Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Eco de la cordillera - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. El Eco de la cordillera
  3. Capítulo 22 - 22 Represalias
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: Represalias 22: Represalias Leone volvió al palacio con un inmenso dolor de cabeza, todos en el lugar la observaron extrañados al ver que ofreció una enorme cantidad de monedas por un cuadro, Jin Ah le explicó que lo máximo que se pagaría por una de esas pinturas eran dos mil monedas.

Pudo haberse ahorrado mucho de haberle consultado.

Ingresó a su dormitorio y se descalzó, Helio colocó la pintura extendida sobre un biombo y se retiró.

La cabeza de Leone reventaba, a las dificultades de su escape se sumaba el silencio de Nuwang ¿Podría confiar en ella?

No del todo, y no porque Nuwang fuese a delatarla, sino porque podría decir algo sin querer y eso sería desastroso.

Observó la pintura del cisne, le transmitía una aversión atrayente.

Nunca fue fanática del arte, cuándo fue catadora lo hizo más por conocimiento que por pasión, pero, de vez en cuando ciertas cosas existen tan etéreas que el no poder explicar su singularidad les hace en sí fascinantes.

Aunque la compró como un medio de comunicación secreto, pudo elegir cualquier otra de las que se exhibían, pagó una absurda cantidad y hasta ahora no se arrepentía, quedaría muy bien sobre la chimenea del salón central de la mansión.

Hanae ingresó para ayudarla a prepararse para dormir.

Leone había relevado a Kyun de asistirla mientras se arreglaba con la excusa de que “necesitaba más tiempo libre”, pero el verdadero motivo era generar cercanía con Hanae.

Necesitaba una sirvienta leal que pudiera moverse con total libertad dentro del palacio, así podría enterarse de todo lo que ocurría sospechosamente.

Al principio solo se limitaba a consultarle cosas a Hanae, no le preguntaba directamente sobre los asuntos que deseaba saber, pero investigó con otras sirvientas y se enteró que su madre estaba realmente enferma, un par de monedas para comprar la costosa medicina bastaron para que Hanae le jurara lealtad entre lágrimas.

Se sintió culpable porque a pesar de todo era una especie de soborno.

—¿Sabes algo de Kyun?

—La señorita Kyun volvió por la tarde, un poco después de que usted partiera hacia la subasta —dijo retirando con cuidado los pasadores del peinado de Leone.

—¿Tan tarde?

Entonces todo fue bien —sonrió.

—¿Disculpe?

—Nada.

Dime ¿Has sabido algo de la señora Are Jin?

Me extraña que no haya hecho nada.

—Desde antes del altercado con su excelencia la señora Are Jin se ocupaba del orden en este anexo en general, pero supe que desde hace unos días pasó a ser encargo del shokan.

Verá usted, el shokan solo se encarga del anexo imperial y del anexo de la noche.

—¿Ah sí?

—Algunas sirvientas rumoran que incluso tiene prohibido el paso a este anexo, y dicen que todo se debe al poder político que usted posee.

—Pero no he hecho absolutamente nada.

—Lo sé excelencia, pero ahora todas las sirvientas le guardan cierto respeto, aunque muchas no lo digan, están agotadas del rumbo que tomó la organización de la servidumbre desde hace dos años.

Antes de la señora Are Jin, una gunhyeonbin mandaba en lugar de la reina, se retiró por vejez, y bueno, ese evento desencadenó cierto desorden que es corregido a base de ciertos castigos un tanto crueles, usted es testigo —señaló sus pantorrillas.

—Antes no me respetaban entonces.

—La veían con recelo, para nosotros usted era como una recién llegada del…

—se detuvo en medio de la frase.

—Del infierno.

No te preocupes, ya lo escuché antes.

—Lo siento.

—Por favor prosigue.

—Sí excelencia, sobre todo porque hace tres años el ejército de la frontera de Ílios mutiló las cabezas de un pelotón cuyos miembros eran descendientes de familias milenarias, igual que cuando esta guerra inició.

—¿Cómo?

Leone se sorprendió en demasía, en primer lugar, sabía a la perfección que desde el inicio de la guerra, los ílios habían cortado las cabezas de sus rehenes lunhayenos y las enviaban en cofres dorados para burlarse del enemigo.

Los lunhayenos respondían del mismo modo, pero en lugar de cabezas enviaban torsos, acciones totalmente repulsivas, pero, eso era algo que dejó de suceder hacía más de ciento cincuenta años.

