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El Eco de la cordillera - Capítulo 13

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  3. Capítulo 13 - 13 Delgadez de pluma
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13: Delgadez de pluma 13: Delgadez de pluma Leone despertó con un sabor amargo en la boca, la indignación latente por el comportamiento de la jefa de los sirvientes se manifestó transformando su saliva en aparente veneno.

No dejaría pasar un día más sin hacerse cargo de dicho inconveniente —Helio —llamó desde adentro.

Al no recibir respuesta, se asomó al exterior de sus aposentos—.

Por favor toca a la puerta de Kyun, la necesito urgente.

—¿Tocar a la puerta?

—preguntó extrañado.

Leone rodó los ojos, había olvidado que en Lunhae no existía la costumbre de tocar la puerta —Me refiero a que vayas a llamar a su puerta.

—Creo que la señorita Kyun todavía no se despierta.

—Oh, claro que lo está —Kyun había aprendido de su madre artes marciales, era una profesional en el manejo de la espada y combate cuerpo a cuerpo, su disciplina la obligaba a levantarse en las madrugadas—,verás que incluso ya se ha arreglado —insistió.

Entró de nuevo en su habitación y corrió a colocarse los zapatos de punta redonda y correa dorada, que compartían la misma tonalidad de verde lima que los brocados de su vestido blanco.

—¡Ave, bonum mane!

—saludó animada cuando escuchó la puerta abrirse—.

¿Sabías que en Lunhae cultivan fresas?

—¿Fresas?

—Sí —sonrió—.

Aunque no crecen de manera nativa casi en ninguna tierra de oriente, con los cuidados adecuados son capaces de prosperar —trenzó su cabello dejando algunos rizos rebeldes sueltos—.

Helena logró cultivar grosellas en su invernadero, a pesar de que solamente crecen en regiones altas de Isfrid.

—Claro —habló confundida—.

Entonces…

¿Quieres cultivar fresas?

—No —respondió pausada—.

Quiero comerlas.

—Leone no sé si están disponibles en la alacena real.

Iré a comprarlas a la ciudad si tanto lo deseas.

—Las cultivan dentro del palacio.

El tercer príncipe…

¿Cómo es que se llamaba?

—Se tocó la barbilla fingiendo refrescar su memoria—.

Ah sí, Kairos —enunció observándola de reojo—.

Él lo comentó.

A propósito, no me contaste que él envió la gran cantidad de dulces nuestro primer día aquí.

—No lo consideré relevante —se aclaró la garganta.

—Para él lo fue, parecía recordarlo muy bien ayer.

—¿De verdad?

Leone alzó una ceja ante el pequeño entusiasmo que transmitía la pregunta.

—¿De verdad vas a exagerar cada mínima cosa?

—dijo Kyun tratando de disimular.

—No exagero —entrecerró los párpados—.

Ve a buscarlas Kyun —señaló con necedad la puerta.

—¿Buscar qué?

—respondió de mal modo.

—Las fresas —siguió moviendo el dedo teatralmente—.

No te enojes, te saldrán arrugas antes de tiempo.

—No estoy enojada —salió refunfuñando con angustia.

Si en la cocina no le proporcionaban las fresas, Leone haría demasiadas preguntas que se le dificultaría contestar.

Leone la miró irse, sacó el reloj de mano que escondió en un cajón días atrás y lo observó con detenimiento.

Estaba en tan buen estado que parecía nuevo.

Esperó que la aguja de los minutos diera dos vueltas enteras y salió del aposento.

Se ubicó en el pasillo pasando al lado de Helio, quien siguió sus movimientos con la mirada —Sígueme —movió su dedo índice en señal de que le acompañase—, no creo que quieras perderte esto.

El escolta caminó detrás de ella, más por obligación que por deseo.

Salieron del anexo y avanzaron hasta el edifico en que la enorme cocina real tomaba lugar.

Leone detuvo el paso unos metros antes de llegar, con su agudo oído, recepcionó la conversación que provenía desde adentro.

—Señora Jeong, solo serán unas cuantas fresas —era la voz de Kyun.

—Lo siento jovencita, soy la jefa de la cocina, pero la señora Are Jin es quien manda entre las sirvientas.

Por favor hable con el shokan, es el único que puede solucionar esto.

