El Eco de la cordillera - Capítulo 33
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
33: El corazón de Kyun 33: El corazón de Kyun —Así que Leone de Cartalia estaba con el segundo príncipe porque “se perdió” en el bosque —inquirió molesto el general de Lunhae mientras presionaba la pipa larga contra un cenicero decorado con dragones esculpidos—.“Se perdió” —gruñó—.
Esa estupidez nadie se la cree, o ¿De verdad crees que Min Har dejaría desprotegida a su oveja?
Ese desgraciado tiene ojos de halcón.
—Eso fue lo que comunicó Sera Min Har Jisung en el informe al rey, mi señor —El oficial Jo se aclaró la voz preparándose por la repercusión que tendrían sus palabras próximas—, y también…
mencionó el cadáver de Kun, el esclavo que cortaría la montura.
El general Lee golpeó la pipa contra el cenicero provocando el sonido de un trueno artificial que hizo sobresaltar al soldado frente a él —¿Qué dices?
—masculló.
—En el informe decía que se encontró el cadáver de un hombre que aparentemente vestía uniforme militar.
Cuándo leí inmediatamente manifesté que se trataba de un soldado de rango menor que había desaparecido porque desconocía la zona, y que ya nos habíamos encargado de indemnizar a los familiares.
Lee Hoon Ka descansó su rostro contra su puño derecho mientras analizaba lo escuchado con detenimiento —Oculta a la perfección cada rastro de ese esclavo, y reemplázalo en sus respectivas labores —se apartó el puño de la mano para tomar un trago de vino de granada en una equidad entre calma y rabia contenida, tragó espeso el brebaje rojo—.
Si algo sale mal, tu cabeza estará colgada en la frontera.
Tienes dos hermanos ¿No?
Ellos te harán compañía.
—Sí señor—respondió el oficial Jo sin miedo a la amenaza.
Él jamás cometía errores, esta ocasión no era diferente a las demás—.
El emisario que informa sobre sus negocios ya fue cambiado por alguien de mi entera confianza.
Respecto al vizconde de Rinaldi, la versión que le llegó es diferente.
—Bien —respondió satisfecho dentro de lo que cabía—.
Quiero desestresarme.
—Enviaré a que busquen a la señorita Dion Yi.
—No —dijo llenando nuevamente su copa—.
Tráeme una flor, de las finas.
…
La espada se movía de un lado a otro en amaestrados amagos que cortaban el aire en finos trozos.
El sudor corría por la frente de Kyun; su hanyū de color negro estaba empapado, y su cabello sostenido en una larga y lacia coleta de caballo parecía recién lavado.
Cada ataque con el arma cortaba una frustración ¿Qué ocultaban sus padres?
¿Por qué era tan difícil encontrar un mínimo rastro de ellos?
Indagar un poco sobre su origen era difícil.
Llegó a pensar que descubrir algo abriría una puerta que a lo mejor y fue complicado cerrar, algo que podría revivir problemas ya arreglados, pero, ¿no tenía ella derecho?
Todos tenían derecho a saber quienes son, de donde vienen, incluso si la respuesta es dolorosa.
Kyun observó a la perfección a su madre quemar cartas con ojos húmedos, cartas que llegaban en secreto y no tenían remitente.
Palabras que compartía con su padre pero que para ella eran prohibidas.
Llegó a sentirse excluida de su propia familia ¿No confiaban sus padres en ella?
Entendía que de joven no pudieran explicarles ciertas situaciones; pero incluso ahora, antes de venir a Lunhae, teniendo ya diecinueve años, su madre fue incapaz de responderle una sola pregunta.
Kyun cuestionó a su madre, sacó a relucir la llegada del hombre desconocido que informó sobre la desaparición de un bebé en la fiesta de mayoría de edad del joven amo, pero fue inútil “No es algo que te incumba” mencionó con voz tierna.
—¿Cómo que no me incumbe?
—Los movimientos se aceleraron—.
¿Por qué tantos secretos?
¿Qué es eso que no quieren que yo sepa?
—Involucrarse en algo que le había sido prohibido era el mayor acto de rebeldía que cometió en su vida.
Estaba desobedeciendo a una orden no dicha, pero que existía más real que la espada entre sus manos.
Se detuvo en un suspiro amargo —¿Seré inmadura?
—cuestionó limpiando el sudor del mango de la espada.
