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El Eco de la cordillera - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 La pasión en llamas
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14: La pasión en llamas 14: La pasión en llamas El gran teatro Biask de Selinia era una estructura poco convencional para la arquitectura oriental; en su mayoría, la fachada estaba constituida de vidrieras con imágenes de la mitología lunhayena, lo que provocaba, que al ser de noche, la luz proveniente desde el interior le regalara al ambiente una similitud con una lámpara de aceite.

Leone bajó del carruaje acompañada de Helio y Jin Ah.

La chica que había conocido días anteriores había resultado ser totalmente una dama; era seria y resultaba complicado llegar a entablar una conversación que estuviera fuera del contexto normativo, pero a diferencia de la señora Are Jin, se había encargado de instruirle dejando en claro el estatus de Leone, inclusive le había extendido la invitación a la función de esa noche en el teatro.

En la entrada del edificio, un empleado recepcionaba las entradas, observó a Leone de arriba hacia abajo de forma extraña antes de dejarlos pasar, ella le rodó los ojos haciéndole saber que notó el incordio.

Al ingresar encontraron inmediatamente un hermoso salón que exhibía distintas esculturas y pinturas, similar a un museo occidental.

Todas las personas dentro miraban a Leone por la esquina del ojo, ella inició a sentirse fatigada.

Los últimos días habían sido pesados, estuvo entre deprimida y molesta tanto tiempo, que casi desarrolla una alergia a dichas emociones.

La gente seguía observándola sin disimulo, a los ojos más que nada, de tanto que rodó la vista llegó a creer que se le caerían los párpados.

Supuso que llamaba la atención debido a su apariencia occidental, pero esta teoría se vino abajo al escuchar a un grupo de pelirrojos hablar sobre la temporada de tormentas de nieve en Isfrid.

—Su cabello es realmente negro —Escuchó la voz de un niño a sus espaldas.

Leone se giró ofendida de que resaltaran esta característica suya pero solo consiguió que el niño se sonrojara y se hechara a correr en dirección opuesta.

Trató de distraerse alisando una inexistente arruga en la falda de su vestido.

Jin Ah no le había obligado a usar un hanyū, sin embargo, le ayudó a seleccionar una prenda.

Eligió entonces un vestido de un suave tono azul, con corpiño ajustado, decorado con delicados bordados brillantes que reflejaban la luz.

Las mangas abullonadas de tul le daban un aire elegante y etéreo.

La falda amplia y majestuosa, con un intrincado diseño de encaje y destellos plateados le daban un toque mágico, sobre su cuello un collar de brillantes azules complementaba su atuendo.

Como todavía faltaba tiempo para la función, se alejó un poco de Jin Ah y recorrió el salón, Helio se mantenía expectante a unos metros de ella.

Una pintura colgada sobre una solitaria pared blanca le atrajo inmediatamente.

Era el cuadro de una mujer de espaldas, se encontraba de rodillas orando frente a un templo, mientras la noche la envolvía y una terrible tormenta se avecinaba.

A simple vista la pintura no tenía nada en especial, pero por alguna razón, Leone pudo sentir con fuerza emociones que no entendía.

Tocó con compasión y cuidado el lienzo, incluso la técnica del pincel invocaba nostalgia.

Buscó la firma del autor, pero no había nada.

—Que agradable encontrarla por aquí.

—General Lee, buenas noches —se apartó un par de pasos instintivamente mientras sonreía reluciente ante el inesperado saludo—.

¿Ha venido a ver la obra?

El hombre sonrió tenue formando unas cuántas arrugas al lado de sus pequeños ojos—He venido a escoltar a mi sobrina, lamento no poder presentársela, ya ha entrado a la sala mayor.

Pero dígame ¿Ha venido sola?

—Por supuesto que no —respondió Helio acercándose a Leone y posicionándose a su lado—.

Lee Hoon Ka, tiempo sin verlo —hizo una corta reverencia.

Leone agradeció que su malhumorado escolta estuviera cerca, el militar sin lugar a dudas la incomodaba.

—Que agradable sorpresa, el heredero del gunhyeon.

Veo que al igual que tu hermano, has tomado como profesión el cuido de la realeza ¿Tú viejo padre ya no puede administrar bien las ganancias del Min Har heon?

