El Eco de la cordillera - Capítulo 10
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10: El vestido de Cenicienta 10: El vestido de Cenicienta Kyun se encontraba tejiendo en su habitación, esa actividad le ayudaba a pensar, necesitaba organizar sus horarios para definir una hora del día en la que pudiera entrenar.
Posterior a su decisión de partir junto a Leone, se encargaba de todo lo que su madre realizaba en conjunto a otras doncellas en el archiducado, desde verificar que los costosos vestidos estuvieran en perfecto estado, hasta traer libros nuevos cada que esta completara uno.
Era una labor tediosa, pero solo si la tomaba sería capaz de viajar a Lunhae y descubrir lo que había pasado con sus padres.
La historia de “dos comerciantes que viajan en búsqueda de una mejor calidad de vida” no la convencía.
Desde que era joven notó que sus progenitores guardaban muchos secretos; nunca mencionaron a un familiar cercano; tampoco su ciudad de origen; y mucho menos dar detalles acerca de su vida antes de cruzar la brecha.
Ignoró la falta de información durante toda su niñez, se había criado con la idea de no conocer a sus abuelos o de saber si poseía más familia unida por la sangre; todo hasta hace cinco años.
Era la noche del baile por el cumpleaños número dieciocho de Liam, toda la servidumbre había trabajado por meses para que la celebración de la mayoría de edad del heredero del archiducado fuera perfecta.
El baile era magnifico, la decoración de toda la mansión era simplemente maravillosa, la archiduquesa tenía un gusto refinado y su elegancia estaba presente en cada detalle.
El evento se llevaba a cabo en el salón principal de la mansión de Cartalia, en el tercer piso.
Grandes ventanales de vidrieras con imágenes religiosas poco convencionales era uno de sus mayores atractivos; las columnas enchapadas con decoraciones de oro blanco, estaban cubiertas por múltiples claveles blancos que regalaban un exquisito aroma; candelabros iluminaban la estancia, meseros distribuían copas de vino y bocadillos; la mejor orquesta de la nación ambientaba la noche.
Era llamada la fiesta del año, opacaría incluso la realizada unos meses después en honor a la mayoría de edad del príncipe heredero.
Todo transcurrió en orden, los nobles se distribuían en grupos donde mantenían animadas conversaciones, otros paseaban por el jardín, las madres con hijas en edad casadera perseguían a los jóvenes solteros para engancharlos en un matrimonio y otros se dedicaban solo al cotilleo.
Los archiduques saludaban a los invitados, junto a ellos estaban Liam y Leone, la última parecía haberse comido un limón amargo.
A la hora del baile, la archiduquesa se acercó a Kyun para pedirle que buscara a sus padres, seguramente no querrían perderse el primer baile protagonizado por Liam; La pista de baile era una batalla campal.
Rápidamente buscó a su madre entre la gente del salón, a decir verdad, no la había visto desde hace unos minutos, bajó al primer piso y se dirigió a la cocina, uno de los meseros le dijo haberlos visto salir por la puerta trasera minutos antes.
Salió al jardín, a la distancia enfocó a sus progenitores, en la entrada de servicio de la mansión.
Avanzó unos metros hasta percibir la presencia de otra persona, usaba una capa negra, no pudo verle el rostro a pesar de la claridad de la luna.
Se acercó con sigilo ocultándose detrás de un arbusto alto y perfectamente podado, fue entonces que sus oídos captaron una frase proveniente del desconocido “El bebé ha desaparecido”, lo había dicho en idioma Lunhae, la persona era un lunhayeno.
Después de esto el hombre se acalló de golpe y se fue sin decir nada más.
—No te he educado para que escuches a escondidas conversaciones que no te conciernen —habló Suhee mientras se giraba en dirección al arbusto en el que se ocultaba su hija.
Kyun salió de su escondite mirando sus zapatos con vergüenza.
—Lo siento —apretó la falda del vestido—.
La archiduquesa me envió a buscarla, no quise interrumpir la conversación.
—Pero sí escucharla —Suhee estaba molesta.
—Yo, yo solo —estaba apenada—, yo solo quería saber que ocurría.
—No es algo por lo que debas preocuparte —dijo su madre en tono de regaño.
—Pero ¿Quién era ese hombre?, ¿por qué no debo preocuparme?, ¿ocurre acaso algo malo?, ¿es sobre su familia, mamá?
