El diario del rescatado \ Forjo - Capítulo 11
- Inicio
- El diario del rescatado \ Forjo
- Capítulo 11 - 11 Capítulo 8 El acecho en el bosque El rugido y la batuta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Capítulo 8: El acecho en el bosque: El rugido y la batuta 11: Capítulo 8: El acecho en el bosque: El rugido y la batuta Mucho antes de que las legiones intentaran reclamar mi alma, la muerte intentó reclamar mi cuerpo física y ferozmente en la espesura de un bosque.
Este es un testimonio antiguo, de cuando tenía unos quince años y cursaba el noveno año del colegio.
Fue durante una gira estudiantil a un bosque denso e imponente.
Entramos a ese lugar sin saber que nos adentrábamos en el territorio de uno de los peligros más letales, visibles y, a la vez, invisibles: un puma.
El depredador nos acechaba desde nuestra llegada, siguiendo nuestros pasos en silencio.
Debido a mi naturaleza lenta y despistada, me quedé atrás del grupo principal.
El miedo a perderme en la inmensidad verde empezaba a apoderarse de mí; sentía una intranquilidad profunda, un aviso en mi espíritu que mi mente de adolescente no lograba descifrar.
Llegó un punto donde la distancia con el grupo se volvió peligrosa.
Y fue ahí donde Dios, y solo Él, me dio el aviso de muerte.
Un crujido seco de ramas rotas y un gruñido gutural a menos de diez metros de mí rompieron el silencio del bosque.
El horror comenzó.
Mi cuerpo reaccionó instintivamente: empecé a caminar rápido, llamando por ayuda con una voz entrecortada por el llanto.
Estaba temblando, pálida, fría, sudada y agitada, con el corazón martilleando en mi pecho.
En mi huida desesperada, me topé con dos chicas de séptimo año, distraídas e inconscientes del peligro inminente.
Me acerqué a ellas de inmediato, advirtiéndoles de la bestia.
Al principio se reían, creyendo que era una broma de mal gusto…
hasta que lo oyeron.
Hasta que lo vieron.
El pánico las descontroló y empezaron a gritar: “¡Moriremos!
¡Vamos a morir!”.
En ese momento crítico, algo cambió dentro de mí.
Como la mayor del grupo atrapado, el miedo dejó paso a una resolución divina.
Tomé la batuta del liderazgo.
Con una calma que no era mía, les dije con autoridad: “Todo estará bien.
Vámonos rápido, sin perderlo de vista, y llegaremos al grupo”.
Y así fue.
Dios nos ayudó y nos guardó en cada paso de ese escape.
Contra toda lógica depredadora, no fuimos comida ni atacadas por ese animal salvaje.
Jehová nos cubrió con Su escudo protector.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com