El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 12
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12: Capitulo 11: El Callejón Diagon 2 de 2 12: Capitulo 11: El Callejón Diagon 2 de 2 El interior de Magical Menagerie era un caos agradable.
Ululares, chillidos, jaulas colgando del techo y plumas flotando en el aire.
Una docena de lechuzas observaban desde sus perchas mientras gatos caminaban entre las estanterías.
Aurelian levantó una ceja.
—Definitivamente… ruidoso.
Scarlet no respondió.
Sus ojos recorrían las jaulas.
De repente se detuvo.
En una esquina, apartada de las demás, había una lechuza de plumas verde oscuro, casi como esmeralda bajo la luz tenue de la tienda.
Sus ojos eran intensos, observando todo con evidente mal humor.
La bruja del mostrador suspiró cuando vio hacia dónde miraba Scarlet.
—Ah… esa.
Scarlet inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Qué pasa con ella?
—Tiene carácter que no te imaginas —dijo la bruja—.
Nadie quiere comprarla.
Es muy enojona… pica a cualquiera que se acerque.
La mujer cruzó los brazos.
—Probablemente se quedará aquí para siempre.
Scarlet no apartó la mirada de la lechuza.
Había algo en ella.
Algo familiar.
—La llevamos —dijo con calma.
La bruja que atendía la tienda se sorprendió un poco, pero no se negó, es más, se las dejó como regalo, por otro lado, la lechuza al sentir la presencia de estos 2 niños, tembló un poco, pero la calidez con la que Scarlet la miraba la calmo.
Aurelian sonrió ligeramente.
Caminaron un poco luego de salir de la tienda, hasta encontrar un lugar alejado y tranquilo entre dos tiendas.
Aurelian ya sabía lo que Scarlet estaba pensando.
—¿Segura?
Scarlet abrió la jaula.
La lechuza no atacó.
Solo los observó.
—Sí.
La sacó con cuidado y la sostuvo frente a ella.
Sus miradas se encontraron.
Durante un momento… todo pareció detenerse.
La agresividad en los ojos del ave desapareció poco a poco.
En su lugar apareció algo distinto.
Reconocimiento.
Como si ambas entendieran algo que no necesitaba palabras.
Aurelian levantó la mano.
—Bien… hagámoslo.
Con un gesto rápido creó una pequeña barrera de ocultamiento a su alrededor.
Durante estos años que enseño magia de su mundo a Scarlet, le contó y enseñó el contrato espiritual, en bestias espirituales era muy efectivo y mas poderoso, pero ambos dudaban de que encontraran a una bestia así pronto.
Así que luego de ver lo que tenían que llevar a Hogwarts, especialmente, una mascota, decidieron que harían un contrato con uno de estos animalitos.
El contrato funcionaba diferente en los animales normales, si estos aceptaban el contrato, pasarían por una metamorfosis, se transformarían en bestias espirituales, de clase baja, pero al fin y al cabo sería una bestia espiritual, la cual puede mejorar con el tiempo.
Aurelian recordó que ninguna bestia espiritual o animal quería aceptar su contrato, tal vez por ser dragón o porque no era digno, no lo sabe pero ahora talvez lo lograría.
Volviendo al presente luego de ese recuerdo alisto su magia, la magia de su anterior mundo.
Luego trazó en el aire una matriz de encantamiento, líneas de luz formando un patrón complejo entre él y Scarlet.
No eran líneas simples de luz, era su mana concentrado y estableciendo una conexión con sus almas.
Esta es magia poderosa para los estándares de este mundo, o eso cree Aurelian por lo que sabe hasta ahora.
—Recuerda —dijo en voz baja—.
No se puede forzar el contrato, la lechuza debe aceptar voluntariamente.
Scarlet asintió.
Ambos se mordieron la punta de un dedo.
Las gotas de sangre flotaron lentamente sobre la matriz luminosa.
La lechuza observó.
Y entendió.
Sin dudarlo, extendió su ala derecha y se hizo una pequeña herida con el pico.
