El Eco de la cordillera - Capítulo 26
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26: Temporada de caza 26: Temporada de caza El norte de Lunhae era una zona montañosa de espesos bosques, la festividad de caza real, en la que participarían los nobles, se llevaría a cabo en dicho lugar.
Los asistentes viajaron todo el día anterior desde la capital.
Durante la noche, se instalaron en una serie de mansiones preparadas por el yeonbok Gal Jae Woon que administraba la ciudad más cercana.
Al día siguiente por la mañana, todos partieron de inmediato hacia el campamento en las montañas donde se llevaría a cabo la festividad.
Leone iba de mala gana, el rey personalmente le pidió asistir, ni siquiera tuvo la oportunidad de negarse; a pesar de que sentía una contradicción hacia su cercanía con Jin Ah, saber que ella asistiría la tranquilizó un poco.
El clima en el norte era más templado que en Selinia, sin embargo no lo suficiente como para que Leone fuera casi totalmente cubierta.
El atuendo era un vestido marfil de múltiples capas que caían en ondas.
La falda, decorada con volantes, se extendía hasta el suelo; las mangas abombadas y el cuello de encaje cubrían casi toda su piel.
Completaban el conjunto los guantes largos y el sombrero de alas amplias.
Todo en ella parecía una muralla de seda.
Por si fuera poco, pidió a Kyun traer un chal y una sombrilla.
—¿Seguro que no tienes calor?
—Ya te dije que estoy bien.
—Pero ese atuendo es algo que normalmente se usaría en otoño, aún podemos volver y— —Ya te dije que estoy bien —respondió malhumorada.
Kyun sabía que Leone trataba de ocultarse detrás de toda esa ropa gracias al segundo príncipe.
No quería verlo, y como no podía evitarse entonces eligió cubrirse con un caparazón de múltiples capas de tela.
Llegaron al sitio, los eunucos los condujeron a una carpa privada, les explicaron que al inicio de la actividad se ubicarían en a la carpa del rey donde una serie de asientos se disponían.
Helio también fue invitado a sentarse al ir como representante de su familia.
Un rato después los participantes y asistentes llenaron las carpas cercanas, todos los alrededores estaban repletos de nobles, líderes de gremios, caballeros y otros invitados.
Según los rumores el rey era el último en llegar y no permanecería mucho tiempo en la carpa debido a su salud.
Comenzaron a anunciar a nobles y personalidades importantes de la corte, en el momento en que Leone fuera anunciada debía acercarse a la carpa del rey y sentarse en el lugar correspondiente.
Escuchó nombrar a nobles que recordó gracias a las clases con Jin Ah, pero su ansiedad fue apresurada en el momento que anunciaron la llegada de los príncipes.
—Kyun pásame el chal —ordenó con voz rápida.
—Leone vas toda cubierta y apenas se ve tu rostro gracias al sombrero, si te doy el chal vas a parecer una exagerada, además te ves bien así.
—Alteza real, princesa Leone de Cartalia e Ílios —nombraron en el exterior.
Instintivamente Leone se cubrió el rostro con ambas manos.
Sus imperfecciones serían vistas —Por favor dame el chal —susurró una súplica.
Kyun sintió un piquete de compasión, Leone estaba realmente mal.
—Señora ya han anunciado su nombre —informó Helio desde la entrada de la carpa.
—¡Kyun!
—gruñó entre dientes.
Kyun se rindió y le entregó el chal.
De nuevo fue anunciada en el exterior.
—Alteza real, princesa Leone de Cartalia e Ílios —nombraron en el exterior.
Leone salió de la carpa, avanzó con la postura firme y el mentón elevado, el sombrero, el abanico y la sombrilla llevada por Kyun la protegían de las miradas curiosas, el chal alrededor de sus hombros le brindaba calidez, pero a medida que se acercaba a su destino, un frío escalaba desde sus pies.
Subió a una gradería baja de una especie de tarima sobre la que se cernía la carpa, la isóptica jugó en su contra y su rostro no pudo seguir siendo ocultado, por educación tuvo que cerrar el abanico.
En el momento en que se posicionó frente a las personas, una serie de murmullos se extendió.
A su izquierda sentía la pesada mirada de Hyaker, se le clavaba como estaca en el cuello.
