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El Eco de la cordillera - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 La prometida
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23: La prometida 23: La prometida El recorrido hasta el palacio fue en total silencio, Hyaker no cuestionó absolutamente nada y Leone agradeció eso, si él decía una sola palabra su cabeza explotaría.

Estaba controlando su alteración más allá de lo que se permitía, todavía se le congelaba el cuerpo de solo recordar al borracho abalanzarse sobre ella, pero lo que en realidad la estaba torturando justo ahora, era tener al segundo príncipe tan cerca, lo suficiente para escuchar los latidos de su corazón palpitar en su oído.

Era verdad que estaba loca.

Cuando llegaron al portón, Hyaker descendió del caballo, para ayudarla a bajar.

—Entonces, muchas gracias por su ayuda.

Me retiro —Leone se reverenció sin siquiera mirarlo.

—Te vas a ir ¿Así nada más?

—la tomó de la mano, pero ella ni siquiera se giró.

—¿Espera que me vaya volando?

—Ah, estás lo suficientemente bien cómo para decir sandeces —bufó.

—Sí, estoy perfectamente bien, adiós.

—No vas a ninguna parte sin decirme qué estabas haciendo ahí —dijo halándola lentamente hacia él—.

Pensé que conocía todos sus movimientos hasta hoy, pero veo que tenía razón, no debí confiarme de usted.

La aproximó a solo un par de centímetros de él y Leone no se atrevía a alzar la mirada, su rostro hervía.

—¿Por qué no me respondes Leone de Cartalia?

—No es algo que le incumba.

Hyaker la soltó inmediatamente, estos días era difícil hablar con ella.

Retomó el comportamiento esquivo de las primeras veces que se encontraron.

—Al menos puedes asegurarme que ese hombre no te hizo daño.

—Yo…—enmudeció momentáneamente, las asquerosas manos del borracho tratando de tocar su cuerpo provocaron náuseas—.

Estoy bien.

Un paso mudo los hizo sobresaltar.

—¿Leone?

—Kyun casi expulsa los ojos de sus cuencas oculares—.

¿Alteza segundo príncipe?

—Se reverenció frenéticamente.

Estaban perdidas, el segundo príncipe había capturado a Leone fuera del palacio.

Rodarían cabezas, las cabezas de todos.

—Kyun— —Su excelencia, que bueno que la encuentro, desapareció cuando fuimos al mercado y el señor Helio y yo no la encontrábamos y…— —Kyun— —Mi señora es mi culpa que se haya perdido, yo aceptaré cualquier castigo que usted quie— —Ya basta Kyun —se acercó hasta ella—.

Él lo sabe.

—¿Eh?

—observó al príncipe.

Hyaker asintió con un gesto serio.

—Que voy al internado, lo sabe todo, me encontró saliendo de ahí antes.

—Y por qué no me lo dijiste —refunfuñó Kyun en un susurro.

—Porque te ibas a poner así de exasperada —susurró Leone—, además, la única sospechosa eres tú vistiendo ese hanyū de hombre ¿Para donde ibas?

Kyun se observó a sí misma y se sacudió una exagerada cantidad de polvo de las mangas—¿En serio me preguntas eso?

Lógicamente que a buscarte —jadeó ofendida—.

La que en serio está hecha un desastre eres tú, traes la ropa rota y…—se percató de la apariencia de Leone y alzó la vista preocupada, el príncipe también lucía un poco desaliñado.

Su expresión se descompuso—.

¿Acaso ustedes dos?

Hyaker se aclaró la garganta al captar el trasfondo de la pregunta “susurrada” de la dama de compañía ¿Qué estaba pensando?

Él prefería ser un eunuco.

—¡ME CAÍ!

Me caí en el bosque, el príncipe pasaba por ahí y me ayudó a levantarme.

Es todo un caballero—sonrió nerviosa, todo se volvía cada vez más incómodo—.

¿Verdad alteza?

Hyaker frunció el ceño al ver cómo descaradamente Leone le mentía incluso a su dama de compañía.

—Sí —dijo secamente—.

