El Eco de la cordillera - Capítulo 17
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17: Jamás se enamoraría 17: Jamás se enamoraría En medio de las penumbras del bosque nocturno, una criatura estaba observándolo.
Obsidianas grandes, negras, brillantes…
Una pesadez equivalente a cien templos apilados sobre sí mismos cernió bruscamente sobre los párpados del segundo príncipe.
En cuanto se acostumbró a la dificultad del cansancio invasor, todo su cuerpo notificó la reacción alérgica como si tal y durmió en un enjambre de espinas por al menos una semana.
Se quejó dejando escapar un gemido casi mudo.
Estaba dentro de su habitación, la luz del amanecer se filtraba a través de las grandes ventanas translucidas.
El olor al medicamento antialérgico se apoderó de sus fosas nasales, era el mismo aroma nauseabundo que recordaba de su infancia, cuando a escondidas de todos consumía los dulces de cítricos secos.
Aún con el dolor punzando su garganta y cabeza, se levantó hacia la terraza, abrió la puerta corrediza para llenar sus pulmones de aire fresco.
El aturdimiento casi le impide visualizar un pequeño cisne de papel que se encontraba arriba del balustre.
Lo observó curioso, como si tal nunca presenció papel plegado de ese modo.
“Lo siento” estaba impreso con pinceladas fuertes, pero el trazo era delicado y elegante, el estilo de las letras solo confirmó lo que vino a su mente desde antes de tomarlo entre sus manos.
—Ahora no solo quiere meterse en mi familia, en mis sueños también —sonrió con sorna ante la ironía.
Ella fue la responsable de todo.
“¿Vas a matarme?”¿Hizo algo para temer por su vida?
La frase en sí, era inquietante por si sola.
—Intentas compensar mi casi asesinato con un trozo de papel.
Aunque el aire fresco de la mañana había limpiado sus pulmones, las agujas también se sentían en sus talones, sintió su estómago rugir, no comía desde el día anterior.
Es verdad, había vomitado todo.
Se puso la mano sobre el rostro y sintió sus mejillas y orejas calentarse.
Sacó todo el aire de su caja toráxica con fuerza.
Estaba avergonzado.
—¿Por qué luces como un niño regañado?
Tu aspecto es algo gracioso.
—Galen —dijo retirando la mano de su rostro y viéndolo soporíferamente—.
¿Me explicas cómo esto llegó a mi balustre?
Pensé que contaba con una estricta vigilancia de parte de mi escolta, hijo de la familia de espadachines más antigua de este reino.
—Ehhhh ¿Tiene acaso el príncipe una admiradora secreta?
¿Qué es eso?
—arrebató el papel de una maniobra—.
Uhhhh ¿Te has peleado con tu novia?
Parece muy arrepentida —se burló después de leer el contenido.
Hyaker arrebató el papel y lo guardó entre sus manos —El personaje de comediante no te queda para nada bien.
Responde a lo que pregunté ¿Qué hacías cuando alguien dejó esto aquí?
—Probablemente atendiendo tu fiebre, suministrándote medicamentos o yendo por un médico.
Quien sabe, hay muchas variables ¿Tienes idea de quien pudo haberlo dejado ahí?
—Sé quién lo envió —musitó más para sí mismo.
—¿Qué?
—Nada.
Volvió al interior de la habitación y guardó el papel en un cajón.
—Por cierto, el último paquete está listo para ser entregado, una orden tuya y será colocado en el sitio.
—¿Sabes cuando está prevista la próxima licitación?
—preguntó mientras se sentaba frente al desayuno traído por uno de los eunucuos.
—Según mis informantes, se está organizando para los primeros días de la semana próxima ¿Debería enviar hoy los elementos?
Si nos atrasamos podrían no alcanzar la inscripción.
—El límite de tiempo es en dos días ¿No?
Galen asintió.
—Entonces los enviaremos en dos días —dirigió su vista al cajón donde guardó la nota de Leone—.
Me gustaría agregar algo más.
…
Era la mitad de la tarde, Jin Ah quedó de encontrarse con Leone para tomar el té.
Llegó un poco antes de lo previsto, su obsesión por la puntualidad la obligaba a arribar mínimo con media hora de anticipación a todas sus citas.
El punto de encuentro era un quiosco en medio de un jardín en los bordes del palacio que dejaba apreciar las montañas de Selinia.
El viento le alborotaba la falda, pero no era capaz de levantar uno solo de sus cabellos perfectamente acomodados con una peineta adornada con una gardenia.
—¡Jin Ah!
—el tono dolorosamente familiar.