Supo que hubo un incidente en la frontera hace tres años.

Su padre mismo resultó herido en una pierna, pues él ya estaba al mando del sitio, pero, le constaba que nada de eso sucedió, fue un levantamiento de armas mínimo, ni siquiera hubo muertos ¿Cómo es que todo un pelotón había sido mutilado?

¿Cómo es que la guerra no empeoró?

—A como lo escucha su excelencia, por lo que supe la situación no avanzó a más, el general Lee Hoon Ka negoció y como resultado Ílios enviaría a una descendiente directa para el plazo de veinticinco años, pero eso usted lo sabe mejor que yo.

Leone estaba totalmente sorprendida ¿Qué clase de mentiras el estado le comunicaba a su pueblo?

¿O serían exageraciones?

No podía definir si el estado había aprovechado la guerra para deshacerse de ciertos elementos, todo era terriblemente confuso.

No quería tener que involucrarse en eventos que fueran más grandes que ella, pero escuchar esa mentira le hizo ser consciente de algo que había estado ignorando desde que inició a planear su escape ¿Qué represalias habrían en contra de su familia si decidía huir?

Bastien siempre fue un hombre distante, Leone sabía que guardaba rencor hacia su familia, la rivalidad con Liam siempre existió.

Liam por mucho superaba a Bastien en todo, desde desempeño en combate hasta en habilidades diplomáticas, había una clara diferencia entre ambos.

El desempeño de Liam siempre fue agradable a los ojos del rey Giuliano lo que provocó rabia de Bastien.

El rey guardó más devoción a su sobrino que a su hijo.

Todo empeoró con un debate por el amor de Ericka, la hija del varón Russo, y prometida de su hermano.

La rivalidad había tenido un punto de quiebre cuando Liam y Ericka anunciaron su compromiso en la fiesta de mayoría de edad de Bastien.

Todo se calmó hasta que el rey organizó un compromiso contractual entre Bastien y la infanta de Sterios, pero hasta la fecha Bastien no había contraído matrimonio.

Por el lado de Liam, el varón Russo aún no había accedido a la realización del matrimonio, a pesar de que llevaban cinco años de compromiso.

Era una estúpida ¿Cómo no se le ocurrió antes que Bastien haría algo en contra de su familia?

De hecho, podía fácilmente acusarla de insubordinación, su familia perdería prestigio y caería en la ruina.

Quizás por el bien de todo lo más sensato era abandonar la idea de escapar, pero no podía, no quería, cada célula de su cuerpo se negaba a resignarse.

Todo era injusto, su padre aceptó sin más la orden de Bastien, a pesar de que si hubiera hecho la solicitud ante el parlamento, lo más seguro es que todo eso se hubiera evitado.

Liam era el presidente, los nobles, consejeros y comités estarían de su lado, sin embargo, el gran archiduque ni siquiera puso en consideración esta opción.

—¿Qué tanto piensas?

—¿Kyun?

Se distrajo tanto que no se dio cuenta de que ahora era Kyun quien le soltaba cuidadosamente el cabello.

—Estabas tan concentrada que ni te enteraste cuando cambie de lugar con Hanae, ella incluso ya se fue —quitó el última horquilla—.

Tu cabello ha crecido un poco más, falta menos para que llegue a la mitad de la espalda.

—Llevas muy bien la cuenta —señaló—.

Me extraña que hayas venido, Hanae mencionó que llegaste un poco tarde, supuse que estabas cansada.

Kyun respiró hondo y camino hacia la entrada de la terraza —Yo…

quiero, bueno, en realidad necesitaba hablar contigo —dijo de espaldas a Leone.

La hija del archiduque notó el titubeo de Kyun ¿Podría ser que algo ocurrió con el príncipe?

—Puedes decirme todo lo que quieras.

Hubo un silencio de un par de minutos.

—En el pasado ¿Te ha gustado alguien antes?

Leone entrecerró un solo ojo —¿A qué viene la pregunta?

Kyun consumió los labios, arrugó la nariz entre dudando de decir o no algo —Es que hoy percibí una “atención” extraña, de parte del príncipe Kairos —habló al fin—.

No quiero sonar presumida, ni asumir cosas muy rápido, pero juro creer que él coqueteaba conmigo.

Leone sonrió y Kyun se giró hacia ella.

—¿Recién te enteras?

