El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capitulo 05 Rescatando a la Princesa
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6: Capitulo 05: Rescatando a la Princesa 6: Capitulo 05: Rescatando a la Princesa La noche era fría en Londres.
La ciudad dormía, pero Aurelian estaba completamente despierto.
Había esperado casi un año para ese momento.
Un año observando el flujo de magos que entraban y salían delCaldero Chorreante.
Un año entrenando su control del maná.
Un año sintiendo, cada noche, la misma presencia triste bajo la ciudad.
La dragona.
Hoy todo terminaría.
Aurelian caminó con tranquilidad por Charing Cross Road, envuelto en su abrigo grueso.
El maná que circulaba por la tela distorsionaba la percepción de cualquiera que lo mirara.
Para los ojos humanos… simplemente no estaba allí.
Entró al Caldero Chorreante sin que nadie lo notara.
El lugar estaba casi vacío a esa hora.
Un par de magos conversaban en una mesa.
El cantinero limpiaba vasos.
Aurelian cruzó el salón y llegó al patio trasero.
Frente a él estaba el muro de ladrillos que ocultaba la entrada haciaDiagon Alley.
Había memorizado el patrón de apertura durante meses.
Golpeó los ladrillos correctos con una de sus garras transformadas.
Uno.
Dos.
Tres.
El muro giró lentamente.
El arco hacia el Callejón Diagon apareció frente a él.
Aurelian entró.
Las tiendas estaban cerradas.
Las lámparas mágicas iluminaban débilmente la calle.
Al final del camino se alzaba el enorme edificio de mármol blanco.
El banco de los magos, Gringotts.
Incluso Aurelian tuvo que admitirlo.
Era impresionante.
Pero no estaba allí para admirar arquitectura.
Entró al banco sin llamar la atención de nadie, el vestíbulo era enorme.
Columnas de mármol, mesas largas, duendes trabajando con montones de monedas y pergaminos.
Necesitaba un guía.
Esperó oculto entre las sombras de una columna.
Pronto uno de los duendes abandonó su puesto con un conjunto de llaves y documentos.
Perfecto.
Aurelian extendió un hilo fino de maná.
El hechizo era simple.
Control mental leve.
Nada brutal.
Solo una influencia.
Los ojos del duende parpadearon.
Su mirada se volvió vacía, el efecto que debería de ser simple fue muy potente para este.
Aurelian se acercó sin importarle el estado del duende.
—Llévame a las bóvedas profundas.
El duende asintió.
Comenzó a caminar.
Nadie sospechó nada.
Bajaron escaleras de piedra que descendían cada vez más bajo tierra.
El aire se volvió húmedo.
Frío.
Antiguo.
Llegaron a los rieles donde descansaban los carros metálicos.
El duende señaló uno.
Aurelian subió.
El carro salió disparado.
Los túneles de Gringotts eran gigantescos.
Las vías serpenteaban por cavernas enormes.
Bóvedas incrustadas en las paredes.
Puentes de piedra.
Abismos sin fondo.
El viento golpeaba el rostro de Aurelian mientras descendían cada vez más.
Entonces lo sintió.
La presencia.
Más fuerte que nunca.
La dragona.
Cuando el carro llegó a la zona más profunda, Aurelian saltó al suelo.
Liberó al duende del hechizo.
El pequeño ser se quedó confundido unos segundos.
Pero Aurelian ya había desaparecido en las sombras.
Caminó por un túnel enorme.
Y entonces la vio.
Encadenada entre pilares de piedra.
La enorme Ironbelly Ucraniana levantó lentamente la cabeza.
Su tamaño era colosal.
Escamas gris plateadas.
Alas gigantes.
Cadenas clavadas en su cuello.
Cicatrices cubriendo su cuerpo.
Pero lo que más llamó la atención de Aurelian fueron sus ojos.
Rojos.
Escarlata.
Casi del color de la sangre.
Durante un momento completo ambos se miraron.
Aurelian quedó en silencio.
Y una idea apareció en su mente.
Es hermosa.
Según los estándares de los dragones… aquella criatura era increíblemente hermosa.
Joven.
Fuerte.
Pero triste.
Encadenada.
En su mundo, una dragona así… habría sido tratada como una princesa.
—Así que eres tú… —susurró.
La dragona lo miraba confundida.
Sentía algo familiar en él.
Algo imposible.
Un humano.
Pero también… un dragón.
