El Eco de la cordillera - Capítulo 19
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Deber 19: Deber Un suspiro de resignación salió de los curvos labios del rey.
Había escuchado esa respuesta tantas veces durante los últimos tres años, que resonaba tan común como el sonido del viento moviendo las hojas de cualquier árbol de sus dominios.
A pesar del desesperanzador diagnóstico, el ambiente en el salón personal del rey era encantador.
La luz atravesaba con majestuosidad cada uno de los biombos decorados, y el papel de arroz se transformó en un espejo para el naciente sol oriental.
—Si he disfrutado el ascenso ¿Por qué no aceptaría el descenso?
—Su majestad, es culpa de mi incompetencia por no encontrar una cura aún.
Yo le prometo que— El rey le hizo callar alzando la mano —No es culpa tuya médico, es culpa de mi débil cuerpo.
Yo debería ser quien me deprima, pero quien tiene los ojos brillantes eres tú —dijo viendo como el joven médico apretaba sus labios.
El shokan ingresó en silencio —Su majestad, el general Lee Hoon Ka está afuera.
—Hazlo pasar —posó su atención en el médico—.
Será hasta la próxima semana entonces.
El hombre se reverenció y abandonó la estancia.
A la vez, el general accedía.
—Su majestad —dijo arrodillándose, poniendo sus manos y frente sobre el suelo en una elaborada reverencia.
—Haz vuelto ya de Isfrid.
Temo que cada vez tardas más en volver.
Incluso he llegado a creer que dejas abandonado tu cargo en tiempos hostiles.
—He tardado porque en cada ocasión se hace más difícil conseguir los pétalos de la flor de Isalindr.
Pero no hay nada que su majestad no desee, que yo no consiga.
Hizo una seña a uno de los sirvientes que permanecían cerca de la puerta, y en seguida un militar atravesó el portal portando el frasco lleno de pétalos cristalinos.
—He deseado la paz mucho tiempo y no es algo que hayas conseguido todavía —dijo el rey mientras recibía el obsequio—.
Aunque definitivamente agradezco que te tomes el tiempo.
El té preparado con esto, siempre me hace sentir más tranquilo.
—Cuñado, bien sabes que trabajo arduamente por la paz de Lunhae.
—Los Ílios sufren igual que los lunhayenos, Lee Hoon Ka.
Es por ese motivo que al igual que nosotros han aceptado cualquier forma de llegar a un acuerdo —El rey hizo una señal al shokan de que sirvieran té en el salón.
—Está bien anhelar el bien común, pero estar listos para cualquier movimiento nos hará estar un paso adelante siempre —fingió tomar un sorbo del brebaje.
—Podemos caminar al mismo ritmo.
De hecho, el rey Bastien ha enviado ya a la mujer que llevará a cabo la segunda mitad del acuerdo de hace veinticinco años.
—Tuve el gusto de conocerla días atrás —dijo rememorando el momento en que la vio en el templo militar.
Su piel lechosa le generaba particular interés, sus cobijas de rojo carmín la contrastarían divinamente—.
Muy hermosa, aunque por casualidad escuché que rechazó la tutoría de la señorita Are Jin.
—La manera de enseñar de Are Jin es simplemente ambigua para una persona extranjera.
Sae Jin Ah es contemporánea con ella, le he otorgado esa labor.
—Veo que eres condescendiente con Leone de Cartalia.
—Es solo una niña.
Sus grandes ojos le hacen ver igual a un pequeño zorro blanco que crie cuando era niño.
Lee Hoon Ka asintió complacido —¿Haz pensado ya qué hacer con ella?
—La casaré en el momento menester, cuando cumpla la mayoría de edad probablemente.
—¿No crees que yo sería un candidato adecuado?
—se acarició el mentón con delicadeza—.
Nuestra sangre noble daría a luz hijos benditos para ambos reinos.
Haneulso alzó una ceja —Espero sea una broma, de lo contrario lo ignoraré en su totalidad, es una niña de veinte años.
Puede ser tu hija.
El general ladeó con sorna una sonrisa ¿Precisamente él le daría lecciones de moralidad?
¿Él?
¿Un ladrón?
—Pensaba en lo mejor para la joven, ya sabes, los ílios son abiertamente rechazados por nuestra sociedad— —Padre, escuché que querías verme —Hyaker entró sin aviso al escuchar otra de las múltiples tonterías que presenció los últimos días.
