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El Eco de la cordillera - Capítulo 31

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  3. Capítulo 31 - 31 El polvo dentro del archivo
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31: El polvo dentro del archivo 31: El polvo dentro del archivo —¿Qué estabas pensando cada minuto que pasabas inmóvil en ese campamento?

—La voz del rey se arrastraba picante—.

Mi hijo pudo haber muerto.

—Su majestad, con todo respeto, estaba actuando de la manera correcta.

—Un absurdo —un exceso de tos sobrevino sobre el rey que permanecía sentado sobre la cama enrollable tradicional, o mejor dicho, el colchón en que dormía normalmente la gente de Lunhae.

—Padre por favor, trate de no exaltarse.

—Silencio Min Jiak, esto es entre el general Lee y yo —observó al general con sus rasgados ojos pesados—.

Excúsate Lee Hoon Ka.

Dame una buena razón para no ordenar que abandones el puesto en este momento.

El general Lee permanecía tranquilo, con las manos firmes en la espalda.

A pesar de que el disgusto latente por ver a Leone de Cartalia involucrada con la bestia le mordía el cuello, la situación con el rey no era algo que le diera el más mínimo estrés.

Siempre supo como manejar a su cuñado, un rey inútil y fácil de influenciar.

—Su majestad, entenderé si desea relevarme de mi puesto, pero igualmente deseo explicar mis motivos —por el rabillo del ojo notó como Min Jiak fruncía el ceño ante sus palabras—.

La temporada de caza es un evento del cuál se conoce incluso en el extranjero, no es necesario que repita que tenemos relaciones delicadas con Ílios, y su embajador está de visita.

—Ve directo al punto.

—Su majestad, la desaparición del príncipe pudo haber sido parte de una emboscada, una trampa del enemigo para deshacerse del general de Lunhae y sus mejores soldados.

Una vez mi presencia que desprevenida se internara en el bosque a buscar a su alteza, fuera eliminada, a los ílios les hubiera resultado sencillo adentrarse en Lunhae y acabar con la vida de su majestad.

El rey no reducía la presión de su ceño —Por una suposición mi hijo casi no vuelve vivo.

—No es solo una suposición su majestad o ¿Ha olvidado acaso el desafortunado evento de hace tres años?

Usted es demasiado noble, a pesar de haber perdido a lunhayenos tan valiosos, conservó la calma y decidió actuar inclinándose hacia la paz.

Si esta ocasión hubiera sido igual a la de ese tiempo, las consecuencias habrían sido desastrosas, ahora estaríamos perdiendo la soberanía de nuestro reino.

Haneulso perdió su vista en un punto fijo en el suelo.

—Recuerde su majestad, usted no solo es el padre del príncipe Hyaker, es el padre de toda una nación.

Cuando la emoción gobierna la acción, las consecuencias suelen ser más costosas que la espera.

—Retírate —dijo el rey sin dirigir la mirada al general Lee.

Lee Hoon Ka abandonó los aposentos del rey, el oficial Jo lo esperaba en la entrada.

—Un momento general —Min Jiak también se había dirigido hacia el pasillo.

—Su alteza el príncipe heredero —se reverenció—.

¿Desea algo?

—Cuando yo sea rey no habrá “suposición” que valga —declaró con las facciones endurecidas.

—¿Me está dando una advertencia?

—Le estoy recordando su posición.

Un súbdito de la familia real cuya labor es obedecer cada orden del rey.

—Si está así por lo de su hermano, ya he explicado mi actuar, alteza.

Le recomiendo estudie más estrategia militar.

—Un súbdito que sin importar las circunstancias debe acatar la orden del rey.

Incluso si hay una emboscada, su trabajo es contenerla mientras obedece la orden de la cabeza de Lunhae ¿Quedó claro?

…

La bodega de la sede del gremio Teibin, que era líder en comercio de piedras preciosas, específicamente Jade y Amatista, tenía altas paredes de estantes llenas de pergaminos viejos y sucios.

—Con lo que has pagado te alcanza para buscar hasta que el reloj marque el inicio de la segunda parte de la noche.

Así que date prisa, y sí escucho un solo sonido, date por muerto mocoso —el viejo archivero con un delgado bigote que se pintaba como nieve sobre su labio superior, observó a Kyun vestida de hombre de arriba hacia abajo—.

¿Dices qué eres huérfano?

—Así es señor.

—No entiendo de donde has sacado dinero para sobornarme.

