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El Eco de la cordillera - Capítulo 28

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28: El recuerdo que quema 28: El recuerdo que quema Sentada sobre una roca Kyun veía distante las ramas moverse.

Kairos, no, el tercer príncipe había ocultado un detalle demasiado importante.

Estaba comprometido.

Apoyó una palma sobre su frente —Soy una tonta —Malinterpretó todo desde el principio, e incluso Leone le dio alas para creérselo; pero, las miradas de Kairos, sus sonrisas, atenciones y detalles, todo se sintió tan real que le dolía más aceptar que probablemente estaba jugando con ella, preferiría llamarlo un error propio y no que el príncipe fuera un canalla.

—Soy una tonta —repitió palmeando su frente.

El viento se movió extraño, rápidamente se puso a la defensiva.

—Tiene habilidad señorita —habló Helio a su derecha.

—Usted también.

—Digamos que es un talento familiar.

— ¿Qué hace aquí?

¿Hay algún problema con la señora?

Helio la vigilante cálido.

Ella junto a su señora eran un par de niñas con responsabilidades demasiado grandes, igual que sus sentimientos.

Él menos que nadie estaba en derecho de juzgarlas.

Conocía esa posición, por ese motivo trataba de mantener a Leone lo más alejada posible del príncipe Hyaker, como ella actuaba cerca de él y como él reaccionaba a ese comportamiento no pasaban desapercibidos, pero al prestarles demasiada atención se olvidó por completo de la joven dama de compañía.

Ella también era propensa a esas situaciones, y por lo visto fue la que se perjudicó más rápido.

“Igual que una vez lo hizo su madre”.

—La señora se pregunta por qué su atenta dama de compañía se ha ido en medio de un evento sin decir nada.

Kyun suspir —Solo estoy agotada por el viaje.

Además, Leone ha estado algo paranoica estos días.

—El viaje y tareas extras con cierto príncipe.

—Sigo órdenes de su majestad el rey —exhaló con algo de nerviosismo.

—Pero eso no importa porque ahora ya es tarde.

—Por favor, si tiene algo que decirme, hágalo sin rodeos —se estaba impacientando un poco ante la vulnerabilidad.

—Señorita Kyun no está mal sentir, pero antes es mejor pensar —dijo tratando de explicarse lo mejor posible.

Kyun todavía estaba a tiempo de no caer por completo en la peligrosa extensión del concepto “amor”.

Era joven, olvidaría su corto embelesamiento en un mes o dos.

—Pensar —balbuceó inaudible.

Una fuerte brisa comenzó a derramarse desde las nubes humedeciendo lo suficiente como para querer cubrirse.

—Usted no está sola, una palabra y le asistiré cuando necesite.

Kyun se sorprendió ante la reconfortante frase que jamás esperó escuchar de ese hombre frío y callado.

—Gracias.

Volvieron al campamento y todos se resguardaban en sus respectivas carpas.

—Señorita Kyun —llamó Jin Ah junto a una sirvienta que cargaba un paraguas—.

Me preguntaba si ha visto a su excelencia Leone, la he estado buscando.

—Probablemente esté descansando, iré a buscarla.

Se dirigió a la carpa que les habían asignado, pero al ingresar, no había ni rastro de Leone.

Salió con prisa y buscó con disimulo en las otras carpas, incluso se atrevió a inmiscuirse en la carpa del rey, pero no logró encontrarla.

La lluvia se intensificó dando paso a relámpagos que alumbraban el lugar.

Kyun comenzó a desesperarse ¿Dónde se había metido Leone?

Buscó a Helio que se encontraba conversando con un noble, no quería recurrir a él, pero no conocía la zona.

Si Leone había desaparecido necesitaba su ayuda.

—La señora no está por ninguna parte, no puedo encontrarla —seseó.

—¿Qué?

Un rato atrás estaba aquí cerca, le insistí en que no se moviera del lugar.

—Lo sé pero no está en ninguna parte del campamento, la tormenta está empeorando, no sé donde más buscar.

Helio tomó aire fatigado —Quédese aquí y finja que ella está durmiendo, no podemos armar un escándalo sin comprobar nada.

Iré a buscarla en los alrededores, ella tampoco conoce el lugar no creo que haya ido muy lejos.

Kyun regresó a la carpa y Kairos la interceptó en el trayecto.

—Kyun por favor permíteme hablar contigo solo unos minutos.

—Alteza no tengo nada que conversar con usted.

—Claro que sí, sabes muy bien que yo— — ¿No debería estar cazando?

—Está prohibido cazar durante una tormenta, a penas la lluvia inicia la orden automática es el regreso.