Él desde su lugar no podía ver su expresión en lo absoluto, pero ella sí que podía sentirlo, y también observar como todas las mujeres (de todas las edades) se lo devoraban con los ojos.
El rey fue el último en llegar a la carpa, dio palabras de bienvenida, bendijo la temporada de caza y anunció los premios.
Hubo un descanso luego de las palabras del rey, su majestad inició a saludar a sus invitados, el público se disolvió en círculos de conversación.
Los príncipes (a excepción de Hyaker) abandonaron sus sitios y se acercaron a sus amistades.
—Su excelencia Leone, señor Sera Min Har —saludó Kairos con una reverencia acercándose—, señorita Kyun —guiñó disimuladamente a la aludida que respondió con un tierno sonrojo—.
Espero disfruten esta maravillosa actividad, es una tradición de la cual los lunhayenos estamos muy orgullosos.
—Estamos emocionadas de ser parte de tan magnífico evento—respondió Leone fingiendo excelentemente tranquilidad.
Mentir, eso si lo hacía a la perfección.
—Nos sentimos muy honrados con su presencia.
—¡Leone!
—gritó una reconocida voz chillona a unos pasos de distancia.
La hija del archiduque se giró hacia quien le llamaba.
Dion Yi se acercaba acompañada del general, después de todo si parecía ser su tío.
—Leone.
Es un gusto verla —dijo sin notar al tercer príncipe—.
Oh Dios mío, su alteza príncipe Kairos, es un día bendito al gozar de su cercanía —se reverenció.
Kairos se aclaró la voz incómodo —Bienvenida señorita Dion Yi, saludos general.
—Su alteza tercer príncipe —se reverenció Lee Hoon Ka—,su alteza Leone —se acercó peligrosamente con intención de tomar su mano.
—Tiempo sin verlo general —Helio se interpuso entre el hombre y la hija del archiduque.
El general lo barrió furtivo, con rigidez altiva habló: —Sera, un placer —se reverenció tomando cierta distancia.
Con el rabillo del ojo notó como la bestia que el reino tenía por segundo príncipe lo escrutaba fulminante.
Leone se indignó, en ningún momento le había dado a Dion Yi la confianza de tutearla, y mucho menos al general la libertad de tocarla.
No respondió a ninguno de los saludos, en su lugar se mantuvo expulsando desagrado sin mover un solo músculo de su cara.
La chillona reparó despectivamente a Kyun —Veo que la señorita —Dion Yi movió la mano para ayudarse a “recordar”.
—Kyun —finalizó Kairos con leve incordio.
—Sí Kyun —sonrió—.
Veo que ella también asistió.
Kyun la observó alzando una ceja ¿La señorita Dion Yi trataba de humillarla?
¿A ella?
Por favor —Donde mi señora vaya yo estaré —no iba a perder la paciencia precisamente por una mujer de ese tipo.
—Lamento mi impertinencia, no sabía que en Ílios los sirvientes fueran tan importantes, me parece un hermoso gesto.
—Señorita Dion Yi, esa no es manera de dirigirse a la señorita Kyun —Kairos alzó levemente el tono de su voz.
—Kyun no es ninguna sirvienta —Leone suspiró curvando sus labios irónicamente—.
Mi dama de compañía —enfatizó sin disimulo— es una doncella con talentos diplomáticos y académicos, su educación es digna de admiración, a diferencia de la suya señorita Dion Yi —la curva en sus labios acabó por mostrar una sonrisa de suficiencia—.
Su experiencia en protocolo y etiqueta le ha permitido incluso ser la maestra de idiomas de su alteza el príncipe Kairos aquí presente.
Dion Yi recibió el ataque de manera cruda, observó como sus amistades y conocidos en los alrededores giraban disimuladamente la vista hacia ella.
Leone de Cartalia, esa maldito demonio le estaba poniendo en ridículo en frente de la alta sociedad de Lunhae, los cotilleos no se harían esperar.
Contuvo la respiración con rabia, sintió un leve jaloneo en la manga de su hanyū, era la manera de Hoon Ka de ordenarle compostura.
—Pongo en duda mi “falta de educación” Leone.
—Es “excelencia” —corrigió.
Las personas cercanas notaron la tensión e iniciaron a observar ávidamente en dirección a la animada conversación.