La chica se giró y su corazón dio un vuelco —Galen —musitó.
—Jin Ah, es un gusto verte por aquí —acortó la distancia entre ellos—.
¿Has venido a visitar al rey?
Ella negó moviendo el rostro de un lado a otro.
—Oh —suspiró Galen—.
Entonces has venido a ver a— —A la gran duquesa de Montefiore —lo interrumpió—.
Hace un par de semanas se me encargó ser su institutriz.
—Así que has estado viniendo desde hace un tiempo, pero ¿Cómo es que no te he visto?
Los labios de la joven se sellaron mientras en la lejanía del paisaje, un objeto inexistente era perseguido por sus ojos.
—Jin Ah ¿Me has estado evitando?
—¿Hay algún motivo específico por el que debería evitarte?
El corazón de Galen se empequeñeció convirtiéndose en una ciruela consumida.
Solamente existía un motivo por el que Jin Ah debía evitarlo, un secreto que era solo secreto porque de sus labios no escapó nunca antes, pero que anunciaba su portentosa presencia en las ventanas de su alma.
Jin Ah era inteligente, ella debió percibir que él guardaba algo en lo más profundo de su ser desde que eran niños, pues el alma de los niños es pura, y gracias a eso todas sus acciones para con ella fueron transparentes, incluso después de transformarse en un adulto.
—No —su garganta ardió con la falsedad del monosílabo—.
No lo hay.
—Entonces no te evité, el palacio es enorme.
Es una casualidad que con nuestras ocupaciones tan diferentes logremos coincidir en algún momento.
—Sí, es verdad, pero, Jin Ah si no te incomoda, me gustaría que en algún momento hablemos.
La doncella sostuvo con fuerza su abanico y tranquilizó su respiración que amenazaba volverse tensa; desde hace tiempo sabía que Galen trataba de decirle algo que era mejor no sacar de sus pensamientos, sobre todo en la situación en la que ella se encontraba.
—Galen, entre tú y yo no hay nada de lo que debamos hablar.
—Lo sé, pero es un asunto que he querido tratar desde hace mucho tiempo.
Verás yo— —¡Señorita Jin Ah!
La aludida se giró en dirección de la voz, era Leone quien la saludaba animadamente a pocos metros, junto a ella se encontraban el señor Helio y la señorita Kyun.
—Lo lamento Galen, debo retirarme, mi estudiante ha llegado —hizo una corta reverencia y se alejó.
Él suspiró con fuerza mientras se tragaba las palabras que quemaban en la punta de su lengua —Adiós —susurró mientras la veía distanciarse de él, como si tal y una peligrosa plaga se cerniera sobre su humanidad.
La joven llegó a toda prisa al quiosco, Leone arribó en el mismo momento.
—Señorita Jin Ah, le ruego me dispense, no quise interrumpir su conversación con el caballero.
—Oh, su alteza, no se preocupe, no ha interrumpido nada —sostuvo con algo de brusquedad el clavillo del abanico y agitó el país con fuerza, Leone no pasó desapercibida esta acción, a pesar de que el rostro de Jin Ah lucía sereno, la manera en la que sus manos evidenciaban ansiedad era papable.
—¿Conoce al señor Galen?
—Eh, bueno, sí.
—¿Cómo?
¿Ha sido escolta del príncipe desde hace mucho?
Pero se ve muy joven.
—Él también es un noble, hemos participado juntos en muchas actividades.
—Así que prácticamente se conocen desde niños —sonrió Leone—.
No sabía que era noble, lo conocí entrenando junto a los demás caballeros.
—Su padre es el gunhyeon más importantes del reino.
Pero, ya basta de hablar sobre este asunto, hemos venido a otra cosa ¿No es así?
Por favor su alteza —señaló la mesa del té—.
Recuerde que el día de hoy usted tiene el papel de anfitriona.
—Oh, tiene razón.
Jin Ah estaba instruyendo a Leone con perfección.
La labor hasta el momento no había resultado nada complicado, Leone presentaba una educación a la altura de un monarca, dominaba los aspectos generales de la etiqueta lunhayena; también era muy culta, podía entablar conversaciones fluidas sobre variados temas, desde filosofía hasta política y economía, por lo que Jin Ah simplemente se encargó en pulir ciertos detalles que podían generar un choque cultural dentro del reino Leone se dispuso a tomar la tetera y servir el té —No, no, no —rectificó Jin Ah—.
Recuerde que, aunque seas la anfitriona, no debes servir el té con tus propias manos, debe hacerlo la persona con menor edad o una doncella a tu servicio.