Unas gotas de sangre cayeron… y flotaron hacia el centro del encantamiento.
La matriz brilló.
El cuerpo del ave comenzó a emitir una luz suave.
Sus plumas se movieron como si una brisa invisible las recorriera.
La esencia de la criatura cambió.
Su forma se volvió más definida, más fuerte.
Las alas crecieron ligeramente.
El color de sus plumas se profundizó hasta un esmeralda oscuro, brillante y misterioso.
Sus ojos ahora brillaban con una inteligencia clara.
En las manos de Aurelian y Scarlet apareció una marca luminosa con forma de lechuza.
La luz se disipó lentamente.
El ave los observó.
Como si esperara algo.
Aurelian y Scarlet se miraron un instante.
Y al mismo tiempo dijeron: —Zephira.
La lechuza emitió un ulular suave, claramente satisfecha.
Luego se posó sobre el hombro de Scarlet.
Movió las alas con entusiasmo, disfrutando su nueva fuerza… su nueva esencia.
Pero entonces miró las marcas en las manos de ambos.
Y supo que…
podía entrar.
No importaba cuál marca eligiera.
Ambos estaban conectados.
Sin dudarlo, se dejo caer en la mano de Scarlet, su cuerpo se desvaneció en una pequeña estela de luz esmeralda… desapareciendo dentro de la marca en la mano de Scarlet.
Las marcas de ambos brillaron un momento y adoptó un tono verde oscuro.
Scarlet sonrió con una emoción que no intentó ocultar.
—Una bestia espiritual… Aurelian asintió.
—También es mi primera bestia espiritual…
Después de un momento, Scarlet cerró la mano.
—Bien —dijo.
Aurelian miró hacia el final de la calle.
El viejo letrero dorado los esperaba.
“Ollivanders.
Fabricantes de finas varitas desde el 382 a.
C.” Aurelian empujó la puerta.
Una pequeña campanilla sonó.
El interior estaba casi completamente en silencio.
Las paredes estaban cubiertas de estanterías altísimas llenas de cajas largas y delgadas.
Miles de ellas.
El aire olía a madera antigua, polvo y algo más… algo que vibraba débilmente en el ambiente.
Magia.
Scarlet observó el lugar con curiosidad.
—Hay… muchas —murmuró.
—Más de lo que parece —respondió Aurelian en voz baja.
Durante unos segundos nadie apareció.
Luego una voz tranquila surgió desde algún punto entre las estanterías.
—Buenas tardes.
Un hombre alto y extremadamente delgado emergió desde la penumbra.
Su cabello era blanco y sus ojos plateados brillaban con una curiosidad inquietante.
Era Garrick Ollivander.
Su mirada se posó inmediatamente en los dos niños.
Como si ya supiera exactamente por qué estaban allí.
Aurelian y Scarlet le entregaron sus cartas.
El viejo las tomó con cuidado y las leyó.
—Aurelian… Draconis.
Sus ojos plateados se alzaron brevemente hacia el niño.
Luego leyó la segunda.
—Scarlet… Drakarion.
Un pequeño silencio.
Algo brilló en su mirada.
Pero no dijo nada.
Les devolvió las cartas.
—Muy bien.
Se giró hacia Aurelian.
—Primero usted, señor Draconis.
Aurelian se acercó al mostrador.
Ollivander sacó una cinta métrica plateada de su bolsillo.
—¿Mano dominante?
—Derecha.
La cinta saltó sola al aire y comenzó a tomar medidas: brazo, hombro, muñeca, distancia entre dedos.
Ollivander apenas miraba la cinta.
Sus ojos estaban puestos en Aurelian.
—Curioso… La cinta terminó su trabajo y cayó sobre la mesa.
Ollivander caminó entre las estanterías y regresó con una caja.
La abrió.
—Probemos esta.
—Once pulgadas.
Sauce.
Núcleo de pelo de unicornio.
Aurelian tomó la varita.
La sostuvo.
La movió ligeramente.
Nada ocurrió.