Unas cuantas mujeres abandonaron su veneración a Hyaker y cuchicheaban mientras se reían por lo bajo, algunos de sus murmullos animaban el ligero bullicio.
—Su excelencia —Dion Yi apretó los dientes—, soy una dama intachable, me atrevo a decir que usted malinterpretó mis palabras, de hecho, me resulta maravilloso que la señorita Kyun esté prestando sus servicios a mi prometido.
Leone presionó el entrecejo con fuerza, su expresión se descompuso en cuestión de segundos —Repite eso.
—¿No lo sabían?
El príncipe Kairos y yo estamos comprometidos desde hace unos cuántos años ¿No es así alteza?
Kairos se quedó mudo ante el atrevimiento de Dion Yi por revelar el maldito compromiso que intentó romper días atrás.
Se giró hacia Kyun, ella observaba un punto fijo en el suelo con la cara ensombrecida.
Estaba petrificada ante la revelación.
—Señorita Dion Yi, por favor omita comunicar situaciones que no vienen al punto de la conversación —verbalizó furioso.
Kyun lucía tan extraña que le aterraba no poder explicarle lo que estaba ocurriendo—.
General, no pienso tolerar el comportamiento de su sobrina, por favor retírese.
—Pero alteza yo— —Ya hemos conversado lo suficiente —interrumpió el general, le señaló el camino y a Dion Yi incitándola a callar—.
Su excelencia Leone, siempre es un honor gozar de su presencia.
—Lamento no decir lo mismo —declaró Leone con voz abrasiva, no ocultó en lo absoluto su aversión ¿Cómo era posible que Kairos estuviera comprometido con ella?
El general se mordió la lengua sintiendo la saliva agria.
Leone de Cartalia parecía tener cierto grado de ferocidad arraigada en su pálida piel.
Una motivación desconocida por domarla le hizo sonreír.
Se alejó, pero no pudo pasar desapercibida la expresión complaciente que teñía a Hyaker Jian Hae.
Suspiró sarcásticamente por el futuro cercano que plasmó en su mente, —Señorita Kyun ¿Podría hablar a solas conmigo durante un momento?
—Su alteza el tercer príncipe le pido cordialmente que se retire —replicó Leone enojada.
Kyun no iba a decir nada, pero sabía que estaba sufriendo.
Kairos se dirigió a Kyun con fe de que dijera lo contrario pero ella ni siquiera lo miraba —Cómo desee su excelencia —suspiró derrotado, abandonando la carpa en su totalidad.
—Kyun, si quieres podemos irnos —susurró Leone con disimulo.
Ella curvó la mirada afligida —Si me voy ahora ¿Será demasiado obvio no crees?
Leone asintió, dirigió su vista a Helio quien permanecía a su lado en absoluto silencio —Mi señora, estoy aquí para servirle, mi discreción también le pertenece.
Un rato más tarde, el público se posicionó alrededor del la carpa real y los participantes de la competencia se organizaron en fila.
Según la tradición, los competidores debían ofrecer su caza a una doncella para atraer la fortuna en la campaña.
Una vez el rey hiciera acto de presencia, los ofrecimientos darían inicio.
—Su excelencia —Jin Ah se acercó al sitio donde se encontraba la hija del archiduque, An Chae estaba con ella—.
Es maravilloso verla.
Leone exhaló con algo de irregularidad, no olvidaba ni por casualidad que Jin Ah era la prometida de Hyaker —¿Cómo se encuentra?
—Agradezco su atención, estoy completamente bien ahora, una vez volvamos a la capital iré a visitarla como de costumbre —hizo una seña a An Chae para que se acercara—.
Ella es la hija del jagan Bae, la señorita Bae An Chae.
Me pidió presentarla ante usted.
—Un honor conocerla —se reverenció mirándola cómplice.
Leone guiñó levemente —El honor es mío.
Una pareja extremadamente familiar se aproximó también a la carpa real.
Damien y su esposa Savina, la hermosa rubia, hija del duque de Crimentos y una de las pocas personas que no rechazaron a Leone dentro de Ílios se acercaron a saludar.
El rey les había enviado una invitación directa al evento, gracias a que la madre de Damien, era hija de una distinguida familia dentro de Lunhae.