—Lo recuerdo perfectamente, pero, has dicho que es solamente en el caso de una mujer de rango alto dentro del reino, y pues, por el momento estoy bastante soltera.
—Es verdad —dijo pensativa—.
Aunque la última reina abolió durante mucho tiempo esta práctica.
—¿A qué te refieres?
—Mi madre lo mencionó —intervino Kyun—.
Durante su infancia la fallecida reina se educó en Isfrid.
—Justamente eso —afirmó Jin Ah—, todos los que la conocieron mencionan que a menudo utilizaba la etiqueta occidental por gusto personal por encima de la lunhayena.
Helio aclaró su garganta y se revolvió en su sitio —Si me disculpan, debo ausentarme de la fiesta, hay un asunto importante que me es menester atender —se levantó y reverenció—.
Mi señora, volveré en el menor tiempo posible —se retiró.
Leone lo vio irse alzando una ceja, pero volvió rápidamente a la conversación que mantenía antes de la interrupción —¿Cuál era su nombre?
Desconozco mucho sobre ella.
—Munraeh, era famosa por ser la reina más bella que ha tenido el reino.
De hecho —Jin Ah hizo un gesto de memoria—, su alteza el segundo príncipe heredó dicha gracia.
—¿En actitud también?
—Honestamente no recuerdo mucho de ella, era muy joven cuando fue —frenó sus palabras—, cuando falleció.
Sé bien que tomó decisiones que causaron revuelo dentro del reino, pero nada más, aunque algunos mencionan que el príncipe heredero se las recuerda mucho.
—Mi madre habló alguna vez sobre ella —dijo Kyun recordando la extraña forma en que su madre descomponía la expresión como tratando de reprimir un llanto.
—¿Tía Suhee?
—Así es.
—Su labor social incluyó la fundación de orfanatos en todo el reino —Jin Ah observó las tazas vacías—.
Por ahora prosigamos con la lección —Entonces serviré el té porque no soy la reina de Lunhae —dijo Leone tomando la tetera.
—No está de más conocer las viejas costumbres, nunca se sabe si necesitarás de ellas más adelante, aún desconocemos a su futuro esposo.
Quién sabe, quizás sea alguien de alto rango.
Un pensamiento que contenía una diminuta pizca de emoción llegó a la mente de Leone —¿Cree que el rey me case con alguno de los príncipes?
Jin Ah suspiró como si le lastimara lo que escuchaba —La ley prohíbe estrictamente que los príncipes contraigan matrimonio con mujeres no nacidas dentro de la nobleza de Lunhae, la sangre pura de la realeza debe mantenerse en toda la descendencia.
Una flecha congelada de palabras secas y duras traspasó ambos oídos penetrando con fuerza, un agujero dejó correr un frío aire que arrastraba una realidad desconocida para Leone hasta ese momento, estaba tan helado que quemaba, aunque la verdad no tenía por qué ser así.
Descompensó su expresión colocando sus labios en una delgada línea de sonrisa mientras respiraba con incomodidad y su dedo pulgar jugueteaba con su dedo medio.
—Ya veo —se aclaró la garganta—.
Aunque señorita Jin Ah, si desconocemos a mi prometido, creo que es innecesario aprenderlo.
—Ningún conocimiento nuevo es innecesario, verá, aunque usted no se convierta en princesa o consorte, quizás en su futuro esté ser la institutriz de los hijos del futuro rey, y bueno, la educación de los príncipes solamente se confía a personas altamente calificadas, por ejemplo, la educación de los tres príncipes fue confiada plenamente al Min Har heon.
Si me permite halagarla, usted es alguien que fácilmente podría enseñarles a todos aquí, incluída mi persona, justo por eso deseo que su preparación sea perfecta.
—Uy sí, no sabes que feliz me pone escuchar eso —respondió sarcástica.
No tenía una aspiración que la hiciera moverse, toda su vida estuvo ocupada tratando de olvidar su propio vacío aprendiendo mil y una cosas.
No iba a mentir, si hubo mucho que verdaderamente le apasionó, pero una vez se deprimía lo suficiente lo abandonaba para concentrarse en sobrevivir.
En la actualidad no era diferente, se sentía aplastada por las dos mitades de Eco.
No sabía que hacer, se pensó excavando la tierra hasta desgastarse los dedos, pero genuinamente ¿Tenía fuerza para eso?
…
—Kyun ¿Helio todavía no vuelve?
—preguntó sentada en el suelo del balcón, la noche iniciaba a pintar con su oscuro color el firmamento.
—Volvió un rato atrás ¿Quieres que lo llame?
—Sí, necesito preguntarle algo.