—Está de más decir que lo he robado.

—¿Tanta es tu desesperación?

—Quiero encontrar a mis padres —dijo observando como el anciano achicaba los ojos para verla mejor—.

Ellos trabajaban en un gremio, y luego abandonaron el reino; necesito pistas para saber donde fueron.

El anciano sostuvo la mirada de sospecha, pero se limitó a aclararse la gruesa garganta y salió del lugar.

Kyun inició a husmear entre todos los archivos, no tenía mucho tiempo y la oscuridad dificultaba un poco la tarea.

Sacó su reloj de bolsillo y calculó que tenía aproximadamente dos horas para buscar.

Inició con los documentos que tenían de dieciocho a veinte años de antigüedad, si sus padres no mentían, era el tiempo aproximado en que abandonaron Lunhae.

Estuvo leyendo con agilidad, sus manos estaban sucias por el polvo que se transmitía desde los documentos hasta su piel; su nariz se tapó cuando intentó soplar las partículas diminutas de unos papeles tan antiguos que parecían disolverse con el tacto; su garganta se espesó.

A pesar de que leía y leía, no encontraba rastro alguno, de hecho, en ningún gremio o comercio en el que hubo buscado lograba dar con Sera Gyeol.

Inició a creer que su padre mintió, no fue comerciante, o probablemente cambió su nombre por seguridad, de ser así, las cosas se volvían imposibles.

No encontró nada en los documentos de hace veinte años así que se levantó hacia los estantes que sostenían los pergaminos de hace veintidós años, estos se encontraban muy cerca de la puerta cerrada de la bodega.

—¿Entonces eres nuevo?

—escuchó levemente desde el exterior—.

Nadie me notificó esto —el archivero sonaba entre molesto y confundido.

Kyun se alejó del estante y se acercó cuidadosamente a la puerta que permanecía cerrada, y sin hendijas.

—El mensajero anterior ha sido relevado de sus labores.

—¿Kun murió?

—preguntó el anciano preocupado.

—No estoy autorizado para responder eso.

Será mejor que no haga más preguntas y me de lo que le pedí.

Aquí está la autorización del socio, está sellado con su anillo.

Se escuchó como el archivero movía un papel —Es sobre la introducción de amatistas azules.

Volveré en un momento.

“¿Amatistas azules?” Pensó Kyun confundida.

Un par de pasos se acercaron a la puerta.

—¡Voy a entrar al archivo!

—habló el anciano dando una advertencia casi obvia.

Kyun se movió automáticamente de la puerta y se ocultó tras un anaquel polvoriento, aprovechó la falta de iluminación en este punto.

Desde su lugar observó como el archivero abría una puerta al fondo de la habitación, sacaba un par de documentos y se los entregaba al hombre.

El hombre que le daba la espalda y ocultaba su rostro con el ala del sombrero de bambú y seda leyó uno de los pergaminos—Todo está en orden—afirmó.

En ese momento una mota de polvo entró en las fosas nasales de Kyun, la chica se mordió los labios tratando de contener el estornudo, pero cuando le fue imposible metió la cabeza en su codo y produjo un extraño sonido estruendoso pero mudo.

El hombre se avispó rápidamente y recorrió el sitio con los ojos nerviosos —Espero por tu bien que estés solo aquí archivero.

—Por supuesto que lo estoy ¡Atchú!

¡Ay!

este sitio polvoso, a pesar de que siempre estoy limpiando se ensucia rápidamente —dijo haciendo un exagerado ademán.

El hombre no muy convencido se asomó cerca de los estantes y anaqueles en los que la luz permitía la visión, como buscando al responsable del verdadero estornudo —Muy bien —dijo no muy convencido para luego abandonar el lugar.

—Maldito mocoso, te dije que no hicieras ruido —refunfuñó el anciano.

Kyun salió de su escondite con la cara aparentemente avergonzada —Lo siento.

—Lárgate de aquí.

—Pero el reloj no ha marcado el tiempo.

—No me interesa, por tu culpa casi me descubren.

No te alcanzaría la vida para robar lo suficiente y que me pagaras el precio de eso.

—Al menos permítame regresar a revisar el archivo de hace veintidós años.

—No, y una vez salgas de aquí, no regreses.

—Le pagaré lo que quiera, solo dígame una cantidad.

El viejo archivero se rodeó el redondo estómago con una mano mientras dubitativo consideraba la oferta —El doble —vociferó de una vez—.