—Las ganancias del heon están mejor que nunca.

Si sirvo como escolta de la señora es por gusto propio.

—Es una lástima para ti, quizás para cuando seas capaz de convertirte en gunhyeon también seas un anciano.

Eso explicaría por qué estás escoltando a esta niña —negó con falsa decepción—.

Es un desperdicio, podrías estar dirigiendo tropas al frente en la frontera.

—No padezco de ninguna ambición, espero que mi padre viva mucho tiempo más.

Respecto a lo demás, yo decido a quien servir, no soy un perro en busca de dueño, como quizás otros lo fueron en su pasado —expulsó con ese típico tono de superioridad y desagrado.

—Algunos tienen que ser perros para convertirse en dueños.

—Y otros simplemente no se arrastran en cuatro patas en el proceso.

La conversación se estaba tornando tensa, Leone trataba de leer entre líneas lo que ocurría.

—Veo que sigues igual de intolerable que siempre.

Lo estaba provocando, aunque Helio parecía ser paciente, su mirada clavada como una espada sobre el general apuntaba a que podía iniciar una lluvia de puñetazos en cualquier momento.

—Lamento interrumpir —gracias a Dios, era Jin Ah—.

Buenas noches general.

—Señorita Sae—saludó el mencionado con una reverencia.

—Señorita Leone el espectáculo está por empezar, por favor acompáñeme.

—Es “excelencia” no “señorita” —corrigió en un suspiro harto.

—Claro su excelencia, disculpe el error, aún no me acostumbro al honorífico de Ílios.

Leone se despidió de Lee Hoon Ka con un asentimiento de cabeza y le hizo una seña a Helio de que la siguiera, este obedeció sin despedirse del general e inició a caminar detrás de la chica mientras aflojaba los puños.

Jin Ah los guio al interior del salón principal, este era similar a un anfiteatro, pero totalmente adaptado a la arquitectura lunhayena.

Estaba oscuro, la estancia permanecía iluminada solo gracias a la luz proveniente del escenario principal.

Tomaron asiento en una parte alta y minutos después la orquesta tradicional inició a tocar como señal del inicio de la obra.

—Sancta Mater Dei, que música tan aburrida —susurró a medias.

—¿Ha dicho algo?

—preguntó Jin Ah.

—Que la música es tranquila —se corrigió sonriendo complaciente para disimular.

Detrás de una enorme cortina blanca, marionetas de tamaño humano daban forma a una leyenda.

Las sombras danzaban dinámicas, contaban la leyenda de un dragón serpenteante negro, que maldecía consumiendo el color.

Era una leyenda típica en Lunhae.

Leone no tuvo tiempo de escuchar ni de entender los detalles, se debatía con el sueño pellizcándose los brazos o golpeándose con el abanico, muchos días de desvelo ya le estaban pasando factura.

De un momento a otro las sombras se apagaron y la orquesta dejó de tocar, el espectáculo había terminado.

Leone miró a Jin Ah confundida —¿Eso es todo?

¿Hemos venido a un espectáculo tan corto?

—Llevamos mucho tiempo aquí —señaló a la luna a través de las vidrieras de las cuales habían sido corridas las cortinas.

Leone achicó los ojos y alzó una ceja, la posición de la luna había cambiado considerablemente—.

Respecto a la obra, interpretas el final a conveniencia —curvó los labios.

Leone no tenía ni la más mínima idea de a qué se refería, ni siquiera siguió la obra, estaba tan cansada y el ambiente tan aburrido que se durmió con los ojos abiertos.

Iniciaron a retirarse igual que el resto de las personas.

—¿Jin Ah?

¡Oh, Jin Ah!

—una muchacha vestida con un hanyū en tonos brillantes y con voz un poco grave, pero a la vez chillona hablaba con ímpetu.

Jin Ah suspiró un poco cansada —Dion Yi, buenas noches.

La chica se acercó rápidamente —Querida amiga ¿Has venido a ver la obra?

—abrió un lujoso abanico con pinceladas del color de su vestido en el país—.

¿Quién es ella?

—preguntó observando a Leone y alzando una ceja casi invisible gracias al espeso flequillo perfectamente peinado sobre su frente.

