El Eco de la cordillera - Capítulo 20
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20: Suficiente distancia 20: Suficiente distancia —Déjame ver si entendí.
Eldfálkar se apoderó de todo el mar del sur y es aún más difícil transitar durante el invierno.
—Es correcto, pero ¿Por qué estás tan interesada en los barcos y goletas últimamente?
Cada que me preguntas algo es acerca de eso —An Chae se rascaba el cuello algo embrollada.
—Ahhhh —hizo una mueca—.
Mis padres son comerciantes, ya lo sabes, solo quiero ayudarlos a moverse mientras el tránsito en el mar es menor, así no hay tanta competencia al llegar al continente occidental.
—Pero acabo de decírtelo, el mar en esos tiempos es muy peligroso, cada año se hunden mínimo un par de goletas pesqueras, además, abundan los tiburones.
—Un momento ¿Significa que vas a irte?
—Cuestionó con ojos brillantes la pequeña Nuwang.
—¿Yo?
—se señaló culpable—.
Quizás lo haga por un tiempo, digo, solo cuando mis padres tengan que volver a occidente por mercancía.
—¿Entonces volverás?
—Yo, no sé si— —Niñas ya es suficiente, la directora Hwa Young ha dicho que es hora de cenar y luego a dormir —Anunció Nari.
—Nuestra conversación no ha terminado aquí —Nuwang achicó sus delgados ojos en una línea.
Leone sonrió enternecida.
Se despidió de todas en el internado y se puso en marcha.
Mientras subía la colina, rememoró cada palabra de An Chae, no debía olvidar ni un solo detalle.
Si lograba planificarlo bien, escaparía de Lunhae iniciando el invierno, justo antes de cumplir los veintiún años el último día del tercer mes de la fría estación.
Si llegaba su cumpleaños y ella aún seguía en ese país, sería demasiado tarde, la casarían, ya no habría excusa que detuviera al rey.
Lo primordial era asegurar el bien de Kyun, esperaba que todo saliera a la perfección con el tercer príncipe; si él se enamoraba de ella y la convertía en su prometida, no habría nada ni nadie que pudiera hacerle daño.
Respecto a ella, trataría de embarcarse hacia Sterios, llevaría consigo todas sus joyas para vivir cómodamente un tiempo, buscaría empleo como institutriz o traductora y luego se comunicaría con su familia.
Era un buen plan, solo tenía que llevarlo a cabo.
Una idea cómica le sacó una sonrisa ¿Helio la iba a extrañar?
Parecía no tenerle paciencia y siempre lucía algo ofuscado, pero sería gracioso si él más que nadie sentía su ausencia.
Kyun, ella sin dudas se pondría triste, pero si le explicaba todo en una carta, le entendería, sabía que sí.
Las niñas del internado seguro que la iban a extrañar, pero eran jovenes, en poco tiempo la olvidarían.
Sus pulmones iniciaron a transpirar.
¿Él también iba a olvidarla?
¿Hyaker la iba a borrar tan fácil de su memoria?
Llegó una punzada a la boca de su estomago.
No es como que ella fuese importante para él de cualquier modo, era una desconocida proveniente del reino enemigo, era tonto incluso creer en la posibilidad de que él se interesara mínimamente en ella.
Sus encuentros habían sido momentos sin sentido, y la última vez, resultó pésimo para él.
Lo más lógico es que estuviera odiándola.
Tenía ya muchos días sin verlo, era lo mejor, después de todo, sus sentimientos no debían crecer.
Prefería que esa atracción se quedara en un recuerdo antes de convertirse en amor, aunque para ser alguien que jamás se había enamorado, reconoció muy fácil el sentimiento.
Sintió en su corazón el fuego que derramaban los ojos de Liam cada que veía a Ericka, el calor de la sonrisa de su tía Suhee cuando su tío Gyeol volvía luego de días de haber estado fuera de la mansión, la paz de la mirada de su padre cada que salía a tomar el té al jardín junto a su madre.
Amor, algo que conocía pero que nunca sintió distinto al de una familia.
Ese sentimiento la estaba amenazando sin armas, condiciones, ni lógica que lo presidiera.
No existían motivos por los cuales su enamoramiento pudiera ser justificado, conocía ese hecho a la perfección.