Negó con la cabeza, ella siempre fue muy centrada, muy tranquila, se esforzó por ser el orgullo de sus padres .Todo lo que enseñaba la institutriz, que amablemente la archiduquesa pagó, lo aprendió al pie de la letra.
Sirvió como el más noble de los vasallos, juzgó como adulto situaciones de la mansión que sobrepasaban incluso al más sabio de los ancianos, y aún así, no fue suficiente.
¿Qué tan altas expectativas tenía sobre ella Suhee Sera de Concordia?
Porque genuinamente parecía satisfecha con cada resultado mostrado por Kyun a lo largo de su vida, desde simples bordados hasta el más complejo de los ataques marciales, ataques que su madre instruyó con la maestría de un general.
Sostuvo firme la espada —Ya no me ocultes nada mamá —Aunque hubiera preferido escucharlo de ella misma estaba cansada, fue paciente.
Seguiría buscando incluso bajo las piedras de ser necesario—.
No quiero que me oculten más cosas —susurró retomando los ataques—.
Tengo la madurez, la madurez de enfrentarme a la verdad —repitió como un mantra.
Su mente se direccionó hacia otra verdad que le fue ocultada.
No tenía descanso, si no pensaba en sus padres, pensaba en Kairos y en cómo había estado jugando con ella.
La espada se soltó de sus manos, voló lejos y penetró toda la hoja en el tronco de un enorme árbol.
Su pecho subió y bajó frenéticamente estabilizándose luego del sobreesfuerzo al que estaba sometiendo a su cuerpo para dejar salir el estrés.
—Así de afectada estoy —afligida retomó la calma y la compostura.
No negó en lo más mínimo sus sentimientos, apenas decidió abrir un poco su corazón Kairos se incrustó fuertemente en su pecho, sin tanto esfuerzo, y al parecer sin sentir lo mismo.
Se dejó caer en el césped del claro oculto en el bosque—.
Es natural, es un príncipe, guapo, educado e inteligente…
y yo —observó sus manos, algo ásperas por haber sostenido la espada durante tantos años—una sirvienta a final de cuentas.
La nariz le ardía un poco, no se había permitido llorar por eso, y ni siquiera tenía derecho.
Kairos jamás le dijo nada, al contrario, al parecer la vio como lo que ella era, alguien que existía para servir.
Le avergonzaba haberse confundido, en parte no quería verle la cara al tercer príncipe por ese motivo.
Ella jamás estaría a su altura, ni volviendo a nacer.
—Es injusto —susurró viendo como la espada parecía tener raíces en el tronco.
Volvió a los aposentos de Leone por el jardín para no usar los pasillos interiores.
Desde lejos veía a Lupus Argentus morder la punta de las botas de Helio que leía un libro de los que Leone trajo consigo de Cartalia.
Era curioso, ella no sabía que él entendiera Ílios lo suficiente como para leer un libro.
—Buenas tardes —dijo acercándose mientras Lupus Argentus corría hacia ella y movía la cola—.
Hola Lupus Argentus —le acarició las orejas.
—Buenas tardes señorita Kyun —respondió Helio con familiaridad.
—¿Leone no ha vuelto?
—Ya deberían estar aquí, la señorita Sae llegó temprano, iré a buscarlas.
—Señorita Kyun —Hanae se aproximó desde el interior de la habitación muy nerviosa y tartamudeando—.
El…
su…
es que — —Calma Hanae.
—¡Su alteza el tercer príncipe está aquí y quiere hablar con usted!
Kyun se quedó sin aire —¿Conmigo?
Dile que no estoy.
—Como la vi en el jardín obviamente le dije que sí se encontraba aquí.
Kyun se pasó una mano por la frente nerviosa —Pero no estoy en condiciones de recibirlo —señaló su apariencia.
—¿El tercer príncipe no dijo para qué quiere hablar con ella?
—preguntó Helio dejando el libro a un lado.
Hanae negó con la cabeza—.
Dile que no está en condiciones de recibirlo.
Hanae asintió y se dirigió a la puerta.
Al abrirla, Kairos alzó una ceja suspirando.
—Su alteza, la señorita Kyun no está preparada para su visita, por favor concrete una reunión en otro momento.
—Dile a la señorita Kyun que no me importa si trae ropa de pescador, que necesito hablar con ella justo ahora —Hanae negó con la cabeza aún estando reverenciada—.
Por favor —suplicó el príncipe en un susurro.
Hanae volvió hacia el jardín —Él no piensa irse sin hablar con usted.