—Tenga por seguro que hablaré con el embajador incluso.

Por favor solo por esta vez ¿Podría darme unas cuántas fresas?

—Vaya, el diseño interior de este sitio es tan impresionante como el resto del palacio —comentó Leone accediendo al lugar mientras sus ojos repasaban cada detalle de la decoración—.

Buenos días, soy Leone de Cartalia —se inclinó ante la servidumbre.

Los presentes, a excepción de Kyun, se quedaron inmovilizados; no era ordinario que un noble, o simplemente alguien con un rango mínimamente superior se reverenciara ante plebeyos.

Rápidamente la jefa de la cocina hizo un gesto con la mano, y los empleados se inclinaron ante la hija del archiduque.

—Su excelencia regrese a sus aposentos, en cuanto su desayuno esté listo, se lo llevaré —por el rabillo del ojo, Kyun observó cómo uno de los sirvientes salía a toda prisa de la habitación.

—¿Qué pasa Kyun?

—se acercó a una mesa, sobre ella reposaban en bandejas muchas frutas frescas, instintivamente dirigió su mano hacia una fresa de un rojo puro.

—Su alteza, me temo que no puede tomar de esas frutas —dijo casi en un susurro la jefa de la cocina.

—¿Por qué no?

—Mi señora, por favor retírese, esta cocina no es sitio para usted —insistió Kyun.

—Qué dices, ni que fuera una selva —se giró hacia la jefa de la cocina—.

Disculpe ¿Cuál es su nombre?

—Da Jeong, alteza.

—¿Es casada?

—Sí, alteza.

—Entonces, señora Da Jeong, podría por favor explicarme el motivo por el cuál no pudo tomar alguna de estas frutas.

—Su dieta ha sido decidida e informada a la servidumbre de la cocina, nosotros nos limitamos a seguir órdenes.

—¿Dieta?

—enfocó a Kyun y su rostro pálido—.

¿Por quién?

No creo que mi dama de compañía.

La mujer guardó silencio unos segundos, cuando se disponía a responder la señora Are Jin accedió a la estancia, a su espalda el sirviente que había salido momentos atrás permanecía cabizbaja.

—Buenos días su alteza ¿Qué la ha traído a este humilde lugar?

No es apropiado.

Antes de responder, Leone se sacó de la manga semi larga el reloj de mano, observó la hora y suspiró con fuerza —¡Señora Are Jin!

Buenos días —el entusiasmo con el que expulsó el saludo era tan fingido que un director de teatro habría muerto ciego y sordo si lo hubiese presenciado—.

Estoy conociendo la cocina real.

—Puede volver a sus aposentos su alteza, este lugar no es óptimo para alguien de su nobleza, me encargaré de que su desayuno llegue en perfecto estado —fingió amabilidad mostrando un par de arrugas cerca de sus mejillas.

—Es muy amable.

Por favor agregue frutas frescas y ese famoso vino de granada del que tanto escuché, en realidad deseo probarlo.

—Me temo que eso no va a ser posible alteza, su dieta ha sido planificada, cada cosa que consuma tiene un propósito en específico.

—“Cada cosa que consuma”—repitió pausadamente—.

Es gracioso, desde que llegué aquí he consumido menos comida que un ave recién nacida.

—Su alteza puede tomarlo de la manera que lo prefiera, pero lamento hacerle saber que por el momento no puede comer nada más de lo que ya se ha establecido.

—¿Y quién lo estableció?

¿Usted?

—Es correcto mi señorita, desde que usted pisó nuestras tierras, soy responsable de todo referente a su persona ¿Tiene alguna queja?

—ladeó su rostro juzgándola desde la frente hasta la punta de los zapatos.

No podía creer que poseer a esa niña era un deseo de su amo.

—Muchas —asintió exageradamente—.

Considero un abuso que solamente tenga permitido pasar por mi garganta una taza de té en las mañanas, y un par de cucharadas de sopa en un tazón del tamaño de mi palma al medio día —su voz denotaba evidente molestia.

—Su alteza, no le permito que hable como si tal y estoy atentando contra su integridad física —la mujer emitía impaciencia en cada sílaba.

Odiaba que Leone de Cartalia se resistiera a sus intentos por convertirla en una mujer digna de su señor.