Un fuerte trueno retumbó en todo el campamento, el cielo seguía oscureciéndose y el viento junto a la lluvia se mecían con mayor violencia.

—Pues vaya a resguardarse.

—En realidad necesito explicar— —¡Atención!

—La voz del shokan resonaba casi tan fuerte como los truenos—.

Su majestad ha ordenado el regreso a la ciudad mientras el clima lo permita.

El escuadrón real se encargará de buscar a los competidores que aún se encuentran en el bosque.

El estómago de Kyun se encogió, esperaba que Helio regresara junto a Leone y regresaran a la ciudad lo más rápido posible.

Las personas iniciaron a subir a los carruajes y los sirvientes a recoger con velocidad las cosas en las carretas de carga.

Rápidamente reconocieron la carpa de Leone mientras cuestionaban donde se encontraba.

Kyun mintió diciendo que Leone viajaría con la señorita Sae y se apresuró a buscarla.

Jin Ah se encontró abordando con rapidez su propio carruaje junto a sus sirvientas de confianza.

Kyun le explicó lo que estaba pasando y le rogó a Jin Ah guardar el secreto.

— ¿Cómo me pide que calle algo cómo eso?

Su excelencia puede estar en grave peligro.

—Por favor, deja que el señor Helio y yo nos encarguemos por ahora.

Si se nos sale de las manos hablaremos de inmediato con el rey.

Jin Ah accedió sin estar totalmente convencida.

Kyun se alejó un poco del campamento buscando a Helio, hasta que se lo encontró todo mojado y con el chal de Leone en la mano.

—No está, al parecer se internó en el bosque.

Kyun comenzó a desesperarse —Leone está en peligro, tenemos que encontrarla.

Es un bosque infestado de bestias, puede morir en cualquier momento —dijo con la voz rompiéndose.

—Lo sé, no podemos hacer mucho mientras siga lloviendo.

No es revelar adecuado lo que está pasando, no todavía.

La posición de Leone es peligrosa, puede ser acusada de huir y romper un contrato de guerra.

— ¿Qué haremos?

La señorita Jin Ah ayudó a decir que Leone iría con ella, pero no podremos sostener esa mentira por mucho.

—Volvamos al campamento, reportaremos nuestro regreso y luego buscaremos en secreto.

Retornaron al campamento y cuando Helio estaba a punto de comunicarle al shokan que regresarían a la ciudad, Galen y otros dos soldados arribaron a toda velocidad junto a un caballo sin montura.

— ¿Dónde está Hyaker?

—preguntó Min Jiak saliendo de la carpa del rey.

—Lo hemos perdido —gruñó Galen—.

Lo perdimos de vista minutos después del inicio de la competencia.

Cuando la lluvia se intensificó fue aún más complicado seguirle el paso, ya a pesar de que le buscamos solo encontramos su caballo perdido en la parte norte del bosque.

—¿Qué ha dicho?

—exclamó el rey asomándose.

—Padre por favor vuelva adentro, el viento es casi huracanado, es malo para su salud.

Resguárdese hasta que el carruaje esté listo.

—Galen repite lo que ha dicho.

Galen bajó la mirada al suelo avergonzado por no saber cómo enfrentarse al rey.

—Habla —exigió molesto el monarca.

—El segundo príncipe está desaparecido en el bosque.

El rey de Lunhae exhaló eufórico —¡LEE HOON KA!

—gritó con tanto volumen que el general que permanecía dentro de una de las carpas todavía habitadas salió de inmediato y en medio de la lluvia llegó hasta él.

—Majestad —se acercó en dos zancadas.

—Moviliza a todos tus soldados.

Quiero ante mí al segundo príncipe antes de que anochezca.

—Su majestad, me pide algo complejo.

—Te he ordenado no hecho una petición —apretó la mandíbula el rey.

Un rayo cayó en el claro sobresaltando a todos.

—Su majestad —repitió el general—, hay una tormenta en este preciso momento, movilizar a mis soldados representa una irresponsabilidad terrible, nada me asegura que los traeré con vida si me interno en la frondosidad en medio de la tempestad.

Hay una plaga de tigres, ir ahora cuando es tan difícil enfrentarse a una sola de esas bestias es un suicidio.

Como general de este reino le ruego pensar en las vidas de sus subditos también.

Haneulso resopló entre dientes —Se trata de mi hijo.

—Es la vida de su pueblo majestuoso.

El rey sintió su garganta arder ante la situación.

Su vista se nubló, se sostuvo del hombro de Min Jiak como un reflejo.

—Padre no se alterará, encontraremos a Hyaker.