—Hable con él —sugirió Helio al notar el miedo en el rostro de Kyun—, una última vez —tomó al lobo entre sus brazos algo brusco—.
Me llevo a este, iré a buscar a la gran duquesa.
Hanae, por favor quédese dentro de la habitación y haga pasar al tercer príncipe a la terraza.
—No, por favor déjeme a Lupus Argentus señor Helio —murmuró nerviosa.
Helio le pasó el lobo y se alejó por el jardín.
Hanae preparó rápidamente la mesa baja en la terraza, acomodó los cojines, sirvió té e hizo pasar al tercer príncipe.
—Buenas tardes —dijo Kairos al acceder.
Kyun se aferraba con fuerza a Lupus Argentus, que mordía una de las mangas de su hanyū, cubierto de tierra y pasto —Buenos días —respondió todavía muy indignada.
—Veo que la gran duquesa conservó al lobo ¿Cómo se llama?
—Lupus Argentus —dijo secamente.
—“Lobo plateado” —sonrió a medias—.
Idioma de los ángeles, alguna vez aprendí un poco.
—Su alteza real…
¿Qué es eso tan urgente que tenía que decirme?
—¿Por qué no ha ido a las lecciones de idioma?
La he estado esperando.
Kyun no levantó la vista —No he tenido tiempo, su excelencia la gran duquesa sigue en recuperación.
Si es todo lo que tenía para decirme por favor permítame retirarme, cómo puede ver, no estoy en las condiciones adecuadas para estar ante su presencia.
—Tú siempre te ves hermosa Kyun —habló con temor—.
Por favor levanta el rostro.
Kyun obedeció, levantó el rostro serena, con orgullo, pero no con altivez —Además de no tener tiempo por atender a mi señora no he ido a las lecciones de idioma porque su alteza real el tercer príncipe mostró actitudes en un contexto íntimo hacia mi persona —dijo sacando lo que guardaba en su garganta—.
Gracias a eso malinterpreté la situación de un modo en el que me avergüenzo y prefiero mantener distancia, sobre todo porque soy una simple dama de compañía y porque usted es una persona comprometida.
—Kyun lamento no haberte dicho lo que ocurría con Dion Yi, pero entre ella y yo no hay nada más que un arreglo político.
—Su alteza, no es necesario que se explique, mucho menos para aclararme algo precisamente a mí.
—Sí, es necesario Kyun.
Tú no has malinterpretado nada, todo lo que percibiste es real.
No tengo intención de ocultarlo y mucho menos negarlo.
—Su alteza por favor no diga nada más, no es necesario.
—Sí lo es, Kyun yo— —Su alteza ¿Qué lo trae por acá?
—Leone interrumpió la conversación entrando a la terraza—.
¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?
—se reverenció, casi se olvidaba de ese detalle.
—Su excelencia, estoy contento de verla tan recuperada.
No había tenido oportunidad pero, por favor déjeme agradecerle por salvar a mi hermano.
—No tiene nada que agradecer solo hice lo que estaba a mi alcance.
—¡Su alteza tercer príncipe!
—Jin Ah llegó algo agitada, se reverenció perfectamente a pesar de la velocidad de su entrada—.
Por favor disculpe la interrupción, su excelencia todavía está aprendiendo ciertas normas.
—Señorita Sae, por favor, no se disculpe, no ha habido ninguna interrupción.
Su excelencia —miró a Leone— pasaba para preguntar cuando estará la señorita Kyun disponible nuevamente.
Me gustaría retomar mis clases lo antes posible.
Leone observó a Kyun y luego a Kairos, achicó la mirada con molestia.
Él era un cínico —Lastimosamente Kyun ya no está disponible para sus lecciones, como puede ver, necesito más ayuda ahora que Argen está conmigo.
—Entiendo —observó a Kyun quien nuevamente bajó el rostro—.
Me despido su excelencia, que esté bien —Se retiró de la habitación.
—Su excelencia, por favor trate de no correr en los pasillos, acaba de pasar por un momento difícil.
No es correcto.
—Estoy bien señorita Jin Ah, ya me siento bien —Leone apartó la mirada.
A veces, el esmero de Jin Ah le pesaba más de lo que quería admitir.
La chica parecía querer perfeccionarla de un modo exagerado, cómo si tal fuera una niña.
—Pero estoy muy preocupada por usted —insistió la hija del sungju Sae con ojos francos e intranquilos.
