El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 3
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3: Capitulo 02: Cumpleaños 3: Capitulo 02: Cumpleaños Poco después de cumplir los 2 años empezó a decir sus primeras palabras, nada fuera de lo común, lo que un niño normal diría, papá, mamá, eso, aquello, y palabras para conseguir cosas.
Cuando salía a pasear con sus padres se quedaba viendo los libros de un tienda con una mirada de anhelo.
Cosa que no paso desapercibida por sus padres.
El tiempo pasó más rápido de lo que Aurelian esperaba.
Los días se convirtieron en semanas.
Las semanas en meses.
Y antes de darse cuenta, su pequeño cuerpo humano ya tenía tres años.
La mañana del 31 de julio de 1984 comenzó como cualquier otra.
El aroma del pan recién horneado llenaba toda la casa.
El horno crepitaba suavemente mientras Marco trabajaba con la masa sobre la mesa de madera.
El sonido del cuchillo cortando pan era casi rítmico.
Para Aurelian, era un sonido familiar.
Reconfortante.
Pero ese día era ligeramente diferente.
Su madre lo llamó desde la cocina.
—Aurelian, ven aquí un momento.
El niño caminó con pasos pequeños pero firmes.
Había aprendido a moverse con bastante seguridad durante el último año.
Cuando llegó a la mesa, vio algo inesperado.
Dos objetos rectangulares envueltos con papel sencillo.
Su padre se limpió las manos con un paño antes de sonreír.
—Feliz cumpleaños, hijo.
Aurelian parpadeó.
Por supuesto que sabía lo que era un cumpleaños.
Los humanos celebraban el día en que alguien nacía.
Pero no esperaba… regalos.
Su madre empujó suavemente los paquetes hacia él.
—Sabemos que te gusta mirar los libros de la tienda del señor Carter.
Marco asintió.
—Siempre que pasamos por ahí te quedas mirando el escaparate.
Aurelian sintió una pequeña sorpresa.
Me han estado observando.
Tomó el primer paquete con cuidado y lo abrió.
Dentro había un libro con tapa color verde oscuro.
El título decía: “Cuentos y leyendas de Inglaterra” Ilustraciones simples llenaban las primeras páginas.
Dragones.
Caballeros.
Brujas.
Criaturas del bosque.
Los ojos de Aurelian brillaron ligeramente.
No por emoción infantil.
Sino por interés genuino.
Luego abrió el segundo paquete.
Este libro era más simple.
Cubierta marrón.
Más grueso.
El título decía: “Historia básica de las Islas Británicas” Aurelian levantó la mirada lentamente.
Sus padres parecían un poco nerviosos.
Marco se rascó la cabeza.
—Tal vez es un poco difícil para tu edad… Elena rió suavemente.
—Pero siempre estás mirando libros, así que pensamos que te gustaría.
Durante unos segundos, Aurelian no dijo nada.
En su mente, sin embargo… estaba celebrando.
Perfecto.
Libros.
Exactamente lo que necesitaba.
En silencio, abrazó ambos contra su pecho.
No necesitaba decir nada más.
Pero mientras comenzaba a hojear el primer libro, una sensación familiar recorrió su cuerpo.
Ese calor profundo.
Su sangre de dragón.
Y muy lejos… como un eco distante bajo la tierra… sintió nuevamente aquella presencia.
El otro dragón.
Aurelian cerró el libro lentamente.
Sus ojos índigo miraron hacia el suelo por un momento.
Espera.
Primero debo entender este mundo.
Luego volvió a abrir el libro.
Porque ahora, por fin… podía empezar a aprender.
Antes de nada miro con sus ojos bien abiertos, con una voz más alegre de lo normal, dijo: —Muchas gracias, padres.—les dio un gran abrazo, aunque su cuerpo es pequeño.
Junto con este regalo y la llegada de sus 3 años de edad, sintió nuevamente su magia, podía sentir como llenaba su cuerpo por completo, algo que también le encanto.
Sus padres no sabían que pasaba por su cabecita, pero no les importo con tal de ver a su hijo feliz.
Ese día dieron un paseo por el parque, compraron algunos ingredientes y regresaron para que los 3 prepararan un pastel, a los padres de Aurelian les sorprendió mucho su pasión por la panadería, luego de que el pastel estuviera hecho lo comieron durante la cena.
Luego de que sus padres se fueran a dormir el plan de Aurelian se puso en marcha, pues el sentimiento de que un dragón estaba cerca no lo dejaba tranquilo, además de que sentía como el dragón transmitía tristeza con su presencia.
Poniéndose un abrigo grueso, guantes, una gorra para el invierno, se dispuso a explorar.
—Es la hora, ya son las 11 PM, debo llegar antes de las 4 AM o mis padres me descubrirán.
Dejo una marca en su habitación, solo por si acaso, pues la lleno de mana, como un punto de reconocimiento, en caso de que se perdiera.
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