—Entonces respóndame con la verdad, aquí frente a todos —tenía que llevarla al límite—.

Esa “dieta” de criminal ¿Es una especie de venganza contra mí?

¿Es porque soy de Ílios?

La jefa de los sirvientes bufó ante aquel comentario —Su alteza, por todos los cielos, no se atreva a pensar algo así.

—Excelencia, ya es suficiente —Kyun le tomó el hombro tratando de detenerla.

—Claro que no Kyun ¿Crees que ignoro que me das parte de tu porción diaria para que no pase hambre?

O que durante estos días aquí, ni un solo sirviente ha llegado a mis aposentos a encargarse de la limpieza —Hanae lo mencionó el día anterior mientras limpiaba su habitación a escondidas, Are Jin no tenía intención de brindar la más mínima atención a Leone—.

Soy la invitada del rey, la gran duquesa de Montefiore, la hija del archiduque de Cartalia, exijo que se me trate como tal.

Kyun bajó la mirada y guardó silencio.

No podía refutar nada de lo que Leone estaba diciendo.

—Me disculpo por eso alteza, pero como el primer día que la visité, usted se negó a recibir alguna clase de servicio de mi parte, pensé que era mejor no involucrarme más.

—Me negué a ponerme un vestido señorita Are Jin —la censuró con la mirada—, no es motivo suficiente para privarme de lo cotidiano.

—Creo que está tomando mis buenas acciones como malas.

Con esta dieta le estoy haciendo un favor alteza.

Además de su apariencia ¿Tiene algo más que ofrecer?

No, Leone quizás no tenía nada que ofrecer, es más, parecía haber nacido con una deuda enorme hacia el mundo, pero ese no era un asunto en el que la jefa de los sirvientes pudiera entrometerse —Entonces, según usted ¿Lo único que yo puedo ofrecer es la delgadez de una pluma?

—trató de morderse la lengua para no decir nada fuera de su papel—.

Si las personas fueran equivalentes a su apariencia, usted tampoco tendría mucho para dar —una muda y burlona risa finalizó la frase.

Are Jin se calentó hasta las orejas, bufó como un toro y sin control sobre su paciencia, se acercó a Leone y le arrebató la fresa que todavía sostenía —¡NIÑA, TÚ Y TU SIRVIENTA LUCEN TERRIBLES!

¡Les estoy haciendo un favor!

¿No has entendido acaso que tu única función es abrir las piernas para que no haya guerra?

Con esa apariencia tuya sería incapaz de seducir a un hombre.

—¡Señora Are Jin!

—gritó el tercer príncipe molesto.

Todos se giraron hacia el dueño de la voz.

Leone suspiró, había logrado su propósito.

—¡Su alteza!

—gritó sorprendida la jefa de la cocina Da Jeong, todos se reverenciaron.

—Señora Are Jin ¿Cómo se atreve a pronunciar tal falta de respeto?

—el tercer príncipe entró en la cocina, mientras observaba desde arriba a la mujer que permanecía sin levantar la cabeza—.

Respóndame.

Luego de unos segundos la mujer se dispuso a responder —La señorita no parecía entender la importancia de la estricta dieta que he planificado cuidadosamente para ella…

—Entonces levantó la voz y la insultó —reprendió Kairos.

—Yo —respiró frustrada —no pretendía que fuese una falta de respeto.

—¿Es incluso esa la forma de dirigirse a un ser humano?

—intervino Hyaker con voz distante.

—No, su alteza el segundo príncipe.

—Entonces quién considera usted que es la prima del rey de Ílios para hablarle así —entornó los ojos con filo.

Leone permaneció en silencio con una fingida expresión de victima.

Todo estaba resultando bien.

—Mi señor, me temo que esto es un malentendido que ha escalado mucho.

—Explíquese entonces — exigió el tercer príncipe con presión en el entrecejo—.

No, que lo explique alguien más.

Señora Da Jeong, dígame que es lo que está ocurriendo.

La jefa de la cocina jugueteaba con la manga de su atuendo un poco nerviosa, no quería tener problemas con la señora Are Jin, pero si mentía, su castigo seguramente sería peor.

