez, christopher —le respondí

Mientras me ayudaba a cambiarme, sentí que el rostro me ardía de vergüenza. En un susurro, le pedí que me pasara una toalla femenina del cajón de la mesita de noche. Él lo hizo con total naturalidad y, no sé cómo, logré colocarla en mi ropa interior. Por fin estaba seca, pero christopher seguía empapado. Le pedí que fuera a cambiarse de inmediato, pero él me miró preocupado.

— Samantha, tenemos un problema. la cama está muy mojada; con la prisa de sacarte de la regadera, te acosté aquí sin pensar y el colchón se empapó. no puedes quedarte así —dijo christopher

— ¿Por qué no me voy a dormir a tu habitación solo por esta noche? si no es mucha molestia… —le respondí.

— ¿Estás segura? no quiero que te sientas incómoda en mi habitación —preguntó christopher

Miré el reloj: era la 1:30 de la madrugada. Le aseguré que no me importaba; de hecho, le dije con total confianza que podría dormir con él incluso estando desnuda, pues sabía perfectamente que él me respetaría. Sin embargo, al decir esto, christopher desvió la mirada hacia el suelo. No entendí por qué se puso tan tenso en ese momento.

— Está bien. ahorita vuelvo, voy a cambiarme y regreso por ti. no tardo mucho, samantha —contestó christopher

Antes que saliera christopher, se acercó hacia mí y colocó su mano sobre mi frente con una ternura que me desarmó, susurro con alivio. Gracias a dios, ya no tienes fiebre, no pude evitarlo. Antes de que retirara la mano, se la sostuve y le planté un beso en la palma en señal de agradecimiento. Una lágrima rodó por mi mejilla; era la primera vez en mi vida que me sentía realmente valorada, cuidada… y hasta amada. Christopher salió de la habitación y me quedé sola un momento. De repente, una sensación extraña me recorrió el cuerpo. Tuve un recuerdo borroso, un eco de algo

Cálido presionando contra mis labios. No sabía si lo había soñado o si era un delirio de la fiebre, pero la sensación persistía, aunque no lograra atrapar el recuerdo por completo. Me quedé allí, pensativa, envuelta en el silencio de la habitación. Deseé, con todas mis fuerzas, tener el valor que siempre me había hecho falta. Si lo tuviera, le pediría a christopher que esta noche me hiciera su mujer; pero no quería lastimarlo, y mucho menos usarlo. Todavía me sentía tan insegura de mí misma… Necesitaba sanar. Decidí que el lunes le pediría a mi psicóloga tener dos citas por

Semana; necesitaba sacar todo este dolor de mi sistema lo más rápido posible para estar bien para él. De pronto, christopher regresó. Al verlo ya cambiado y seco, una sensación de seguridad me recorrió el cuerpo. Intenté incorporarme para salir de la habitación por mi propio pie, pero él me detuvo con un gesto suave. Tomó el jarabe y las pastillas de la mesita de noche y me las entregó para que yo las llevara. Sin decir una palabra, me tomó de nuevo en sus brazos. Mientras salíamos de la habitación, recargué mi rostro en su pecho. El mundo exterior dejó de existir para mi; solo estábamos él y yo, y el sonido constante y rítmico de los latidos de su corazón bajo mi oído.

— Samantha, ¿te puedo preguntar una cosa? —dijo christopher

— Sí, claro, dime —le respondí

— Por casualidad… ¿alguna vez te han robado un beso? ¿te enojarías? ¿te molestaría mucho si alguien lo hiciera? — contestó christopher

En ese momento me quedé helada. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Pensé de inmediato en rogue y en aquel beso que me dio a la fuerza. “Dios mío”, pensé aterrada, “debo haber hablado de más en la ducha mientras deliraba”. Estaba convencida de que había mencionado lo de rogue y ahora christopher debía estar pensando lo peor de mí. ¿Y si creía que me gustaban las mujeres? ¿Y si me juzgaba por algo que yo no busqué? Ahora entendía por qué se había puesto tan tenso.