Si me disculpan, tengo asuntos pendientes.

Se subió a la montura y se fue en dirección a la ciudad sin darles tiempo siquiera de reverenciarse.

—Cómo es que te atreviste a ocultarme que todo este tiempo el segundo príncipe supo lo que hacías —estaba muy enojada.

—Ya cálmate Kyun, estoy cansada.

—Por favor, al menos explícame como hemos llegado a este punto.

Te has pasado de la raya esta vez.

—Es a cómo te dije ¿Crees que si fuera a delatarme no lo habría hecho ya?

Ni siquiera le importamos Kyun.

Kyun decidió aceptar esas palabras para no discutir más, había tenido un día muy largo.

Por más que investigó el gremio del algodón no logró encontrar una sola pista de sus padres, es más, ni siquiera conocían el apellido de otra familia que no fuera la del gunhyeon.

Iniciaría a trasladarse a los gremios mineros, si no encontraba pistas ahí, no sabría ya donde buscar.

…

Se encontraban en un carruaje camino a la mansión de la señorita Dion Yi, Leone y Jin Ah se la habían encontrado en la salida de la subasta días atrás.

Esta las invitó “amablemente”, por no decir de manera insistente, a tomar el té para ser “amigas”.

Leone percibió incomodidad en Jin Ah al momento de aceptar.

Viajaba junto a Kyun y Jin Ah en un carruaje cerrado, Helio viajaba en su caballo.

A Leone todavía le resultaba incómodo, los carruajes iniciaron a popularizarse en el continente oriental hacía pocos años, por eso los diseños eran más similares a palanquines grandes que al modelo estándar en occidente.

El camino era interminable, se encontraba ansiosa, sobre todo porque el día anterior envió la pintura a Cartalia, si el mensajero real no tenía complicaciones, el paquete llegaría a manos de su hermano en dos días.

Adrede, había doblado las esquinas para adaptar el tamaño del lienzo al marco que era más pequeño.

Con esto esperaba que el trastorno de perfeccionismo de Liam se viera afectado y sacara el lienzo del marco.

En la parte de atrás de el lienzo estaba escrito “cláre fac mē“, con intención literal, puesto que el lienzo debía ser iluminado con una vela para mostrar la carta que Leone escribió en la parte de atrás.

Con jugo de limón, vinagre y leche, fabricó una tinta imperceptible que solo funcionaba al oxidarse con calor, gracias a esta tinta, pudo escribir sin titubeos todo lo que vivió en Lunhae, el asesinato que presenció, la extraña influencia del general Lee y el suceso de hace tres años.

En cierta parte le pedía a Liam llevar la anulación de su matrimonio al parlamento con la justificación de que aún no se le era presentado un prometido debido a su edad, y la última parte de la carta le expresaba su idea de un escape de ser necesario, lo redactó de modo que pareciera ser una “opción” en caso de haber peligro verdadero en Lunhae.

Para asegurarse de que el mismo Liam sacara el lienzo del cuadro, agregó una nota en la que decía “Quaeso, picturam ipse inspice.

Multum mihi pecuniae constabat.

Priusquam eam ad cornicem mittas, quaeso condicionem eius originalem inspice.

In Lunhae, opus huius artificis verum collectoris res habetur.” Liam estudió el lenguaje de los ángeles por gusto propio durante años, Leone esperaba lograr persuadirlo con esto.

Llegaron a la mansión, una sirvienta las condujo a una especie de terraza con vista a un agradable jardín.

Dion Yi las esperaba ya en el sitio.

—Jin Ah, su alteza Leone, bienvenidas —sonrió, luego observó a Kyun de arriba hacia abajo algo despectiva—.

Discúlpeme, pero a usted no la esperaba.

—Lamento no haberla presentado antes, ella es la dama de compañía de la princesa Leone, la señorita Kyun Sera de Concordia —explicó Jin Ah.

—Un gusto —se reverenció Kyun.

Se posicionaron en circulo, en frente de cada una fue colocada una mesa pequeña con una copa de té de jengibre y un par de dulces.