—La señorita Are Jin creó una dieta para la princesa de Ílios, ella no estaba de acuerdo con esto y se lo comunicó a la señora Are Jin, es por eso que han iniciado una discusión.

—¿En qué consiste la famosa dieta?

Por favor con detalles —incitó el príncipe Kairos.

La jefa de la cocina observó como Are Jin apretaba con fuerza el agarradero de su abanico, tuvo miedo de lo que le esperaba si iba en su contra, pero a la vez, recordó a la perfección que le debía absoluta obediencia a la familia real, no a la jefa de los sirvientes.

—Una taza de té de azufaito, jazmín, jengibre o cebada al amanecer, un tazón pequeño de sopa de algas y raíces al medio día.

—Continúe —impulsó Kairos.

—Eso es todo.

—¿Qué?

—ambos príncipes exclamaron al unísono desconcertados.

—¿Es eso cierto?

—Kairos se dirigió a Kyun, rememoró el día en que ella tropezó con él, llevaba solo una tetera en la bandeja—.

Claro que lo es —musitó.

—Es así su alteza.

—Además, la dama de compañía, le daba su porción a la señorita —continuó la jefa de la cocina.

Rápidamente Kairos observó a Kyun, quien apartó la mirada con nerviosismo —Señora Are Jin, si no quiere que en este preciso momento esta situación sea notificada a mi padre, más le vale arreglar este asunto.

Recuerde lo que se estipuló, ella vivirá aquí como una noble de Lunhae.

Si usted va en contra de los deseos del rey, su actitud será tomada como rebeldía, y no solo podría ser despedida, su libertad podría estar en juego también —amenazó—.

Su excelencia Leone espero pueda disculpar a nuestra jefa de los sirvientes, es nueva dentro del palacio y hay cosas que todavía desconoce.

Leone dejó salir con estrés el aire dentro de sus pulmones, había conseguido lo que quería.

Con teatralidad hizo expresión de condescendencia —Está bien— —Que se disculpe.

—¿Hyaker?

—musitó el tercer príncipe.

—La vulgaridad que ha salido de la boca de esta mujer no es vocabulario apropiado de alguien que sirve al rey dentro de esta morada —todos lo observaban extrañados—.

Y bien…

¿Lo hará?

La mujer observó a Leone con ojos de odio e inclinó su cuerpo hacia ella —Le ruego me disculpe por mi mala educación hacia su persona, prometo cuidar de usted a como se debe en el futuro.

—Hágalo bien —pronunció Hyaker al ver que ni siquiera se inclinó.

Esa mujer estaba volviendo un total desorden el palacio.

La mujer con el mentón tembloroso inició a agacharse.

Entendió a la perfección que el segundo príncipe quería una disculpa de rodillas.

—Ya está bien —Leone frenó la acción—.

Agradezco que el segundo y tercer príncipe hayan solucionado el conflicto —hizo una corta reverencia—.

Si me disculpan, todo esto me ha provocado un ligero dolor de cabeza, me retiraré a mis aposentos.

Hyaker exhaló soporífero, vio de soslayo a Leone y abandonó el lugar.

—Espero que todo haya quedado entendido —dijo Kairos por última vez a Are Jin, que con una reverencia se despidió de él y salió arponeando a los sirvientes que murmuraban por lo bajo.

Kyun todavía permanecía en su lugar, la señora Da Jeong se acercó a ella con una bandeja llena de alimentos y se la extendió —Gracias.

—Lamento que hayas tenido que pasar por esto —Kairos se aproximó—.

Pero ¿Por qué tú o su excelencia no dijeron nada?

—No quería causar un problema, además, la señora Are Jin es alguien importante, probablemente pensarían que yo, una simple dama de compañía era quien mentía.

—Yo pude haberte creído —suspiró—.

La señora Are Jin tiene pocos años en el palacio, y aunque hasta ahora ha hecho un trabajo decente fue aceptada por mera recomendación del general Lee.

—Espero que esto no influya en su desempeño laboral —buscó en los alrededores a Leone—.

Su alteza, si me disculpa, debo retirarme —se reverenció y salió el pasillo.

—Espera —La siguió—.

¿Estarás ocupada por la tarde?

—Eh…

Yo, no lo sé, el horario de la gran duquesa todavía no se define.

—Esperaba que me acompañaras a tomar el té, claro, si no te molesta.