—Ella es la princesa Leone de Cartalia, prima del rey de Ílios.

—Es un gusto —Leone hizo una sencilla reverencia.

—El gusto es mío —la observó curiosa de arriba hacia abajo—.

Pensé que la princesa de Ílios era Helena Hemerides, de la dinastía Hemerides, disculpa, pero jamás había escuchado de ti.

Leone alzó una ceja.

Justo por eso prefería su honorífico de gran duquesa —¿Ha escuchado del príncipe Leonardo Hemerides de Ílios?

Bueno, es mi padre.

Cuando tomó el título de archiduque, su apellido agregó el Cartalia, pero legalmente, mi nombre y el de mi hermano incluyen el Hemerides.

—Oh ¿Eres hermana de Liam de Cartalia?

Leone asintió inflando las mejillas, su última conversación con Liam fue más una discusión de la que él (por no dejarla escapar) tenía la culpa.

—Tu hermano es tan apuesto como mi prometido.

Si mi compromiso no fuera un hecho, le rogaría a mi tío que me casara con él, seriamos cuñadas—.

chilló en una pequeña risa.

—Me temo que mi hermano ya tiene a alguien —achicó los ojos sarcástica.

—¿Y usted?

¿Ya eligió un marido?

—Dion Yi, lamento tener que terminar la conversación, pero la gran duquesa está cansada, así que nos retiraremos —dijo Jin Ah al notar la ironía en la ceja alzada de Leone.

Dion Yi se despidió prometiendo visitar a Leone, aunque esta respondió con fingida amabilidad que no estaba disponible.

También le sugirió a Jin Ah reunirse como la futura “familia” que serían, ante eso la hija del sungju solamente dedicó una corta e impaciente sonrisa.

Antes de salir totalmente del teatro, Leone dirigió su vista hacia el cuadro de antes —¿Sabe quién pintó aquella obra de la pared del fondo?

—La pasión en llamas —comentó Jin Ah, conocía la pintura—.

Es de un autor anónimo, ha hecho varios trabajos bajo su sello, se venden muy caros.

—¿La pasión en llamas?

—Nadie conoce el verdadero significado de su nombre, cada cosa respecto a la pintura es tan desconocida como la identidad del artista.

Leone no identificó el motivo, de por qué aquella expresión en colores le atraía tanto, ni siquiera cuando intentó ser catadora de arte mostró tanto interés en una obra.

…

El bullicio de la casa de apuestas, mezclado con el aroma al alcohol y opio, intrusaban los sentidos de Hyaker con fuerza.

Las mujeres se zangoloteaban y reían dulces a los hombres que tocaban con obscenidad sus cuerpos, era como si estuvieran tanteando una calabaza para ver si ya estaba lista para la cosecha.

En cuanto Galen terminó de hablar con una de las empleadas, Hyaker salió alejándose lo más que pudo de aquel desagradable ambiente que ponía lo último que había comido en el centro de su garganta.

—Parece que hoy tampoco podremos encontrar nada —mencionó Galen mientras ajustaba la montura.

—El maldito sabe muy bien como borrar su rastro.

—Hyaker, quizás deberíamos cambiar de estrategia, nada asegura que el hombre que buscas visite sitios así todas las noches.

—Puede que tengas razón, sin embargo, la cortesana que murió hace un año aseguró haber visto a un hombre con una cicatriz al menos unas dos veces, es claro que tiene la costumbre.

Ambos se subieron al caballo e iniciaron una cabalgata rápida.

Se detuvieron a metros del palacio.

—¿Vuelves al palacio?

—preguntó Galen.

—Sí, necesito lavarme toda la mugre.

—Hablas como si te hubieras acostado con cada cortesana a la que le has pagado por información —dijo Galen ahogando una risa—, eres más virgen que un monje.

—Justo por eso, necesito quitar este olor a lujuria de mi nariz —descendió de la montura y le entregó el cabestro a su escolta—.

Llévatelo, entraré por el otro lado.

Caminó en dirección al portón abandonado, avanzó hacia la laguna para tomar rumbo a sus aposentos, pero se dio la vuelta y regresó al bosque exterior.