—Kyun, no cuestiones a tu madre y guarda silencio —regañó con voz firme su padre—.
Si te ha dicho que no debes preocuparte, es de ese modo.
Volvamos al baile, la archiduquesa pregunta por nosotros.
Retornaron al salón de baile sin decir una palabra.
Al llegar, Liam bailaba con una linda chica cuyos ojos marrones y cabello avellana resaltaban en el salón.
A pesar de tratar de disimular su madre permaneció inquieta el resto de la velada; estaba notablemente perturbada y se guardó todo eso para sí misma.
Luego de ese día, todo siguió como de costumbre, pasó el tiempo y nada respecto a lo sucedido fue mencionado, fingieron que ese momento nunca ocurrió, pero ella fue incapaz de olvidarlo.
Trató de hablarlo luego de unos años, pero fue inútil.
Ver la incomodidad de su madre, su ímpetu por ocultar el pasado y la nula intervención de su padre le impulsaron a querer saber todo, sin importar que tan oscura fuera la verdad de su familia.
Si algo oscuro amenazaba a su familia, ella lo averiguaría, por ese motivo aprovechó la primera y quizás única oportunidad que se le había presentado, viajar a Lunhae, si no podría descubrirlo de boca de sus padres, lo haría desde el lugar de su origen.
…
Leone se había pasado el día estudiando sobre Lunhae, se arrepintió de no haberlo hecho antes, así habría planeado su escape con anticipación.
No había logrado obtener mucha información de Hanae, solo le mencionó que había sectores del palacio que no se utilizaban a menudo, pero que la limpieza era estricta en su totalidad; también dijo que era un lugar muy tranquilo, nunca había sido invadido por ladrones ni nada, a excepción de una vez hace muchos años, que había ocurrido un incendio o algo así.
Leone se había decidido a volver al pasillo del terror esa noche, aunque no entrara a la habitación investigaría ese acceso tras la cortina, si era un acceso hacia el exterior entonces era una oportunidad para salir con vida de todo esa carnicería.
Al atardecer Kyun llegó a su habitación, le informó que se tomaría la tarde libre para su entrenamiento pero que volvería a dejarle su té nocturno; por gracia de Dios, Helio también desapareció esa tarde.
Todo había salido como anillo a la medida, un poco inoportuno si alguien quisiese asesinarla, pero no era el caso quería creer que no.
Cuando el reloj marcó las seis salió de sus aposentos cuidando no ser vista por nadie.
Realizó el mismo trayecto de las otras dos veces, no esperaba encontrar mucho, ni siquiera abrir la puerta, pero solo un poco más de información sería suficiente.
Cuando se aseguró que no había nadie más en el pasillo levantó la cortina y la enorme pared quedó al descubierto.
No había cerradura alguna, también había probado que empujar no funcionaba, así que inició a toquetear la pared hasta encontrar alguna palanca.
Tocó inútilmente todos los ladrillos esperando sentir alguna especie de cerrojo, fue entonces que notó que uno de los ladrillos al final de la pared no compactaba por completo al suelo, se agachó y lo presionó, al no obtener resultados, lo haló, esto ocasionó que todos los ladrillos se giraran de manera uniforme revelando el acceso que vio aquel día.
Sus latidos se aceleraron ante la indecisión, no supo si arriesgarse o vivir ese martirio con la poca cordura que le quedaba.
Mordió su labio inferior y se convenció de que Dios le estaba mostrando el camino que necesitaba tomar.
Se adentró al interior, bajando la cortina y halando el ladrillo para no levantar sospechas; tras la puerta había un oscuro pasillo, en esta ocasión la puerta del final era de madera con un candado en dos argollas; al acercarse pegó la oreja a la puerta, pero solamente sonido del viento se hacía presente, tomó la única horquilla que traía en su cabello y forcejeó hasta abrirla.
Al desbloquear la puerta se encontró con un acceso al exterior, se asombró al encontrarse con un sitio que aparentemente no conectaba con ninguna parte del palacio que hubiese visto; al final observó un camino que llevaba a un portón viejo, este no tenía candado; al otro lado se extendía un bosque simplemente iluminado por la luna.
Dudó en aventurarse sola, técnicamente estaba indefensa, pero nuevamente se regaló falso valor, además, Kyun y Helio no estaban vigilándola quizás otra ocasión así tardaría en llegar.