—Su excelencia, gran duquesa y princesa de nuestro reino, este humilde servidor está feliz de encontrarse nuevamente ante su presencia —Damien se reverenció y besó el dorso de la mano de Leone tal y como dictaba el protocolo de Ílios, no de Lunhae.
Los presentes se dividían entre la sorpresa e indignación.
—Su ilustrísima el embajador —respondió con una inclinación de cabeza.
—Su excelencia gran duquesa doña Leone, es grato volver a verla después de tanto tiempo —Savina flexionó las rodillas llevando el cuerpo hacia abajo con gracia.
—Qué refrescante escuchar al fin mis honoríficos de manera correcta —enfatizó sus palabras viendo directamente hacia la dirección de Dion Yi.
Gracias a su tono de voz, no fue nada complicado ser escuchada en gran parte del grupo, incluso hablando el idioma occidental—.
Doña Savina Crimentos de Brambilla, estás más hermosa que la última vez que te vi.
“Doña Leone”.
Hyaker no había despegado los ojos de Leone desde que llegó.
Vigilaba su comportamiento, quería entender que pretendía la extranjera con sus acciones contradictorias.
El rey arribó y el ofrecimiento dio inicio, la finalidad de la temporada de caza de este año era combatir la sobrepoblación de tigres en el norte.
Los participantes presentaban sus respetos a las damas en orden de jerarquía, por lo que el primero en pasar fue el tercer príncipe.
Kairos tenía pensado ofrecer su caza a Kyun, no le importaba si las personas o su padre se escandalizaban.
Era un “acto de cortesía” a la gran duquesa que vino desde tan lejos.
Al ponerse frente a la carpa del rey trató de encontrar los ojos de Kyun, pero fue inútil, supo que sería estúpido incluso dirigirse a ella, le había ocultado una importante verdad entendía si estaba odiándolo.
—Yo, tercer príncipe de Lunhae, Hae Kairos Eun ofreceré mi caza a su excelencia, la duquesa de Montefiore —aunque el protocolo dictara prometer la caza a su futura esposa, no quería saber absolutamente nada sobre Dion Yi, así que en su lugar, prefería entregarlo a quien fuese.
Leone parpadeó confundida, miró a Kyun de reojo buscando su aprobación, no haría nada que a ella le incomodase.
La dama de compañía asintió, no era nadie para negarle a Leone aceptar la ofrenda.
—Es todo un honor —respondió Leone inclinando la cabeza.
Hyaker achicó los rasgados ojos incrédulos, sintió sus tres lunares picar.
Una vez Kairos finalizó, Hyaker avanzó hasta el frente de la carpa del rey.
Enfocó fulminante a las obsidianas pulidas que Leone tenía en el rostro.
La gran duquesa sintió la presión que Hyaker ejercía sobre ella, la apuñalaba a la distancia.
No se dejó intimidar, levantó la barbilla altiva y desafiante, él no iba a dominarla bajo ningún aspecto, la dueña de sus emociones era ella.
—Yo, Hae Hyaker Jian, segundo príncipe de Lunhae, ofreceré mi caza a la señorita Kyun Sera de Concordia, dama de compañía de la “gran duquesa” —habló sin apartar la vista de ella ni un solo segundo.
Pudo elegir a cualquier otra doncella, pero un intrínseco deseo rebelde exigía que Leone de Cartalia reaccionara ante su elección.
Los presentes (sobre todo las doncellas) jadeaban sorprendidos y el rey arqueó ambas cejas por la sorpresa.
Kyun tocó la muñeca de Leone —¿Qué hago?
—susurró.
—Adelante Kyun, acepta.
Un ofrecimiento tan valioso como el del segundo príncipe no puede rechazarse —pronunció sin modular la voz.
La silenciosa batalla con Hyaker no se detenía, al contrario, Leone se anteponía con mayor firmeza.
Una expresión de sardónica satisfacción se dibujó en su pálido rostro, en ese momento olvidó los complejos que navegaban en su mente respecto a su físico y sonrió complaciente.
Él quería burlarse de ella y no le daría el gusto.
—Es para mí un honor —Kyun se reverenció.
Jin Ah observaba atenta, la mitad de su corazón encontró la paz al ver que el segundo príncipe no le prometió su caza, pero la otra mitad cabalgaba en una tempestad de nieve.
