El Eco de la cordillera - Capítulo 32
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32: Lupus Argentus 32: Lupus Argentus Leone trataba de fingir calma mientras Hyaker la escrutaba con fiereza.
Inició a parecerle pésima idea haberse escapado de sus aposentos para ir a hablar con él, de no haberse arrepentido de golpe por haber dejado fluir sus más grandes frustraciones cuando estaban en la cueva, ella no estaría ahí.
Le avergonzaba hablar de ese tema, no quería que nadie se enterara del enorme dolor que provocaba algo tan estúpido como ser rechazada por ciertos miembros de su familia.
Ni siquiera era la gran cosa, seguramente Hyaker pensó que era una ridícula, y a decir verdad, eso no era algo equívoco.
Ahora que se había permitido hablarle a Hyaker sobre su tormento se sentía pequeña, observada; hubiera deseado decírselo a cualquiera menos a él.
Se crucificó mentalmente por ese error desde que despertó casi un día entero después del rescate.
También necesitaba contarle a Helio sobre lo que ocurrió ese día, lo que vio, y para ello necesitaba al menos indagar un poco sobre el príncipe, luego de saber si tenía enemigos o no, y sobre todo aclarar la otra situación iba a desaparecer por completo de Lunhae y de la vida de Hyaker.
Era una decisión tomada.
—Creo que mejor me voy, las habitaciones de los hombres siempre me estresan —dijo cuando los nervios se arremolinaron en su estómago.
Hyaker no apartaba la vista de Leone.
Se sorprendió al verla usando una especie de ropa de dormir que realzaba cada curva de su cuerpo.
El camisón era blanco y ligero, hecho de varias capas de tela fina y encaje.
Tenía tirantes delgados y un escote pronunciado, pero no era vulgar, más bien parecía una prenda antigua, de esas que solo se usan en castillos o mansiones occidentales.
La parte superior se ajustaba al cuerpo, mientras que desde la cintura caían volantes y pliegues que le daban volumen sin perder suavidad.
Parecía más un vestido que una ropa de dormir, pero su textura delgada y el movimiento de la tela lo delataban, era un camisón, uno que habría hecho desmayar a cualquier dama de Lunhae y entusiasmar a cualquier hombre que se dignara a usar los ojos.
Apretó el puño apartando la mirada de ella, no se sentía en derecho de verla por completo, le parecía un pecado.
—Ven acá —llamó Leone al cachorro—.
Tenemos que irnos —El animal hizo caso omiso—.
Lupus Argentus, vámonos —ordenó.
Hyaker se mordió el labio inferior en un intento fallido por reprimir la fuerte carcajada que sobrevino junto a un ataque de tos —¿Cómo se llama?
—dijo sonrojado de la risa indetenible.
Leone abrió los ojos y respiró el aire frío con severidad helando su garganta ¿Él se estaba riendo?
¿Hyaker se estaba riendo?
Jamás pensó verle reír, lo más cercano fue cuando pareció burlarse de ella en la ocasión de las caballerizas.
Se le calentó la frente en una mezcla de vergüenza y enojo ¿Qué tenía de gracioso el nombre que eligió para el lobo?
—No encuentro el motivo del chiste, cuando usted se llama “Hyaker” —escupió, entrando para tomar al animal entre sus brazos y volver a sus aposentos—.
Vámonos Argen.
—Espera…
espera —Hyaker haló suavemente la parte de abajo del vestido mientras se secaba las lágrimas burlescas.
—No, ya me voy —trató de avanzar pero él la tomó del brazo, como Leone tenía estatura promedio y Hyaker era alto (no tanto como Min Jiak o Galen, pero si considerablemente alto) no se le hizo difícil tomarla del antebrazo, aún estando sentado prácticamente sobre el suelo.
—Quédate un momento —sonrió mostrándose desgarradoramente atractivo.
Era imposible para Leone resistir a sus encantos, así que solamente se le quedó viendo incómoda sin saber que hacer—.
Siéntate aquí —señaló un espacio al lado de su cama.
Leone pensó que si Jin Ah se enteraba de todas las normas que había roto, y peor aún, con su prometido, probablemente se infartaría.