Él estará bien, recuerda que no es una persona ordinaria.

Por favor volvamos a la ciudad, de nada sirve estar aquí.

Kairos ayudó a su hermano y logró convencer a su padre de volver a la mansión en la ciudad.

Él se quedó junto al general Lee y los soldados, en cuanto la tormenta cesara iría en la búsqueda del segundo príncipe.

—Esto complica y facilita las cosas en igual medida —dijo Helio a Kyun dentro de una carpa abandonada—.

Con el príncipe desaparecido tendremos mayor libertad para movernos sin ser notados, pero si alguien se entera que la señora tampoco está podría considerarse un secuestro.

—Si ambos están desaparecidos ¿No hay una posibilidad de que estén juntos?

—El chal estaba en dirección sureste y el caballo fue hallado en el norte, a menos que se hayan encontrado en algún punto intermedio es casi imposible.

Galen ingresó a la carpa, minutos atrás observando como a la distancia, su hermano colocaba dos dedos sobre su frente y se escurría dentro, había captado una ligera seña que los Min Har hacían cuando necesitaban reunirse sin llamar la atención.

—¿Qué ocurre Jisung?

No sé si ya te enteraste de que Hyaker está perdido, no tengo tiempo para tus sermones.

—Iremos a buscarlos —declaró Helio.

—¿Buscarlos?

—Leone también se perdió en el bosque.

—¿Qué?

—expulsó atónito—.

¿Has perdido a tu protegida?

Nos arrancarán la cabeza a todos.

—Crees que no lo sé?

Los buscaremos a ambos.

Los soldados no harán nada, al maldito de Lee Hoon Ka no le interesa si uno de sus sobrinos está siendo masticado en este momento— Kyun jadeó aterrada.

—Lo cuál no es el caso.

Pero no estoy seguro si no nos damos prisa.

—Pero tiene razón, la lluvia nos impide movernos por el bosque.

—Lo hace si nos movemos a caballo ¿No es el sigilo una de nuestras mejores armas?

Galen exhaló derrotado —Nos iremos ya?

—Iré a la ciudad por las mejores espadas, además, Kyun debe utilizar un hanyū para moverse sin dificultad.

— ¿Estás loco?

¿Cómo se te ocurre que la llevaremos con nosotros?

Helio sonriendo de lado —Es más útil que tú.

…

—Estará todo bien —presionaba la cabeza del niño contra su pecho.

Resoplaba, el humo mordía el interior de su garganta.

—Perdóname mamá, es todo mi culpa —Su cuerpo sudaba a yeguas por el bochorno que se extendía en paredes de fuego, sus ojos ardían y no podía ver nada a su alrededor.

—No repitas eso Hyaker ¿Cómo esto podría ser culpa tuya?

Munraeh cargaba a su hijo en brazos tratando de encontrar una salida en el anexo del amanecer, el fuego había rodeado los alrededores del palacio y consumido gran parte del pabellón central.

Los soldados en el exterior luchaban inútilmente contra las llamas, un infierno se había desatado en cuestión de minutos en el palacio de Selinia.

Nadie supo cómo el siniestro tuvo inicio, sin explicación alguna grandes llamadas descubiertas consumiendo a su paso la enorme estructura.

A penas los sirvientes se enteraron hicieron lo posible por evacuar a la reina junto al segundo y tercer príncipe, quien a penas era un bebé de un año.

Munraeh logró salir junto a Kairos y Hyaker mientras el fuego conservaba distancia, pero en un arrebato Hyaker se soltó de la mano de su niñera, la gunhyeonbin Sera Min Har y volvió al anexo en busca de la medalla cuadrada que su madre le otorgó al nacer.

La reina corrió tras él sin pensarlo, pero el fuego, tan rápido como el viento, se abalanzó contra la entrada del anexo provocando una muralla por la cuál nadie podía acceder.

Las sirvientas gritaban desesperadas en busca de ayuda, los guardias del palacio trataban de sofocar el calor para sacar a la reina, pero la respuesta a sus esfuerzos era contraproducente.

Era como si cada gota de agua lanzada a las lenguas rojas se hubiera convertido en pólvora.

—Jisung ¡Has llegado!

—gritó la gunhyeonbin en las afueras del palacio con Kairos llorando en sus brazos.

—Volvimos de inmediato.

Su majestad y el príncipe heredero están en camino.

—El fuego se extendió desde el pabellón central, no tenemos idea de cómo inició, pero…

La…

La reina y el príncipe Hyaker están atrapados en el interior.

—¡¿Qué has dicho?!