El príncipe Kairos ni siquiera oculta su interés en ti.

La chica tragó con nerviosismo—Esto es un problema enorme.

—¿Por qué?

Si es por la regla de que un príncipe no puede casarse con extranjeros, Kyun esa ley no puede aplicarse a ti porque tus padres son lunhayenos, tus raíces están en este lugar.

—Lo sé perfectamente pero, él es un príncipe y yo una plebeya, es decir, no es correcto, no lo es —negaba con la cabeza insistentemente.

—Eso no es importante ahora, te estás adelantando demasiado.

Lo importante es, qué sientes tú.

—¿Yo?

—se señaló nerviosa—.

Yo, yo siento que…

mi estómago se encoge cada que él es amable conmigo.

—Él no te desagrada ¿Verdad?

—No lo sé —bajó la mirada nerviosa.

—Entonces eso es lo único que importa ahora.

Solo, deja nacer lo que tenga que nacer ¿Sí?

Disfruta el tiempo que pasen juntos y luego le pones nombre a lo que sea que sientas.

Kyun sonrió no muy convencida.

—Por cierto Kyun, busca en algún comercio extranjero un marco para ese lienzo, de ser posible, que sea un poco más pequeño que el tamaño original.

Necesito enviar esa pintura a Cartalia en mínimo cuatro días.

—¿Por qué tan poco tiempo?

—La señorita Jin Ah dijo que en unos días inicia la temporada de caza en Lunhae, por lo que la mayoría de mensajeros deciden hacer trabajos dentro del reino.

Quiero enviarlo pronto junto a algunas cartas, luego será más complicado.

El plan de escape seguiría en pie, solo que con una pequeña modificación.

Convencería a Liam de presentar la anulación de su compromiso ante el parlamento.

Si eso no resultaba tomaría la idea inicial de escapar por mar, pero antes de irse fingiría un suicidio, o algún padecimiento mental, así Bastien no podría arremeter contra el archiducado ya que sería su total responsabilidad enviar a una “loca” a Lunhae.

…

Un día después de la subasta Leone llegó a trabajar y lo que temía se había cumplido, Nuwang le había contado todo a An Chae.

Para su beneficio, An Chae tomó el asunto con seriedad y ofreció su total ayuda a Leone.

—Si quieres irte tiene que ser justamente antes del invierno —mencionó An Chae pensativa.

Ella y Leone se encontraban totalmente solas en la biblioteca del internado, Nuwang decidió quedarse afuera a vigilar que nadie pudiera escuchar.

—Eso es justo lo que estaba planeando, el problema es que…

—dudó en hablar.

—Asteria, o bueno —enmudeció—.

Leone, sé que desconfías de mí, yo también lo haría, pero la verdad sí quiero ayudarte.

Nuwang lo mencionó, y aunque no creas, entiendo bien lo que es no poder estar con quien amas.

Leone apretó el entrecejo ¿An Chae enamorada?

Por otro lado, al parecer Nuwang le había ido con el cuento de que Leone dejó a un amante en Ílios y que por eso deseaba escapar.

—Si me defraudas te hundes conmigo —amenazó a modo de broma.

—Está bien, está bien.

—La verdad es que no puedo simplemente huir, hay una guerra de por medio.

Tengo que escapar de un modo en que mi familia no se vea involucrada y que mis acciones se justifiquen.

—¿Cómo?

—Suicidarme en medio de un ataque de demencia —alzó los hombros con casualidad.

—¿Eh?

—An Chae no pudo evitar la expresión de consternación en su rostro, no se esperó que Leone sugiriera algo tan fuerte.

—Tranquila —se apresuró a aclarar la estrategia—.

Digamos que tengo ciertos antecedentes.

No mentía, Helena se encargó de que se le excluyera de muchos lugares y eventos sociales diciendo que su prima era una “loca”, y aunque sí hizo cosas un tanto exageradas, fueron en defensa propia.

—Créeme, si logro fingir bien un suicidio probablemente nadie se extrañaría —continuó explicando.

—¿Ya has pensado que se trata de engañar a dos reinos?

Eso es todavía más difícil que fingir un suicidio normal.

—Por eso debo ser extremadamente cuidadosa en cada detalle.

Todavía hay tiempo, faltan más de seis meses para el inicio del invierno.

Justo ahora lo que necesito es conseguir un barco, hacer un negocio con un capitán que acceda a llevarme a cambio de un generoso soborno.

