El Eco de la cordillera - Capítulo 30
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30: Rescate 30: Rescate Leone despertó luego de una fría noche, pero contrario a lo lógico, se sentía descansada, más que alguna noche en el palacio de Selinia en la enorme cama.
Miró a su alrededor, Hyaker aún dormía.
Horas atrás había expresado en palabras dolor burdo que llegaba como un rumor y se extendía como una maldita infección, y lo había hecho con quien menos hubiera querido mostrarse débil, con él, pero ¿Era en sí una debilidad?
¿O era una carga cocida a su piel por dentro?
Todavía no podía responderse porque creció viéndolo como el defecto de su familia.
En el fondo sabía que se abrió con Hyaker porque anhelaba que él le consolara, se avergonzó al desear eso ¿Por qué él le tendería un brazo?
Ella era más similar a un estorbo para él, y a pesar de todo eso él le impulsó a rogarse perdón.
—Perdón —repitió en una risa nostálgica, el amoníaco aún le rasgaba la garganta como agua fría.
Se alzó y salió ligeramente a la cascada mientras el cachorro le mordía lo que quedaba de falda.
La tormenta había cedido, la lluvia aún se encontraba despierta, pero más como un sollozo.
Eso significaba que si alguien los estaba buscando, o en su defecto, buscando al segundo príncipe.
No tardarían en encontrarlos, solo esperaba no tardaran mucho.
Hyaker necesitaba atención urgente a su pierna, además, no habían muchos recursos disponibles, quizás podía encontrar leña, pero el sitio donde encontró las moras era aislado, y no solo eso, no habían muchas.
El hambre iniciaba a llegarle con creces, el día anterior apenas probó algunas cosas.
El sobreesfuerzo le había quitado toda la energía, también estaba el cachorro.
Volvió al interior y notó a Hyaker algo ofuscado, al tocar su frente una fiebre estaba presente —No puede ser —susurró.
Se levantó decidida a salir, corrió en busca de la espada y el trozo de cuero.
Ató el cachorro con una tira corta a una rama y se dirigió a la salida.
—No te vayas —murmuró Hyaker en medio de la fatiga—.
La lluvia bajó, los tigres saldrán a cazar.
—Necesito buscar un camino de regreso.
—Quédate, lo más seguro es que ya nos estén buscando.
—No van a encontrarnos jamás en este lugar —dijo temblando.
No iba a mentirse, tenía miedo.
A veces quería morirse pero ser comida por un tigre no resultaba agradable en lo absoluto.
Recordó los gritos de desesperación del hombre que intentó matarla y sus piernas dejaron de sentirse, cayó de rodillas con las manos apoyadas sobre el suelo.
—Leone —Hyaker trató de sentarse, pero la pierna le dolía y la fiebre estaba tan alta que le costaba tan solo alzar la cabeza.
Quiso acercarse a ella, pero le fue imposible, sentía una impotencia abrazadora.
—No podemos morir los dos —dijo casi fúnebre.
El riesgo era tan real como el hambre en su estómago o el frío en sus pies mojados.
Si de todas formas el futuro que le esperaba no era claro, al menos intentaría salvar a la única persona de la que se había enamorado—.
Te lo encargo —señaló al cachorro.
Hyaker exhaló quebrantado, con el puño golpeó el suelo tan fuerte que una herida se creó en sus nudillos.
Leone salió e inició a dejar rastro de pedazos de tela entre las piedras y los árboles cercanos, así alguien podría encontrar la gruta en caso de ella no poder volver.
La idea de llevar la espada surgió entre alguien podía relacionarlo con Hyaker e ir en su búsqueda siguiendo el rastro.
Todo le olía a sangre, pero estaba claro de algo, no era sangre real, era el propio bombeo de su cuerpo con terror en cada célula.
…
—Hay un leve rastro de cascos en ciertas partes —Helio tocaba el suelo con las palmas de sus manos.
El terreno húmedo conservaba unas cuantas huellas; como el área era frondosa, la lluvia se quedaba en la copa de los árboles y descendía con menos fuerza hacia abajo—.
El sombrero se encontraba directamente en dirección al este, y el chal subió un poco más hacia el norte.
Estas huellas se encaminan hacia el este también y la última vez que Hyaker fue visto estaba en dirección noreste.
—Es decir que la probabilidad de que estén juntos es más alta —mencionó Kyun.
Helio asintió.
—Uno de los dos está inmovilizado —afirmó Galen—.