—Y bueno señorita Leone, dígame ¿Ha formado ya algunas amistades dentro del reino?

—preguntó con voz chillona.

—Me temo que todavía no tengo el gusto de conocer muchas personas.

Por ahora estoy concentrada en aprender todo el protocolo correctamente —respondió suspirando, cada que le decían “señorita” perdía la paciencia.

—Entiendo, la señorita Jin Ah es una excelente mentora, me consta que se ha dedicado a estudiar desde muy joven, es necesario para que pueda desempeñar su papel correctamente en el futuro —acomodó un cabello que salía de su peinado.

Gracias a esta acción Leone notó algo extraño, la chica usaba un arete con un brillante ¿Azul?

Se giró a Kyun quién observaba a Dion Yi presionando el entrecejo ¿Había visto lo mismo que ella?

Jin Ah se aclaró la garganta un poco incómoda —He estudiado durante muchos años para traer honor a mi familia y nuestras costumbres.

—Oh Jin Ah, por favor no tienes que ser modesta, todos saben que tu educación es maravillosa porque tu familia planea convertirte en un excelente esposa para el príncipe.

Yo también estoy estudiando, mi compromiso es también oficial, estoy feliz de que— —¿Príncipe?

—interrumpió Leone al percatarse de las palabras de Dion Yi.

—Oh ¿No lo sabe?

Jin Ah es la prometida de su alteza el príncipe Hyaker —sonrió cómplice.

Una sonrisa desencajada se dibujó en el rostro de Leone ocultando la confusión que recién llegaba a sus sentidos.

Jin Ah inició a toser con fuerza derramando su copa de té sobre la manga de su hanyū.

Rápidamente Kyun fue a socorrerla.

—Jin Ah ¿Se encuentra bien?

El bullicio hizo reaccionar a Leone, quien también se acercó a ella.

—¿Está herida?

—dijo levantando la manga, había un enrojecimiento en su brazo—.

Por favor señorita Dion Yi, busque a un médico.

—¡Un médico!

—gritó Dion Yi a las criadas.

—Estoy bien —dijo Jin Ah controlando el ataque de tos—.

Ya estoy bien, alteza no se preocupe.

—Por favor permita que el médico la revise —insistió Kyun.

Jin Ah asintió y fue llevada a un salón interior.

El médico no tardó mucho en aparecer, a su llegada ingresó a la habitación donde Kyun y algunas sirvientas socorrían a Jin Ah.

Leone y Dion Yi se quedaron fuera esperando a que Jin Ah fuera revisada, Helio permanecía vigilándolas a cierta distancia.

—Es un poco joven pero muy experimentado, su padre es un médico respetable —comentó Dion Yi.

Leone asintió.

En ese momento observó los aretes de Dion Yi de cerca, definitivamente tenían un diamante azul, y no solo eso, a pesar de ser pequeños reconoció que estaban fabricados con oro blanco.

—Sus aretes son muy hermosos.

—¿Le gustan?

Son un regalo de mi tío.

—Seguramente son muy costosos.

—¿Esta baratija?

No lo creo, tengo dos pares iguales.

—Es lo único en usted que no se ve barato —articuló para sus muelas.

—¿Dijo algo?

—Que no la escuché —sonrió.

—Le decía que estos aretes son una baratija.

Leone alzó una ceja “baratija”.

Los diamantes azules de Cartalia eran, junto a las perlas rosa de Sterios, las gemas más caras del continente, no solo eso, eran tan caras que solamente miembros de la familia real podían usarlas a su antojo, incluso para un rey extranjero, poseer una o dos joyas de este diamante era complicado.

Era un diamante raro de encontrar y difícil de extraer.

Leone poseía muchas joyas con este elemento debido a que la mina pertenecía a Cartalia, ese diamante era símbolo de la familia archiducal, incluso el anillo que Leone siempre usaba en su mano izquierda, era una herencia familiar capaz de comprar dos ciudades enteras.

El oro blanco también era raro, solo se usaba en Ílios, la dinastía Hemerides jamás aprobó su comercio en el exterior y lo convirtió en un patrimonio nacional.