—No tratarás de meterte en asuntos que no nos conciernen otra vez ¿Verdad?
—No, no, es otra cosa.
—Has estado callada, de casualidad es por lo que mencionó ahora la señorita Sae —se acercó al pórtico del balcón.
Leone se giró de golpe —¿Por qué me sentiría mal por eso?
Casarme con un príncipe nunca ha sido un deseo mío.
—Sé que no es para nada tu sueño lo que la señorita Sae mencionó antes, pero, al menos míralo desde otra perspectiva, podrás aprender mucho más.
Quizás tu futuro esposo no sea tan malo, el rey aseguró que buscaría a alguien en edad similar, así que trata de ser optimista.
Leone guardó silencio ante la conclusión que acababa de escuchar, por un momento pensó que Kyun notó su ofuscación al saber que su unión con un príncipe era imposible.
Que hilarante, el piquete que generaba más comezón era justo el que se oponía totalmente al que provocaba todas sus demás alergias.
Con franqueza abrió su mente, fue entonces que entendió la situación, a ella no le molestaba no casarse con uno de los tres herederos, le molestó saber que no podía convertirse en la esposa de Hyaker.
Ante este análisis su respiración se cortó y un agujero invisible consumió su estómago.
—¿Leone?
—Kyun chasqueó los dedos.
—¿Mmmm?
—Estás ausente, mejor vete a dormir —se encaminó hacia la puerta.
Una idea surgió tan rápido como un relámpago —¡Kyun!
No, espera ¿Qué pasó con el príncipe?
—¿Ah?
—Las mejillas de la doncella se tiñeron velozmente.
—No me contaste nada de su “encuentro furtivo”.
—¡No lo digas así!
—su rostro pareció un tomate.
—A como quieras llamarlo, dime ¿ocurrió algo?
—Ahhh ya duérmete —si se quedaba un minuto más, sus mejillas seguro explotaban—.
No ocurrió nada, porque no fuí— salió básicamente huyendo.
—Claro, ese es el remedio —musitó curvando los labios.
Kyun era de ascendencia lunhayena pura, sus padres nacieron en esa tierra y probablemente sus ancestros también, técnicamente pertenecía a la nobleza ya que su padre obtuvo un pequeño título de “barón” que el archiduque solicitó para permitirle manejar asuntos del archiducado en su ausencia.
Cumplía con el principal requisito para contraer nupcias con uno de los sucesores, solo hacía falta que uno de los tres, o bueno, Kairos en este caso, se enamorara perdidamente de ella.
Kairos debía amar a Kyun más que a nada, incluso debía atreverse a saltar dentro de un volcán activo, de ese modo si Leone escapaba, él respaldaría a Kyun si se le presentaban problemas.
Rio mordiendo su labio inferior, era una maldita genio.
Conseguir su objetivo no era tan difícil, Kairos se interesó en Kyun desde el día en que se conocieron, y bueno a la dama en cuestión tampoco parecía resultarle indiferente, solo era cuestión de darles un empujón.
—Señora ¿Puedo pasar?
—era Helio en el exterior de la puerta principal.
—Sí, adelante.
—¿Me solicitaba?
—Se posicionó unos metros frente a Leone quien permanecía de pie junto a la puerta del balcón.
—Sí, bueno, es que…
—Se aclaró la garganta—.
¿Has dejado la nota donde te lo pedí?
Helio alzó una ceja —¿En los aposentos del segundo príncipe?
Por supuesto, cumplí sus órdenes al pie de la letra.
—Entiendo —evitó la mirada interrogante de su escolta.
—¿A qué está jugando?
—preguntó Helio tratando de escudriñar en algo que para él ya resultaba obvio.
—Absolutamente a nada.
Trataba de disculparme por molestarlo antes.
—Le aconsejo que por su bien no dirija su vista ni mucho menos sus sentimientos hacia el lugar incorrecto —habló pétreo antes de dejar la estancia.
Leone se sentó sobre el suelo con un mal sabor entre sus labios.
Aunque le fastidiara, Helio tenía razón, pero a la vez estaba errado, ella no guardaba sentimientos por Hyaker, todo se trataba de una confusión, su mente solo se nubló porque el tipo poseía una increíble belleza, además ¿Qué mujer no se siente atraída por un hombre apuesto?
La solución al problema era fácil, ordenaría sus pensamientos y evitaría encontrárselo, así él no tendría oportunidad de revolverle las ideas y ella podría enfocarse en el desarrollo de sus objetivos.
Por el bien de su futuro, Leone de Cartalia jamás se enamoraría de Hyaker Jian Hae.
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