—El barco de mi familia está disponible, solo deberíamos ajustarnos a la época en que zarpan y el capitán, con una orden él pue…— —Por supuesto que no, no pienso involucrarte en esto, ni a ti, ni a Nuwang.

Si algún día soy descubierta ustedes incluso deberán decir que las he chantajeado.

—Pero Leone, eso no es verdad, si te ayudamos es porque queremos hacerlo.

—Me ayudarían más si tratan de involucrarse lo menos posible.

—Encontrar a un navegante dispuesto a aceptar por una buena cantidad de monedas va a ser un poco complicado.

—Es correcto, sobre todo porque no puedo moverme libremente en Selinia.

Mis salidas del palacio son controladas, y aunque pudiera salir, me llevaría demasiado tiempo contactar con un navegante de dudosa reputación, sobre todo porque soy extranjera.

An Chae se quedó pensando un par de minutos —Claro ¡Él puede ayudarnos!

—dijo en medio de un saltito.

—¿Quién?

—Tengo un amigo que puede hacer esto por nosotras.

—¿Y es confiable?

Preferiría que lo supieran la menor cantidad de personas posibles.

—Él guardaría silencio incluso si su vida depende de ello —sonrió nostálgica—, pero hace ya un tiempo que no sé nada de él, sé donde está, pero como mis padres me encerraron en este sitio me es complicado hablar con él.

—Yo lo buscaré.

—¿Estás segura?

—No tengo tiempo de estar segura, si él puede ayudarme lo buscaré, solo indícame como llegar.

—Puedo dibujar un mapa, pero no creo que sea buena idea que vayas sola a buscarlo.

Es el hijo de un médico, su clínica está ubicada en un sector de la capital algo “indecente” así que tienes que tener mucho cuidado.

Su nombre es Bin Suho, si le dices que eres mi amiga, estoy segura de que no va a negarse a nada.

…

Una cortina espesa cubría con totalidad a Hyaker.

Estaba en un salón privado de uno de los pabellones de loto blanco, una de las casas de cortesanas de alto rango dentro de Selinia.

Del otro lado de la cortina, había una joven con el rostro inclinado, no se le pedía alzar la mirada, ni hablar sin el permiso del hombre que se ocultaba.

—Entonces, la madama me informó que hace seis meses un visitante anónimo solicitó tus servicios en una residencia privada ¿Es así?

—Sí mi señor.

—Necesito que me cuentes todo lo que viviste ese día, desde el momento en que abandonaste el pabellón hasta el segundo en que retornaste.

La mujer guardó silencio un momento, respiró con algo de miedo e inició a relatar.

—El cliente era anónimo, no visitó el pabellón personalmente, lo hizo un hombre que no conocemos y que se cubría la mitad del rostro.

Pagó muy bien por no revelar su identidad, el triple de lo que cuesta mi trabajo —sollozó levemente—.

Desde que salí del pabellón fui trasladada en un palanquín por muchos hombres que vestían ropas oscuras, luego de avanzar me colocaron una venda en los ojos, por lo que no pude ver nada.

Cuando me bajaron del palanquín pude sentir que caminaba dentro de una casa algo extensa, no había sonidos, solo mis pasos y los de el hombre que me guiaba.

Pude percibir que me llevaban a una habitación cerrada, porque dentro, había un exceso de olor a opio —tocó su nariz instintivamente—.

El hombre me dijo que estaba en presencia del “señor de la residencia” que no debía quitarme la venda bajo ninguna circunstancia, me indicó que cantara tres canciones y que después hiciera lo que el “señor” sugiriera con el tacto.

La mujer se detuvo en seco, su respiración se descompuso.

—Por favor continua —indicó Hyaker.

—Canté las tres canciones, y luego el señor se acercó e inició a tocarme —balbuceó con dificultad—.

Él…

parecía ser un militar, cuando lo ayudé a desprenderse de su ropa toqué un cinturón de cuero en el que se porta una espada.

Hyaker apretó el puño y automáticamente dirigió la mano a las medallas del colgante que se ocultaba en su ropa.

—Luego todo, todo fue confuso —la voz de la mujer se rompió—.

me causó mucho daño, me golpeó y, y yo…—no pudo contener el llanto.

Hyaker se apiadó de la mujer al otro lado de la cortina, no esperaba revivirle un evento traumático, pero el sentido de su narración le confirmaba que era el mismo hombre que estaba buscando.