Como si Dios la hubiera preparado para ese momento, agradeció llevar consigo la daga que Liam le regaló.
Su premonición de que ese vano era un camino hacia el exterior, fue la correcta.
El bosque, a pesar de ser oscuro y probablemente ocultar a más de un depredador, iluminado por la luna, era hermoso; había una mezcla de árboles que desprendían aromas silvestres, reconoció el bambú lo había visto en un libro de botánica.
Le sorprendió un poco encontrarse un camino abierto, bastante descuidado, como si el trayecto hubiese sido utilizado a menudo en algún momento del pasado.
En su recorrido encontró un puente, vislumbró a la distancia un río que se agrandaba en la lejanía.
Caminó un poco más, se sentía un poco cansada; al cruzar el puente un sonido seco le hizo sobrecoger, se giró, pero no pudo observar nada, la frondosidad era capaz de ocultar incluso a las bestias más altas.
Sentía tanta desconfianza del sitio que murmuró al menos diez oraciones en un minuto.
Decidió avanzar un poco más, unos metros más adelante se encontró con el fin del camino.
El bosque parecía haber estado en una colina y al pie de esta la ciudad se distribuía.
Bajó para ver si podía encontrar rastros de alguna cosa; el movimiento de la gente la tomó por sorpresa, debido a que usaba capa, nadie se extrañaba con su presencia.
La ciudad de noche era muy animada, era un mundo totalmente nuevo.
Las personas se movían por todos los lugares, los negocios se mantenían abiertos; era una especie de ciudad nocturna, se parecía un poco a Griseordenti.
Caminó cubriéndose el rostro con la capucha de su capa, no quería ser descubierta, rápidamente sabrían que no era lunhayena ya que ni siquiera usaba un hanyū, tendría que conseguir alguno, los que vestían las personas que la rodeaban eran muy simples, de lino y colores comunes, muy diferentes a los que había visto utilizar al rey y a los príncipes; inclusive el segundo príncipe que al parecer utilizaba a menudo un hanyū militar, poseía en su vestimenta telas caras y bordadas.
Se detuvo un rato, le dolían las piernas por la larga caminata.
El sonido de una puerta abriéndose y la juiciosa vista de dos soldados en el exterior le hicieron reincorporarse.
—¿Necesita algo?
—preguntó una chica que asomaba del otro lado de la gran puerta de madera—.
¿Ha venido por el trabajo?
—¿Trabajo?
—Sí, el de lectora profesional.
—¿Lectora profesional?
—Esta frente al cartel, pensé que venía por eso —dijo señalando el papel pegado a la puerta.
—“Se busca lectora con dominio en idioma de los continentes centrales y occidental” —leyó Leone en voz alta—, ¿y dices que todavía hay vacantes?
—Es correcto —respondió la chica abriendo la puerta—.
Pasa, llamaré a la directora para que hables con ella.
Leone entró, había un gran patio en el sitio, rápidamente notó que se trataba de una escuela de señoritas al observar la ausencia de hombres en el interior.
La chica la guio a una biblioteca donde había muchas jóvenes de entre doce y veinte años sentadas en circulo.
—Espera aquí, volveré en un instante.
Leone asintió, se quitó la capa colocándola en un un estante y se acercó a las chicas, una de ellas leía en voz alta.
—El hada madrina le hizo una advertencia a Cenicienta “el hechizo durará hasta las doce, luego transformó su harapiento vestido en una pieza fascinante”.
—Oye An Chae ¿Qué tan bonito crees que haya sido su vestido?
—preguntó una peinada de dos trenzas que descendían hasta su cintura.
—¿A quién le importa el vestido?
No mencionaron como lucía Cenicienta, ni siquiera puedo imaginarme el color de sus ojos, agh —gruñó otra chica—.
Necesito detalles, imaginarla en mi mente.
—Bo Ra, obviamente el vestido es importante también —mencionó la de las trenzas.
—Ambas cosas son importantes, pero el libro solo menciona que el vestido nuevo era una “pieza fascinante” –comentó An Chae.
—Guau —articuló la niña de trenzas—, definitivamente Cenicienta lucía como ella —señaló a Leone y todos voltearon.
—¿Cómo yo?
—preguntó Leone señalándose confundida, al parecer su presencia fue percibida en medio de la discusión.
—Claro, es decir, tu vestido es hermoso.
Leone usaba una obra maestra de encaje y tul.