Ahora vete de aquí.

Kyun salió de la bodega escabulléndose entre los pasillos de la sede, evitando la presencia de cualquier ser vivo, la noche resultaba ventajosa para este tipo de actividades.

Una vez saltó la tapia se deslizó rápidamente en el bosque con dirección al palacio, se apresuraba más de la cuenta había dejado sola a Leone.

Regresaron del norte a penas dos días atrás, y aunque la gran duquesa parecía bien no podía quitarse esa sensación incómoda cada que se iba por mucho tiempo.

Kyun tenía que admitir que casi muere del miedo, solo una vez antes se sintió así.

Ver a Leone casi colapsando, con la nariz sangrando, los ojos rojos y su cuerpo temblando la desesperaron en demasía.

El médico del rey cuestionó si Leone tomaba algún tipo de píldora o medicamento, al saber que no, indicó que su estado era producto del sobre esfuerzo extremo al que Leone se sometió en un corto periodo de tiempo.

Luego de ser encontrada tuvo fiebre y debilidad al menos durante toda la noche.

Ahora estaba bien, pero seguía sintiendo desconfianza.

…

El pincel de Hyaker navegaba aburrido sobre un vaso de tinta, el lienzo estaba en blanco, trataba de pintar algo pero era inútil.

—Un sirviente ha traído tu cena —Galen accedió con una bandeja que colocó sobre una mesa baja.

—No tengo hambre.

—Si no comes, no puedes tomar el medicamento, y sin medicamento el esguince tarda más tiempo en sanar.

—No me hables como si fuera un niño.

—Estás actuando como uno.

El segundo príncipe le dirigió una mala mirada y se posicionó frente a la mesa baja en una maniobra simple y sin mover su pierna en exceso —Pude haber llevado la mesa hacia ti —reclamó Galen.

—No me duele —observó su cena y revolvió con los palillos un tazón de algas mientras buscaba las palabras adecuadas para preguntar a Galen—.

La gran duquesa ¿Cómo está?

—¿Leone?

No lo sé, supongo que bien, si fuese lo contrario ya nos habríamos enterado.

—Entiendo.

—Si estás preocupado puedo ir a averiguar qué pasó con ella.

—No es necesario.

—No finjas que no te importa, cuando la encontré en el bosque estabas totalmente nervioso.

Hyaker bufó —¿No es normal querer saber si la persona que me salvó está bien?

—Tienes razón, es normal, lo que no es normal es que hayas escrito una petición formal al rey pidiéndole autorización para que Leone se quede con el cachorro de lobo.

—Es lo mínimo que puedo hacer por ella —dio un bocado al arroz blanco.

Galen sonrió burlón al notar su discapacidad para expresar su agradecimiento a Leone de Cartalia—.

¿Sabes qué?

Sal de aquí, déjame comer tranquilo.

—No he dicho una sola palabra —siguió burlándose—, pero está bien, me iré.

Un rato después, Hyaker finalizó la cena, apartó la bandeja y la mesa, se acercó con ayuda de muletas a la cama casi a nivel de suelo elevada por tres peldaños de baja contrahuella, rodeada de cortinas transparentosas y se recostó con pereza.

Estaba harto, llevaba dos días en cama.

El médico le ordenó absoluto reposo al menos por un mes y le colocó una incómoda férula que llegaba hasta su rodilla.

—Supongo que estás bien —susurró.

No supo nada de Leone desde que partieron del norte.

La última noticia que tuvo sobre ella fue que el médico real se encargaría de su salud.

Mientras contemplaba la blanca luna a través de la enorme puerta corrediza que permanecía abierta no pudo evitar sentirse un extraño vacío por dentro, era como si se sintiera culpable de que Leone hubiera terminado tan mal el día que los encontraron, la imagen de ella, ensangrentada y vulnerable en brazos de Galen, le incomodaba.

Se suspendió al escuchar un raro sonido sobre el balustre de su terraza, de la nada un par de orejas grises y una nariz brillante se asomaron.

Un pequeño gruñido confirmó su sospecha.

El cachorro de lobo estaba ahí, de la nada vio como trepaba la terraza y se metía por la puerta, moviendo la cola y olfateándolo, le lamió un brazo en señal de saludo.

—¿Qué haces aquí?

—Queríamos saber cómo estabas —bajo la luz plateada y sentada en el balustre Leone sonreía animadamente—.

¿Qué tal?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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