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El Eco de la cordillera - Capítulo 12

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  3. Capítulo 12 - 12 Fresas en miel
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12: Fresas en miel 12: Fresas en miel Al amanecer, Leone arribó al sitio del desayuno, un quiosco en medio de uno de los varios lagos que formaban parte del paisaje del palacio.

Para llegar se caminaba por un ancho puente, sin barandas.

Caminó cuidadosamente, arrastrando la falda larga del vestido turquesa, con un estampado de flores antiguas y varias capas que formaban volantes anchos.

Los lazos en los hombros y la falda amplia le daban un aspecto refrescante sin ser anticuado, ya que Leone no podía presentarse usando una prenda que dejara muy a la vista piel.

Ella no acostumbraba a mostrar más allá de sus hombros y brazos; en Lunhae no era muy bien recibida la moda occidental.

El vestido a pesar de ser uno de los pocos que poseía en tono oscuro, le gustaba mucho, ella prefería vestidos en colores suaves y claros, porque opuestos a ella, que estaba llena de un color duro y sombrío, la hacían sentir pura y viva.

Accedió a la estancia, se deslumbró por la sensación de paz que el sitio brindaba; el viento iba y venía muy lentamente; el follaje de los árboles danzaba junto al movimiento natural del agua como reacción al refrescante saludo de la mañana.

Se sentía en un bote monumental.

La estructura sin paredes era básicamente anchos pilares cilíndricos de color rojo y dorado, que se levantaban alrededor de tres a cuatro metros para soportar el peso de un extraño techo con curvas similares a una cascara de carambola abierta, que se desprendían como una falda de un centro puntiagudo.

En la parte interior, de ese mismo centro colgaba un candelabro horizontal, probablemente fabricado con oro, y que abstractamente figuraba un dragón serpenteante.

Una mesa rectangular, baja y grande estaba desplegada sobre el suelo de cerámica, en lugar de sillas había unas especies de tapetes y cojines en los cuales descansar el cuerpo.

La cantidad de platillos era exorbitante, en lugar de un desayuno, era un banquete, extraño, puesto que los desayunos de Leone se resumían a té simple y con suerte café.

—¿Disfruta del paisaje?

Leone, aun usando tacones, saltó de un punto a otro a la velocidad del sonido, el tercer príncipe le había dado un escarmiento —¡¿AH?!

Su alteza, es usted —inclinó la cabeza en forma de reverencia.

El príncipe rio —Señorita Leone, discúlpeme si la he asustado, espero comprenda, no ha sido mi intención.

—Es “Excelencia” no “señorita” y no, no se preocupe, al parecer estaba inmersa en mis pensamientos.

No he notado su presencia.

Kairos barrió con los ojos el sitio —¿La señorita Kyun no la acompaña?

—¿Kyun?

—Leone alzó una ceja y dibujó una pícara sonrisa en sus labios —¿Conoce a Kyun?

—La he visto el día de su llegada —se apresuró a responder.

—Pero ella no dijo su nombre ¿Cómo lo supo?

—indagó curiosa.

—La he visto hace un par de días —Kairos notó que Leone estaba yendo un poco lejos con su interpretación, así que aclaró su garganta consiguiendo seriedad en su oratoria —Ella se dirigía a la cocina y tropezó conmigo.

Debe recordar cuando fue, envié algunos dulces como regalo para usted también.

Algunos hilos iniciaron a tejerse precisos.

El tercer príncipe envió los dulces aquella mañana que Leone amaría olvidar —Lo recuerdo —fue la única vez en todo ese tiempo que Leone no obtuvo simplemente té a la hora del desayuno—.

Muchas gracias por tan amable atención su alteza.

El estruendoso sonido producido por el tacón de botas de cuero interrumpió la conversación.

El segundo príncipe observó desde antes de cruzar el puente a su hermano menor y a la extranjera, compartir una conversación bastante animada ¿No supo Kairos lo que planeaba su padre hacer con ella antes de saberla muy joven?

—Hyaker, has llegado.

De un modo poco cortés cabe destacar.

—Buenos días —murmuró más para sus muelas.