Tragando cierta acidez, el general se reverenció —Sobrino, siempre es una bendición verte.
Hyaker lo observó desde arriba como si de una rata se tratara.
Nunca toleraría a ese hombre, su sola presencia le hacía querer vomitar —Padre ¿Vas a hablar conmigo o debo volver en otro momento?
—dijo ignorando a su “tío” quien permanecía postrado en la reverencia.
—Eres un príncipe Hyaker Jian Hae.
Aprende a comportarte —dijo el rey en un tono de desaprobación—.
General, lo mejor será que se retire por hoy.
Hoon Ka, con el tabaco aún en su saliva, tragó inconforme, la sola presencia de Hyaker le hacía rememorar a su Luna Oriental eliminando de su mente la retención de la lucidez.
Se controló a sí mismo cerrando la nariz, aprovecharía cualquier otra ocasión para colocar su nombre al lado del de Leone de Cartalia en la balanza.
Con aparente paciencia inmutable, abandonó el salón.
Hyaker se reverenció ante su padre y se colocó a un lado de él, sin acercarse al lugar que su tío había contaminado —Veinticuatro años.
Esa es la edad que tienes, y tu temperamento es igual al de un niño de doce años.
Hyaker alzó la vista, al parecer el rey había adelantado su cumpleaños —Si vas a regañarme, prefiero retirarme, no creo que vaya a escuchar algo diferente de lo usual.
—Deja de lado esa actitud evasiva, tengo algo muy importante de lo que hablar contigo —El rey sirvió una copa de té para Hyaker—.
Té de pétalos de Isalindr, flor del norte, tómalo, hablaremos por un rato.
—Te agradezco, pero no me apetece —dijo arrugando la nariz al sentir el extraño aroma de la copa.
—Entonces espero que me escuches con atención —se aclaró la garganta—.
Ya es tiempo de que tomes el lugar que te corresponde como daeryun de la provincia sur, Euncheon.
Además, tu matrimonio con la hija del Sungju Sae está arreglado desde hace mucho, ambos son jóvenes y tienen la edad adecuada para formar una familia como corresponde.
Hyaker presionó una de las dos medallas de su colgante enredado en su muñeca derecha mientras relamía sus labios.
—Padre, sabes perfectamente qué opino sobre esto.
—Si el problema es que Sae Jin Ah no te gusta, puedo poner en consideración a otras señoritas solteras.
Hay muchos gremios y familias que con gusto presentarían a sus hijas para ser tu esposa.
A Hyaker no le gustaba Jin Ah, además, conocía perfectamente los sentimientos de Galen hacia ella, pero si era honesto, su falta de afecto hacia la eludida no era el problema.
No deseaba relacionarse con ninguna mujer mientras el asesino de su madre vagara por Selinia impune.
Sabía que como príncipe, su destino era algún matrimonio político, tener hijos que continuaran la monarquía sin importar si eran herederos directos, y sobre todo asegurar la adecuada administración de la provincia que le fuese otorgada.
Pero, por más que intentara pensarse atado a una mujer en una vida tan cotidiana, la imagen de su madre muriendo frente a él le llegaba como un relámpago a sus párpados.
¿Cómo permitirse una vida tranquila mientras ella sufrió una muerte tan violenta?
El odio a un hombre sin rostro le corroía al punto de arrebatarle la niñez y darle episodios de pánico.
Luego de encontrarlo y acabar con él, podría considerar la petición de su padre, antes no.
—No tengo ningún problema con Jin Ah, pero no estoy listo para casarme, además, estoy muy seguro de que soy yo quien no le gusta a ella —conocía a Jin Ah, ella no desobedecería a su familia y estaba dispuesta a casarse con él por la preservación del honor de su apellido, pero él no tomaría a la mujer que Galen amaba.
Buscaría a alguien más en su debido momento.
—Hyaker, arreglamos su unión desde hace diez años, eso ya era de tu conocimiento, pero si es tu deseo conocer a alguien más, entonces haré venir a las mujeres más bellas de Lunhae, pero por favor acaba ya con tu soltería.
—No entiendo la insistencia, Min Jiak es dos años mayor que yo, es el heredero al trono y aún no tiene una esposa.