La tela, un blanco perlado con destellos plateados, estaba adornada con delicados bordados florales que parecían crecer sobre su piel.
El corsé ajustado abrazaba su figura con elegancia.
Pequeñas perlas y cristales centelleaban como pequeñas estrellas en los pliegues del vestido y las mangas abullonados.
Era una prenda encantadora.
Leone contaba con afinidad por la moda, su madre buscaba a las costuraras más talentosas para que hicieran su ropa, la hija del archiduque podía afirmar que en su armario no poseía ningún trozo de tela que considerara feo.
—No creo que Cenicienta usara un vestido así, a como lo imagino, el de ella seguro era más elegante —se sentó junto a ellas rememorando cuál era el mejor vestido en su armario.
—¿Hay vestidos más elegantes?
—preguntó Bo Ra.
—Claro —recordó su magnífica colección—, con diseños y telas de mejor calidad —vio un poco despectiva como la tela de la falda se había empolvado levemente en los bordes.
Las niñas la rodearon con asombro, algunas le observaban el cabello y otros le escrutaban el rostro —Eres muy bella —mencionó una de las chicas más jóvenes con timidez.
Leone sonrió incómoda, halagos como ese solo los escuchó de su madre, algunas sirvientas, tía Suhee y Kyun.
Si era honesta, no sabía como responder a ello —Mi cabello es negro —sonrió incómoda—, mis ojos también lo son —la niña alzó una ceja sin entender qué quería decir con eso.
—Oh, es verdad, nunca vi un cabello tan negro —la chica de trenzas estiró uno de los rizos que inmediatamente se enrolló—, ni con una forma tan peculiar.
—No puedo distinguir el iris de la pupila —An Chae la veía muy de cerca—.
Es impresionante, es decir, en realidad son muy oscuros —Al escucharla, Leone se sintió cohibida.
Abrió los ojos frenando cierto ácido en su pecho y observó a An Chae temerosa de su juicio.
Contrario a sus emociones regaló una sonrisa amable—.
Pero el contraste que generan con tu piel es increíble, son tan negros y tu piel tan clara —señaló—.
En realidad eres bonita.
Los occidentales tienen rasgos variados.
Eres del otro lado ¿verdad?
—preguntó An Chae—.
Obviamente no eres lunhayena.
Leone se quedó atónita, nadie jamás había adulado sus ojos.
Se sonrojó sintiendo algo en su garganta y asintió levantando las cejas con cierto orgullo.
—Y ¿Qué estás haciendo aquí?
En nuestro internado —preguntó Bo Ra.
Leone abrió la boca sin saber que decir —Vine por la bacante de lectora —levantó los hombros tratando de parecer natural ante lo dicho sin pensar.
—¿En serio?
Eso es una gran noticia, entonces puedes leernos la historia de la sirena —dijo la niña de las trenzas alzándose para tomar un libro de la estantería y entregárselo a Leone.
Leone tomó el ejemplar en sus manos, era un libro escrito en Sterios, país vecino de Ílios, famoso por las múltiples leyendas sobre criaturas marinas.
Lo abrió y se dispuso a leerlo.
—Hace mucho tiempo, tanto que se ha olvidado el número, las playas albergaban a las nereidas ¿Las conoces?
Hoy su nombre varía en tono, pero la apariencia de las mujeres con cola de pez enamoraba a los capitanes y aterrorizaba a los marineros —leía lento, esto debido a que las palabras estaban escritas en idioma del continente occidental, por lo que traducía cada palabra que aparecía—.
¿Podéis imaginar a un ser tan bello siendo totalmente un monstruo?
—un leve carraspeo interrumpió su lectura.
Se trataba de la joven de unos momentos atrás, estaba acompañada por una mujer seria que la observaba detenidamente.
Leone se levantó e hizo una leve reverencia.
—Señora Hwa Young , ella es la joven que vino por el trabajo.
—No mencionaste que era extranjera —le dirigió su atención a Leone—.
Muchacha dime ¿cuál es tu nombre?
Leone se quedó callada unos segundos —Mi nombre es Asteria de Concordia señora, un gusto conocerla —mintió, robando cierto título.
—¿De dónde eres?
—De Ílios señora, mis padres son comerciantes y viajan a distintos reinos ofreciendo sus productos.
—¿Qué edad tienes?
Por lo visto aún eres muy joven ¿Te has educado en algún sitio?