La distancia era su salvación, suficiente distancia como para olvidarse de Hyaker.
Si se lo proponía, no volvería a estar cerca de él todo el tiempo que le quedaba en Lunhae.
Su corazón se estremecía, en serio tenía ganas de verlo, aunque fuera para que la observase soporífero o le dijera algo racional solo en su pensar.
Pero no estaba bien.
Como si el destino se burlara de ella, al poner un pie en el puente de piedra, escuchó pasos, lo vislumbró entonces bajo la luz de la luna, tan etéreo que parecía sagrado, Dios lo bendijo y la maldijo a ella por sentirse así.
El príncipe, agitado por la carrera, detuvo de una vez su andar y la observó incrédulo presionando el entrecejo.
¿Cómo podía mantenerse lejos de ese hombre si aparecía justo cuando más le quería cerca?
—Por favor, no vuelvas a acercarte a mí —pidió Leone con voz suplicante.
—¿Qué?
—Hyaker sacudió la cabeza incapaz de entender a que se refería.
—Le pido a su alteza el segundo príncipe de Lunhae, que se aleje de mí —inclinó la cabeza en forma de reverencia, no quería verlo a los ojos.
Hyaker dejó salir impaciente el aire de sus pulmones ¿Qué le pasaba ahora a esa loca?
Cada vez que se la encontraba sus acciones lo confundían más, incluso lo estaba arrastrando a sus delirios también.
—¿Te sientes bien?
—Por favor, escuche mi petición y manténgase a una distancia adecuada.
—¿Adecuada para qué?
Leone sintió que se acercaba, así que inició a retroceder simultáneamente —Para que no tenga ningún problema con el rey.
No quiero que su majestad descubra mi práctica de abandonar el palacio a estas horas, así que prefiero no relacionarme más con usted.
Hyaker se detuvo al ver que Leone casi chocaba con un árbol a su espalda, se alejaba como si él fuera a contagiarle algo, estaba trastornada, no cabían dudas en ello.
—¿Crees que iré con el cotilleo a mi padre?
—Prefiero prevenir cualquier malentendido.
—No es como que tú y yo nos encontremos a menudo.
Leone guardó silencio y Hyaker notó como evitaba verlo directamente, estaba nerviosa, incluso parecía tener miedo.
—¿Alguien te mencionó alguna cosa?
No recibió respuesta.
—¿Nos vieron juntos?
Leone se mordió la lengua, esperaba no se le ocurriera lo que en realidad pasaba, sino, moriría ahí mismo de la vergüenza.
—¿Alguien del palacio?
El sonido del viento seguía siendo lo único que contestaba.
Hyaker iniciaba a perder la paciencia.
—Responde —dijo entre dientes—.
Si es una situación que me involucra, tengo todo el derecho de saberlo, solo así resolveré lo que— —No es nada de eso —habló al fin—.
Es solo que ya he faltado demasiado el respeto al protocolo de este reino, la señorita Sae me lo ha enseñado todo a la perfección, no deseo seguir cometiendo faltas.
Usted mejor que yo sabe que algunos de mis tratos anteriores no son los correctos, así que le pido respete mi decisión y se mantenga lejos de mí, del modo en que yo me alejaré de usted.
—Sae Jin Ah ¿Ha dicho algo sobre mí?
—En lo absoluto.
Leone aún no sabía que Jin Ah era su prometida —Bien, entonces, así como mantienes distancia de mí, espero lo hagas con todos los hombres solteros.
Eso incluye a mis hermanos —lo decía más por su presuntuoso tío, sus intenciones para con ella no eran nada agradables.
No la odiaba lo suficiente como para desearle una vida junto a ese tipo.
Leone tragó en seco al escuchar el nombre del general —No se preocupe, conozco perfectamente mi lugar.
—Muy bien —dijo relamiéndose los labios con molestia.
No entendía por qué lo quería lejos, pero si tanto lo deseaba, se lo iba a cumplir—.
Entonces, hasta pronto, su alteza Leone de Cartalia —dio la vuelta y se fue sobre sus propios pasos a una velocidad considerable.
Leone dejó salir todo el aire contenido y se tocó el pecho, su corazón palpitaba como un potro en una pradera.
Ya estaba hecho, quizás no vería a Hyaker en mucho tiempo.
