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El Eco de la cordillera - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Cisne de tinta
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21: Cisne de tinta 21: Cisne de tinta Leone se alejó de golpe de Hyaker y se levantó rápidamente.

—No es nada, solo me caí y su alteza me ayudaba.

—¿Qué hace usted aquí sola?

Le he repetido que no debe alejarse de mi vista, pero tal parece que no lo entiende —sermoneó.

—¿Ustedes se conocen?

—Hyaker estaba algo confundido.

—Soy su custodio alteza —se reverenció magistralmente—.

Me sorprende verlo tan cerca de su excelencia.

Usted nunca ha mostrado interés en nada relacionado a asuntos del estado —se refería a la presencia política de Leone dentro de Lunhae.

—Ni lo mostraré.

Pasaba por aquí cuando vi a la señorita desfallecer y me apresuré a ayudarle, es todo.

—Es “excelencia” no “señorita —murmuró Leone, y eso que no se dignaba a corregir el “alteza” porque aunque lo detestara, no era incorrecto—, y te aseguro Helio, lo menos que quiero es estar cerca de “Su alteza” —dijo con cierto desagrado.

Helio la ignoró y se dirigió a Hyaker —Usted lo sabe alteza, lo malo que habría sido para su reputación y de la señora Leone si alguien más los encontraba y malinterpretaba todo.

—Lo sé —exhaló—.

Me retiro —Se fue en dos zancadas.

Helio y Leone tenían razón, pero no pudo evitar acercarse a reclamarle cuando la vio observando a Kairos detrás de los arbustos.

¿Ella sentía atracción hacia su hermano?

La ley era clara, se prohibía la unión entre una extranjera y un príncipe.

…

—Sea honesta señora ¿Guarda usted alguna clase de sentimientos por el segundo príncipe?

—No —negó mientras aceleraba el paso hacia la terraza donde Jin Ah la esperaba para su lección diaria.

—Espero que no mienta.

—¿Qué te importa si miento?

—canturreó despreocupada.

—Me importa porque no deseo que se meta en problemas y me complique el trabajo —declaró Helio.

—Tu trabajo es mantenerme con vida y ya.

—Mi trabajo es protegerla de todo, incluso de usted misma.

Leone se detuvo antes de entrar a la terraza.

Helio hablaba como si la conociese desde hace mucho —Espero que me digas ya quién te ha encomendado esto.

—El solicitante pagó para no ser revelado.

—¿Cuál es tu precio?

—No tengo uno.

—Claro que sí.

No importa cuál sea, puedo costearlo —abrió los brazos como bufón.

—Solo pase a la terraza, la señorita Sae está esperándola desde hace un tiempo.

Al acceder encontró a Jin Ah sentada pulcra, rodeada de flores de un cerezo cercano.

Toda una belleza —Su alteza Leone —se levantó e hizo la acostumbrada reverencia.

Leone repitió dicha labor —Señorita Sae, pensé que hoy ya no vendría.

—Tuve un ligero atraso.

Me he encontrado con su majestad antes de venir, quería pedirle permiso para llevarla a una subasta.

—¿Una subasta?

—Sí mi señora, verá usted, es una subasta muy popular en Lunhae, se comercializan distintos productos nacionales y extranjeros, también muchos cuadros.

Como la última vez mostró interés en la pintura anónima, pensé que podría gustarle la idea, sobre todo porque es una gran oportunidad de presentarla ante algunas familias nobles.

A Leone no le agradaba mucho la idea de tener que ser presentada en público, ya ni siquiera era fanática del arte en sí.

Hace unos dos años intentó ser catadora de arte, pero le aburrió el pasatiempo y lo abandonó sin más.

—En realidad quisiera negarme, me cohibiré, estoy segura.

—Por favor, vamos solo un momento, si se aburre, le prometo que volveremos de inmediato.

Ante esta petición fue difícil negarse.

Se preparó con ayuda de Hanae, quien había aprendido bastante rápido como se colocaban los vestidos de occidente, además le ayudó a ajustar su recogido.

Cuando estuvo lista partieron hacia el sitio.

La licitación se llevaba a cabo en la mansión de un poderoso gremio de comercio.

A diferencia de las subastas en Ílios, que eran en salones enormes de lujosas mansiones, esta subasta se llevaba a cabo en un enorme jardín rodeado de estanques y puentes de madera, todo era asombrosamente estético.