Se fue directamente a sentar a uno de los cojines.

Minutos más tarde, el rey, el primer príncipe Min Jiak, un par de ancianos, un séquito de eunucos y doncellas llegaron.

Leone permanecía todavía de pie asomada al lago, por lo que se acercó a la mesa y se reverenció, el rey le hizo ademán de que tomara asiento, hilarantemente al lado del aparentemente incivilizado y terriblemente guapo segundo príncipe.

Él usaba un hanyū de brocado verde esmeralda que le sentaba de maravilla, era una lástima que fuera tan grosero.

El rey la presentó ante sus acompañantes, la mayoría eran miembros del consejo real o funcionarios públicos.

La primera parte del desayuno transcurrió con normalidad, pero todo se vino abajo cuando la señora Are Jin apareció en la escena para llevar el plato fuerte, uno que se comía con palillos.

Leone rio por lo bajo ante su mala suerte, ella jamás aprendió a usar los palillos.

Se encontraba en una situación complicada, no podía pedir que le llevaran una cuchara o un tenedor por que definitivamente esa mujer no lo haría, además, los nobles presentes, incluido el rey, podrían tomarlo como falta de respeto.

Cómo último gramo de esperanza giró disimuladamente su rostro hacia Hyaker, sorpresivamente, el príncipe ya la estaba observando con expresión de reproche.

Leone parpadeó un par de veces para llamar su atención.

Revoloteó tan fuerte los ojos en cuanto le brindaron los palillos que Hyaker se extrañó de que nadie más haya notado su apuro; en lugar de ojos parecía tener cuervos volando pegados en la cara.

Era curioso, por más que buscaba en el rostro de la extranjera no encontraba los ojos verde esmeralda que tanto presumía la realeza de Ílios.

Apartó la mirada cuando sintió a los segundos volverse más lentos.

Trató de fingir que ella no existía, mientras daba el primer bocado, pero dos agujas se clavaban en su cuello, era difícil poder digerir algo bajo esa presión.

Se giró hacia ella y con un ligero movimiento del mentón señaló sus manos, tomó los palillos que había colocado encima de la mesa y lentamente fue posicionándolos correctamente a modo de instrucción, Leone le siguió el ritmo, pero no acomodó su dedo anular del modo adecuado.

Hyaker repitió el instructivo un par de veces, pero era en vano, la chica seguía entorpeciendo algo tan simple.

Mientras su padre y los demás hablaban entregadamente acerca de la reciente actividad criminal y su relación con la legendaria banda de ladrones Eldfálkar, aprovechó para inclinarse ligeramente hacia ella, con el mano derecha tomó la mano derecha de Leone por debajo de la mesa y le acomodó los palillos.

Un exquisito aroma invadió el interior de su nariz, el cabello de la extranjera, más negro que la noche, desprendía el mismo olor que un jardín luego de una brisa nocturna.

Se apartó de golpe, antes de que alguien notara el acercamiento.

Leone temblaba por dentro, había entendido como posicionar sus dedos desde el principio, pero al ver que Hyaker perdía la paciencia cada que ella fallaba, inició a hacerlo adrede para molestarlo.

—Señorita Leone, por favor dime qué te ha parecido mi reino durante tu estancia.

—Es maravilloso, su majestad —se aclaró la voz—, es muy diferente a lo que me rodeaba antes —sonrió fingida.

—La primera vez que la vi supuse que tenía problemas con el idioma.

Estaba muy callada.

—Espero dispense mi terrible educación majestad, me encontraba muy nerviosa en ese momento.

—Eres joven,—sonrió paternal—, todavía hay muchas cosas que debes aprender.

Aún así, tu acento es excelente ¿Puedo saber quién ha sido tu mentor?

—Mi niñera, majestad, junto a su esposo es originario de Lunhae.

De hecho, son los padres de mi dama de compañía.

—Quizás debería considerar a la doncella como tutor de Kairos.

Me gustaría que aprenda el idioma del continente occidental, a diferencia de Min Jiak y Hyaker, él no lo habla con fluidez—observó al aludido—.