Vivían en el mismo palacio, pero era un lugar enorme, y ni siquiera se presentaba a las comidas con el rey, así que lo único que le quedaba era ser paciente, y dedicarse a olvidar ese ardor que la estaba invadiendo desde que lo conoció.
…
Era una hermosa mañana, las flores perfumaban el ambiente y el clima en su estado perfecto, ni muy templado ni muy caluroso, acentuaba la pulcra pero cuidadosa decoración en el quiosco donde Kairos esperaba.
El río se derramaba sereno bajo los gruesos pilotes de madera, algunos peces se transparentaban en el agua celeste.
El “tac tac” de los dedos chocando en la madera de la mesa baja no contrastaba en lo absoluto con la opera de la naturaleza.
—Debió haber llegado ya hace cinco minutos —se limpió los dientes con la lengua, ansioso.
Apareció entonces en un reflejo inesperado.
Estaba indescriptiblemente hermosa, desde el primer momento en que la vio el día de su llegada al palacio, no pudo apartar su mirada de ella, era un magnetismo indescriptible.
No iba a negar que le gustaba, quería acercarse y explorar ese placentero nudo en su garganta cada que estaba cerca.
Kyun se aproximaba con la respiración entrecortada, se sentía cohibida por la mirada de su alteza.
Leone le insistió en usar diamantes azules y uno de los vestidos que le envió la archiduquesa.
Era una nube de tul marfil, liviana y ondulante, que caía en cascadas suaves hasta rozar el suelo.
Sobre la tela translúcida florecían pequeñas flores en tonos rosados y malva, cosidas a mano con tanta delicadeza que parecía que el viento mismo las había dejado caer allí por accidente.
El corsé, de hombros caídos, abrazaba el torso con una suavidad etérea.
Dos mangas de tul flotaban, casi sin tocar la piel, como alas de mariposa.
La cintura, sutilmente marcada, daba paso a una falda amplia que se mecía con cada movimiento.
Una horquilla con pequeñas gemas azules sostenía unos cuántos mechones del cabello, lacio y castaño oscuro que bañaba su espalda.
Kairos la enfocó ávido, ella parecía una sirena con el agua a su derecha.
No quería parpadear, temía que de hacerlo, el espejismo desaparecería.
—Buenos días su alteza —murmuró Kyun reverenciándose con un poco de dificultad, traía una montaña de libros entre sus brazos—.
Lamento la tardanza, la gran duquesa tuvo un pequeño inconveniente y tuve que ayudarla a solucionarlo.
El tercer príncipe aguantó la respiración al verla de cerca.
Por Dios, estaba totalmente deslumbrado.
—¿Alteza?
—Ah, sí, sí —aclaró su voz—.
Bienvenida señorita, por favor tome asiento ¿Le ayudo?
—NO —se sentó en el cojín de prisa antes de que él se acercara más—.
Eh…
Si no le molesta, me gustaría comenzar, deseo aprovechar el tiempo lo mejor posible, tengo labores que atender.
—Como usted guste —suspiró, ella mantenía una firme distancia, poseía una especie de armadura sobre sí misma.
Kyun inició a abrir algunos libros y recitar algunas cosas, explicaba pacientemente los principios del idioma hablado en occidente, pero a cada una de sus palabras, Kairos simplemente se sentía flotar, la admiraba febril.
—Entonces, para saludar en occidente no siempre utilizamos una reverencia.
Las reverencias, inclinaciones y genuflexiones son simplemente muestras de respeto hacia la nobleza, o altos rangos de la iglesia.
Entre las personas comunes, o plebeyos, es común tomar la mano derecha de la otra persona en un saludo formal.
En el caso de las damas y caballeros, es común que el varón bese el dorso de la muñeca en señal de respeto o amabilidad hacia alguna dama.
Kairos sonrió y cazó la mano de Kyun que estaba sobre un libro, le acarició con los dedos los nudillos y depositó un corto pero caliente beso.
—Eso ya lo conocía —sonrió con la mirada.
Kyun sintió su rostro hervir, no existía cosmético que ocultara el rojo carmín que había teñido su cara.
Apartó rápido la mano y miró hacia los alrededores buscando algo que le hiciera olvidar la vergüenza.
—¿Por qué se encuentra tan nerviosa?
