El Eco de la cordillera - Capítulo 16
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16: Alergia 16: Alergia —Que intuitiva —Hyaker salió de entre la oscuridad.
—Depende de la situación —alzó una ceja—.
¿Por qué me sigues?
Es “ilegal”.
—Lo sé —le dio la espalda e inició a caminar colina abajo alejándose de ella.
—¿Entonces su alteza el segundo príncipe no va a decirme por qué me seguía?
Hyaker se detuvo y se giró hacia ella —Vigilancia —musitó.
Leone alzó una ceja y rio levemente —¿Te parezco peligrosa?
Hyaker la miró arrugando el entrecejo —Si fueras demasiado inocente seguramente nadie cuidaría lo que haces.
Leone dejó de reír, se quedó seria unos segundos y centró sus ojos sobre los de él —¿Con qué objetivo me “vigilas”?
—No lo sé —respondió luego de una pausa—.
Eres una de ellos, podrías estar tramando algo malo.
—No creo —respondió de mala gana, justo en ese momento se dio cuenta de su situación—.
¿Vas a matarme?
—tenía el corazón en la mano.
Aún desconocía quienes asesinaron a aquel hombre dentro del palacio, y aunque no tenía fundamentos para pensar que el responsable era el segundo príncipe, tampoco podía negarse a la posibilidad.
Él presionó sus cejas y dejó salir el aire por una abertura entre sus labios voluminosos —¿Por qué haría eso?
—¿Por qué no lo harías?
—La voz salía entre desafiante y ansiosa de entre sus labios.
Hyaker notó como Leone presionaba su dedo índice con fuerzas sobre su pulgar.
Ella tenía miedo de él —¿Todo bien?
Ella no respondió.
—No te mataría, aunque yo fuera un verdugo y tú una condenada a muerte —dijo viéndola directamente.
Él no era un monstruo y no toleraría ser visto como uno.
—Si claro —soltó con ironía.
—¿Qué traes ahí?
—señaló con los ojos la canasta.
—Dulces —Él la miró sin entender—.
Deberías ser más discreto si planeas “vigilar” a tu enemigo.
Hyaker rodó los ojos con impaciencia y agarró la canasta —¿Dulces?
—Una de ellas cumplió años ayer.
—¿No vas a comerlo?
Ella asomó una sonrisa agridulce —No, yo, estoy bien así.
Desde hace unos días se le dificultaba comer con la misma comodidad de antes.
Últimamente la imagen del muerto aparecía sobre su plato y volvía el aroma de los alimentos una mezcla de órganos que se movían sin pudor alguno.
Hyaker alzó una ceja.
La escudriñó de arriba hacia abajo, la chica usaba un vestido rojo que le hacía resplandecer la piel pálida; se veía bastante bien.
Era diferente a las mujeres de Lunhae, esbelta pero no en los huesos; su rostro tenía ciertas mejillas redondas y sonrosadas; una postura que denotaba superioridad pero no arrogancia, se veía sana y viva.
No entendió el punto de la jefa de los sirvientes en hacerla perder peso, a menos que deseara convertirla en un cadáver, claro estaba.
—No deberías dejar que la opinión de esa anciana te afecte —dijo sentándose en un tronco con la canasta en manos.
Leone se giró hacia él, lo miró con ternura, seguramente creía que su falta de apetito era por los insultos de la jefa de los sirvientes, pero mentiría si pretendía que su malestar era debido a eso.
Leone no estaba acostumbrada a presenciar asesinatos, pero no podía decir lo mismo de los insultos.
Los conoció en todas las formas, disfrazados de reproches por parte de su padre y de consejos por parte de Helena.
Se había llegado a familiarizar tanto con ello que lo transformó en una parte de su crítica personal hasta convertirlo en odio hacia sí misma.
“Eres una bastarda ¿Lo sabías?” “Arráncate la cara, deja de avergonzar a tu padre”.
¿Cómo Helena con una voz tan hermosa podía transportarla al mismo infierno?