No sabía que sería de ella si Galen cometía una locura, de por sí, su padre estaba expulsando miles de maldiciones en silencio ante la falta de respeto cometida hacia su familia, lo más seguro es que presentara una queja al palacio.
La situación no podía empeorar, rogó al cielo que el príncipe heredero le ofreciera su caza por consideración, pero no sucedió, Min Jiak convidó sus resultados a la señorita Bae, debido a la rumorada íntima amistad que conservaba con su hermano mayor.
Fue el turno de Galen, y al sentir su mirada, supo que todo estaba perdido.
El alma se iluminó dentro de su cuerpo.
Quería y a la vez no.
No era lo correcto.
—Yo, Galen, tercer hijo del gunhyeon Sera y descendiente de la casa de espadachines Min Har —la buscó con el borde de los ojos.
Ladeó sus labios en una sonrisa casi invisible al encontrar entre el público la mirada ansiosa y reprimida de su chica— ofrezco mi caza a la señorita Sae Jin Ah.
Jin Ah liberó un aliento reprimido, indiscutiblemente sintió el ardor de la emoción por confirmar que Galen la había elegido a ella, pero el miedo del compromiso estaba apagando ese fuego velozmente.
—¿Qué estás esperando para aceptar?
—musitó su padre impaciente—.
¿O prefieres ser una excluida y hacerme pasar una mayor vergüenza?
—Sí padre —obedeció sin reprochar.
Avanzó hacia el frente—.
Acepto fervientemente honrada.
Galen sonrió contento, fue un poco malvado establecer cierta presión sobre Jin Ah para que lo aceptara, pero esto no quitó menos emoción al resultado.
Leone contemplaba la escena —Kyun ¿No notas a Jin Ah un poco nerviosa?
—susurró.
Al no recibir respuesta notificó que Kyun no se encontraba cerca, examinó rápidamente los alrededores, pero su figura había desaparecido—.
¿Dónde está Kyun?
—preguntó a Helio.
El escolta se sorprendió al darse cuenta de que la dama de compañía había desaparecido sin que él se diera cuenta —Iré a buscarla, no se mueva de aquí —dijo abandonando su posición.
Pasado cierto tiempo, Leone se impacientó, la ceremonia de ofrecimiento había culminado y ni Helio ni Kyun volvían, se escabulló de la carpa del rey cuando los presentes se distrajeron.
Inició a buscar en las tiendas más apartadas, no había rastro alguno de ellos.
Caminó un par de metros y vislumbró una especie de establo en el cual descansaban los caballos de los participantes de la competencia.
Era extraño, el sitio estaba vacío, escuchó pasos y se ocultó tras unas rocas cercanas recogiendo la falda del vestido entre sus manos.
Lo que observó la dejó atónita.
Un hombre de rostro cubierto que vestía uniforme militar, sacó un cuchillo de su cintura, se acercó a uno de los caballos y cortó parte de la montura en la parte del vientre del animal.
Leone contuvo el aliento, alguien estaba tratando de provocarle un accidente al jinete.
Debido a la pesadez del vestido perdió momentáneamente el equilibrio generando un sonido en el suelo.
El hombre inmediatamente se puso alerta e inició a explorar su campo de visión.
Leone se deslizó entre las rocas y se alejó silenciosamente bajando hasta ser cubierta por unos arbustos, pero nuevamente causó un sonido con sus movimientos, escuchó los pasos del hombre en su dirección.
Sin dudar un segundo más se alzó nuevamente la falda del vestido e inició a correr en la frondosidad del bosque.
Un potente latido despertó cada uno de sus sentidos.
El viento frío y la humedad del bosque se impactaban contra su rostro mientras el miedo le brindaba adrenalina a sus piernas.
Terror a la muerte se manifestó como una manta envolviendo su cabeza.
De nuevo se encontraba en una situación en la que su vida pendía del hilo de seda más débil y delgado.
Corrió lo más fuerte que su cuerpo permitía, las ramas le rasgaron las medias, y por primera vez no le importó.
Debía huir o estaba segura de que su vida acabaría ahí mismo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Shuu_0705 Holaa, si has llegado hasta acá te agradezco un montón.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com