Habían sillones individuales de madera de ébano organizados unos tras otros.

La mayoría de los asistentes eran damas, parecía una actividad popular entre ellas, similar a ciertos bailes de sociedad y fiestas de té en Ílios.

Leone le pidió a Jin Ah sentarse en los sillones traseros, no quería llamar la atención, algunas personas le habían dedicado ya unas miradas incómodas y no se sentía con muchas ganas de aguantar desprecios, suficiente con lo que ya molestaba en su cabeza.

Al tomar asiento una familia se posicionó a lado izquierdo de Jin Ah, discutían sobre comprar una especie de tela occidental, la dama de la familia, una mujer elegante y madura repetía en voz baja que no era adecuado usar vestidos de occidente en Lunhae, ya que era como insultar al reino.

Leone distinguió unos murmullos de molestia en una niña que desde su campo de visión, era cubierta por la figura de su madre.

La subasta dio inicio, iniciaron mostrando antigüedades, joyas, horquillas, bajillas, entre otras cosas, hasta que llegó el turno de las telas.

Leone reconoció telas con brocados propios de Sterios, Biān, del continente de Laban Na y sobre todo de Isfrid, al parecer el reino mantenía una relación cordial con sus vecinos.

Una tela púrpura fue mostrada, e inmediatamente la niña ubicada a cierta distancia de ella inició a refunfuñar.

—No tiene nada de malo tener un vestido de occidente.

—No es malo, pero no es adecuado —aclaró su madre—.

Eres la hija del ministro de hacienda, que no se te olvide.

—Pero si ya estamos en paz con Ílios, no le veo nada de malo.

—El protocolo no se cuestiona.

—Pero An Chae tiene uno y sus padres no le han dado un regaño.

Leone tosió en seco ¿“An Chae”?

Acababa de decir “An Chae”, no era posible, cómo no reconoció esa voz antes, era Nuwang, Nuwang era quien discutía con la señora ¿Y era la hija del ministro de hacienda?

¿Cómo que era noble?

Aunque si lo pensaba mejor, era obvio que todas dentro del internado eran nobles o gozaban de gran fortuna, los sitios especializados en educación eran propios de la alta alcurnia.

Se tensó inmediatamente y se colocó el abanico en la cara, el vestido delataba terminantemente que no era lunhayena, pero al menos su cara no dejaría en evidencia que era la maestra de Nuwang, además, vio a otras personas con ropas occidentales de cabellos rojos, gente de Isfrid, quizás si pasaba desapercibida, pensarían que era algún comerciante o algo así.

Se levantó con cuidado y en silencio.

—¿Adonde va?

—preguntó Jin Ah en voz baja.

—No se preocupe Jin Ah, solo iré a tomar aire fresco un momento.

—Entonces déjeme acompañarla.

—No, no, buscaré a Helio, por favor no se preocupe.

Salió rodeando el lado derecho del asiento silenciosamente, como ya era muy tarde, el sol se había ocultado y las lámparas alumbraban todo el espacio, aún así, la oscuridad le favorecía.

Se ocultaría hasta que Nuwang se hubiera ido, o sea hasta el final de la subasta, mientras tanto vagaría por algún lugar cercano, lo suficientemente espeso para camuflarla un poco.

Nuwang vio caminar lejos de su silla a alguien cubriéndose la cara con un abanico, pero esto no fue lo que la atrajo en sí, lo llamativo era su vestido rosa grisácea con decoraciones plateadas.

Leone llegó hasta un espacio del jardín que limitaba con uno de los estanques, respiró en paz, solo tenía que esperar a que todo hubiese terminado.

—Disculpe ¿Le molestaría decirme de qué comerciante ha obtenido su atuendo?

—preguntó la voz familiar.

Leone tragó en seco.

Nuwang la había seguido, se giró hacia la parte más oscura del lugar y se cubrió la cara, aclaró la garganta y con una voz fingida, usando un acento terrible respondió.

—Lo siento, no conozco el idioma.

—Oh, no se preocupe —suspiró Nuwang decepcionada.

De momento achicó los ojos y le pareció reconocer el cabello de la señorita—.

Disculpe ¿Es usted de Ílios?

Me resulta familiar.

—No entiendo —replicó Leone.

Nuwang achicó los ojos todavía más —Incluso su voz suena similar—dijo en voz baja.