¿Qué opinas hijo?

Kairos se aclaró la garganta con un poco de vergüenza —En cuanto no resulte un problema para su excelencia Leone, estaré de acuerdo.

—No es un problema —Leone sonrió de soslayo viendo la imperceptible timidez del menor de los príncipes—.

Hablaré con Kyun, si ella desea enseñar al tercer príncipe, no me opondré.

—Me parece perfecto —respondió el rey—.

¿Y los platillos lunhayenos?

¿Qué le parecen?

Veo que le apetecen mucho los dulces —precisamente en ese momento Leone sostenía en sus manos un dulce de castañas.

—Desde niña he disfrutado de ellos.

—Mi madre también era amante de los dulces —comentó nostálgico—, por ese motivo se preparan todos los días para acompañar el desayuno dentro de quienes viven en el palacio.

—Los de ciruela son los mejores —comentó Min Jiak—.

Señorita Leone ¿Ya los probó?

Leone apretó los labios, la pregunta le resultó fascinante ¿Cómo se supone que los hubiese probado si a duras penas le llevaban comida?

Observó la mesa de la cuál era participe, estaba tan llena de comida que faltaba espacio.

Sin nada más que afianzara sus conjeturas, buscó a quien creyó responsable de sus mañanas con hambre, pero la jefa de los sirvientes ya no estaba en el quiosco, el shokan había tomado su lugar de pie junto al rey.

—No, lamentablemente no he tenido el gusto —sonrió de manera forzosa.

—Personalmente recomiendo las fresas en miel, iniciaron a cultivarse hace apenas una década; no son nativas de nuestra tierra, pero se cosechan lo suficiente como para poder degustarlas durante esta temporada —agregó Kairos.

—Mis hermanos menores están obsesionados con las fresas desde que eran niños —sonrió Min Jiak.

—¿Ah sí?

—Leone alzó una ceja pensativa y disimuladamente observó a Kairos—.

Enviaré a mi dama de compañía muy temprano mañana, también deseo disfrutar unas cuantas fresas frescas.

—¿Qué tal su estadía en el palacio?

La señora Are Jin me comentó que no estás muy convencida acerca de algunas de nuestras costumbres —atacó el rey con un tono bastante rígido mientras se llevaba una taza de té a los labios.

—¿De verdad ha dicho eso?

—alzó las cejas ante la osadía—.

Si soy honesta creo que la diferencia de edad y nacionalidad entre la señora Are Jin y yo hace que estemos en desacuerdo en un par de cosas su majestad —explicó académicamente—, creo que ha llegado a percibirme irrespetuosa, espero me disculpe si he dado esa impresión.

—En lo absoluto —habló el rey achicando más de lo normal sus ojos—, solo no debes olvidar que en cuanto tu matrimonio sea un hecho, formarás parte de este reino.

En ese momento si será una falta de respeto que faltes a alguna de nuestras reglas o costumbres.

—Disculpe mi intromisión majestad.

Pero si la diferencia de edad resulta un problema para sobrellevar asuntos internos del palacio, mi hija puede apoyar con las clases de protocolo o lo que sea que la princesa de Cartalia requiera, usted perfectamente conoce la pulcra educación que me he encargado de brindarle.

—Sungju Sae ¿Esto no supondría un problema para la señorita Jin Ah?

Quizás le quite tiempo de sus actividades diarias —el segundo príncipe se unió a la conversación por primera vez en toda la mañana.

—Alteza por favor no se preocupe por eso, mi hija fue criada para servir a la familia real en el momento que fuera solicitado.

—Maravilloso, entonces está decidido.

Señorita Leone, espero pueda llevarse bien con la señorita Jin Ah —culminó Haneulso.

Luego de terminar el desayuno, el rey se retiró junto a la mayoría de los demás asistentes.

Leone se reverenció con quienes permanecían en el quiosco y caminó hacia sus aposentos, ahora tenía que resolver dos problemas, uno ya conocido y otro que estaba por venir.

…

A la mitad del día Kyun entró a la habitación de Leone con la misma sopa de todos los días, la colocó sobre la mesa, mientras buscaba a la dueña de la estancia con la mirada.