Entendería que no hayan tratado de volver con la tormenta latente, pero esta llovizna no es capaz de detener a Hyaker a menos que se le dificulte moverse o no pueda traer a Leone consigo.
Kyun respiró hondo y siguió avanzando, a lo lejos había un enorme árbol caído y en sus cercanías un latente aroma fétido.
Al llegar al sitio la tierra lucía removida y parecía haber sangre en la zona, se asomó al barranco a su derecha, y quedó atónita.
—Hay dos cadáveres aquí —gritó a sus compañeros.
Helio y Galen se acercaron, se taparon la nariz en reflejo de la asquerosidad bajo el barranco.
La escena era el cuerpo de un hombre despedazado desde el rostro hasta el tórax con un tigre empapado de sangre sobre él.
—El tigre murió mientras lo devoraba —musitó el menor de los Min Har—.
Esa casi es nuestra suerte durante la madrugada —mencionó al recordar como los excelentes reflejos de Kyun le habían salvado de un ataque horas atrás.
—Trae uniforme militar —dijo Helio agudizando su vista—.
Será imposible para ti reconocerlo en ese estado.
—Me costaría trabajo reconocerlo de cualquier modo —mencionó Galen—.
Aunque entreno con la división de guardias del palacio, aquí también habían soldados bajo ordenes de nobles y miembros del ejército.
—Supongo que se esparcirá algún rumor cuando su cuerpo sea encontrado —Helio apartó su vista y la fijó en el cielo—.
Vámonos, el maldito de Lee Hoon Ka debe haber iniciado la búsqueda.
Tenemos que encontrarlos antes que él.
Al llegar al pino Kyun notó algo más, el tronco tenía un perfecto corte cerca de su base.
—Eso lo hizo Hyaker —Galen tocó ligeramente el corte—.
Sus ataques con la espada son brillantemente precisos, ese corte es como una fuerte pincelada.
No me cabe la menor duda, él es responsable.
Siguieron cruzando el pino, al avanzar encontraron las flechas de punta ancha esparcidas por el suelo y el rastro de algo siendo arrastrado sobre la superficie medio húmeda.
Siguieron el sonido de una fuente de agua, en las cercanías encontraron trozos de tela que formaban una especie de camino, Kyun confirmó que se trataba del vestido de Leone.
Arribaron a una extensa cascada que culminaba en una laguna, ahí el rastro de tela era más evidente.
Corrieron siguiendo un camino de rocas planas y saliendo casi a rastras de una cortina de agua reconocieron al segundo príncipe de Lunhae.
—¡Hyaker!
—gritó Galen mientras se acercaba a sostenerlo—.¿Estás bien?
¿Qué ocurrió?
—al tocarlo el calor de la fiebre le hizo quemar la palma—.
Estás hirviendo.
—¿Dónde está ella?
—balbuceó Hyaker buscando a Leone entre las tres personas que le rodeaban—.
¿Dónde está Leone?
—resopló.
—¿Ella no está contigo?
—Interrogó Kyun desesperada.
—Se fue —la respiración de Hyaker era cada vez más inestable—.
Búsquenla —dijo apretando el brazo de Galen con tarta fuerza que este se quejó levemente del dolor.
Helio tomó a Hyaker en su espalda —Hay que irnos, sigue el rastro, que Kyun me cubra.
—Espera —tartamudeó el príncipe—.
Ve por el cachorro.
—¿Estás delirando?
—preguntó su escolta —Tráelo —dijo molesto.
Galen confundido se metió tras la cortina de agua y entró en la gruta donde el pequeño lobo lloraba y movía la cola en un intento de pedir ayuda.
Lo tomó y salió al exterior.
—Es un cachorro de lobo gris, es peligroso.
—Es de ella —musitó el príncipe.
Siguieron el rastro de trozos de tela, pero los dirigía prácticamente al mismo camino.
Leone no podía haber regresado porque definitivamente la habrían encontrado en el trayecto ¿Dónde estaba?
Helio ordenó ir al lado contrario del camino de regreso, quizás Leone había ido en dicha dirección en busca de otra salida.
Anduvieron por más de una hora.
Helio y Galen se turnaron para cargar a Hyaker que luchaba por permanecer despierto, pero era inútil, de Leone no había ni un solo rastro.
—No podemos seguir así —dijo Helio cansado—.
Tendremos que volver al campamento con Hyaker y pedir ayuda al embajador.
—Váyanse si quieren pero no volveré sin Leone —declaró Kyun determinada.
Cada segundo sin saber de ella hacía un agujero más profundo en su estomago.