Si es un inconveniente, quizás debería pedir permiso a la señorita Leone.

“A ella menos que a nadie” pensó —Está bien —dijo ruborizándose—.

Trataré de acompañarle.

—Entonces te estaré esperando esta tarde, en el jardín central del norte.

…

Leone se trasladó a su alcoba con Helio a su espalda.

Milagrosamente, el escolta ingresó junto a ella.

Se quedó en silencio durante unos minutos mientras repasaba las ácidas palabras que la jefa de las doncellas había disparado un par de minutos atrás.

—Y bien ¿Qué te pareció el espectáculo de hoy?

¿Divertido?

—preguntó volviendo en sí.

Helio dibujó un gesto de satisfacción —Creo que la subestimé.

—Lo tomaré como halago.

—Personalmente le recomiendo que evite este tipo de actividades.

Dentro de este palacio le conviene tener más aliados que enemigos —volvió a su posición al lado del paso principal.

Kyun llegó con el desayuno (ahora sí podía llamársele así) y lo colocó todo en la mesa baja, sus manos estaban un poco ansiosas y tenía las orejas rojas.

—Sabes, me costó una discusión poder adquirir esto, sería un desperdicio si lo tiras.

—¿Cómo te diste cuenta de lo que estaba pasando?

—¿Me crees tonta?

Kyun negó con la cabeza —Lo oculté precisamente para evitar un problema ¿Cómo lograste que ellos estuvieran ahí?

—¿Quienes?

—Los príncipes.

Frunció un poco los labios —Fue todo casualidad.

Kyun respiró profundo y casi en un murmurio enunció —El príncipe Kairos me ha invitado a tomar el té con él.

—¿Cómo?

—rio Leone tierna—.

Tendrá un encuentro furtivo, que romántico.

—¡Cállate, no lo digas así!

—exclamó con la nariz puntuda mientras Leone soltaba una sonora carcajada—.

Él solo intenta disculparse por el mal trato que nos han dado.

—No es verdad, yo no he recibido una invitación.

La doncella se mordió el labio —Entonces no debería asistir.

—Claro que irás, para eso ajustaste el vestido lavanda.

—¿Acaso sabías que iba a proponerme tomar el té con él?

—Sabía que vendría a hablar contigo.

El rey sugirió que le enseñes idioma del continente occidental ¿Te gustaría hacerlo?

—Es una orden del rey —musitó con la mirada esquiva.

—Estás toda ruborizada —continuó molestando.

—¡Ya déjame tranquila!

…

Después de un par de días que se sintieron eternos Leone recibió cartas de Cartalia, de su madre, de su hermano, de todos, menos de su padre; nada diferente de lo usual.

Le habían enviado una considerable cantidad de regalos, y todas las cartas, decían exactamente las mismas palabras de aliento.

Se frustró al ver que no hubo respuesta acerca de llevar su caso al parlamento.

No sabía que más hacer; si decía que presenció un asesinato ¿La sacarían de ahí?

¿No sería eso suficiente?

Con todo el dolor que llevaba admitirlo, aceptó que su familia la amaba, pero no estaban dispuestos a ayudarla.

Se deprimió, sintió que sus pies eran cortados de golpe y que su poca fuerza de voluntad la sostenía de la tierra por los dientes.

Un leve llamado se escuchó en la puerta —Adelante.

—Señora, hay alguien que desea hablar con usted —informó Helio.

—Que pase.

Por el umbral cruzó una joven cuya belleza Leone solo pudo comparar con un jazmín.

Su cabello oscuro rojizo estaba peinado en un moño con una delicada peineta, un ordenado flequillo se desplegaba sobre su frente pequeña, justo encima de sus ojos alargados pero redondos, así como la hoja de un árbol de nim, su piel compartía color con la espuma de mar, y la vibra de su rostro era la de un oso de los países del norte.

Tenía las manos juntas frente a su estómago, las mangas de su atuendo les restaban visibilidad.

Hizo una elaborada genuflexión manteniendo una perfecta postura.

—Buenos días su alteza princesa Leone de Cartalia, disculpe mi intromisión no anunciada.

Mi nombre es Sae Jin Ah , estoy aquí para enseñarle todo lo que sé.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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