Buscar paz en ese momento era caminar descalza sobre negras espinas llevando en sus brazos a la parte de sí misma que todavía pensaba que en el futuro olvidaría ese dolor.
—Leone —llamó Hyaker sacándola de sus ideas.
Le extendió un dulce.
—La verdad no quiero.
Él arrugo la nariz con el dulce aún extendido —Voy a comerlo solo porque insistes —se sentó al lado de él en el tronco—.
¿Pero sabes que definitivamente no quiero?
—No leo mentes —dio un bocado.
—No quiero que me persigas más.
Ya has de saber que hago fuera de palacio, te aseguro que no soy una espía.
Hyaker alzó una ceja mientras masticaba —¿Cómo podría confiar en alguien que…—empezó a toser con fuerza.
—Seguro el segundo príncipe iba a decir alguna mentira.
La tos de Hyaker no se detuvo, al contrario, se intensificó a tal grado que inició a respirar con dificultad.
—¿Alteza?
—Leone le golpeó la espalda tratando de ayudarlo, creyó que se ahogaba con parte de lo que había comido—.
¡Calma!
Ponte de pie y trata de respirar.
—Queee teníaaa…
teníaahh el aghhhh dulce—intentó hablar mientras Leone le ayudaba a ponerse de pie.
—¡¿No lo sé?!
¿Estaría envenenado?
—ella también inició a alterarse—.
¡Eran simples dulces de mandarina!
El joven abrió los ojos con sorpresa y miedo.
—Soy, aler ughhh alérgico a —jadeó— las mandaaggrinas.
—¿Qué?
—Leone no sabía nada de alergias ¿Existía acaso una alergia cómo esa?
Tenía que llevar al príncipe al palacio, o al menos hacerlo expulsar lo que había comido—.
¡Trata de vomitar!
¡Sí, eso!
¡Vomita lo que te comiste!
Hyaker la escuchó e inició a forzarse a escupir el corto bocado del dulce que había ingerido, luego de un par de intentos, logró provocar el vómito, y sacó no solo el bocado, sino todo lo que había consumido durante la tarde también.
Sus piernas se debilitaron, y Leone prácticamente ganó su peso en el aire, lo recostó sobre su regazo y le presionó el pecho y la espalda tratando de calmar su agitación, luego de un par de minutos, Hyaker inició a respirar con menor dificultad, pero los rastros de la alergia no desaparecieron, sus mejillas se pusieron rojas y sus manos se notaban algo inflamadas.
—Ve por Galen —le dijo una vez pudo modular la voz.
—¿Eh?
No voy a dejarte en medio del bosque.
—Galen es el único que puede llevarme hasta el palacio…
Ugh —se quejó—.
Búscalo en el jardín de mi anexo, ay —tosió con fuerza—.
En el anexo de la noche, no hay muchos sirvientes, no te verán.
Rodea la…
la laguna y atraviesa la roca, luego ve al norte.
—Sí, sí, iré a buscarlo, pero al menos avancemos hasta la muralla, sería tonto si te dejo aquí a tu suerte.
Con toda la fuerza que Leone no sabía que tenía, ayudó a Hyaker a reincorporarse; lo arrastró colina arriba hasta cerca del portón.
Aunque él trataba de caminar, la alergia le estaba produciendo un desmayo que resistía lo mejor que podía, por lo que Leone hacía la mayor parte del trabajo.
Un dolor en el hombro le daba fuerzas para apresurarse en dicha labor.
—Maldita sea, por qué pesas tanto —el tipo sí que era pesado, se veía delgado, pero Leone podía sentir sus músculos mientras lo cargaba.
—Es tu ugh aahh…
Es tu culpa —musitaba a medias.
—¡NO ES MI CULPA!
—gritó estresada.
—Si aghh…
Sí lo es ugh…
—Muérete por culpa de alguien más ¡Yo no te dije que comieras sin preguntar de qué era!
El camino se le hizo eterno, sumándole que estaban en un bosque, las piedras y ramas aumentaban la dificultad de absolutamente todo.