— Depende del beso, christopher… pero para mí no significaría nada. al final, solo es un beso y ya. no tiene importancia. para mi —le contesté

— Entonces… ¿para ti un beso robado no significaría nada bueno, qué bueno que me lo dices, samantha. ya veo que para ti no tiene ningún valor. —dijo christopher

Sus facciones cambiaron por completo y se puso distante. Yo no entendía por qué se molestaria tanto. ¡A mí no me gustaban las mujeres! No comprendía por qué se ponía así por algo que, para mí, había sido un abuso de rogue y nada más. Al llegar a su habitación, christopher me sentó en la cama con cuidado, tomó una toalla y comenzó a secarme mi cabello, pero esta vez sus manos no tenían la misma suavidad de antes; me peinaba con una rigidez contenida, como si estuviera haciendo un esfuerzo enorme por no hablar. Lo miraba extrañada; el ambiente se había vuelto

Denso, yo creía estar dejando claro que el beso de rogue no tuvo valor para mí, pero no entendía por qué mi respuesta le había afectado tanto a él. Me quedé sumida en mis pensamientos mientras él seguía peinándome con esa extraña frialdad. No lograba comprender por qué se había puesto así; yo no le había dicho nada malo. Entendería su reacción si él me hubiera besado y yo le hubiera soltado esas palabras; ahí sí estaría justificado que se sintiera lastimado o que su orgullo estuviera herido. Pero yo me estaba refiriendo a rogue, a un beso que no busqué y que no significaba nada para mí.”¿Por qué se ofende?”, me preguntaba una y otra vez, sintiendo cómo la

Tensión en la habitación aumentaba. No tenía sentido que se tomara mis palabras como algo personal si, según yo, no había pasado nada entre nosotros más allá de sus cuidados por la fiebre. Me repetía la misma lógica en la cabeza: si él fuera quien me hubiera robado un beso en la ducha, entendería que mis palabras fueran como una bofetada… pero como estaba segura de que eso no había pasado, su actitud me parecía totalmente fuera de lugar. Estaba tan perdida en mi propia lógica que no alcanzaba a ver que mi falta de memoria era lo único que me impedía entender el dolor que reflejaban sus ojos.

— Christopher, ¿estás enojado? ¿hice algo malo para que te molestaras?. a veces soy tan estúpida y no mido lo que digo. si te ofendí en algo, discúlpame… para mí eres lo mejor que me ha pasado en mi miserable vida. no quiero perderte por una tontería sin siquiera saber qué fue lo que hice.

— No, samantha, discúlpame tú a mí me comporté como un idiota. solo fue una pregunta, creo que exageré… tú significas muchísimo para mí.—dijo christopher

Sin poder aguantar más la distancia que se había formado entre nosotros, me armé de valor y coloqué mis manos sobre su rostro. Christopher se quedó paralizado, sorprendido por mi gesto; era la primera vez que me atrevía a tocarlo con tanta iniciativa. Me acerqué lentamente hacia él, acortando el espacio hasta sentir su propia respiración: En ese momento nos fundimos en un abrazo. Me aferré a él con todas mis fuerzas y él me correspondió con la misma intensidad. Mientras estaba ahí, protegida entre sus brazos, pensé para mis adentros que, si la vida me diera la

Oportunidad de repetir todo, lo haría sin pensarlo. Aceptaría sufrir de nuevo, pasar por el infierno de la prostitución y todo el dolor del pasado, solo porque sabía que, al final del camino, tarde o temprano lo conocería a christopher y a sarahí. Finalmente, christopher se recostó en la cama y yo me acomodé junto a él. Sentía el cuerpo ligero, la fiebre se había ido, pero el alivio de tenerlo cerca era la mejor medicina. No quería separarme ni un segundo; solo deseaba quedarme así, durmiendo a su lado, sintiendo que por fin estaba a salvo.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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