—Porque los eruditos no consideran que su educación como monarca haya culminado, además, si para el momento en que yo muera él todavía no está casado, el consejo real elegirá a la mujer más pura y noble de todas y lo casará de inmediato, tal y como la tradición lo dicta.
Tu caso es muy distinto, si tu no obtienes tu título antes de mi muerte, tu futuro será incierto, la corte podría considerar que no mereces gobernar una provincia, perderías valor ante las familias o los gremios y no quedará más opción que recluirte como un noble de bajo rango, y yo, no deseo que tu futuro sea fluctuante.
—Poco me importa si la corte me considera alguien de valor.
—Eres confiado por tu tesoro personal.
Pero eso no te asegura un futuro.
Tu madre habría deseado que tomes el puesto que te corresponde.
—No menciones a mi madre —expulsó manteniendo la paciencia—.
Ella no está aquí, no pretendas saber qué es lo que querría.
—Ella como cualquier madre desearía el bienestar de su hijo.
—Solo yo sé cuál es mi bienestar —se levantó de golpe—, y si mi futuro es ser un vagabundo o un mercenario, es porque así lo habré decidido.
—Hyaker siéntate en este momento —alzó la voz el rey.
—Me retiro “Su majestad” —se reverenció mientras daba la espalda—.
Are Jin violentó la etiqueta dentro del palacio.
No quiero que esa mujer, siga rebajando el orden que dejó la gunhyeonbin antes de retirarse.
—HYAKER.
El aludido no se giró, salió con rabia.
Cada que su padre metía a su madre en una discusión el resultado era el mismo.
Haneulso suspiró con dolor.
Su hijo, el niño más hermoso, había sido consumido por la pérdida de Munraeh.
No podía morir sabiendo que Hyaker mantenía una vida desordenada.
Aunque Min Jiak no desampararía a sus hermanos, la corte podía presionarlo para amenazar algún punto débil de su gobierno.
Sin importar qué, casaría a Hyaker con Jin Ah, no importaba si tenía que obligarlo o llevarlo a rastras a la ceremonia.
…
La noche había caído.
El pincel se impactaba con rabia en el papel de morera, se creaban formas desiguales que llevaban a la imagen difusa del rostro de una mujer.
Hyaker estaba vuelto un total desastre, su odio, su dolor acumulado estaba sofocándolo, la sensación de muerte retornó esa noche como el viento de verano cada año en la misma época.
A pesar de ver lo que tenía en frente con claridad, los trazos desordenados no retrataban la belleza de su madre, cada día era más difícil recordarla.
Dejó el retrato hasta ese punto y tomó un nuevo trozo de papel.
El aire frío de la noche se balanceaba en la terraza de sus aposentos, dejó invadir sus pulmones con el frescor inhalando y exhalando unas cuantas veces.
La tinta recorría la superficie del papel con libertad, estaba más tranquilo.
Sus manos dibujaban formas desconocidas hasta entonces.
Se dejó llevar por la facilidad de los garabatos, pero en cuánto sus ojos reconocieron lo que sus manos retrataban con afán el pincel cayó lejos del tintero y manchó el piso.
Una melena negra como ninguna, llena de ondas y un perfil conocido pero ajeno.
No era la imagen de su madre lo que había pintado, era otra mujer no menos bella.
—Esto es absurdo.
Se apartó fatigado los mechones lacios de la frente, calzó sus pies y caminó a paso largo del palacio.
Con facilidad escaló la muralla para internarse en el bosque, una especie de adrenalina recorrió sus venas e inició a correr desenfrenado.
El olor de la primavera se había convertido en un murmullo sonoro, no era molesto.
Crujidos se deslizaban entre los troncos esbeltos del bambú y las cañas se quejaban suavemente al mecerse con la brisa, chocando entre sí con un tintineo hueco.
Cada gota de humedad que caía desde las hojas aún perladas resonaba ligeramente sobre la tierra blanda, salpicando pequeños charcos o escondiéndose en la espesura del musgo.
Y debajo de todo eso, un sonido casi imperceptible, pero bullicioso se imponía a lo lejos, pasos débiles que en realidad eran firmes se anunciaban.
Sabía que era ella, pero hasta el segundo en que la tuvo en frente sus piernas fueron capaces de detenerse.
—Por favor, no vuelvas a acercarte a mí —la escuchó decir con decisión.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com