Se sentó sin más, pero giró el rostro, evitando a toda costa la mirada de Hyaker —Quería comprobar que le salvé la vida bien —dijo apresuradamente antes que llegara un silencio incómodo.
Hyaker la observó de arriba hacia abajo, Leone apretaba tan fuerte a “Lupus Argentus” entre sus brazos que lo iba a asfixiar en cualquier momento —Suéltalo, quiere jugar.
—Pero ya nos vamos.
—Mientras tanto.
Leone obedeció —Y…
Bueno…
¿Su alteza se siente bien?
—divagó su mirada en la habitación de Hyaker, bastante simple; amplia y luminosa; construida con madera oscura y paneles corredizos de papel que dejaban pasar la luz azulada del exterior.
El suelo estaba cubierto por un tapiz claro, y en el centro destacaba un brasero de metal labrado.
La cama, en la que ambos se encontraban sentados, descansaba sobre una tarima baja, a la que se accedía por dos peldaños; el dosel caía en cortinas ligeras que se movían con la brisa.
Las paredes no poseían decoración alguna mientras que en un rincón se alzaba un escritorio de varios niveles, repleto de frascos, pinceles, y, rollos de papel ordenados con precisión.
—Vas a volver a los formalismos —observó el bonito perfil de Leone.
—Nunca debí ignorarlos, además, fue durante el tiempo en la cueva.
Por favor dígame cómo está, a eso he venido.
—¿No pudiste preguntarle a alguien más?
Leone lo observó con los ojos bien abiertos y la cara tan roja como un tomate.
Se mordió con fuerza el labio y apretó las cejas —Por si desconoce el concepto algunos le dicen “amabilidad”.
—No tienes que irte —nuevamente mostró los perfectos dientes, pero esta vez su vista se fue hacia las manos de la chica, las manos que no recordaba haber visto desnudas antes y que tenían ciertas heridas pequeñas y frescas en las palmas—.
¿Por qué nunca muestras tus manos?
—preguntó viendo el anillo de oro blanco y brillantes azules.
La sentó a su lado nuevamente, con delicadeza tocó las pequeñas incisiones.
—¡Auch!
—quitó la mano de golpe—.
No me gusta ensuciarme las manos ¡Argen no toques eso!
—el animal mordía una alfombra.
—Argen suena mucho mejor que “Lupus Argentus”.
—Lupus Argentus es un nombre digno de él —Hyaker alzó una ceja escuchándola—.
Significa “Lobo plateado” en el idioma de los ángeles.
Si a su alteza le parece gracioso, entonces— —Si que cansas —bufó—.
No me llames “su alteza” además, ¿no que no ibas a volver a verme?.
—No lo haré, esta es la última vez.
—¿Ah sí?
¿Qué forzó a la gran duquesa a venir a verme entonces?
Porque solamente saber cómo estoy, no lo creo.
—Tiene razón, vine a dejar en claro ciertos puntos sobre un asunto del que exageré en la cueva gracias al estrés de las circunstancias.
Ya sabe, por estar es una situación de vida o muerte.
—¿Cuál de todas?
Hablas tanto que el sonido de tu voz es de las pocas cosas que recordaré con claridad hasta el final de mis días.
—Pues recordará algo muy agradable.
Aunque le moleste —se alzó de hombros.
—No dije que me molestara.
El estómago de Leone saltó al escuchar dichas palabras.
Ese tipo iba a matarla.
Si tan solo imaginara lo que ocasionaban sus palabras en ella estaba segura de que él no volvería a hablarle en toda su vida —Respecto a lo de la cueva, me refiero a…
a lo de mi apariencia —aclaró su garganta.
—Sobre tus ojos.
—Sí, en realidad exageré muchas cosas, por no decir todo —parloteó casual—.
Soy muy dramática y— —Ni me lo digas —masculló el príncipe.
Leone achicó los ojos fingiendo no escuchar—Y estaba muy casada, por lo que no expresé el asunto con claridad —continuó—, así que por favor olvida todo eso.
Hyaker notó como Leone presionaba su dedo medio contra el pulgar, estaba mintiendo.
Por alguna razón ella no quería que él supiera nada acerca de su vida —Entiendo—apartó la mirada algo inconforme—.
Aunque no creo olvidar.