—Kyun, por favor piense, no podemos exponer al príncipe de este modo— —Pueden llevárselo, yo seguiré buscando —interrumpió a Helio.
—Búsquenla —afianzó Hyaker—.
Solo es una fiebre.
—Si algo te pasa en nuestro poder— —Es una orden —dijo interrumpiendo a Helio que acababa de relevar a su hermano menor.
Galen estiró los hombros y miró hacia arriba, el sol se filtraba por la frondosidad de las ramas bajando en tiras de luz hacia el suelo, siguió una con la mirada y se encontró claras huellas, huellas de una mujer por el tamaño del pie.
—Está cerca —inició a correr en dirección a los pasos.
Kyun, tan rápido como él y con el lobo en brazos se posicionó a su derecha, mientras corrían indagaban el lugar con la mirada.
Ni siquiera podían gritar su nombre para no atraer bestias—.
Busca a la derecha, yo buscaré a la izquierda.
Kyun obedeció y se internó en la parte derecha del bosque.
Galen por su parte, se metió a una parte en donde las hojas lucían ligeramente aplastadas, había incomodos arbustos, fue su descomunal altura lo que le permitió ver a la distancia como Leone se encontraba casi gateando con las manos y rodillas sobre el suelo, mientras transpiraba con fuerza y sangre chorreaba de su nariz hasta la tierra.
—¡Su excelencia!
—se acercó a ella en dos zancadas—.
Excelencia ¿Cómo se encuentra?
—dijo tratando de levantarla.
Leone tenía la mitad de la cara llena de sangre —El príncipe —su voz salía arrastrada, y la piel todavía más pálida de lo normal—.
El príncipe está— —Ya lo encontramos, por favor dígame si le duele algo.
Leone afirmó con la cabeza.
—Entonces, por favor sepa disculparme —la levantó como si fuera de trapo alzándola sobre sus brazos y volviendo donde Helio permanecía con Hyaker.
—¡Leone!
—gritó Kyun al verla de cerca—.
¿Por qué estás sangrando?
¿Te has hecho daño?
—hablaba en idioma ílios, tan rápido que ni Galen quien aprendió el idioma en un nivel decente podía entender una palabra.
Leone vio al lobo en los brazos de Kyun, sonrió para tranquilizarla, le gustaría poder hablarle, pero estaba tan cansada que hasta su lengua se sentía extrañamente pesada.
—Señora —dijo Helio cargando a Hyaker en su espalda.
Leone dejó salir el poco aire en sus pulmones con tranquilidad al verlo junto a Helio.
Le asintió a su escolta en forma de saludo y se recostó en el hombro de Galen.
—Volvamos —dijo Hyaker temiendo que Leone perdiera la conciencia—.
Un médico debe verla urgente.
…
Era medio día, la lluvia había bajado desde hace mucho.
Kairos permanecía en la tienda del general Lee exigiéndole que diera la orden a los soldados de salir a buscar a su hermano, pero era en vano, el general se excusaba diciendo que hasta que la lluvia no se detuviera del todo no movería a un solo soldado.
—Si no da la orden lo haré yo.
—¿En serio cree que mis soldados escucharán a alguien que no sea yo?
—Mi hermano puede estar ahí afuera muriendo —la voz le salía tan dura que casi se lastimaba los labios al hablar—.
Si no da la orden al ejército movilizaré a las tropas reales —Las tropas reales eran una facción del ejército a cargo del rey y su seguridad.
Los príncipes eran capaces de dar ordenes a diferencia de la parte bajo el mando del general.
—Puedes dar la orden que desees, pero si algo le ocurre a su alteza el tercer príncipe el ejército quedará exonerado de cualquier culpa —Hablaba con total tranquilidad mientras sacaba el humo de tabaco que aspiraba a través de una larga pipa.
Kairos se mordió las mejillas.
Nunca tuvo una relación cercana a su tío, simplemente mantenían un trato cordial por ser el único familiar del lado de su madre que seguía vivo, sin embargo, desde el día anterior en que permitió a Dion Yi decir ese conjunto de sandeces no tenía ni un solo rastro de buena voluntad hacia él.
—General, oficial Jo solicita permiso para entrar —informó un soldado afuera de la tienda.
—Adelante —respondió Lee Hoon Ka desde el interior.
El oficial Jo accedió, hizo una elaborada reverencia hacia Kairos y se colocó en posición militar frente al general en completo silencio.
—Habla, no pretenderás que saque de aquí a su alteza solo para que puedas decirme algo.