Leone se encontraba sentada en la terraza frente al jardín, con un libro escrito totalmente en idioma de los ángeles —Kyun, siempre has sido más esbelta que yo pero ¿No te parece que estás más delgada?

—no despegó la vista del papel.

—Son ideas tuyas.

—Puede ser —se giró hacia ella—.

Si quieres puedes comer lo que has traído.

—Ya he tenido mis alimentos hoy —Pero yo estoy satisfecha, he comido más que suficiente.

En la mesa del rey probé todo tipo de platillos —se palmeó el estómago con suavidad—.

¿No te parece curioso?

Nuestro menú no ha tenido variación desde que llegamos.

—Elijo tus comidas guiadas a preservar tu salud —evitó su mirada.

—En Cartalia no comía sopa de raíces o algas todos los días —notó como Kyun evadía el comentario sin disimulo—.

Te recomiendo que si comas, tendrás que arreglar muchos vestidos esta tarde.

Kyun se sentó sobre la mesa e inició a comer el monótono caldo que en el momento resultó exquisito, no había comido en todo el día.

—No que no tenías hambre —bromeó.

—Necesito fuerzas para lidiar con este desorden, limpié este lugar en la mañana, y la cama ya tiene arrugas en todo el cobertor.

Leone alzó ambas cejas en señal de incredulidad ante tremenda exageración.

Sacó del armario un vestido lavanda de falda vaporosa y mangas largas abullonadas, un ligero escote en la parte de atrás era su atractivo principal —El primero que ajustarás a tu talla será este.

—¿A mi talla?

Claro que no, ese vestido es muy caro.

—Solo hazme caso, podrías necesitarlo —guiñó un ojo.

—¿Para qué?

Es verdad que no tengo vestidos con telas importadas del otro lado del mundo, pero mi armario está lo suficientemente capacitado para toda clase de evento.

—Ya deja de reprochar Kyun, solo hazlo.

La dama de compañía rodó los ojos y llenó sus mejillas de vegetales húmedos.

Leone dejó escapar un suspiro cargado de rabia; ver comer a Kyun con tanto apuro le hizo hervir incluso el cabello.

Kyun no tenía porque estar sacrificando su tranquilidad solo para acompañarle.

Todo era culpa de Bastien por enviarla a ese infierno, y de su padre por no evitarlo.

A Leone le indignaba que Kyun estuviese desperdiciando su juventud para servirle, la chica era hermosa, talentosa; podía estudiar, viajar e incluso debutar en la sociedad de Ílios.

Su madre, la archiduquesa, lo mencionó muchas veces antes, en caso de que la joven quisiese casarse ella se encargaría de buscar el mejor esposo.

Pero en su lugar Kyun decidió arruinarse la vida junto a ella.

Se sintió culpable, al menos se encargaría de que no sufriera ninguna clase de maltrato, la jefa de los sirvientes tendría que responsabilizarse.

…

La conversación sobre fresas del día anterior había dejado a Hyaker con un fuerte deseo de consumirlas.

Al acercarse a la puerta de sus aposentos tropezó con un tintero que manchó la camisa del hanyū.

—Buenos días —saludó Kairos al encontrarse con Hyaker en el pasillo que conectaba los anexos—.

Es extraño verte sin Galen.

Hyaker observó los alrededores —Y a ti sin tu séquito de al menos cinco sirvientes.

—Me escapé —bromeó—, voy a la cocina.

—¿Por qué no se le pediste a un sirviente?

—preguntó algo desinteresado.

—De vez en cuando es agotador estar rodeado de gente.

Siguieron el recorrido hacia la cocina, hasta que el sonido de una discusión llegó a sus oídos.

Kairos apresuró el paso y Hyaker lo siguió.

—¡NIÑA, TÚ Y TU SIRVIENTA LUCEN TERRIBLES!

¡Les estoy haciendo un favor!

¿No has entendido acaso que tu única función es abrir las piernas para que no haya guerra?

Con esa apariencia tuya sería incapaz de seducir a un hombre —¡Señora Are Jin!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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