Aurelian sonrió, para no incomodarla decidió transformarse a un tamaño similar, talvez un poco mas grande, para presumir.
Luego su cuerpo comenzó a cambiar.
Las escamas aparecieron.
Sus alas se desplegaron.
Su forma de dragón llenó gran parte de la caverna.
La Ironbelly se estremeció.
Aquel dragón no pertenecía a ninguna especie que conociera.
Su presencia era dominante.
Antigua.
Real.
Aurelian se acerco hacia ella lentamente.
Luego hizo algo que solo los dragones de su linaje entendían.
Inclinó la cabeza.
Y dio una pequeña mordida en su cuello.
Un gesto ritual.
Un reconocimiento.
Un inicio.
Este ritual le permitiría transmitirle un poco de la pureza de sangre a la contraparte, dándole dotes que antes no tenia, por esta razón varios dragones se emparejaban con un dragón de sangre real o pura.
Pero la otra parte tenía que aceptar al pretendiente.
La dragona se quedó inmóvil.
Luego respondió.
Sus colmillos tocaron suavemente el cuello de Aurelian.
El ritual comenzó.
Era un antiguo ritual de emparejamiento dracónico.
No significaba posesión.
Ni obligación.
Era una promesa.
Un vínculo.
Una elección mutua.
La magia fluyó entre ambos.
En su mayoría la magia interna de Aurelian.
—Que bueno que aumente mi cantidad de mana, o el ritual hubiera fallado.—Pensó Aurelian.
Sus cuerpos comenzaron a cambiar.
Las escamas desaparecieron.
Las alas se desvanecieron.
Poco a poco ambos adoptaron forma humana.
Frente a Aurelian apareció una niña.
Cabello plateado largo.
Ojos escarlata.
Pero las heridas seguían allí.
Cortes.
Cicatrices.
Marcas de años de cautiverio.
Aurelian frunció ligeramente el ceño.
—Tengo que curar esas cicatrices mas tarde… Sacó un pequeño paquete de su abrigo.
Ropa.
Había pensado en eso antes de venir.
—Toma.
La niña lo miró confundida.
Aurelian se rascó la cabeza.
—No todos los dragones usan ropa al transformarse, solo si puedes almacenarla antes.
Ella tomó las prendas lentamente.
Cuando terminó de vestirse, Aurelian activó la matriz de teletransportación.
Las runas brillaron en el suelo.
La caverna desapareció.
Un instante después ambos aparecieron en la habitación de Aurelian.
El niño cayó sentado en el suelo.
Su rostro se puso rojo.
—Bueno… Se rascó la mejilla.
—Creo que técnicamente acabo de rescatar a una princesa, como en esos cuentos que trajo mamá, jejeje.
Miró a la niña.
Luego suspiró.
—Y también… tengo pareja ahora.
Ese ritual es muy significativo para los dragones de su otra vida, no se podía hacer a la ligera, pues solo las dragonas o dragones mas poderosos y hermosos tenían ese privilegió.
Se quedó en silencio unos segundos.
Luego levantó un dedo.
—Pero no te preocupes.
La miró con calma.
—No tienes que decidir nada ahora.
Señaló la puerta.
—Primero tenemos que sobrevivir a algo mucho más peligroso.
Hizo una pausa.
—Mis padres.
El hecho de que su forma humana sea una niña significa que tiene menos de 100 años, la transformación se baso en los estándares del otro mundo.
Aurelian tenía que preparar una buena explicación para toda esta situación.
Mañana será un desayuno muy especial, pues tardo solo 50 minutos en rescatar a la dragona.
—¿Por cierto tu nombre es?—Pregunto Aurelian.
—…
—Esto va ser complicado, vamos a dormir primero…—Dijo Aurelian antes de señalar su cama mientras el se preparaba para dormir en el suelo.
La dragona solo lo miro un momento antes de subirse a la cama y dormir.
Ella por primera vez en varios años sintió paz al dormir, sabiendo que estaba siendo protegida por su “pareja”, pues no es estúpida para no saber en medida lo que hizo el niño, sabe que ahora tienen una conexión profunda entre los 2, lo cual extrañamente le formo una sonrisa al dormir, con la mejor sensación de toda su maldita vida.
—G-gracia -ss…—Susurro con dificultad la niña.
Aurelian la escucho y no dijo nada mas que solo sonreír, solo queda esperar el terrible mañana que se acerca.
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