Leone quien ya casi se veía descubierta, avanzó unos pasos hacia un puente que cruzaba el estanque.

—Con su permiso —se reverenció.

Nuwang la vio irse extrañada.

—Se parece muchísimo a Asteria —habló con sigo misma—.

¿Será su pariente?

Leone logró cruzar el puente haca un espacio un tanto más iluminado, pero con muchos insectos alrededor, habían grillos por todas partes, uno se quedó pegado en su abanico, trató de despegarlo sin hacerle daño y se concentró tanto en ello que no sintió a Nuwang acercarse.

Nuwang la siguió con insistencia, pero al verla más de cerca y sin el abanico en el rostro se convenció, era idéntica a su maestra.

Esta vez en lugar de hablarle tocó su hombro, Leone se giró asustada y no hubo sitio donde ocultarse.

—¿Asteria?

Leone se quedó en silencio sin saber que responder.

—¿Eres Asteria verdad?

¿Qué haces aquí?

¿Por qué finges que no me conoces?

Leone tragó en seco ante su descuido fatal —Yo…

bueno es que, estoy aquí representando a mis padr— —Excelencia ¿Por qué vino tan lejos?

Van a subastar pinturas, del pintor clandestino.

“No es posible, Jin Ah que estás haciendo” Hasta parecía que el destino se le estaba riendo a carcajadas en la cara, Jin Ah terminó con toda posibilidad de mentir.

—¿Excelencia?

—Nuwang preguntó asombrada.

—Oh, señorita Nuwang, disculpe no haberla saludado antes, la vi junto a su madre en la subasta pero no tuve oportunidad de presentarles a su alteza, prima del rey de Ílios la duquesa Leone de Cartalia.

—¿Ella?

¿Leone de Cartalia?

—señaló con el pulgar a la aludida.

—Si, yo —sonrió Leone mostrando sus bonitos dientes—.

Es un placer conocerla —guiñó un ojo a Nuwang mientras se reverenciaba—, señorita Jin Ah, por favor adelántese, la señorita me preguntaba sobre la tela de mi vestido, quisiera hablar con ella un poco y después volver, si no es problema.

Jin Ah se extrañó de ver a Leone tratando de entablar una conversación con una persona nueva, pero al contrario de molestarle, se sintió a gusto, aunque Nuwang fuera una adolescente, era un gran avance.

—No tarde, iniciarán a subastar los productos de su interés —dijo yéndose.

—¿Duquesa?

—preguntó Nuwang una vez se quedaron solas—.

Tú, digo, usted ¿Usted es entonces la princesa de esos demonios?

—la frase retractaba decepción y culpa.

—Tal parece que sí —alzó las cejas con impaciencia.

—Los tuyos son responsables de, de todas…

de todas las muertes —su voz se rompía con cierto temor.

—No, Nuwang yo no tengo culpa de eso.

—Tu familia la tiene.

Sí, tenía razón, sus antepasados eran los responsables de la mitad de los problemas, pero Lunhae no era impune, contribuyeron a la guerra en igualdad de condiciones.

—¿Por qué Asteria era bien recibida y Leone es llamada “princesa de los demonios”?

—Tu familia provocó la muerte de mucha gente —acusó sin decoro alguno.

—Niña yo no soy responsable de lo que mis antepasados hicieron —alzó un poco la voz molesta, estaba cansada de verse involucrada en algo de hace más de un siglo.

—Pero eres una princesa, tienes poder para hacer algo y no has hecho nada.

—¿Poder?

¿Sabes por qué estoy aquí?

Nuwang, me obligaron a venir para mediar el conflicto.

No tengo más poder que una planta seca —se tocó la sien, un desagradable dolor de cabeza iniciaba a puntear encima de sus cejas.

Nuwang notó el agotamiento de Leone, pero ahora que sabía quien era ella, no podía dejar de cuestionarse porqué apareció de la nada y fingió que era una plebeya buscando empleo.

—¿Qué pretendías mintiendo sobre quien eras?

¿Querías vigilarnos?

¿Engañarnos?

Puedo denunciarte a las autoridades.

Leone guardó silencio, Nuwang tenía apenas unos catorce años, entendía su comportamiento, una niña de Ílios pensaría completamente igual respecto a Lunhae.