—la señora Hwa Young no dejaba de interrogarla.
—Tengo veinte años, mi madre trabajó como institutriz en la familia de los archiduques de Cartalia, así que me educó bien.
La mujer al parecer ya más convencida le hizo un ademán para que la siguiera a una especie de oficina —Sígueme, necesito probar que tan buena es tu formación académica —Leone la siguió, al ingresar la mujer le hizo leer distintos documentos en el idioma predominante en el continente occidental, también valoró su caligrafía arponeando con sorpresa la manera en que escribía.
—Bien, el trabajo es tuyo —dijo luego de que finalizara—.
Ahora necesito que veamos lo de tus horarios.
—Si le soy honesta no tengo disponibilidad durante el día —admitió—, trabajo ayudando a mis padres, así que solo podría venir durante la noche ¿Le parece bien?
La mujer lo pensó unos segundos.
—¿Qué días crees que puedes venir?
—Eh…
—dudó de su capacidad para salir de nuevo por esa incomoda puerta— los más posibles —sonrió.
—Eso no me sirve.
—Qué le parece establecer un mínimo de cuatro días a la semana, por lo que comentó anteriormente, las niñas solo necesitan que alguien les lea en idioma occidental para afianzar su oído mientras estudian.
—No me parece muy responsable dejarte el trabajo si no tienes disponibilidad apropiada.
—Pero soy muy buena en esto —guiñó señalando los documentos con su perfecta caligrafía—, si quiere, puedo traer una carta de recomendación firmada por la gran duquesa de Montefiore Leone de Cartalia, ella es la hija de la familia en la que mis padres trabajaron.
La mujer la vio de arriba hacia abajo con expresión seria —Más te vale traer la carta —accedió—.
El empleo es tuyo, mientras no rompas el mínimo de cuatro días todo estará en orden.
La paga se hace quincenal, así que recibirás tu primer salario luego de que hayas trabajado quince días.
—Me parece perfecto —sonrió.
Salieron de la oficina y todas las chicas seguían sentadas en el mismo sitio.
—¿Te dieron el trabajo?
—preguntó la de las trenzas.
—Sí —sonrió Leone—.
Gracias por preguntar, eh— —Soy Nuwang —sonrió la chica —entonces, puedes terminar de leernos el libro.
—Lo siento, pero hoy ya tengo que irme, es muy tarde.
—¿Cuándo vuelves?
—preguntó Bo Ra.
—Quizás mañana —sonrió.
Se colocó la capa y se dirigió a la salida, An Chae, Bo Ra, Nuwang y la chica que le abrió la puerta la acompañaron a la salida.
—Trae un hermoso vestido la próxima vez también —pidió An Chae —En Lunhae no es común encontrar ropa de ese tipo.
—Lo haré —asintió poniéndose la capucha.
—Mañana no escaparás de leernos el libro—enunció Nuwang.
Leone sonrió y salió por la puerta principal, las chicas se asomaron hasta que la perdieron de vista al final de la calle.
—¿Creen que sea una princesa?
—Bo Ra, pero si ella misma dijo ser hija de unos comerciantes —respondió An.
—Sí, pero escuché rumores de que hace poco llegó una princesa de Ílios al palacio del rey, además, las sirvientas mencionaron que su apariencia los asustó a todos.
—Quizás porque era muy fea, además una princesa no andaría sola por ahí —habló Nuwang.
—Pero no iba sola —dijo la chica que le había abierto la puerta y cuyo nombre era Nari—, alguien la acompañó a la venida, y vi que estaba ahí cuando se iba.
—Ya van a iniciar con sus ideas locas —dijo An Chae—.
Mejor entremos, ya es la hora de dormir, la señora Hwa Young va a regañarnos.
…
Leone recorrió el camino de regreso un poco más rápido, era tarde, probablemente Kyun y Helio ya habían notado su ausencia.
Al atravesar el puente, el sonido de unas pisadas desconocidas la hicieron detenerse, alguien la estaba siguiendo.
Sus piernas temblaban, su pecho luchaba por no moverse frenético, el aroma de la tierra húmeda le recordaba donde estaba y a qué había salido, se obligó a pensar con lucidez.
Continuó avanzando como si nada, prestó atención hacia la dirección en la que venían las pisadas, sacó el puñal y gracias a la luz de la luna pudo ver el reflejo de una figura conocida a través de filo de arma.
No podía creerlo.
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