—mostró el príncipe su perfecta dentadura—.
Si se pone así hasta pienso que le caigo mal —hizo un falso puchero.
—No es eso…
Es solo que…— —¿Qué?
—la animó Kairos siguiendo la frase.
—Que me da un poco de —su voz se tornaba cada vez más baja—, me da un poco de pena —terminó en un susurro.
El tercer príncipe soltó una galante risa al escuchar aquello.
Era tan tierna.
—No tiene razones para avergonzarse señorita Kyun.
Solo estoy poniendo en práctica lo que acaba de enseñarme ¿No es así?
—Sí, sí, es que me resultó inesperado, es todo —se decepcionó un poco por ser la única que hubiera confundido las cosas.
Kairos notó su cambio inmediato —Le propongo algo.
Si le parece bien, para estar a mano, que tal si la invito a cabalgar.
Todavía tiene algo de tiempo libre ¿Verdad?
—Lamento tener que negarme, pero yo no sé cabalgar.
—Oh pero, eso no es ningún inconveniente, si me permite con gusto me convierto en su instructor.
Soy un excelente jinete.
Kyun sonrió tímida, no quería aceptar, pero tampoco era buena idea rechazar la petición de un príncipe.
Aunque su ansiedad se disparara al tope estando cerca de él, no tenía elección, así que asintió con timidez.
—Excelente —dibujó una línea en sus labios complacido—.
Entonces ¿Nos vamos?
—le ayudó a levantarse.
A unos cuántos metros el viento movía con fuerza el follaje de los arbustos del jardín, gracias a eso, la presencia de Leone no era notada ni siquiera por los sirvientes que presidían el quiosco.
El excesivo movimiento de las hojas le estaba dificultando incluso ver lo que ocurría, al parecer todo estaba saliendo a la perfección, pero como estaba aturdida luego de varias semanas sin dormir, no entendía muy bien el contexto de la plática.
—Qué se supone que está pasando —se cuestionó al no ver nada.
—No te dije que debías mantenerte alejada de Kairos.
Leone se sorprendió al escuchar la voz de Hyaker y cayó al suelo, como permanecía en cuclillas el golpe no fue tan duro.
—¡Baja la voz!
—susurró con fuerza—.
Vete de aquí.
—¿Ya te dieron ganas de nuevo de cumplir el protocolo?
Leone bufó con rabia y le haló del brazo logrando que Hyaker bajara a su altura y que las plantas también lo ocultaran.
—Te dije que no te me acercaras —susurraba sin susurrar.
—También te dije que te alejaras de mi hermano.
—¡Qué bajes la voz!
—Está bien —accedió murmurando—.
Pero qué se supone estás haciendo espiando al tercer príncipe de este reino.
Creo haber sido claro cuando te dije que era una falta muy grave.
Mucho peor si se trata de una ílios.
—A usted “Su alteza” no le importa lo que yo haga.
Así que por favor deje de interrumpirme y váyase.
—Me iré hasta que tú lo hagas.
Leone rodó los ojos enojada y movió algunas hojas para ver de nuevo al quiosco, pero ni Kyun ni el príncipe estaban ahí, se habían ido y se lo había perdido.
Gruñó por lo bajo —¿Ve lo que ocasiona?
Cada que se acerca me dificulta las cosas.
Hyaker alzó una ceja —No me acerqué porque deseara “gozar” de su infortuna presencia, “signorina” —imitó el acento occidental—.
Si me acerqué es porque está cometiendo una falta bastante delicada, y no puedo dejar a mi hermano menor a su merced.
Leone se levantó con prisa, Hyaker la imitó simultáneamente.
—No soy una amenaza —señaló con su dedo índice—, al contrario usted es quien— Un inesperado mareo nubló su vista, trató de recomponerse, pero sus pies se enredaron en el espesor de la falda y la hicieron tropezar hacia el frente.
Hyaker la tomó con agilidad entre sus brazos, pero la repentina acción le impidió ver una roca tras su tobillo, sostuvo a Leone con fuerza y no pudo evitar caer al piso con ella sobre él.
—¿Qué te ocurre?
—dijo sentándose con ella sobre su regazo.
—Estoy bien, estoy bien, solo fue un mareo y ya— —Que incómodo momento —Helio los observaba pétreo y con molestia.
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