El médico salió y se acercó a ellas.

—La señorita solo sufrió una leve quemadura, aplicar unas cuantas hierbas en la zona durante el resto del día debería ser suficiente.

—Muchas gracias médico Suho —dijo Dion Yi.

—¿Suho?

—giró a verlo Leone.

—Bin Suho señorita.

Bin Suho era el amigo de An Chae.

Leone sonrió ante la afortunada casualidad, él llegó solo hasta ella —Doctor ¿Cree que pueda hablar con usted un minuto?

—se apuró a tomar la oportunidad.

—Señora, deberíamos retirarnos por hoy, se hace tarde —interrumpió Helio.

—Solo es un momento.

Jin Ah salió del interior acompañada de Kyun.

—Señorita, debemos pasar por la mansión Sae, y ya es muy tarde —insistió Helio.

—Entonces, por favor venga a verme al palacio —pidió Leone al doctor—.

Últimamente sufro de migrañas y usted se ha ganado mi confianza, la señorita Dion Yi mencionó de su experiencia.

—Me encargaré de visitarla pronto —aseguró Suho.

Se despidieron de Dion Yi quien los acompañó a la salida y subieron al carruaje.

Jin Ah se posicionó frente a Leone, estaba algo pálida.

Toda su ropa en tonos rosa palo estaba manchada del brebaje, y aún así lucía majestuosa.

Leone sintió ahogarse, así que bajó del carruaje con la excusa de que Jin Ah necesitaba espacio y le pidió a Helio viajar en el caballo con él.

Este no pareció contento con la petición pero accedió.

Llevaron a Jin Ah a la mansión Sae y luego volvieron al palacio, a pesar de que el carruaje quedó vacío Leone prefirió seguir a caballo.

Al llegar Leone se dirigió a sus aposentos sin decir una sola palabra, hasta el momento en que se encontró completamente a solas con Kyun.

—Traía diamantes azules —dijo acariciándose el mentón.

—Lo sé, no entiendo como llegaron a su poder.

—Se los regaló su “tío”.

—Pero ¿Quién es su tío?

—preguntó buscando en el armario el camisón que Leone usaría esa noche—.

Tú que has salido con la señorita Jin Ah deberías saber un poco más sobre la señorita Dion Yi.

Leone respiró con dolor en los pulmones.

Inició a juguetear con su propio anillo de diamantes azules —Yo no…

no conozco esa información.

—¿Será correcto averiguar?

Podría haber una red de tráfico entre Ílios y Lunhae.

—Tratemos de descubrir quien es el tío de Dion Yi, luego estudiamos las posibilidades —Inhaló, pero el hueco en su estómago no cedía, el vacío de la inesperada noticia escuchada horas antes no se iba—.

¿Escuchaste Kyun?

Jin Ah es la prometida del segundo príncipe —su voz sonaba tan calmada que era impropio.

—Sí —respondió Kyun viendo como la espalda de la pelinegra se tensaba mientras presionaba el anillo con el dedo pulgar.

—Jin Ah es perfecta, inteligente, educada, su reputación es maravillosa también —sonrió quebrada.

—Así es.

—Además es muy hermosa, sin dudas le hace justicia a la belleza de su futuro esposo.

Kyun meditó lo que escuchaba.

La expresión rota en la reunión, la aversión al carruaje, la falsedad de las expresiones, todo eso luego de escuchar acerca del compromiso ¿Sería posible lo que estaba pensando?

—Te enamoraste de él.

Leone se giró hacia Kyun con brusquedad, tenía el rostro pétreo, pero sus ojos, abiertos sin pestañear exclamaban terror y se convirtieron en una fuente viva.

Las lágrimas salían fuertes y espesas, gritaban la verdad en silencio.

Kyun no dijo nada, la envolvió entre sus brazos, dejándose humedecer el hombro por el martirio de su señora.

—Ella es la prometida —susurró Leone hiriéndose la boca ferrosa con la verdad de sus propias palabras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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