Argen, quien jugaba cerca del escritorio, mordió un lienzo enorme y tiró al suelo todos los pinceles y herramientas para pintar, haciendo un enorme desorden y estruendo —¡Argen qué haces!
—Leone se acercó para apartarlo y notó que entre los papeles, habían algunos marcados con bocetos y formas bien dibujadas—.
¿Pintas?
—preguntó curiosa.
Hyaker se suspendió algo brusco —No, no lo hago.
—¿Puedo verlo?
—dijo tomando ciertas hojas de papel de morera con dibujos inconclusos.
—¡No los toques!
—alzó la voz.
—Pues bueno —Leone soltó los papeles, tomó a Argen en brazos y caminó hacia la terraza—.
Como ya no queremos molestar, nos vamos.
Hasta nunca su alteza —dijo escabulléndose en el jardín con el ceño fruncido.
Hyaker la vio irse molesta, ni siquiera tuvo tiempo para frenarla.
Recordó su expresión y nuevamente se encontró sonriendo, Leone podía llegar a ser necia, incluso insoportable, pero también le entretenía.
Era una lástima que insistiera en alejarse de él a toda costa.
…
Leone llegó molesta a su habitación, colocó a Argen en la cama y se sentó en la terraza.
Estaba enojada, Hyaker le dijo que no olvidaría su asunto pero ella no podía saber nada sobre él.
—Qué tipo tan egoísta —murmuró.
En ese momento Kyun entró por la terraza, vestía un hanyū de varón bastante viejo, toda ella estaba travestida, parecía un niño delgado, si no tuviera la cara cubierta de polvo, hubiera sido difícil que Kyun dejara de verse como una chica—.
¿De dónde rayos vienes?
—¿Disculpa?
—alzó las cejas ofendida—.
¿Desde cuándo intercambiamos papeles?
—No se trata de papeles, se trata de que eres mi dama de compañía y no estás trabajando.
—Ja…
¿Ahora me vas a sobre explotar?
Tu enojo no es mi responsabilidad, además, no fui la única fuera de su respectivo lugar, tú también acabas de llegar.
Te vi cuando entraba desde el jardín.
—¿Y?
—Si discutiste con su alteza el segundo príncipe, no es mi culpa, porque no puedes negarme que andabas viéndolo a él.
Leone expulsó el aire por la nariz.
Era inútil mentirle a Kyun, peor si ella conocía a la perfección sobre sus sentimientos.
—Querías verlo ¿No es así?
Querías verlo con tus propios ojos porque para ti no hubiera sido suficiente solo preguntar.
Leone arrugó el entrecejo en una especie de puchero por la decepción —Sí, y sé que todo mal con eso, pero —jugueteó con su anillo—.
¿No habrías hecho lo mismo?
—Kyun se tensó al escuchar la frase—.
Lo siento.
—No importa, pero viendo que ya te sientes bien, o al menos lo suficiente como para cruzar el palacio en ropa de dormir —dijo evaluándola de arriba hacia abajo—, esperaba explicaras qué ocurrió el día de la competencia ¿Por qué desapareciste sin decir nada?
Leone exhaló.
Ya tenía pensado hablar con Kyun, aún así, era algo difícil recordar todo —Lo que te diga no debe salir de aquí hasta que yo lo considere adecuado.
—¿Es tan grave?
Me estás asustando un poco.
—Ese día fui a buscarte —el aire húmedo del bosque retornó a su nuca—.
Cuando llegué al sitio donde estaban los caballos, ahí no había un alma, o eso creí hasta que alguien deliberadamente cortó la montura del caballo de Hyaker.
—¿Qué dices?
—Digo que el “accidente” de Hyaker no fue un accidente, alguien planeó matarlo aprovechando las circunstancias.
—Leone lo que estás insinuando es muy grave.
—No Kyun, no estoy insinuando nada, estoy afirmando.
El asesino de Hyaker trató de matarme a mí también pero en medio del bosque un tigre lo atacó —El olor nauseabundo de la sangre en la boca de la bestia, se vertía bajo los pies ahora descalzos de Leone.
Movió la cabeza rápidamente de un lado a otro para diluir el recuerdo—.
De ese modo logré escapar, y el resto ya todo el mundo lo sabe.
