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El Eco de la cordillera - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 ¿Eres un buen espadachín
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18: ¿Eres un buen espadachín?

18: ¿Eres un buen espadachín?

Los últimos rayos del sol se filtraban a través de las celosías de madera proyectando delicadas sombras geométricas sobre el suelo de piedra oscura.

En el centro de la estancia, una mesa rectangular llena de documentos, reposaba.

Las lámparas colgantes, con sus farolillos de seda y borlas rojas, oscilaban suavemente desde el techo de vigas robustas, iluminando el sitio con una calidez dorada.

—Señor, tiene una visita —informó uno de los guardias de la mansión.

—Adelante —respondió Lee Hoon Ka sin despegar la vista de los documentos.

Are Jin accedió reverenciándose perfectamente —Mi señor, sea bienvenido a nuestra tierra.

—Are Jin —dijo pausado—.

Creí haberte mencionado no abandonar el palacio bajo ninguna circunstancia.

—Es correcto mi señor —avergonzada ni siquiera levantó el rostro—.

Pero hay una situación de la que me urge informarle.

Por primera vez, el general prestó atención a Are Jin.

De un cofre sacó una pipa de bambú y metal y se dispuso a fumar tabaco.

—Habla.

—Tengo prohibido acercarme a la recién llegada.

—¿Qué?

—exhaló una enorme cantidad de humo.

—A cómo lo escuchó.

Al parecer no es nada tonta.

A como usted me lo orientó, le pedí a su majestad convertirme en la institutriz de la joven, pero al parecer ella no estuvo de acuerdo con mi proceder y gracias a eso terminé envuelta en una discusión con el segundo y tercer príncipe.

Hoon Ka dio palmeó con precisión la mesa, a su vez exhaló seseante—.

Te ordené que fueras extremadamente cuidadosa con esto.

—Yo —tragó en seco—.

Yo procedí a enseñarle tal y cómo lo dice el protocolo.

El general la observó serio, luego de unos segundos exhaló en señal de que Are Jin continuara hablando.

—Pero ella, mi señor, es muy mimada, hizo un berrinche porque no le permití comer en exceso.

Los príncipes creyeron que la insulté —dijo infantilizando de más la actitud de Leone.

El hombre la fulminaba a cada palabra mencionada—.

¿No se te ocurrió hablar con mi cuñado?

—Sí señor, claro que lo hice, pero el rey solo me dijo que alguien más se haría cargo.

El hombre se levantó pasivo, sus pasos sonaron ásperos.

Tomó a la mujer del rostro apretando sus mejillas con lentitud —Te ordené claramente que te hicieras cargo de mi prometida —presionó con fuerza.

—El rey —la lengua se le trababa entre los incisivos—.

El rey dijo que no la casaría hasta que fuera mayor de edad.

Hoon Ka compactó la punta de la pipa en la barbilla de Are Jin, la mujer cerró los ojos ante el dolor que esto ocasionaba.

—Ese maldito moribundo —musitó.

—Señor, un paquete ha llegado — informó el guardia tras la puerta.

La soltó tirándola con violencia hacia el piso.

Are Jin solamente se sostenía el rostro mientras contenía las lágrimas.

El guardia entró y dejó sobre la mesa, un frasco de cristal que contenía muchos pétalos secos.

—Are Jin, vuelve al palacio —sonrió de soslayo mientras abría el frasco y olfateaba uno de los pétalos—.

Pronto iré a visitar a mi querido cuñado.

Es tiempo de entregarle el regalo que he traído desde Isfrid.

…

—¿Eres un buen espadachín?

—¿Disculpe?

—Si no lo eres puedo conseguir a un excelente maestro.

—¿Eh?

—la confusión en Kairos se vio plasmada en todo su rostro.

Leone rodó los ojos —Si deseas a alguien con quien practicar esgrima, Kyun es una excelente elección, puedo asegurarte que es parte de los diez mejores espadachines de Ílios.

Kairos pestañeó un par de veces —Agradezco su buena intención pero, no creo ser del agrado de la señorita.

—¿Qué dices?

—Verá, ella no asistió a mi invitación, así que no he tenido la oportunidad de pedirle sea mi maestra de idiomas.

Leone bufó.

Un poco decepcionada, tomó la taza sin oreja y dio un trago al brebaje casi hirviente, se quemó la lengua e inició a abanicarse con las manos para refrescar la zona.

—Señorita Leone ¿Está bien?

Me invitó a tomar el té, pero siento que está un poco ansiosa.

Leone prestó inmediata atención a Kairos.

Le había hecho la invitación para convencerlo de volver a buscar a Kyun, pero debido a lo que Helio le había insinuado unos días atrás, se encontraba más distraída de lo normal.

—Es “excelencia”, no “señorita” —¿Por qué a los lunhayenos se les dificultaba tanto aprenderse su honorífico?—.

Claro que estoy bien —en realidad no había dormido nada, un día de esos iba a colapsar de tanto insomnio.

—Claro excelencia —sonrió—, pero si gusta puedo retirarme para que descanse.

—¡No!

—casi gritó.

Kairos alzó ambas cejas— Estoy bien, el aire fresco me hace sentir mejor.