Leone sintió una punzada en la garganta, Jin Ah la observaba del mismo modo en que lo hacía su madre cada vez que la hería directa o indirectamente.
Se quedó helada, el mundo a su alrededor inició a tornarse lento y la culpa por sentir molestia de alguien a quien en secreto hacía daño inició a susurrarle al oído con voz carrasposa ¿Qué culpa tenía Jin Ah de hacer perfectamente su trabajo?
¿Qué culpa tenía Jin Ah de que Leone se enamorara de su prometido?
Jin Ah ni siquiera tenía culpa de estar ahí, su padre la ofreció para el puesto, sin que tuviera oportunidad de decidir igual que a Leone le ocurrió en el pasado.
Tragó grueso avergonzada.
Jin Ah no había sido grosera con ella ni una sola vez, no la había desplazado ni ignorado como cualquier otra noble de Griseonderti lo habría hecho, al contrario, le dio lo que casi toda su vida había querido, inclusión sin juzgarla ni siquiera por vestir como una ílios, siendo que su reino había perpetrado tanto dolor en el suyo.
—Lamento…
—miró hacia el suelo con inquietud—.
Lamento si soy un problema.
—Por supuesto que no su excelencia, jamás me atrevería a pensar eso de usted.
Solo me interesa su bienestar.
Leone arrugó las cejas apenada —Por favor tutéame.
—No sería capaz —negó Jin Ah de inmediato.
—Yo valoraría que lo hicieras —cambió su tono a uno más cómodo—.
Además, no soy una vieja, cuando personas como tú me tratan con tanto formalismo me siento mi tía Cecilia Lucrezia.
Jin Ah se sonrojó un poco y asintió —Entonces por favor haz lo mismo, no me sentiría bien si solamente yo recibo tal confianza.
Leone sonrió débil y giró el rostro hacia Kyun que la observaba con las cejas descompuestas y la boca entreabierta.
En ese momento Hanae accedió agitada —Señorita Sae llegó esto para usted de manera urgente —entregó un pergamino.
Jin Ah lo extendió y ahogó un quejido al leer el contenido de la nota —No puede ser.
—¿Ocurre algo?
—inquirió Kyun estabilizando su rostro.
—La hija mayor de la familia Choi acaba de fallecer.
Debo prepararme inmediatamente para ir a manifestar mis condolencias —se reverenció—.
Si me disculpan, debo irme.
Hanae salió con Jin Ah para despedirla en la entrada del palacio.
Al quedarse solas, Kyun se dirigió a Leone —Pensé que Jin Ah no te resultaba agradable luego de saber que es prometida del príncipe Hyaker.
—Jin Ah no tiene la responsabilidad de mis sentimientos —respondió observando taciturna su anillo.
Kyun dibujó una línea en sus labios —Tu razonamiento va de un extremo a otro.
Leone ignoró el comentario, se aclaró la garganta y corrigió su postura —Además de la presión de Kairos por convencerte de que él no quiere a Dion Yi ¿Qué más cargas en tu espalda Kyun?
—¿Cómo supiste que el tercer príncipe vino a decirme eso?
Leone mostró una cautivadora sonrisa —No evadas la pregunta ¿Por qué siempre sales sin decir a donde vas?
¿Qué buscas?
Kyun se mordió el labio.
Sabía que no podría mantener oculto por mucho tiempo lo que estaba haciendo —Estoy buscando a mi familia.
…
—Vete de aquí Galen, quiero estar solo.
—Ya van tres noches seguidas que me pides que me vaya justo a esta hora.
—Quiero privacidad.
—Siempre te la doy, pero su majestad insistió en que no quiere que te deje solo un segundo.
—Ya lárgate, no me puedo concentrar —derramó tinta sobre la parte superior del hanyū de dormir.
Suspiró inconforme.
—No me vayas a culpar por eso.
—Cubre el lienzo y pásame algo limpio para cambiarme.
—¿Te ayudo?
—dijo Galen pasando una prenda limpia.
Hyaker lo miró desde abajo alzando una ceja—.
No te enojes —se burló—.
Está bien, te dejaré solo.
Es algo tarde, dormiré un rato y luego vuelvo.
Hyaker se sentó en la cama baja y se quitó la camisa del hanyū.
Afuera la luna era un reflejo exacto de la noche anterior.
—Hoy sí has venido —murmuró, viendo un par de orejas peludas asomar por la terraza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com