—General —inició el oficial Jo sabiendo a la perfección que su jefe no estaría nada contento de saber lo que diría a continuación—.
Sera Min Har Helio, junto a Sera Min Har Galen y Kyun de Concordia están viniendo del noroeste.
General, ellos traen al segundo príncipe su alteza Hyaker y a la duquesa Leone de Cartalia con ellos.
El general se levantó bruscamente de la silla —¿Qué hacen los Min Har y Leone de Cartalia con el segundo príncipe?
—¿Acaso eso importa?
—Kairos salió a toda prisa de la carpa en dirección al campo.
—¿Qué hace Leone de Cartalia con el segundo príncipe?
—cuestionó nuevamente.
La vena de su frente amenazaba con romperse.
El oficial Jo respiró hondo sabiendo que luego de eso una serie de cortesanas pagaría el precio de resultados frustrados —Al parecer estaban juntos general, los soldados que salieron en su encuentro afirmaron que ambos presentaban lesiones.
El general Lee lanzó la pipa con tanta fuerza que logró hacer un doblez sobre el metal de esta —Ese maldito debería estar despedazado en medio del bosque, no cerca de mi cordero —salió con enfado latente hacia el campo.
Kairos había llegado al encuentro en su caballo.
Se sorprendió mucho al ver como Hyaker tenía el rostro pálido en la espalda de Jisung y como su excelencia Leone ocultaba su rostro del sol con una de sus manos mientras su vestido estaba despedazado.
Incontrolable, su vista se fue hasta su querida Kyun, que cargaba un lobo en sus brazos y vestía un hanyū masculino.
—¿Qué pasó?
—dijo viendo a Helio.
—Estaban en el bosque.
Al parecer su alteza cayó del caballo y su excelencia le ha rescatado.
—No hay tiempo para guiarlos al campamento, que alguien traiga un carruaje, el príncipe debe ir inmediatamente a la ciudad —sugirió Galen —Ya lo escucharon —ordenó a los soldados—.
Traigan el carruaje para disposición de mi hermano.
En ese momento Lee Hoon Ka arribó montando su caballo —Su alteza príncipe Hyaker, que alegría ver que está con vida.
—Tanto que no habían enviado siquiera el primer escuadrón de búsqueda —dijo Helio.
—Sin conocimiento militar propio de un general no eres nadie para opinar acerca de mis decisiones, señor Min Har.
A diferencia de usted, que es un noble con miles de sirvientes dispuestos a morir con una orden, mis soldados son fieles servidores del reino.
Si pierdo un solo de mis hombres en caso de guerra sería crucial.
—Es decir que la vida de un heredero al trono ¿No es crucial?
—Lo es, por ese motivo iniciaríamos la búsqueda justo en el momento en que fuera seguro para ambas partes.
—El momento en que su alteza estuviese muerto —el heredero de la casa de espadachines lo censuró con los ojos hirviendo mientras pronunciaba dichas palabras.
—Es suficiente —dijo Kairos—.
Vámonos de aquí.
Lee Hoon Ka, observó al sucio perro de la bestia sosteniendo en sus brazos a su cordero.
No tenía idea de como ella había acabado envuelta en eso, pero temía que su salud se viese perjudicada.
Leone de Cartalia no podía morir todavía —Su alteza por ahora tenemos a disposición un pequeño carruaje, por lo que lo utilizaremos para transportarlo a usted a la ciudad —se dirigió a Hyaker—.
En cuanto a su excelencia, será un placer conducirla personalmente hacia la mansión de la ciudad.
—Eso no es necesario, yo puedo llevarla en cuanto el príncipe sea colocado en el carruaje —refutó Helio.
—Lo mejor para su excelencia es ver a un médico de inmediato —habló molesto—.
Su alteza permítame llevarla conmigo en este momento —se dirigió a Leone.
Leone ni siquiera alzó la palma de su rostro, con la otra mano se aferró con todas sus fuerzas a Galen.
No tenía energía para hablar, pero aunque tuviera que caminar por su cuenta hasta Selinia, no estaría cerca un solo segundo de el general.
Galen notó la presión que Leone ejercía con los dedos, entendió que no accedía a la propuesta del general —La llevaré yo.
—Su alteza necesita asistencia de inmediato, no podemos esperar más o— —General Lee, él la llevará —interrumpió Kairos—.
Prepare el campamento y escóltenos a la ciudad —paso justo al lado del caballo de Lee Hoon Ka—, y querido tío, piense bien como justificará esta insubordinación ante mi padre.
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