Ollivander extendió la mano.
—No.
La guardó y sacó otra.
—Arce.
Doce pulgadas.
Núcleo de pluma de fénix.
Aurelian la sostuvo.
La sensación no era correcta.
Ollivander la recuperó inmediatamente.
—No… definitivamente no.
Volvió a las estanterías.
Buscó durante unos segundos más.
Cuando regresó traía una caja ligeramente más larga.
La abrió lentamente.
—Veamos… Aurelian tomó la varita.
En el instante en que sus dedos tocaron la madera, una sensación cálida recorrió su brazo.
Las velas de la tienda brillaron con más intensidad.
Un leve susurro de energía recorrió el aire.
Ollivander sonrió.
—Ah… Tomó la varita para examinarla.
—Tejo.
La giró suavemente entre sus dedos.
—Trece pulgadas y media.
Luego levantó la mirada.
—Núcleo de fibra de corazón de dragón.
Sus ojos plateados brillaban con evidente interés.
—Una combinación poderosa.
Luego pronunció con calma su frase habitual.
—Recuerde, señor Draconis… la varita elige al mago.
Aurelian asintió.
Ollivander ya se había girado hacia Scarlet.
—Ahora usted, señorita Drakarion.
Scarlet avanzó hasta el mostrador.
—¿Mano dominante?
—Derecha.
La cinta volvió a elevarse y tomó medidas rápidas.
Ollivander regresó con una caja.
—Avellano.
Once pulgadas.
Núcleo de unicornio.
Scarlet tomó la varita.
Nada.
Ollivander la recuperó.
—No.
Segunda varita.
—Espino.
Doce pulgadas.
Núcleo de corazón de dragón.
Scarlet la sostuvo.
Nada ocurrió.
Ollivander frunció ligeramente el ceño.
—Interesante… Regresó a las estanterías.
Tardó un poco más esta vez.
Finalmente volvió con una caja más delgada.
La abrió con cuidado.
—Probemos esta.
Scarlet tomó la varita.
En el instante en que la sostuvo, una corriente cálida recorrió la tienda.
Las velas se inclinaron ligeramente.
Una pequeña chispa roja apareció en la punta de la varita.
Ollivander sonrió ampliamente.
—Sí… esta es.
Observó la varita con evidente satisfacción.
—Serbal.
La giró entre sus dedos.
—Doce pulgadas.
Luego añadió: —Núcleo de pluma de fénix.
Miró a Scarlet con atención.
—Las varitas de serbal suelen elegir a magos con magia intensa… y un espíritu fuerte.
Guardó las cajas sobrantes.
Luego observó a ambos niños.
Durante unos segundos no dijo nada.
Finalmente murmuró: —Curioso… Sus ojos brillaron.
—Extremadamente curioso.
Envolvió cuidadosamente ambas varitas.
—Les deseo mucha suerte en Hogwarts.
Aurelian y Scarlet salieron de la tienda luego de pagar.
La campanilla volvió a sonar suavemente cuando la puerta se cerró.
Dentro, Garrick Ollivander permaneció mirando la puerta durante unos segundos.
Luego murmuró para sí mismo: —Fibra de corazón de dragón… y pluma de fénix… Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Sí… —Extremadamente curioso.
Los niños desparecieron a la distancia.
Aurelian y Scarlet estaban aburridos, así que se dirigieron a un lugar oscuro, luego una pequeña luz salió, si alguien iba a ver ese lugar no notaría nada.
Ambos usaron una matriz de tele transportación, aparecieron en la sala, justo a tiempo para el almuerzo.
Los padres de Aurelian se sorprendieron un poco, pero siguieron con lo suyo, entonces Scarlet fue donde su suegrita, mostrándole su nueva bestia espiritual.
Saliendo de la mano de Scarlet que se poso en su hombro, Zephira puso su mejor cara frente a los suegros de su dueña.
—¡Que hermoso!
—dijeron los padres de Aurelian.
Aurelian río para si mismo y se dirigió al comedor con una sonrisa alegre.
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