—No escuchó una confirmación y se lanzó a buscar una entrada, pero fue en vano, una explosión provocada por las lámparas de aceite en el acceso obligó a todos a retroceder.

…

—Mamá tengo miedo —susurraba Hyaker contra el pecho de la reina.

—Estaremos bien —mentía sin descaro enrollada en una esquina y con los dedos bailando, las cenizas le picaban.

Sus ojos se abrían de par en par en medio del humo tratando de localizar una salida.

Un milagro llegó, el techo de la parte trasera de los aposentos se derrumbó casi sobre la reina y su hijo, dejando un nicho amplio por el cuál podían salir.

—Hyaker, vámonos, salgamos —casi expulsó su estómago tratando de balbucear esa frase.

Tomó a su hijo y con dificultad lo levantó subiéndolo al techo, apiló una serie de baúles y repitió el proceso.

Al estar en la cumbre podían ver la montaña naranja al frente de ellos, pero a sus espaldas, todo parecía calmo.

Era como tener el cielo y el infierno viéndose de frente.

La reina bajó del techo que gracias a los ángeles era más bajo en los bordes, y saltó hasta el suelo sintiendo un agudo dolor en el tobillo, al parecer se lesionó al evitar los restos de teja cayendo antes.

—Hyaker salta a mis brazos.

—Mamá tengo miedo —tosía el niño aún arriba.

—Mis brazos te sostendrán —bramó al ver el fuego extenderse con una paciencia aniquiladora sobre las vigas del tejado—.

Por favor, hazlo por mí.

Hyaker, con una sombra que hincaba en su pecho, cerró los ojos y saltó.

Munraeh amortiguó la caída y ambos rodaron levemente por el suelo.

La reina agarró a su hijo por la mano e iniciaron a correr en dirección contraria al fuego, hasta que, una sombra tan alta como un roble les detuvo el paso.

Un monstruo vestido totalmente de negro y cubierto hasta los ojos sostenía una espada y se acercaba con disposición de atacar.

—Eras tú después de todo —escupió la reina indignada—.

¿Eres capaz de esto?

—retrocedía usando su cuerpo para bloquear la vista de su hijo.

El hombre frente a ellos no decía una sola palabra, empuñaba la espada con decisión frívola.

Ni la oscuridad de la noche era capaz de ocultar sus claras intenciones.

Hyaker se sostenía como espina de las piernas de su madre, vio como ella temblando sacaba de su manga una daga y apuntaba al hombre frente a ellos.

—Hyaker cuando te lo digas tienes que correr lo más lejos que puedas y buscar ayuda.

El niño negó con la cabeza.

—Es una orden.

El príncipe empañó sus ojos y siguió negando con la cabeza.

El hombre dio otra zancada hacia ellos.

—¡Ahora!

—gritó la reina corriendo hacia el hombre y clavándole la daga en el hombro izquierdo descendiendo por su pecho hasta su corazón.

El hombre soltó un alarido tenebroso, pero el grito que salió de la garganta de Hyaker fue más fuerte y desgarrador.

Una espada atravesaba el abdomen de su madre y mostraba toda la hoja carmín en la espalda de la reina.

-¡Mamá!

—gritaba en palabras inconclusas.

—¡Vete!

—vociferaba la reina todavía sosteniendo con ambas manos la daga en el pecho del asesino.

Hyaker se paralizó y cayó al suelo tapándose con ambas manos la cabeza y con los ojos incrustados en el rostro de su madre —Ma…

Ma…

Mamá —mascullaba mientras muchas piedritas puntiagudas se clavaban en sus rodillas.

—¡MUNRAEH!

—La voz de Helio resonó desde el interior del anexo del amanecer—.

¡MUNRAEH DÓNDE ESTÁS!

Al escucharlo el asesino sacó la espada y violentamente se alejó de la reina cargando consigo la daga en su hombro.

Se perdió entre las sombras sin dar una pista de su identidad.

Hyaker corrió a su madre desplomada sobre el frío suelo de piedra y con sus pequeñas manos tapaba la herida abierta en su estómago.

Presionaba en un intento fallido por detener la sangre que burbujeaba como catarata de hierro.

-Mamá…- —Hyaker —susurró la reina con la mirada desenfocada—.

El más bello de…—una fuerte tos le bañó el precioso rostro de rojo líquido— los niños…

—le tocó una mejilla con una mano y con la otra apretó la medalla ovalada que colgaba de su pecho—.

Te amo —terminó con dificultad.

Un suspiro doloroso salió de sus labios, su pecho, antes jadeante suavemente dejó de moverse y sus pupilas dejaron de buscar el rostro del joven príncipe para perderse en un infinito helado.

La reina había muerto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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