Los rumores de atrocidades a lunhayenos llegaban de vez en cuando al archiducado, si Leone trataba de recordar gráficamente todo lo que se decía, no dormiría ni un poco esa noche.

Leone llevaba poco tiempo en Lunhae, pero sabía que el trato a los enemigos no era menos terrible que el de su propio reino.

—¿Me creerás si te digo?

No es buena idea confiar en una Ílios después de todo.

Nuwang bajó la mirada dudosa.

Sabía que debía ir en busca de un adulto a decirle, pero la chica que tenía en frente y la miraba con frustración no parecía mala en lo absoluto.

—Puedo…

escucharte.

Leone alzó una ceja con desaprobación, manipular a esa niña no era tan complicado.

Si ella fuese otra ya le habría lanzado un par de mentiras amenazantes —La verdad es que solamente trato de huir del palacio, de Lunhae, y de mi primo, no quiero casarme y estoy buscando todos los medios posibles por los cuales irme antes del próximo invierno.

Nuwang se quedó callada un largo rato mientras hacía una mueca de desconfianza.

Empatizó con la situación, de hecho, en su mente, su historia no era distinta a la de una protagonista de una tragedia antigua de esos libros occidentales, en la cuál un caballero iba a rescatar a una princesa de una torre.

Se convenció de que Leone no era mala, solo una persona atrapada en una situación difícil.

—Me molesta que no nos hayas dicho quien eres en realidad —un puchero se ilustró en su expresión.

—¿De verdad?

—formó una expresión complacida.

—Yo no sabía que tú también eras victima del rey.

Pensé que eras igual de mala que el resto.

—¿Me crees?

—Espero que no me estés mintiendo.

—Por supuesto que no lo hago, dime, si en realidad tuviera malas intenciones ¿Por qué iría a un internado lleno de niñas a obtener regaños de la señora Hwa Young?

Estoy diciendo la verdad, solo quiero irme de aquí.

—¿Y casarte por amor?

—¿Qué?

—Tu sueño es casarte por amor, no por un matrimonio arreglado ¿Verdad?

Esa es la razón por la que quieres irte.

Leone entendió que el razonamiento de Nuwang no alcanzaba esa parte en la cual vivir con un poco de dignidad era lo principal, y estaba bien, esperaba que nunca lo entendiera porque si lo hacía significaba que sería acorralada a los mismos extremos.

—Sí, algo más o menos así.

—Entonces no diré nada.

—¿No lo harás?

—Por supuesto que no, eres mi amiga, le diremos a An Chae y ella nos ayudará a que escapes de aquí para que encuentres al amor de tu vida.

—No creo que sea buena idea que alguien más sepa este secreto.

—Oh, no te preocupes, decirle a An Chae nos traerá muchos beneficios, ella seguro que te ayuda a planear mejor tu fuga, estoy segura.

No muy convencida Leone asintió y le pidió a Nuwang volver a la subasta, no quería que Jin Ah llegara a buscarla de nuevo y escuchara algo comprometedor.

Al volver a su asiento notó una seria de pinturas reveladas cuidadosamente, todas ellas tenían pinceladas magníficas y mostraban escenarios etéreos pero tristes, todos a excepción de uno.

Era un cisne en una laguna de troncos.

La pintura era extraña pero exquisita de ver, cuando preguntó sobre el autor la respuesta fue el “pintor clandestino”, el mismo que hizo la pasión en llamas.

La pintura del cisne era tan llamativa que Leone pidió a Jin Ah que ofreciera el mejor precio.

Era la excusa perfecta, la enviaría a enmarcar con algún artesano y escribiría en la parte de atrás del lienzo una carta secreta a su hermano, donde le contaría lo del asesinato, así Liam no tendría más opción que ir a visitarla.

Habían dos opciones, le creería o pensaría que estaba loca, en ese punto cualquiera le funcionaba.

—Cien monedas —levantó la mano la señorita Sae.

—Cuatrocientas monedas —dijo alguien más.

—Seiscientas monedas —alzó la mano otro.

—Setecientas monedas —reiteró Jin Ah.

—Mil monedas —habló de nuevo el primer adversario, era un noble aparentemente adinerado, le gustaba coleccionar objetos extraños, Leone le vio comprar un cenicero en forma de flor de sapo a un precio de mil quinientas monedas anteriormente.

—Cinco mil monedas —alzó la mano Leone.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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