El vestido cuyo fustán voluminoso, había servido para amortiguar su caída de la ventana, se volvió un total estorbo, luchó incontables veces con la tela de falda, de tanto jalonear la volvió tirones.
Miles de ramas que se multiplicaban inexplicablemente rasgaron sus piernas hincando la carne fresca de las pantorrillas.
Un rato después, logró divisar la entrada abandonada, recostó a Hyaker sobre su capa y corrió hacia el anexo de la noche, el anexo personal del segundo príncipe, que curiosamente quedaba más o menos cerca del anexo donde se hospedaba.
Se deslizó en silencio entre los jardines, utilizando la oscuridad como escondite, algunas doncellas la notaron y al ver el estado de su vestido, corrieron en su ayuda.
—¡Alteza!
¿Qué le ha ocurrido?
¿Está usted bien?
Su escolta la ha estado buscando —Era Hanae.
—Es excelencia —iba a corregir como de costumbre—.
No es nada, estoy bien, di un paseo y resbalé en unas de esas plantas con espinas —mintió apoyándose de gestos—.
Arruiné el vestido, pero me encuentro bien.
—El señor Helio dijo que se había lastimado una pierna.
Asistí de inmediato con el médico, pero al llegar no estaba en su habitación.
Nos preocupamos mucho e iniciamos a buscarla por todas partes.
—Ohh —rio nerviosa—.
Solo fue un tropiezo.
Helio exageró Jaja.
—Por favor volvamos a su habitación, revisaremos que no tenga heridas.
—¡No!
—tenía que buscar a Galen, Hanae estaba siendo terriblemente inoportuna—.
Vuelve antes y prepárenme un baño.
Tomaré un poco más de aire fresco.
—Pero no podemos dejarla aquí.
—Es una orden —insistió—, ya voy, prometo que te seguiré en un instante.
La chica asintió no muy convencida, pero corrió de prisa.
A penas fue seguro, la hija del archiduque apresuró sus agotadas piernas hacia el anexo de la noche.
Al llegar al jardín, no había guardias, era extraño, ya que se trataban de los aposentos de un príncipe.
A penas pisó el pasto, una flecha cruzó rozándole la oreja, produciendo un ligero corte.
De inmediato, un hombre alto se acercó desenvainando una espada, cuyo filo se iluminaba con la luz de la luna.
—¿Eres Galen?
—Se apresuró a decir Leone, si no hablaba rápido, seguro le cortaban la cabeza.
—¿Quién eres?
—a medida que se acercó, reconoció a Leone—.
¿No es usted la princesa de Ílios?
¿Qué está haciendo aquí?
—¿Eres el espadachín del campo de entrenamiento?
Que bueno —sonrió aliviada—.
El príncipe Hyaker, me dijo que vayas por él, está en el pasaje abandonado.
—¿Discúlpeme?
Pero cómo sé que no me está mintiendo.
Leone rodó los ojos con impaciencia, no estaba para estás tonterías —Por favor en serio deje esto, el príncipe comió mandarinas y está luchando contra un desmayo ahora mismo.
Galen abrió los ojos en par, se reverenció a medias y salió corriendo hacia el sitio señalado.
Leone respiró hondo al ver que Galen corría en dirección a Hyaker, quería seguirlo, pero Helio la interceptó cuando entró a los pasillos internos del palacio.
No le dijo nada, solo la observó juzgón y la guio hasta sus aposentos.
Al deslizarse la puerta, como imaginaba, Kyun estaba dentro, tejiendo bruscamente.
Sin decir palabra, Leone se descalzó, se metió al cuarto de baño, donde todo parecía haber estado listo gracias a Hanae.
Se quitó el vestido sucio y roto por todas partes, y se sumergió en el agua turquesa llena de pétalos y esencias.
El agua tibia suprimió el dolor de los arañazos en las piernas recordándole lo de minutos atrás.
Se sentía preocupada por Hyaker, esperaba que Galen hubiera llegado rápido para ayudarle cuanto antes.