—No hace falta que continúes, solo respóndeme ¿Tenía el hombre una cicatriz sobre su pecho?

La mujer cerró los ojos tratando de recordar —Sí, en el lado izquierdo.

Era él.

Hyaker le orientó a la mujer que podía retirarse.

Cuando se quedó totalmente solo colocó las manos sobre sus sienes.

Las imágenes vívidas aparecían ante él, el olor a humo le tapaba los pulmones, sintió que no podía respirar de nuevo, cerró los ojos con fuerza.

Era un total mediocre.

Galen entró a sacarlo de su memoria —¿Y bien?

¿Encontraste alguna pista?

—Sí —suspiró—.

La flor que habló conmigo sugirió que incluso es un militar.

—¿No lo reconoció?

Entendería si fuera un prostíbulo de los barrios bajos como los que ya hemos investigado, ahí las prostitutas son incapaces de reconocer a un noble o militar, pero un pabellón es diferente, el registro es requisito.

—Tiene suficiente dinero para mantener el anonimato hasta el último minuto.

—No te veo muy entusiasmado con la información.

Hyaker lo observó soporífero —Solo estaba pensando.

Ya vámonos, ve a buscar los caballos.

Galen obedeció y Hyaker salió por la puerta de atrás del pabellón para no ser visto.

El aroma fresco de la noche le ayudó a despejar su mente de pesadillas que amenazaban con acompañarlo esa noche.

De repente escuchó un golpe en seco, seguido de un quejido de mujer interrumpido y el grito de un hombre.

Se dirigió al origen del bullicio, una nube de polvo mostraba como un hombre trataba de someter a una mujer a la fuerza.

Estaba sobre ella mientras la chica luchaba en el suelo, hasta que le mordió la mano y se soltó ligeramente de su agarre.

Un calor indescriptible nubló la vista de Hyaker, tomó al hombre por el cuello y lo lanzó al suelo, inició a golpearlo con el puño desnudo.

Hundía con fuerza sus nudillos en las facciones del hombre a su merced, rompió con violencia varias capas de su piel.

De un golpe convirtió en polvo el tabique nasal, a la vez le tiró todos los dientes, la ira se intensificaba con la escena pegada a sus párpados.

El hombre había tratado de subyugar a Leone.

Cuando vio que el hombre había perdido la conciencia, dejó de golpearlo y desenvainó la espada.

—No lo mates —susurró Leone—.

No eres un asesino.

Hyaker se giró hacia ella, estaba temblando sentada sobre el suelo, llena de tierra y con la mirada desenfocada, tenía el vestido rasgado de los hombros y la cintura de la falda.

De nuevo la rabia le invadió, pero se contuvo, en su lugar, se acercó a ella lentamente.

—Apártate —exclamó con voz quebrada.

—Tranquila —le tocó el hombro con delicadeza.

Sus brazos se volvieron momentáneamente indecisos ¿Tenía miedo de tocarla?

No, sentía lastima por ella.

Con suavidad la cubrió en un abrazo.

Leone cerró los ojos mientras descansaba su rostro en el pecho de Hyaker, su sola cercanía le dio seguridad, olía a frescura, igual que un bosque de robles después de una leve llovizna.

La sensación la transportó a las praderas de la finca en San Sebastián, cuando antes del anochecer, se iba sola al campo y se acostaba descalza sobre la grama húmeda, mientras su única compañía era la neblina crepuscular que bajaba desde las serranías hasta su altura.

Permanecieron así unos minutos hasta que su mente se aclaró y se apartó con nerviosismo de él —Estoy bien, ya estoy bien —dijo aclarándose la garganta y arreglándose un poco el vestido.

—¿Qué ocurrió?

—dijo Galen mientras volvía con los caballos —No preguntes nada —dijo Hyaker tomando las riendas y caminando hasta Leone—.

¿Nos vamos?

—le preguntó extendiendo la mano.

Leone observó sus alrededores y notó la incertidumbre de ese sitio, borrachos y ladrones por todos lados.

Accedió con recelo y Hyaker la subió al caballo.

—Llévalo a la prisión —señaló con el mentón al hombre desmayado y con la cara cubierta de sangre—.

Diles que ordené que cortaran cada dedo uno por uno —le susurró a Galen antes de irse.

Montó el caballo teniendo a Leone delante de él y se dirigió al palacio por el camino de la colina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo