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El Eco de la cordillera - Capítulo 24

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  3. Capítulo 24 - 24 Los príncipes están prohibidos
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24: Los príncipes están prohibidos 24: Los príncipes están prohibidos El aroma a fulgor de primavera deleitaba las fosas nasales de Leone, por primera vez, desde que pisó ese reino se sentía relativamente en paz.

Que Kyun supiera acerca de sus sentimientos por el segundo príncipe había alivianado considerablemente el enorme y pesado fardo sobre sus hombros.

Pudo permitirse hablar en voz alta, poner en sílabas todo lo que sentía, y eso era lo suficientemente liberador como para dejarla dormir esa noche.

Con ayuda de Hanae se preparó para la llegada de su invitado.

A Leone no le gustaba ser vista desnuda, pero accedió poco a poco a que Hanae le ayudase a vestir.

Esperó a Suho sentada en la terraza, el vestido blanco con pequeñas flores de colores bordadas a mano sobre la tela, se movía sereno, gracias al maravilloso viento de la mañana.

Helio informó de la llegada del médico, por lo que se dispuso a recibirlo inmediatamente.

—¿Sabía que le tienen tanta confianza a su discreción que morirían si usted llegara a abrir la boca?

—dijo antes que el médico siquiera saludara.

—¿Disculpe?

—¿Qué tan callado es usted?

—No le comprendo —dijo Suho confundido—, pero si se refiere a que tan discreto soy conforme a mis pacientes, no debe preocuparse por nada.

Leone dibujó una media sonrisa en su rostro —Quiero saber qué tan bien guarda silencio, porque si usted habla, An Chae puede morir solo con que yo mueva un poco la mano.

Suho palideció —¿Qué relación tiene An Chae con usted?

Leone no respondió.

—No pienso responder hasta ver una prueba de lo que está diciendo —enunció el joven determinado.

—¿Qué edad tiene médico?

—Veinte años alteza.

—¿Qué hará si le muestro un dedo de An Chae?

Bin Suho se tensó inmediatamente, se aclaró la garganta y mantuvo una compostura serena.

Luego de un momento respondió —No creo nada de lo que dice.

—¿Qué eres capaz de hacer por ella?

El chico guardó silencio unos segundos —No confío en usted, pero, de ser necesario pasaría una aguja con hilos de cuero en la abertura de mi boca para no hablar de nuevo en toda mi vida —Se inclinó—.

Por favor, deme una prueba de que ella está bien, no creeré nada sin pruebas.

Leone sonrió satisfecha, quería comprobar si el médico mentía, si era un idiota o si era digno de confianza.

Sacó la carta que An Chae la había dado el día que sugirió pedir asistencia de Suho y se la entregó.

—An Chae manda saludos —sonrió.

Suho arrugó la nariz sin entender de que le hablaba la princesa, tomó la carta e inició a leerla.

—Princesa Leone de Cartalia —dijo minutos después—, quizás suene descarado esto que voy a decirle.

—Prefiero ser llamada “Duquesa” —advirtió—.

Por favor dime que te inquieta.

—No tengo ningún problema en hacer el favor que An Chae me pide en esta carta —suspiró—.

Pero en lugar de un trabajo, desearía que fuera un intercambio entre usted y yo.

Leone alzó una ceja ante la osadía de Suho.

Esto no le disgustó, le dio seguridad para aceptar el negocio —¿Qué desea?

—Quiero ver a An Chae, no importa si es solo por diez segundos.

—Si es así me atreveré a bajar el pago que An Chae acordó en la carta.

Digo, ya que también recibirás algo a cambio.

—¿Cuánto perdería?

—Quince por ciento.

—Sigue siendo un pago considerable.

Leone alzó los hombros —Vaya, An Chae debe importarte mucho como para no recibir un pago completo.

—Dígame si acepta la propuesta —dijo un tanto esquivo.

—Está bien, está bien —relajó el ambiente haciendo un ademán con la muñeca—.

Yo te informaré cuando pueda concretar un encuentro entre ambos, pero necesito inicies con el trabajo lo más pronto posible.

—En cuanto salga de este lugar iniciaré alteza.

—Excelencia.

—Entiendo —parpadeó sin entender la diferencia—.

Entonces, si no necesitas algo más me retiro.

—¡Espera!

—exclamó rápidamente—.

¿Tienes algo para dormir?

—¿Para provocar el sueño?

Leone asintió.

—No recomiendo las píldoras para el sueño, suelen volverse algo adictivas ¿Es tan terrible su caso?

Leone hizo cuenta de todos los días desde que presenció el asesinato, llevaba sin dormir bien casi toda la primavera.

—Dos meses sin dormir —arrugó la nariz—.

Padezco de insomnio por largos periodos.

Suho dudó unos instantes, se chupó los dientes y sacó algo de un bolso que cargaba con él.

—No más de una por noche —dijo dándole un frasco lleno de píldoras blancas—, recuerde que son adictivas.

El padre de la señorita Dion Yi falleció por una sobre dosis.

—Y su tío ¿Quién es?

—aprovechó la oportunidad, casi olvida ese detalle.

—Debe conocerlo, es el cuñado del rey, el general Lee Hoon Ka.

¿Cuñado del rey?

¿Tío de Dion Yi?

¿Tenía ese hombre tanto poder en Lunhae?

Si era el cuñado del rey, entendería que pudiera acceder a diamantes azules de otro reino, pero que fuera específicamente de Ílios, nación enemiga en todo sentido, volvía eso todavía más extraño.

En relación a ese hombre, nada era suficiente prudente.

…

Era una mañana encantadora, el tercer príncipe montaba a caballo con Kyun a su espalda, recorrían las orillas de un río cercano al palacio.

No había nadie que pudiera seguirlos o vigilarlos, su servidumbre respetaba firmemente sus ordenes.

Ese día se sentía especialmente tranquilo, pero la hermosa Kyun estaba callada, respondía a sus comentarios con monosílabos, incluso parecía incómoda.

—Kyun ¿Se encuentra bien?

la noto algo distante.

—No es nada su alteza — —Kairos —interrumpió—.

Te pedí que al menos en privado me llamaras Kairos.

Kyun se sonrojó un poco, a pesar de desarrollar cierta cercanía con el príncipe gracias a esos paseos luego de las lecciones de idioma, no podía acostumbrarse a solo llamarlo por su nombre.

Un nombre occidental curiosamente.

—Kairos —repitió tímida—.

Nombre kratense.

—Mi familia materna viajó mucho por occidente —giró levemente el cuello para verla—.

¿Y?

¿Qué es?

—¿El qué?

—¿Qué la tiene tan ensimismada?

Kyun dudó en responder, lo que tenía su mente revuelta era el asunto de Leone, no sabía como se enamoró del segundo príncipe, pero eso le daba miedo.

Leone era demasiado impulsiva hacia ciertas emociones.

—Las leyes ¿Han cambiado alguna vez?

Kairos se quedó pensativo —No han sido cambios tan abruptos, pero si han ocurrido.

—¿Hay algún parlamento a cargo?

—El consejo de las casas nobles, ellos son quienes cambian las leyes con aprobación del rey o viceversa.

Aunque, hay algunas partes del protocolo que el rey puede cambiar sin autorización, solo con la firma de un gunhyeon activo o un linaje milenario; en algunos casos, la familia entera puede firmar para hacer irreversible el cambio de dicha ley.

Kyun suspiró con fuerza, lograr un matrimonio entre Leone y el segundo príncipe era casi imposible.

El rey tenía que estar de acuerdo con el cambio de la ley, y para eso, seguro necesitaría que el segundo príncipe también quisiera dicho matrimonio, además, él ya estaba comprometido y la familia de Sae Jin Ah tenía renombre dentro del reino.

—¿Por qué está tan interesada en las leyes?

—cuestionó Kairos al presenciar su silencio.

—Estoy preocupada por la señora Leone.

No desearía que la casaran con cualquier persona, la mejor opción para ella es alguien de un linaje alto, un príncipe por ejemplo.

—Bueno —hizo una mueca—, eso es— —Los príncipes están prohibidos, ya lo sé —dijo con decepción.

—No en todos los casos —susurró.

Kyun rápidamente giró el rostro hacia el príncipe, pero como este llevaba las riendas solo pudo ver sus orejas sonrojar.

Sintió su estomago bailar.

Kairos se aclaró la voz —Sujétese bien, tengo algo que hacer en el palacio.

Con nerviosismo la chica colocó sus brazos alrededor de la cintura del príncipe y este aceleró el trote del caballo.

Al volver al palacio Kairos despidió a Kyun y se dirigió rápidamente al edificio principal.

En la puerta ordenó a uno de los guardias anunciar su llegada y solicitar una audiencia con el rey.

El rey accedió y las puertas de la cámara real fueron abiertas.

—Kai ¿Por qué has llegado con tanto ímpetu?

¿Hay algo que te moleste?

—cerró el libro en sus manos.

—Padre —se reverenció—.

Disculpe si he llegado de imprevisto, pero sí, hay algo que me inquieta.

El rey alzó el brazo incitándolo a hablar.

—Quiero que cancele mi compromiso con Dion Yi.

—¿Cómo?

—alzó una ceja asombrado.

—A como lo escucha, no deseo casarme con Dion Yi.

—Esto es increíble —rio—, primero Hyaker evitando a toda costa el matrimonio con Jin Ah, y ahora tú pidiéndome cancelar el compromiso que se te ordenó desde hace años.

—No conozco los motivos de mi hermano para oponerse el matrimonio, pero en mi caso, nunca afirmé estar contento con ese compromiso, solamente seguía sus ordenes.

—Es verdad —respondió calmo—, pero no parecías tan disgustado antes.

Kairos respiró cansado —Padre he decidido que quiero casarme por amor.

El rey remarcó todas las arrugas en su frente —¿A qué te refieres?

—preguntó confundido.

—Piénselo padre, Dion Yi es una joven común y corriente, aparte de ser hija del fallecido nohwan y sobrina política de mi tío no tiene nada que ofrecer.

—Puede que tengas razón.

Haneulso accedió al compromiso porque Lee Hoon Ka se lo pidió en dos ocasiones.

Ofreció a su sobrina como el mejor de los partidos asegurando que su belleza y educación eran de primera categoría, pero cuando el rey la conoció, solo encontró a una jovencita algo presuntuosa y con voz chillona, incluso sobrepasaba al tercer príncipe por cuatro años.

Sin embargo, el matrimonio entre Kairos y Dion Yi funcionaba porque ella procedía de una de las familias más antiguas de Lunhae, traería honor a la realeza.

—La tengo —afirmó inmutable.

—Entiendo que no ames a Dion Yi, pero no te creería si dices que ya has encontrado a alguien.

Kairos se mantuvo sereno, su padre estaba en lo cierto, no podía darle el nombre de amor a lo que sentía por Kyun, pero iba por ese camino, y quería recorrerlo con paciencia.

—No puedo tomarme el tiempo de encontrar a alguien mientras esté atado a Dion Yi.

—No voy a romper tu compromiso con ella —dijo el rey de una vez mientras continuaba su lectura—, con Hyaker tengo suficiente.

Kairos se molestó ante la negativa —¿Qué habrías hecho si mi abuelo te hubiera impedido casarte con mi madre?

El rey lo observó con los ojos duros —Fue diferente.

—¿Y si no lo hubiera sido?

Haneulso suspiró con lentitud —No voy a romper el compromiso.

Pero si antes de la mayoría de edad encuentras a una joven de quien te enamores y sobre todo sea adecuada —recalcó con su profunda voz— permitiré que te cases con ella.

—No me parece lo justo.

—Es lo adecuado —replicó el rey.

Kairos se quedó analizando lo mencionado unos momentos, negarse no le resultaba viable en ese momento —Entiendo — se reverenció y salió, inconforme.

Estaba decidido, lograría convertir esa negativa en su agradable antónimo.

…

El bosque estaba húmedo esa noche, el viento se movía enojado, lo suficiente como para arrancar hojas de bambú y camuflarlas a la perfección con el brocado del vestido.

Leone volvía a paso lento desde el internado, estaba tan deprimida que incluso respirar era difícil.

Esperaba que al menos esa noche pudiera dormir algo con ayuda de las píldoras.

En realidad, deseaba dormir para no volver a despertar.

Era tan insólito lo que le estaba ocurriendo, se incrustó en el corazón a alguien que jamás estaría en su alcance, la diferencia entre ambos era más extensa que un océano.

Se estaba apagando al reconocer eso.

Lo quiso más justamente cuando se enteró que no podía tenerlo.

Odiaba, naturalmente, querer ir en contra de sus circunstancias.