Desde hace unas cuantos noches atrás, cada que volvía o salía del palacio, vislumbraba a lo lejos a la ofrenda de Ílios volver a toda prisa subiendo por la colina.

La primera vez que se la encontró se llevó una enorme sorpresa al ver que conocía el pasaje que años atrás intentó ser usado como una salida de emergencias.

Desde antes tenía planeado devolverle el guante que olvidó en las caballerizas, pensaba enviarlo con alguna criada, pero aunque no adrede, la oportunidad se había presentado un par de noches atrás.

No estuvo de más mantener cierta vigilancia.

No tenía intenciones de involucrarse en asuntos políticos, pero en general la familia real de Ílios era desagradable.

Muchos años atrás, en el baile de la conmemoración anual de la paz, conoció al anterior gobernante, un hombre totalmente repugnante, y ni hablar del príncipe heredero, el actual rey Bastien.

Todas las veces que la extranjera salió del palacio, era para llegar hasta el internado donde se educaba a las mujeres nobles.

Envió a Galen a investigar sobre el lugar, pero lo único que averiguó, es que una nueva maestra, de origen extranjero, impartía clases durante la noche.

—Estar un paso delante de un enemigo —suspiró arriba de un alto árbol que ocultaba su presencia.

Si ella tramaba algo, sería el primero en averiguarlo.

Un acto de lealtad al consejo sería un canje perfecto la próxima vez que su padre tratara de darle responsabilidad sobre una región o un matrimonio.

La esperó en medio de las penumbras durante un rato, pero a pesar de que era la misma hora en que Leone de Cartalia solía bajar hacia la ciudad, no apareció por ninguna parte.

…

Leone había salido un poco antes del palacio, el día anterior se enteró que el cumpleaños de An Chae estaba próximo, así que decidió prepararle un regalo.

Iba a obsequiarle uno de los cientos de vestidos que su madre había enviado desde Cartalia, tenía tantos que el corto tiempo que esperaba permanecer en Lunhae, no alcanzaría para usarlos todos.

An Chae cumpliría diecisiete años, era mucho más delgada que ella, así que necesitaba ajustar el vestido, como no podía pedirle a Kyun que lo hiciera, debía buscar ella misma algunos hilos y poner en práctica sus nulas habilidades en bordado.

Pensar en la delgadez de las mujeres de Lunhae se le había clavado como una espina en el cerebro enredándose entre burlas de Helena, Fiorella y sus distinguidas amigas se levantaban desde las penumbras de los recuerdos, señalando un defecto vivo que jamás podría borrar.

Bajó a la ciudad y recorrió la zona comercial.

Había cosas hermosas en todos los puestos, desde adornos para el cabello, hasta brazaletes y telas decoradas.

En todo el sitio predominaban los elementos de jade, eran simplemente preciosos.

Luego de regatear en algunas tiendas, compró unos hilos dorados, con eso, el arreglo del vestido quedaría de maravilla.

Sacó el reloj de mano, cuya cadena dependía de su capa, notó que era más tarde de lo usual y se apresuró hacia el internado.

EL cierre de los mercados estaba en su pleno auge, toda la gente que terminaba su hora laboral se trasladaba de un sitio a otro.

—¡Mocosa, mira por dónde caminas!

—un hombre la empujó y la capucha de su capa cayó a su espalda—.

Ja, tenía que ser una maldita occidental.

Dime ¿Por cuánto vendes ese maldito cuerpo tuyo?

¿Ya le has abierto las piernas a algún bárbaro de Ílios antes?

—la sujetó con fuerza de la muñeca.

—Agh —Leone se quejó del dolor—.

¡Suéltame!

—La presión del hombre reunió toda la sangre se su brazo en su muñeca ocasionando un punzante dolor—.

Si no me sueltas, voy a gritar, y créeme, no te conviene —aprovechó el paso de algunas personas y le pateó la entrepierna, el hombre la soltó en medio de un alarido.

—¡Maldita perra!

Leone inició a correr alejándose del sujeto, hasta chocar con alguien y caer contra el frío suelo.

Se levantó al instante y recogió los hilos que se habían caído.

—¡Por favor discúlpeme!

—le tendió la mano a la otra persona para ayudarle a levantarse—.

¿Qué?

¿Kyun?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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