Se encontraban en un pabellón de madera en el centro de un jardín.

Alrededor, las peonías en flor perfumaban el aire con su dulce aroma, sus pétalos rosados y blancos se esparcían como delicadas pinceladas sobre el verde del suelo.

Era un espacio muy agradable.

—Entonces —continuó Kairos—, me estaba diciendo que la señorita Kyun es un espadachín ¿Es así?

—Es correcto.

—Y usted desea que yo le pida sea mi compañera de entrenamiento.

—También es correcto —dijo asintiendo complacida, Kairos levantó ambas cejas —Me cuesta creer que una dama tan delicada sea capaz de empuñar una espada.

—No has visto sus manos.

La madre de Kyun es un espadachín excelente, la instruyó desde que era muy pequeña, aunque entiendo tu punto, su apariencia vuelve eso difícil de creer.

—Bastante difícil —afirmó—.

De cualquier modo, creo que no será posible.

La señorita Kyun parece evitarme desde el incidente con la jefa de los sirvientes.

A cómo le mencioné anteriormente, envió a Hanae a comunicarme que no podría asistir.

Leone giró el rostro hacia la sirvienta, esta asintió —Kyun es demasiado tímida —justificó la falta—.

Solo debes hacer que entre en confianza contigo.

—¿Y cómo se supone que lo consiga si ella me evita?

—Justo por eso estoy aquí —sonrió radiante—.

Enviaré a Kyun a enseñarte el idioma del continente occidental.

Ella aceptará, claro, porque es una orden.

Pero si al encontrarse contigo, le ofreces enseñarle algo a cambio, ella se sentirá a gusto y tú podrás pasar tiempo con ella.

—¿Por qué debería pasar tiempo con ella?

—preguntó más para sí mismo.

—¿Por qué no?

—curvó los labios pícaramente—.

Kyun es una excelente institutriz, tiene conocimiento en muchas áreas; me preocupa que solo se concentre en cuidar de mí —hizo un falso puchero—, ella necesita poner en práctica todas sus habilidades.

Además, es muy amable y bondadosa, incluso pueden llegar a ser buenos amigos.

Kairos suspiró un poco nervioso —Sí, claro que no molestaría ser su amigo, pero usted sabe que en este reino una relación de amistad entre dos jóvenes solteros no es muy bien vista por la sociedad.

—Pero ella será tu institutriz —sonrió.

Kairos suspiró derrotado —¿Y qué debería enseñarle yo a ella?

Usted mencionó que incluso es buena con las armas.

Leone soltó una pequeña carcajada —Bueno, Kyun no sabe cabalgar —se burló—.

Realmente puede tejer mientras patea un oso, pero nunca aprendió a cabalgar.

—Entonces debería enseñarle a cabalgar.

—Claro que sí.

Luego de su primera lección de idiomas, la invitas a cabalgar como agradecimiento y cuando te diga que no sabe te ofreces a enseñarle, y listo, amistad.

Kairos frunció los labios y asintió —Me parece bien.

—Entonces así quedamos —dijo Leone dándole la mano para cerrar la propuesta.

A lo lejos, Hyaker observaba la escena con los ojos entrecerrados.

Le estaba dando filo a su espada en un campo de tiro cercano, cuando una risa socarrona llegó hasta sus oídos ¿Qué demonios estaba haciendo Kairos?

¿Planeaba meterse con esa tipa?

Era la mujer que su padre planeó hacer su esposa, quién ocuparía el lugar de su madre.

Afilaba la espada con tanta fuerza, que del impacto de los metales resultó un sonido horrendo.

—Vas a romper la lima —se burló Galen.

Hyaker le dirigió una mala mirada y detuvo la acción.

—En realidad pareces no tener ni una pizca de buena voluntad hacia Leone de Cartalia.

A pesar de que ella te salvó de morir por la alergia —dio un suspiro fingido.

—Ella me ocasionó la alergia en primer lugar —declaró molesto.

—Todavía no me has explicado como es que ustedes dos terminaron en ese bosque contigo casi muriendo.

—No es algo que te importe.

—Uy uy uy ¿Es algo secreto?

Dime ¿Hay algo entre ustedes?

Arponeó a Galen con ambos ojos —Preferiría ser un eunuco.

—¿Me vas a dejar con la duda?

No dejaré de preguntar hasta que me cuentes.

—Pues te cortaré la lengua —susurró.

—¿Lo harás ya?

—continuó hostigando.

Hyaker expulsó el aire de sus pulmones con estrés — Solamente vigilo que no esté metida en algo sucio.

—Y cómo nos lleva eso a la reacción alérgica.

—No pienso decirte nada más —dijo envainando la espada y entregándole la lima a su escolta—.

¿Qué tal va el otro asunto?

Antes de que Galen pudiera responder, un sirviente del palacio se acercó a ellos y le comunicó a Hyaker que el rey lo estaba esperando en sus aposentos, al parecer tenía algo importante que comunicarle, de mala gana este atendió la petición y se dirigió hacia la cámara real.

…

—¿Cómo me encuentro doctor?

¿Ha habido alguna mejoría?

—Su majestad, lamento informarle que su enfermedad está peor que la última vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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