Le dio mucha risa rememorar su cara roja e inflamada, no era algo de lo que burlarse, pero su hermosa apariencia se había convertido en la de un tomate brillante.
Dejó de reírse porque antes de colapsar, había sido amable a pesar de confesar que la vigilaba porque no confiaba en ella.
Él era extraño, podía burlarse sin demostrar que lo hacía.
Al menos su corazonada de que él no era el asesino, parecía ser cierta, de lo contrario él la hubiera matado ahí mismo.
En realidad quería convencerse de que él no era malo.
—“Leone” —sonrió.
Es verdad, él la había llamado por su nombre también.
Era la primera vez que se dirigía directamente a ella.
Y escuchar su nombre de sus labios fue complaciente para una necesidad que ni siquiera sabía que tenía.
Un cosquilleo no identificado se instaló en la parte baja de su espalda, sus mejillas se calentaron ¿En qué cosas estaba pensando ahora?
Metió la cabeza en el agua y disipó las raras emociones que estaba sintiendo.
Salió luego de colocarse un camisón de seda, y se sentó al borde de la cama.
El único sonido en el lugar eran las agujas que Kyun chocaba con fuerza de vez en cuando.
Leone suspiró —¿Qué tan probable es que alguien entre aquí a matarme?
No recibió respuesta alguna.
—Diga lo que diga, sea verdad o mentira, seguro no vas a escucharme.
La doncella no despegó los ojos de su tejido.
—A pesar de que cuando en realidad querías hacerlo yo no tenía fuerzas de abrir la boca —jugueteó con el anillo en su mano y sonrió amarga—.
¿Siempre lo supiste no?
Esa vez fue aposta.
La garganta de Kyun tembló.
—Pero quisiera que me creyeras porque esta vez me estoy ahogando —dijo en un susurro.
—¿A dónde fuiste?
—preguntó Kyun con voz calma soltando los hilos y mirándola a los ojos.
Leone dejó salir todo el aire en sus pulmones, los llenó de nuevo, y abrazó sus rodillas.
Inició a relatar con paciencia como había encontrado el pasaje secreto, llegado al internado y conseguido el empleo, claro, exceptuando todo lo que involucraba al príncipe y el asesinato.
Si no le decía lo último, no era por falta de confianza, era porque no quería arrastrarla a eso.
Ya sabía que Kyun no iba a ayudarla, no iba a comprometer el bienestar de sus padres por ella, lo comprendía y no le molestaba, después de todo, su vida era un asunto solo de ella.
—Si no fuera porque te encontré en medio de la ciudad no creería nada de lo que me estás diciendo.
—Lamento no haber dicho nada.
Kyun se mordió el interior de las mejillas pensativa, quizás si Leone iniciaba a convivir con cosas que le gustaran dentro de Lunhae, ideas como escapar u otras aún más peligrosas se desvanecerían.
—¿Qué tan peligroso es el camino hacia la ciudad?
—Nada peligroso —asintió exageradamente.
—La verdad —su rostro se tornó serio—, por favor.
—Pues hasta ahora parece abandonado por personas y animales.
Kyun se quedó meditando un par de minutos—Si quieres seguir yendo, creo que —se mordió el labio inferior—, creo que podemos decirle a Helio que te acompañe.
Leone arrugó la nariz —Definitivamente no, Helio trabaja para el rey.
Si su majestad se entera, se me va a generar un problema más grande.
—Entonces tendré que acompañarte yo.
—No Kyun.
Si ambas desaparecemos de la nada, va a ser todavía más sospechoso, mejor, encárgate de encubrirme los días en los que salga.
Confía en mí, no me pondré en peligro, lo prometo —se acercó a ella y la tomó de las manos—.
Estaré bien, ya no tengo esas intenciones que te preocupan.
—Está bien —exhaló Kyun derrotada—, pero debes informarme los días en los que vayas a ir, también darme la dirección exacta, y siempre lleva esa daga contigo.
Leone sonrió y abrazó a Kyun.
Podría seguir saliendo de su encierro y no tener que mentirle a su dama de compañía.
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