—¿Qué?
—Kyun suspiró agarrándose de una columna de madera—.
¿Entonces el hombre que encontramos muerto trató de asesinarte?
—“¿Encontramos?” ¿A qué te refieres con “encontramos”?
—El señor Helio y el señor Galen también lo vieron.
Fue mientras les buscábamos.
—Esto es peor de lo que pensaba —Leone se tocó la sienes con algo de estrés.
—¿Por qué?
Lo adecuado es ir hacia el rey y contarle todo esto, así se inicia una investigación adecuada y se protege al príncipe.
—¿Kyun tu cerebro no está funcionando bien?
—Señaló su cabeza con ironía—.
Si saben que lo descubrimos, nos matan primero.
—Pero Leone, esto no es algo que esté en nuestras manos, es un crimen.
Ocultarlo puede incluso convertirnos en cómplices.
—Creo que no me estás entendiendo Kyun.
Hyaker no es una persona ordinaria, es un príncipe.
Por su posición el asesino es alguien con poder, si se entera que soy un testigo puede acabar con nosotras también.
—No entiendo —preguntó algo desesperada.
—Informar sin conocer el verdadero peligro podría ser peor.
Imagina que el responsable es alguien de quién jamás sospecharías, una persona cercana a la familia real, saber en qué falló le dará más posibilidades de tener éxito la próxima vez.
—Pero si no alertamos al príncipe, también puede ser peligroso.
—Lo haremos, pero no todavía.
Primero tenemos que descubrir de donde es más probable que la amenaza venga.
Si el enemigo sabe que está siendo buscado será más precavido, por ende la dificultad de atraparlo es mayor —Lupus Argentus bajó de la cama a dormirse en sus pies.
Leone lo tomó con delicadeza en sus brazos—.
Pero —continuó— si fingimos no saber nada él caerá por sus propias huellas.
—Leone lo mejor es que nos mantengamos al margen de esto.
Leone sabía que Kyun tenía razón y más que el bienestar de Hyaker, quería saber si el intento de asesinato del príncipe y el crimen que presenció estaban conectados, porque de serlo así era algo que involucraba a Ílios, y su familia tarde o temprano acabaría envuelta.
—Estoy en el medio Kyun, no es tan fácil.
—¿Tanto lo quieres?
Leone asintió con pesadez —Por ahora lo mejor es guardar silencio al respecto.
—Pero el señor Helio está redactando su informe para presentarlo al rey, él también vio al hombre muerto.
—¿Crees qué es digno de confianza?
—Necesitaba que en realidad lo fuera.
Leone reconocía sus propios límites, y para caminar en ese pasaje de espinas necesitaba ampliar sus posibilidades.
Tener de su lado a alguien como Helio definitivamente era una ventaja enorme.
Kyun recordó la actitud de Helio el día que Leone se perdió, su comportamiento fue enteramente dirigido a la seguridad de Leone, era como si le preocupara únicamente el bienestar de ella y nada más —Honestamente creo que es más confiable de lo que parece.
Cuando desapareciste su mayor preocupación era que alguien te involucrara como responsable de la desaparición del segundo príncipe.
No quiso que tu nombre se viera envuelto bajo ninguna circunstancia, y cuando te quedaste dormida estuvo todo el tiempo preguntando si estabas bien.
Leone sonrió —No quiere que lo despidan.
Hay que observarlo un poco más.
En el momento justo, y si es necesario, le comunicaré todo a él.
—Entonces ¿Qué piensas hacer a continuación?
¿Cómo se supone que descubras quién está detrás de todo esto?
—Hablaré con Hyaker.
Él sale por las noches a escondidas ¿Lo recuerdas?
Quizás todo viene desde ese lado.
—Nunca creí verte arriesgar tanto por alguien que no te quiere.
Leone sintió una flecha atravesar su garganta.
Le ardió horriblemente tan solo tragar un poco de saliva.
Dibujó una línea triste en sus labios.
—Lo siento —dijo Kyun acercándose a ella, la sobó en el brazo con delicadeza—.
No era mi intención.
—No te disculpes, tienes razón —arrugó la nariz.
Sí, Kyun tenía razón, Hyaker no la quería y saberlo dolía como el infierno.
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