Antes de enamorarse quería irse de Lunhae para poder encontrarle un sentido a su vida, uno fuera de ser la hija perfecta del archiduque o recluirse y solo vivir para cuidar a su madre enferma.

Ahora quería irse para no sufrir, porque mientras más tiempo estuviera cerca de Hyaker más caería ante él.

—El amor es doloroso —musitó.

Unas cuántas gotas cayeron del cielo, llovería esa noche.

Siguió subiendo la colina, al llegar al puente de piedra Hyaker la esperaba recostado a un árbol.

—Maldita sea —susurró apretando la falda de tul.

¿Por qué demonios seguía apareciendo?

Casi le suplicó que se alejara de ella ¿Era sordo?

Se negó a ilusionarse, quería creer que él la buscaba porque él sentía lo mismo.

Su corazón tintineaba ante su sola presencia, pero su mente era sensata, sabía muy bien que Hyaker no sentía absolutamente nada por ella, solo estaba controlando sus acciones porque tenía sospechas auto infundadas sobre ella.

El segundo príncipe era un estorbo.

Se sentía una idiota por enamorarse de un tipo que a duras penas conocía su nombre.

Pasó a su lado ignorándolo, quizás si le demostraba con acciones que no quería verlo, él de una vez lo entendería.

—Detente ahí —dijo Hyaker al verla seguir como si él fuese invisible—.

Si no te detienes habrá consecuencias.

Leone no se detuvo, al contrario, apuró sus pies.

—Detente —dijo Hyaker tomándole la mano por detrás.

Leone se giró con rabia —Suéltame —habló con la mandíbula tensa.

Hyaker suspiró —¿Qué es lo que te ocurre?

—Suéltame.

—No hasta que respondas.

—Solo quiero vivir tranquila, por favor ya déjame en paz —dijo con la vista fija hacia el suelo.

Hyaker se posicionó frente a ella sin soltarle la mano —¿Por qué no me miras Leone de Cartalia?

—le alzó con cuidado el mentón y se encontró unos ojos negros gélidos, casi muertos.

Leone se mordió las mejillas antes de responder —El protocolo real dice que es inapropiado ver a un príncipe directamente.

—La persona que escapa por las noches del palacio hablando de protocolos.

Irónico —soltó con acidez—.

El otro día ¿Qué estabas haciendo ahí?

Leone se impacientó, cada acción de Hyaker era como una burla a sus sentimientos, y él ni siquiera tenía la culpa.

—Ya déjeme en paz por favor —apartó la cara, el maldito príncipe usaba un hanyū azul marino que le hacía lucir encantador.

—Mírame mientras te hablo —esta vez fue él quién buscó su mirada—.

¿Por qué evades la pregunta?

Leone reunió valor para verlo a los ojos, sus piernas temblaban y su espalda se tensó.

Apretó su pulgar contra su dedo índice, acción que no pasó desapercibida ante Hyaker.

—El protocolo dice que una mujer soltera no debe estar a solas con un hombre —respiró profundo ante la estocada que cada palabra salida de su boca proporcionaba a su corazón—, mucho menos si ese hombre está comprometido —soltó de una vez.

Hyaker arrugó el entrecejo ¿Quién se lo dijo?

—No quiero faltar al respeto ni a usted, ni a la señorita Jin Ah.

Así que se lo pido, por favor finja que no existo.

Se soltó de su agarre y caminó con velocidad, la lluvia que amenazaba minutos antes por fin inició a mojar con fuerza.

Corrió hasta el palacio mientras el agua entraba por el escote del vestido y le humedecía depravada toda la espalda.

Ingresó por la puerta del jardín a sus aposentos.

Se acercó al espejo.

Lucía demacrada.

Su piel tenía un tinte grisáceo.

Sus labios rojos ahora eran morados y sus ojos, negros y sombríos, contrastaban a la perfección con las ojeras mientras le recordaban con fervor quien era ella.

Se veía horrible, estaba más horrible que antes, se daba asco, vergüenza.

“Arráncate la cara, deja de avergonzar a tu padre”.

Abrió el frasco de píldoras para dormir y sin vacilar se tomó dos.

El sueño llegó como una niebla en su cabeza, con la conciencia que le quedaba se cambió a ropas limpias y se tumbó en la cama.

Un profundo descanso de la realidad la abrazó esa noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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